TRUMP A BUKELE: "¡HAZ EN HAITÍ LO QUE TENGAS QUE HACER!"
Haití, dos siglos de intervenciones extranjeras: de los golpes contra Aristide al nuevo papel de Bukele como aliado militar de Trump
Haití fue el primer país donde los esclavos derrotaron al Ejército de Napoleón y conquistaron no solo su libertad personal sino tambien su independencia como pais. Más de dos siglos después, aquella revolución victoriosa contrasta con una historia de ocupaciones extranjeras, golpes de Estado y gobiernos derrocados. Ahora, Donald Trump ha dado un explícito respaldo el despliegue militar de Nayib Bukele en una nueva intervención que reabre nuevas preguntas sobre el papel de Washington en el Caribe
POR MANUEL MEDINA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
¿Por qué un país que protagonizó la primera revolución de esclavos victoriosa de la historia ha terminado convertido en escenario recurrente de ocupaciones, golpes de Estado e intervenciones extranjeras? La entrada de miles de soldados salvadoreños, respaldada expresamente por Donald Trump, constituye el último episodio de una historia en la que Estados Unidos ha desempeñado un papel determinante.
La intervención militar ordenada por Nayib Bukele en Haití, con el respaldo explícito del presidente estadounidense Donald Trump, difícilmente puede comprenderse si se presenta como una respuesta aislada a la desaparición de cuatro militares salvadoreños. Detrás de la actual crisis haitiana existe una larga historia de dominación colonial, endeudamiento impuesto, dictaduras sostenidas desde el exterior e intervenciones militares que han condicionado profundamente el desarrollo político y económico del país.
La reciente investigación del periódico estadounidense Axios, según la cual Bukele consultó personalmente a Trump antes de desplegar miles de soldados, introduce un elemento especialmente significativo: la posibilidad de que Washington esté utilizando a uno de sus principales aliados latinoamericanos para intervenir en el Caribe sin comprometer directamente a sus propias fuerzas armadas.
UNA REVOLUCIÓN QUE LAS GRANDES POTENCIAS NUNCA PERDONARON
Haití nació como Estado independiente el 1 de enero de 1804, después de una revolución protagonizada por esclavos africanos que derrotaron al ejército de Napoleón. Fue un acontecimiento extraordinario: una sociedad colonial basada en la esclavitud consiguió destruir ese régimen y fundar una república independiente.
Pero aquella victoria representaba una amenaza para las potencias esclavistas. Francia exigió en 1825 una indemnización de 150 millones de francos a cambio de reconocer su independencia. Es decir, los antiguos esclavos y sus descendientes debían compensar económicamente a quienes habían sido sus propietarios.
Para afrontar esos pagos, Haití contrajo préstamos con bancos franceses, entrando en un círculo de endeudamiento que hipotecó sus recursos públicos durante generaciones.
Una investigación publicada en 2022 por The New York Times, basada en documentos históricos y análisis económicos, calculó que Haití desembolsó aproximadamente 560 millones de dólares actuales por aquella deuda y sus costes asociados. El periódico estimó que las pérdidas acumuladas para su economía pudieron alcanzar los 21.000 millones de dólares.
Estados Unidos, por su parte, se negó a reconocer la independencia haitiana hasta 1862, cuando la esclavitud todavía dividía profundamente a la sociedad estadounidense.
ESTADOS UNIDOS OCUPA HAITÍ DURANTE DIECINUEVE AÑOS
La intervención militar estadounidense más prolongada comenzó en julio de 1915. Tras el asesinato del presidente haitiano Vilbrun Guillaume Sam, el Gobierno de Woodrow Wilson desembarcó tropas de infantería de marina y estableció una ocupación que duraría hasta 1934.
Washington justificó su actuación entonces por la necesidad de restablecer el orden y evitar que otras potencias, especialmente Alemania, adquirieran influencia sobre el territorio. Durante esos diecinueve años, Estados Unidos controló las aduanas, intervino las finanzas públicas, reorganizó las instituciones y supervisó el aparato militar haitiano.
La ocupación permitió construir determinadas infraestructuras, pero también impuso mecanismos de control político y económico que provocaron una importante resistencia popular. El propio Departamento de Estado estadounidense reconoce en su documentación histórica que Washington llevaba décadas considerando Haití un territorio estratégico para sus intereses navales y comerciales en el Caribe. La soberanía haitiana quedó subordinada, durante casi dos décadas, a las prioridades de una potencia extranjera.
DE LA DICTADURA DE LOS DUVALIER AL ASCENSO DE ARISTIDE
La retirada estadounidense de 1934 no puso fin a las injerencias exteriores. En 1957 llegó al poder François Duvalier, conocido como Papa Doc, que estableció una dictadura basada en la represión y en una milicia paramilitar, los temidos Tonton Macoutes.
Tras su muerte, en 1971, fue sucedido por su hijo Jean-Claude Duvalier, Baby Doc. Entre ambos gobernaron Haití durante casi veintinueve años. Washington mantuvo relaciones y proporcionó respaldo a estos gobiernos, particularmente en el contexto de la Guerra Fría. La prioridad estratégica estadounidense era impedir la aparición de otro régimen revolucionario en el Caribe después del triunfo de la Revolución cubana.
La dictadura terminó en 1986, cuando una movilización popular obligó a Jean-Claude Duvalier a abandonar el país. Cuatro años después, en diciembre de 1990, Jean-Bertrand Aristide, sacerdote vinculado a los movimientos populares y defensor de reformas sociales, ganó las primeras elecciones presidenciales ampliamente reconocidas como libres en la historia haitiana. Su gobierno apenas pudo sobrevivir siete meses. En septiembre de 1991, un golpe militar lo derrocó y abrió un período de represión contra sus partidarios.
ARISTIDE: UN PRESIDENTE AL QUE DERROCARON DOS VECES
La trayectoria de Aristide constituye uno de los mejores ejemplos de las contradicciones de la política estadounidense hacia Haití. Tras el golpe de 1991, Washington terminó apoyando su restitución. En septiembre de 1994, el presidente Bill Clinton envió una fuerza militar encabezada por Estados Unidos que permitió el regreso de Aristide al poder.
Sin embargo, el mandatario recuperó la presidencia bajo importantes condicionamientos políticos y económicos. Su gobierno debió afrontar presiones para aplicar políticas de liberalización económica, mientras el país seguía dependiendo de la financiación exterior.
Aristide volvió a la presidencia en 2001, después de unas elecciones cuestionadas por la oposición. Tres años después, una rebelión armada, acompañada de una profunda crisis política, precipitó nuevamente su caída. El 29 de febrero de 2004 fue trasladado fuera del país en un avión facilitado por Estados Unidos.
Aristide denunció que había sido obligado a abandonar Haití por agentes estadounidenses y calificó su salida como un secuestro y un golpe de Estado. La Administración de George W. Bush negó tajantemente esa acusación y sostuvo que el presidente había renunciado voluntariamente.
Pero Los Angeles Times, The Washington Post y Associated Press documentaron entonces las circunstancias controvertidas de su salida y las presiones ejercidas sobre el mandatario. La controversia nunca quedó completamente despejada: Aristide insistió en que fue expulsado, mientras Washington rechazó esa versión.
LAS MISIONES INTERNACIONALES QUE NO CONSIGUIERON ESTABILIZAR EL PAÍS
Después de la salida de Aristide, tropas estadounidenses y francesas participaron en una fuerza multinacional que precedió al despliegue de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití, conocida como MINUSTAH.
Esta misión permaneció desde 2004 hasta 2017. Durante aquellos años, Haití sufrió también el devastador terremoto de enero de 2010, que destruyó buena parte de Puerto Príncipe y agravó extraordinariamente la precariedad de sus instituciones.
La presencia internacional no consiguió establecer unas estructuras estatales suficientemente sólidas para impedir nuevas crisis. Además, la propia MINUSTAH quedó marcada por graves controversias, especialmente la introducción del cólera en el país, atribuida a personal de Naciones Unidas.
Tras su retirada, las misiones internacionales fueron sustituidas por otros mecanismos de asistencia y seguridad, mientras las organizaciones criminales aumentaban progresivamente su influencia territorial. El resultado es una sucesión de intervenciones extranjeras que, pese a sus diferentes mandatos y objetivos declarados, no han logrado garantizar una estabilidad política duradera.
EL ASESINATO DE JOVENEL MOÏSE: LAS RESPONSABILIDADES TODAVÍA DISCUTIDAS
La crisis política adquirió una nueva dimensión el 7 de julio de 2021, cuando el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia por un comando integrado mayoritariamente por ciudadanos colombianos. Su esposa, Martine Moïse, resultó herida. Las investigaciones descubrieron conexiones con empresarios, intermediarios y compañías de seguridad establecidas en Florida.
En mayo de 2026, un tribunal federal de Miami declaró culpables a cuatro participantes en la conspiración: Arcangel Pretel Ortiz, Antonio Intriago, Walter Veintemilla y James Solages. Según la Fiscalía estadounidense, los conspiradores pretendían apartar a Moïse del poder, instalar un gobierno favorable a sus intereses y obtener beneficios económicos.
Otros implicados ya habían reconocido su participación, mientras los procedimientos judiciales desarrollados en Haití continuaban enfrentando numerosas dificultades. Por tanto, el asesinato no permanece completamente impune ni sus autores materiales son totalmente desconocidos. Lo que continúa abierto es el esclarecimiento integral de las responsabilidades, las conexiones entre todos los participantes y los intereses políticos y económicos implicados en la operación.
La muerte de Moïse dejó un vacío institucional que contribuyó a acelerar la expansión de los grupos armados.
TRUMP Y BUKELE: UNA NUEVA FÓRMULA DE INTERVENCIÓN REGIONAL
Sobre este trasfondo histórico se produce ahora la entrada masiva de tropas salvadoreñas. La desaparición de cuatro técnicos militares de El Salvador, atacados el 18 de octubre por grupos armados haitianos, sirvió de detonante para una operación que, según Reuters, ya había movilizado aproximadamente 2.000 soldados el 29 de octubre. Pero las investigaciones de Axios revelan que la intervención puede tener implicaciones mucho mayores.
Según el periódico, Bukele había propuesto anteriormente que El Salvador asumiera la pacificación de Haití como fuerza interpuesta de Estados Unidos. El secretario de Estado, Marco Rubio, se habría mostrado contrario a esa fórmula.
La información estadounidense señala también la presencia de Vectus Global, empresa militar privada dirigida por Erik Prince, fundador de Blackwater. La coincidencia de tropas salvadoreñas, contratistas privados estadounidenses y respaldo presidencial de Washington permite plantear una hipótesis: que la Administración Trump esté explorando mecanismos de intervención mediante gobiernos aliados, reduciendo los costes políticos y militares de una participación directa.
No obstante, todavía no está demostrado que Washington dirija operativamente el despliegue salvadoreño. La operación cuenta, además, con el consentimiento del Gobierno haitiano, aunque ese respaldo no elimina el debate sobre sus consecuencias para la soberanía del país. La relación entre Trump y Bukele, fortalecida previamente mediante acuerdos migratorios y de seguridad, ofrece ahora un nuevo escenario de cooperación militar.
En una región donde Estados Unidos ha intervenido reiteradamente para defender sus intereses estratégicos, la posibilidad de utilizar gobiernos aliados como ejecutores de determinadas operaciones constituye una cuestión que merece especial seguimiento.
Y las declaraciones del propio Trump, realizadas este 31 de octubre en Mar-a-Lago, permiten comprobar hasta dónde llega, por ahora, su respaldo político.
Al ser preguntado por su conversación con Bukele, el presidente estadounidense respondió:
«Sí, hablé con él. Me dijo que tenía un gran problema con Haití. Le dije: “Mira, tú diriges tu país. Tienes que hacer lo que tengas que hacer”. Tenía un gran problema con Haití. Mataron a algunos de los suyos. Y le dije: “Tú diriges tu país, tienes que hacer lo que tengas que hacer”».
Esta es la traduccion de las declaraciones de Donald Trump el 31 de octubre de 2026, según la transcripción publicada por Roll Call. La afirmación sobre los militares muertos procede de Trump; su fallecimiento no estaba confirmado.
FUENTES DOCUMENTALES
Actualidad: Trump, Bukele y Haití
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Axios (30/10/2026): Consulta de Bukele a Trump, envío de tropas y discrepancias con Marco Rubio. Leer.
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Reuters (29/10/2026): Despliegue militar salvadoreño y operaciones contra las pandillas. Leer.
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Roll Call (31/10/2026): Transcripción literal de las declaraciones de Trump sobre Bukele. Leer.
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Departamento de Justicia de EE. UU. (08/05/2026): Condena de cuatro implicados en el asesinato de Jovenel Moïse. Leer.
Antecedentes históricos
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Departamento de Estado de EE. UU.: Invasión y ocupación estadounidense de Haití, 1915-1934. Leer.
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Departamento de Estado de EE. UU.: Independencia haitiana y reconocimiento diplomático estadounidense en 1862. Leer.
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The New York Times (2022): Investigación sobre la deuda impuesta por Francia y sus consecuencias económicas. Leer.
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Naciones Unidas (2016): Informe sobre el cólera y la responsabilidad de la misión internacional MINUSTAH. Leer
POR MANUEL MEDINA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
¿Por qué un país que protagonizó la primera revolución de esclavos victoriosa de la historia ha terminado convertido en escenario recurrente de ocupaciones, golpes de Estado e intervenciones extranjeras? La entrada de miles de soldados salvadoreños, respaldada expresamente por Donald Trump, constituye el último episodio de una historia en la que Estados Unidos ha desempeñado un papel determinante.
La intervención militar ordenada por Nayib Bukele en Haití, con el respaldo explícito del presidente estadounidense Donald Trump, difícilmente puede comprenderse si se presenta como una respuesta aislada a la desaparición de cuatro militares salvadoreños. Detrás de la actual crisis haitiana existe una larga historia de dominación colonial, endeudamiento impuesto, dictaduras sostenidas desde el exterior e intervenciones militares que han condicionado profundamente el desarrollo político y económico del país.
La reciente investigación del periódico estadounidense Axios, según la cual Bukele consultó personalmente a Trump antes de desplegar miles de soldados, introduce un elemento especialmente significativo: la posibilidad de que Washington esté utilizando a uno de sus principales aliados latinoamericanos para intervenir en el Caribe sin comprometer directamente a sus propias fuerzas armadas.
UNA REVOLUCIÓN QUE LAS GRANDES POTENCIAS NUNCA PERDONARON
Haití nació como Estado independiente el 1 de enero de 1804, después de una revolución protagonizada por esclavos africanos que derrotaron al ejército de Napoleón. Fue un acontecimiento extraordinario: una sociedad colonial basada en la esclavitud consiguió destruir ese régimen y fundar una república independiente.
Pero aquella victoria representaba una amenaza para las potencias esclavistas. Francia exigió en 1825 una indemnización de 150 millones de francos a cambio de reconocer su independencia. Es decir, los antiguos esclavos y sus descendientes debían compensar económicamente a quienes habían sido sus propietarios.
Para afrontar esos pagos, Haití contrajo préstamos con bancos franceses, entrando en un círculo de endeudamiento que hipotecó sus recursos públicos durante generaciones.
Una investigación publicada en 2022 por The New York Times, basada en documentos históricos y análisis económicos, calculó que Haití desembolsó aproximadamente 560 millones de dólares actuales por aquella deuda y sus costes asociados. El periódico estimó que las pérdidas acumuladas para su economía pudieron alcanzar los 21.000 millones de dólares.
Estados Unidos, por su parte, se negó a reconocer la independencia haitiana hasta 1862, cuando la esclavitud todavía dividía profundamente a la sociedad estadounidense.
ESTADOS UNIDOS OCUPA HAITÍ DURANTE DIECINUEVE AÑOS
La intervención militar estadounidense más prolongada comenzó en julio de 1915. Tras el asesinato del presidente haitiano Vilbrun Guillaume Sam, el Gobierno de Woodrow Wilson desembarcó tropas de infantería de marina y estableció una ocupación que duraría hasta 1934.
Washington justificó su actuación entonces por la necesidad de restablecer el orden y evitar que otras potencias, especialmente Alemania, adquirieran influencia sobre el territorio. Durante esos diecinueve años, Estados Unidos controló las aduanas, intervino las finanzas públicas, reorganizó las instituciones y supervisó el aparato militar haitiano.
La ocupación permitió construir determinadas infraestructuras, pero también impuso mecanismos de control político y económico que provocaron una importante resistencia popular. El propio Departamento de Estado estadounidense reconoce en su documentación histórica que Washington llevaba décadas considerando Haití un territorio estratégico para sus intereses navales y comerciales en el Caribe. La soberanía haitiana quedó subordinada, durante casi dos décadas, a las prioridades de una potencia extranjera.
DE LA DICTADURA DE LOS DUVALIER AL ASCENSO DE ARISTIDE
La retirada estadounidense de 1934 no puso fin a las injerencias exteriores. En 1957 llegó al poder François Duvalier, conocido como Papa Doc, que estableció una dictadura basada en la represión y en una milicia paramilitar, los temidos Tonton Macoutes.
Tras su muerte, en 1971, fue sucedido por su hijo Jean-Claude Duvalier, Baby Doc. Entre ambos gobernaron Haití durante casi veintinueve años. Washington mantuvo relaciones y proporcionó respaldo a estos gobiernos, particularmente en el contexto de la Guerra Fría. La prioridad estratégica estadounidense era impedir la aparición de otro régimen revolucionario en el Caribe después del triunfo de la Revolución cubana.
La dictadura terminó en 1986, cuando una movilización popular obligó a Jean-Claude Duvalier a abandonar el país. Cuatro años después, en diciembre de 1990, Jean-Bertrand Aristide, sacerdote vinculado a los movimientos populares y defensor de reformas sociales, ganó las primeras elecciones presidenciales ampliamente reconocidas como libres en la historia haitiana. Su gobierno apenas pudo sobrevivir siete meses. En septiembre de 1991, un golpe militar lo derrocó y abrió un período de represión contra sus partidarios.
ARISTIDE: UN PRESIDENTE AL QUE DERROCARON DOS VECES
La trayectoria de Aristide constituye uno de los mejores ejemplos de las contradicciones de la política estadounidense hacia Haití. Tras el golpe de 1991, Washington terminó apoyando su restitución. En septiembre de 1994, el presidente Bill Clinton envió una fuerza militar encabezada por Estados Unidos que permitió el regreso de Aristide al poder.
Sin embargo, el mandatario recuperó la presidencia bajo importantes condicionamientos políticos y económicos. Su gobierno debió afrontar presiones para aplicar políticas de liberalización económica, mientras el país seguía dependiendo de la financiación exterior.
Aristide volvió a la presidencia en 2001, después de unas elecciones cuestionadas por la oposición. Tres años después, una rebelión armada, acompañada de una profunda crisis política, precipitó nuevamente su caída. El 29 de febrero de 2004 fue trasladado fuera del país en un avión facilitado por Estados Unidos.
Aristide denunció que había sido obligado a abandonar Haití por agentes estadounidenses y calificó su salida como un secuestro y un golpe de Estado. La Administración de George W. Bush negó tajantemente esa acusación y sostuvo que el presidente había renunciado voluntariamente.
Pero Los Angeles Times, The Washington Post y Associated Press documentaron entonces las circunstancias controvertidas de su salida y las presiones ejercidas sobre el mandatario. La controversia nunca quedó completamente despejada: Aristide insistió en que fue expulsado, mientras Washington rechazó esa versión.
LAS MISIONES INTERNACIONALES QUE NO CONSIGUIERON ESTABILIZAR EL PAÍS
Después de la salida de Aristide, tropas estadounidenses y francesas participaron en una fuerza multinacional que precedió al despliegue de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití, conocida como MINUSTAH.
Esta misión permaneció desde 2004 hasta 2017. Durante aquellos años, Haití sufrió también el devastador terremoto de enero de 2010, que destruyó buena parte de Puerto Príncipe y agravó extraordinariamente la precariedad de sus instituciones.
La presencia internacional no consiguió establecer unas estructuras estatales suficientemente sólidas para impedir nuevas crisis. Además, la propia MINUSTAH quedó marcada por graves controversias, especialmente la introducción del cólera en el país, atribuida a personal de Naciones Unidas.
Tras su retirada, las misiones internacionales fueron sustituidas por otros mecanismos de asistencia y seguridad, mientras las organizaciones criminales aumentaban progresivamente su influencia territorial. El resultado es una sucesión de intervenciones extranjeras que, pese a sus diferentes mandatos y objetivos declarados, no han logrado garantizar una estabilidad política duradera.
EL ASESINATO DE JOVENEL MOÏSE: LAS RESPONSABILIDADES TODAVÍA DISCUTIDAS
La crisis política adquirió una nueva dimensión el 7 de julio de 2021, cuando el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia por un comando integrado mayoritariamente por ciudadanos colombianos. Su esposa, Martine Moïse, resultó herida. Las investigaciones descubrieron conexiones con empresarios, intermediarios y compañías de seguridad establecidas en Florida.
En mayo de 2026, un tribunal federal de Miami declaró culpables a cuatro participantes en la conspiración: Arcangel Pretel Ortiz, Antonio Intriago, Walter Veintemilla y James Solages. Según la Fiscalía estadounidense, los conspiradores pretendían apartar a Moïse del poder, instalar un gobierno favorable a sus intereses y obtener beneficios económicos.
Otros implicados ya habían reconocido su participación, mientras los procedimientos judiciales desarrollados en Haití continuaban enfrentando numerosas dificultades. Por tanto, el asesinato no permanece completamente impune ni sus autores materiales son totalmente desconocidos. Lo que continúa abierto es el esclarecimiento integral de las responsabilidades, las conexiones entre todos los participantes y los intereses políticos y económicos implicados en la operación.
La muerte de Moïse dejó un vacío institucional que contribuyó a acelerar la expansión de los grupos armados.
TRUMP Y BUKELE: UNA NUEVA FÓRMULA DE INTERVENCIÓN REGIONAL
Sobre este trasfondo histórico se produce ahora la entrada masiva de tropas salvadoreñas. La desaparición de cuatro técnicos militares de El Salvador, atacados el 18 de octubre por grupos armados haitianos, sirvió de detonante para una operación que, según Reuters, ya había movilizado aproximadamente 2.000 soldados el 29 de octubre. Pero las investigaciones de Axios revelan que la intervención puede tener implicaciones mucho mayores.
Según el periódico, Bukele había propuesto anteriormente que El Salvador asumiera la pacificación de Haití como fuerza interpuesta de Estados Unidos. El secretario de Estado, Marco Rubio, se habría mostrado contrario a esa fórmula.
La información estadounidense señala también la presencia de Vectus Global, empresa militar privada dirigida por Erik Prince, fundador de Blackwater. La coincidencia de tropas salvadoreñas, contratistas privados estadounidenses y respaldo presidencial de Washington permite plantear una hipótesis: que la Administración Trump esté explorando mecanismos de intervención mediante gobiernos aliados, reduciendo los costes políticos y militares de una participación directa.
No obstante, todavía no está demostrado que Washington dirija operativamente el despliegue salvadoreño. La operación cuenta, además, con el consentimiento del Gobierno haitiano, aunque ese respaldo no elimina el debate sobre sus consecuencias para la soberanía del país. La relación entre Trump y Bukele, fortalecida previamente mediante acuerdos migratorios y de seguridad, ofrece ahora un nuevo escenario de cooperación militar.
En una región donde Estados Unidos ha intervenido reiteradamente para defender sus intereses estratégicos, la posibilidad de utilizar gobiernos aliados como ejecutores de determinadas operaciones constituye una cuestión que merece especial seguimiento.
Y las declaraciones del propio Trump, realizadas este 31 de octubre en Mar-a-Lago, permiten comprobar hasta dónde llega, por ahora, su respaldo político.
Al ser preguntado por su conversación con Bukele, el presidente estadounidense respondió:
«Sí, hablé con él. Me dijo que tenía un gran problema con Haití. Le dije: “Mira, tú diriges tu país. Tienes que hacer lo que tengas que hacer”. Tenía un gran problema con Haití. Mataron a algunos de los suyos. Y le dije: “Tú diriges tu país, tienes que hacer lo que tengas que hacer”».
Esta es la traduccion de las declaraciones de Donald Trump el 31 de octubre de 2026, según la transcripción publicada por Roll Call. La afirmación sobre los militares muertos procede de Trump; su fallecimiento no estaba confirmado.
FUENTES DOCUMENTALES
Actualidad: Trump, Bukele y Haití
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Axios (30/10/2026): Consulta de Bukele a Trump, envío de tropas y discrepancias con Marco Rubio. Leer.
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Reuters (29/10/2026): Despliegue militar salvadoreño y operaciones contra las pandillas. Leer.
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Roll Call (31/10/2026): Transcripción literal de las declaraciones de Trump sobre Bukele. Leer.
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Departamento de Justicia de EE. UU. (08/05/2026): Condena de cuatro implicados en el asesinato de Jovenel Moïse. Leer.
Antecedentes históricos
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Departamento de Estado de EE. UU.: Invasión y ocupación estadounidense de Haití, 1915-1934. Leer.
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Departamento de Estado de EE. UU.: Independencia haitiana y reconocimiento diplomático estadounidense en 1862. Leer.
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The New York Times (2022): Investigación sobre la deuda impuesta por Francia y sus consecuencias económicas. Leer.
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Naciones Unidas (2016): Informe sobre el cólera y la responsabilidad de la misión internacional MINUSTAH. Leer








































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