INTELECTUALES CHAVISTAS SE REBELAN CONTRA LA ENTREGA DE VENEZUELA: LA COMPLICIDAD "INTERNACIONALISTA" NO TIENE COARTADAS
Miles de firmas suscriben la «Proclama de indignación por la entrega de la Patria»
Una «Proclama de indignación por la entrega de la Patria», encabezada por el poeta y escritor chavista Yldefonso Finol, está reuniendo adhesiones contra la subordinación de Venezuela a Estados Unidos por parte del Gobierno "encargado" que encabeza Delcy Rodríguez junto a su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y el ministro del Interior y secretario general del PSUV, Diosdado Cabello.
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Una «Proclama de indignación por la entrega de la Patria», encabezada por el poeta y escritor chavista Yldefonso Finol, está concitando múltiples adhesiones contra la subordinación de Venezuela a Estados Unidos por parte del Gobierno "encargado" que encabeza Delcy Rodríguez junto a su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y el Ministro del Interior y secretario general del PSUV, Diosdado Cabello.
Esta suerte de Manifiesto contra la conversión del país latinoamericano en un nuevo protectorado de Washington, incluye las firmas del periodista sueco especializado en América Latina, Dick Emanuelsson, el economista y dirigente chavista Tony Boza, el antropólogo y defensor de los pueblos indígenas Lusbi Portillo, el historiador Alí Enrique López Bohórquez o el abogado Douglas Querales.
Figuran, igualmente, las rúbricas de Luis Alfonso Mena, periodista e historiador colombiano vinculado a Periodismo Libre; Eduardo Ballán, escritor y poeta hispano-sirio; el cantautor y activista ambiental venezolano Jorge Elías Perozo; o el poeta brasileño Antonio Cabral Filho. La presencia de estas firmas, procedentes de ámbitos políticos, periodísticos, académicos y culturales, amplía la proyección de una iniciativa que expresa el rechazo explícito al actual Ejecutivo venezolano de sectores que reivindican el legado de Hugo Chávez.
Lo esencial del documento, que según sus promotores ya ha sido suscrito por miles de ciudadanos, es su rechazo a la entrega de los recursos energéticos, su denuncia de la subordinación de las instituciones y su llamamiento a "reconstruir una resistencia bolivariana". Sus firmantes se declaran en desobediencia frente a decisiones que consideran incompatibles con la independencia nacional.
La iniciativa se suma a las denuncias de Mario Silva, comunicador chavista y durante años una de las principales voces mediáticas de los gobiernos de Chávez y Maduro; del intelectual Luis Britto García; o del exvicepresidente y exministro de Chávez, Elías Jaua. Todas ellas son críticas surgidas del propio campo bolivariano.
Los promotores de esta proclama explican que inicialmente respaldaron al "Gobierno encargado por patriotismo y lealtad a Nicolás Maduro", pero consideran que ese apoyo ha quedado quebrado por su absoluto sometimiento a Washington.
La proclama, en efecto, expresa cómo muchos de quienes quisieron otorgar el “beneficio de la duda” al "Gobierno encargado" tras el 3 de enero han terminado por reconocer lo que las evidencias mostraban desde el principio. Las cosas eran lo que parecían. La entrega era entrega y las supuestas maniobras de “flexibilidad táctica” formaban parte de una burda propaganda progubernamental que hoy solo reproducen en Venezuela quienes cobran por ello, temen perder posiciones o privilegios o carecen de la más elemental capacidad de análisis crítico. Frente a esta propaganda, los militantes que no renuncian al antiimperialismo comienzan a expresar públicamente sus denuncias, aceptando el riesgo real de ser reprimidos por ello.
ENTREGANDO POR 100 AÑOS LAS RIQUEZAS DEL PUEBLO DE VENEZUELA
Entre los hitos políticos que se han convertido en importantes puntos de inflexión para acabar con cualquier tipo de duda razonable en torno al papel político que desempeña el "Gobierno encargado", cabe señalar el acuerdo petrolero firmado con los Estados Unidos. La Casa Blanca confirmó las concesiones por cien años sobre diecisiete campos con aproximadamente 65.000 millones de barriles de reservas probadas: alrededor del 22 % de las reservas venezolanas. La beneficiaria es North American Blue Energy Partners, NABEP, cuya matriz concede una participación del 35% al organismo de capital estratégico del aparato militar estadounidense.
Washington recibe, además, el derecho a comprar a precio de costo el 20% del petróleo extraído por NABEP y preferencia para adquirir el resto. Dispone, asimismo, de veto sobre los nombramientos del consejo de administración, cuya mayoría debe estar formada por ciudadanos estadounidenses. El acuerdo entre el Gobierno norteamericano y la compañía queda sometido a la legislación y los tribunales estadounidenses.
Las concesiones comprometen durante un siglo recursos estratégicos de Venezuela. Varias generaciones sufrirán las consecuencias de este acuerdo, firmado por una élite que tan solo aspira a sostenerse en el poder -aunque sea actuando como simples capataces de la potencia del Norte- y refrendado por la Asamblea Nacional con una vergonzosa unanimidad. No por casualidad, los detalles del acuerdo se han hurtado a la población y continúan siendo un secreto.
TRUMP HABLA DE BOTÍN Y DELCY RODRÍGUEZ LE AGRADECE SU RESPALDO
La intervención de Donald Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 22 de septiembre, no solo fue un escarnio sino que también eliminó cualquier ambigüedad sobre lo que está sucediendo en Venezuela. El presidente norteamericano reivindicó la operación militar contra Caracas que se saldó con más de 100 muertos, calificó a Maduro de «criminal» y celebró el pacto petrolero como el resultado directo de la agresión imperialista.
Trump afirmó, sin el más mínimo pudor, que «al vencedor le corresponde el botín». Su lenguaje expresó una típica lógica colonial: la fuerza militar crea las condiciones para disponer de la riqueza ajena. No hace falta desentrañar una intención escondida. El propio presidente estadounidense proclama el derecho del vencedor a beneficiarse de lo conquistado, mientras las autoridades venezolanas pretenden presentar la relación de vasallaje como una oportunidad de cooperación.
La intervención ante la ONU de Delcy Rodríguez agravó la humillación. La presidenta "encargada" agradeció la disposición de Trump a "inaugurar una nueva etapa de relaciones y defendió el acercamiento." Posteriormente, Rodríguez mantuvo un encuentro a puerta cerrada con Donald Trump que calificó de "histórico".
![[Img #94731]](https://canarias-semanal.org/upload/images/10_2026/8908_indigna.jpg)
La indigna actuación pública de la delegación venezolana supuso otro golpe de impacto y llegó incluso a generar algunos pronunciamientos informales del Gobierno cubano, que hasta entonces había mantenido un diplomático silencio con respecto al nuevo Gobierno encargado, pese al sacrificio de los 32 ciudadanos del país caribeño que perecieron defendiendo valientemente a Nicolás Maduro el 3 de enero.
Sin que ello pasara desapercibido en las redes sociales, el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez, reaccionó a una dura crítica dirigida en redes a Delcy Rodríguez, escribiendo: «La traición solo tiene un nombre: Traición». Posteriormente, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, marcó distancias durante una entrevista concedida en Nueva York al programa Bloomberg This Weekend, difundida a finales de septiembre. Al preguntársele si Venezuela seguía siendo un aliado, la describió como un “país amigo”, pero puntualizó:
- “Aliado es una palabra demasiado fuerte”.
Una distinción diplomática significativa tras décadas de estrecha alianza entre los dos países.
LOS PROPAGANDISTAS DE LA ENTREGA, LOS SILENTES Y LOS CÓMPLICES "SOLIDARIOS" DEL IMPERIALISMO
![[Img #94729]](https://canarias-semanal.org/upload/images/10_2026/374_pirela.jpg)
El shock provocado por la agresión imperialista del 3 de enero pudo llevar a personas honestas, medios alternativos y organizaciones solidarias a confiar inicialmente en quienes permanecieron al frente del Estado tras el secuestro de Maduro. El miedo a nuevas agresiones y la incertidumbre facilitaron ese tipo de respuesta, reforzada, sin duda, por la vieja y perjudicial costumbre de sustituir el pensamiento crítico por la aceptación incondicional de lo que dicen «las cúpulas».
Así, las apelaciones a la «flexibilidad táctica», la «prudencia» o la necesidad de «ganar tiempo» se convirtieron en lugares comunes de no pocos analistas y medios de comunicación alternativos. Se repetían contra toda evidencia y contra el más elemental sentido común, mientras el Gobierno encargado avanzaba en la entrega total de la soberanía de Venezuela.
Con el paso de los meses, muchos de los que justificaron este rumbo se han ido cayendo del caballo, como cuenta la leyenda que le sucedió a Pablo de Tarso en el camino de Damasco. Sin embargo, han eludido su obligación moral de reconocer públicamente el error de haber defendido a la cúpula entreguista y de someter a examen, de forma autocrítica, las lagunas e incosistencias de las que adolecían sus análisis.
Otro caso digno de mención es el de los intelectuales que durante años apoyaron el proceso bolivariano de forma acrítica, llegando incluso a dictar auténticas excomuniones contra quienes, aun defendiéndolo, trataban de poner de manifiesto sus contradicciones y retrocesos. Muchas de estas «personalidades», a menudo vinculadas, de un modo u otro, a instituciones oficiales venezolanas, cayeron a partir del 3 de enero en un mutismo que difícilmente puede atribuirse a una hipotética ingenuidad. Con ese silencio cómplice rehúyen ahora su responsabilidad política e intelectual a la hora de analizar la naturaleza de lo sucedido, explicar sus posiciones y pronunciarse ante la subordinación de Venezuela frente al Imperio del Norte.
Quienes, desde fuera de Venezuela, reproducen la propaganda del Gobierno entregado a Washington son objetivamente cómplices de la entrega del país al imperialismo estadounidense
La misma responsabilidad les corresponde a las organizaciones políticas revolucionarias que han optado por callar, absteniéndose de su obligación de orientar a sus militantes y simpatizantes con una interpretación que les permita comprender lo sucedido en Venezuela y combatir el desánimo y la desmovilización. Dos sentimientos que encuentran un terreno especialmente abonado cuando las derrotas ni siquiera cuentan con una explicación racional.
Aunque cada vez más desacreditados, la entrega de Venezuela al imperialismo estadounidense dispone de propagandistas internos empeñados en presentarla como una demostración de «inteligencia política» en condiciones «especialmente adversas». Su cometido consiste en revestir la subordinación a Washington con fórmulas de prudencia o habilidad táctica, hasta hacer pasar las concesiones al agresor por supuestas victorias. El máximo exponente de esta función ha sido Miguel Ángel Pérez Pirela, cuya disposición a ejercer estas labores fue recompensada con su nombramiento como ministro de Comunicación e Información. A él se han sumado los medios oficiales y algunos comunicadores que, a través de las redes sociales, buscan obtener provecho personal en la «nueva normalidad» neocolonial.
Al pueblo se le exige que «confíe» mientras sus recursos petroleros se ceden a precio de saldo, durante un siglo, al enemigo histórico del país. Se pretende que acepte la humillación de agradecer al agresor del Norte su intervención y que considere «traidores» a quienes tienen el valor de denunciar el despojo y la venta de la soberanía nacional. La propaganda progubernamental pretende así desactivar la resistencia y proteger a los responsables de la capitulación.
Quienes, desde fuera de Venezuela, reproducen y difunden estos discursos justificativos participan igualmente en esa operación política. Ya se trate de medios de comunicación, periodistas, organizaciones políticas o colectivos de solidaridad, al legitimar la actuación de un Gobierno títere contribuyen a normalizar el sometimiento del país a los intereses de Estados Unidos.
Pero esa responsabilidad política no termina en la justificación de la subordinación. Se extiende también a la eventual represión que las "autoridades encargadas" puedan ejercer contra quienes se organicen para combatirla. Presentar a los críticos como irresponsables, divisionistas o enemigos encubiertos contribuye a crear el clima político propicio para su aislamiento y persecución.
Si esa represión llegara a producirse, quienes hayan difundido -o reproducido- semejantes acusaciones habrán contribuido a legitimar al poder represor y a desarmar políticamente a sus víctimas. La solidaridad internacionalista exige situarse del lado del pueblo venezolano y de quienes defienden su independencia frente a un gobierno plenamente subordinado a Estados Unidos. Justificar a ese gobierno supone, objetivamente y al margen de las intenciones de quien lo haga, respaldar los intereses del imperialismo norteamericano.
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Una «Proclama de indignación por la entrega de la Patria», encabezada por el poeta y escritor chavista Yldefonso Finol, está concitando múltiples adhesiones contra la subordinación de Venezuela a Estados Unidos por parte del Gobierno "encargado" que encabeza Delcy Rodríguez junto a su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y el Ministro del Interior y secretario general del PSUV, Diosdado Cabello.
Esta suerte de Manifiesto contra la conversión del país latinoamericano en un nuevo protectorado de Washington, incluye las firmas del periodista sueco especializado en América Latina, Dick Emanuelsson, el economista y dirigente chavista Tony Boza, el antropólogo y defensor de los pueblos indígenas Lusbi Portillo, el historiador Alí Enrique López Bohórquez o el abogado Douglas Querales.
Figuran, igualmente, las rúbricas de Luis Alfonso Mena, periodista e historiador colombiano vinculado a Periodismo Libre; Eduardo Ballán, escritor y poeta hispano-sirio; el cantautor y activista ambiental venezolano Jorge Elías Perozo; o el poeta brasileño Antonio Cabral Filho. La presencia de estas firmas, procedentes de ámbitos políticos, periodísticos, académicos y culturales, amplía la proyección de una iniciativa que expresa el rechazo explícito al actual Ejecutivo venezolano de sectores que reivindican el legado de Hugo Chávez.
Lo esencial del documento, que según sus promotores ya ha sido suscrito por miles de ciudadanos, es su rechazo a la entrega de los recursos energéticos, su denuncia de la subordinación de las instituciones y su llamamiento a "reconstruir una resistencia bolivariana". Sus firmantes se declaran en desobediencia frente a decisiones que consideran incompatibles con la independencia nacional.
La iniciativa se suma a las denuncias de Mario Silva, comunicador chavista y durante años una de las principales voces mediáticas de los gobiernos de Chávez y Maduro; del intelectual Luis Britto García; o del exvicepresidente y exministro de Chávez, Elías Jaua. Todas ellas son críticas surgidas del propio campo bolivariano.
Los promotores de esta proclama explican que inicialmente respaldaron al "Gobierno encargado por patriotismo y lealtad a Nicolás Maduro", pero consideran que ese apoyo ha quedado quebrado por su absoluto sometimiento a Washington.
La proclama, en efecto, expresa cómo muchos de quienes quisieron otorgar el “beneficio de la duda” al "Gobierno encargado" tras el 3 de enero han terminado por reconocer lo que las evidencias mostraban desde el principio. Las cosas eran lo que parecían. La entrega era entrega y las supuestas maniobras de “flexibilidad táctica” formaban parte de una burda propaganda progubernamental que hoy solo reproducen en Venezuela quienes cobran por ello, temen perder posiciones o privilegios o carecen de la más elemental capacidad de análisis crítico. Frente a esta propaganda, los militantes que no renuncian al antiimperialismo comienzan a expresar públicamente sus denuncias, aceptando el riesgo real de ser reprimidos por ello.
ENTREGANDO POR 100 AÑOS LAS RIQUEZAS DEL PUEBLO DE VENEZUELA
Entre los hitos políticos que se han convertido en importantes puntos de inflexión para acabar con cualquier tipo de duda razonable en torno al papel político que desempeña el "Gobierno encargado", cabe señalar el acuerdo petrolero firmado con los Estados Unidos. La Casa Blanca confirmó las concesiones por cien años sobre diecisiete campos con aproximadamente 65.000 millones de barriles de reservas probadas: alrededor del 22 % de las reservas venezolanas. La beneficiaria es North American Blue Energy Partners, NABEP, cuya matriz concede una participación del 35% al organismo de capital estratégico del aparato militar estadounidense.
Washington recibe, además, el derecho a comprar a precio de costo el 20% del petróleo extraído por NABEP y preferencia para adquirir el resto. Dispone, asimismo, de veto sobre los nombramientos del consejo de administración, cuya mayoría debe estar formada por ciudadanos estadounidenses. El acuerdo entre el Gobierno norteamericano y la compañía queda sometido a la legislación y los tribunales estadounidenses.
Las concesiones comprometen durante un siglo recursos estratégicos de Venezuela. Varias generaciones sufrirán las consecuencias de este acuerdo, firmado por una élite que tan solo aspira a sostenerse en el poder -aunque sea actuando como simples capataces de la potencia del Norte- y refrendado por la Asamblea Nacional con una vergonzosa unanimidad. No por casualidad, los detalles del acuerdo se han hurtado a la población y continúan siendo un secreto.
TRUMP HABLA DE BOTÍN Y DELCY RODRÍGUEZ LE AGRADECE SU RESPALDO
La intervención de Donald Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 22 de septiembre, no solo fue un escarnio sino que también eliminó cualquier ambigüedad sobre lo que está sucediendo en Venezuela. El presidente norteamericano reivindicó la operación militar contra Caracas que se saldó con más de 100 muertos, calificó a Maduro de «criminal» y celebró el pacto petrolero como el resultado directo de la agresión imperialista.
Trump afirmó, sin el más mínimo pudor, que «al vencedor le corresponde el botín». Su lenguaje expresó una típica lógica colonial: la fuerza militar crea las condiciones para disponer de la riqueza ajena. No hace falta desentrañar una intención escondida. El propio presidente estadounidense proclama el derecho del vencedor a beneficiarse de lo conquistado, mientras las autoridades venezolanas pretenden presentar la relación de vasallaje como una oportunidad de cooperación.
La intervención ante la ONU de Delcy Rodríguez agravó la humillación. La presidenta "encargada" agradeció la disposición de Trump a "inaugurar una nueva etapa de relaciones y defendió el acercamiento." Posteriormente, Rodríguez mantuvo un encuentro a puerta cerrada con Donald Trump que calificó de "histórico".
![[Img #94731]](https://canarias-semanal.org/upload/images/10_2026/8908_indigna.jpg)
La indigna actuación pública de la delegación venezolana supuso otro golpe de impacto y llegó incluso a generar algunos pronunciamientos informales del Gobierno cubano, que hasta entonces había mantenido un diplomático silencio con respecto al nuevo Gobierno encargado, pese al sacrificio de los 32 ciudadanos del país caribeño que perecieron defendiendo valientemente a Nicolás Maduro el 3 de enero.
Sin que ello pasara desapercibido en las redes sociales, el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez, reaccionó a una dura crítica dirigida en redes a Delcy Rodríguez, escribiendo: «La traición solo tiene un nombre: Traición». Posteriormente, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, marcó distancias durante una entrevista concedida en Nueva York al programa Bloomberg This Weekend, difundida a finales de septiembre. Al preguntársele si Venezuela seguía siendo un aliado, la describió como un “país amigo”, pero puntualizó:
- “Aliado es una palabra demasiado fuerte”.
Una distinción diplomática significativa tras décadas de estrecha alianza entre los dos países.
LOS PROPAGANDISTAS DE LA ENTREGA, LOS SILENTES Y LOS CÓMPLICES "SOLIDARIOS" DEL IMPERIALISMO
![[Img #94729]](https://canarias-semanal.org/upload/images/10_2026/374_pirela.jpg)
El shock provocado por la agresión imperialista del 3 de enero pudo llevar a personas honestas, medios alternativos y organizaciones solidarias a confiar inicialmente en quienes permanecieron al frente del Estado tras el secuestro de Maduro. El miedo a nuevas agresiones y la incertidumbre facilitaron ese tipo de respuesta, reforzada, sin duda, por la vieja y perjudicial costumbre de sustituir el pensamiento crítico por la aceptación incondicional de lo que dicen «las cúpulas».
Así, las apelaciones a la «flexibilidad táctica», la «prudencia» o la necesidad de «ganar tiempo» se convirtieron en lugares comunes de no pocos analistas y medios de comunicación alternativos. Se repetían contra toda evidencia y contra el más elemental sentido común, mientras el Gobierno encargado avanzaba en la entrega total de la soberanía de Venezuela.
Con el paso de los meses, muchos de los que justificaron este rumbo se han ido cayendo del caballo, como cuenta la leyenda que le sucedió a Pablo de Tarso en el camino de Damasco. Sin embargo, han eludido su obligación moral de reconocer públicamente el error de haber defendido a la cúpula entreguista y de someter a examen, de forma autocrítica, las lagunas e incosistencias de las que adolecían sus análisis.
Otro caso digno de mención es el de los intelectuales que durante años apoyaron el proceso bolivariano de forma acrítica, llegando incluso a dictar auténticas excomuniones contra quienes, aun defendiéndolo, trataban de poner de manifiesto sus contradicciones y retrocesos. Muchas de estas «personalidades», a menudo vinculadas, de un modo u otro, a instituciones oficiales venezolanas, cayeron a partir del 3 de enero en un mutismo que difícilmente puede atribuirse a una hipotética ingenuidad. Con ese silencio cómplice rehúyen ahora su responsabilidad política e intelectual a la hora de analizar la naturaleza de lo sucedido, explicar sus posiciones y pronunciarse ante la subordinación de Venezuela frente al Imperio del Norte.
Quienes, desde fuera de Venezuela, reproducen la propaganda del Gobierno entregado a Washington son objetivamente cómplices de la entrega del país al imperialismo estadounidense
La misma responsabilidad les corresponde a las organizaciones políticas revolucionarias que han optado por callar, absteniéndose de su obligación de orientar a sus militantes y simpatizantes con una interpretación que les permita comprender lo sucedido en Venezuela y combatir el desánimo y la desmovilización. Dos sentimientos que encuentran un terreno especialmente abonado cuando las derrotas ni siquiera cuentan con una explicación racional.
Aunque cada vez más desacreditados, la entrega de Venezuela al imperialismo estadounidense dispone de propagandistas internos empeñados en presentarla como una demostración de «inteligencia política» en condiciones «especialmente adversas». Su cometido consiste en revestir la subordinación a Washington con fórmulas de prudencia o habilidad táctica, hasta hacer pasar las concesiones al agresor por supuestas victorias. El máximo exponente de esta función ha sido Miguel Ángel Pérez Pirela, cuya disposición a ejercer estas labores fue recompensada con su nombramiento como ministro de Comunicación e Información. A él se han sumado los medios oficiales y algunos comunicadores que, a través de las redes sociales, buscan obtener provecho personal en la «nueva normalidad» neocolonial.
Al pueblo se le exige que «confíe» mientras sus recursos petroleros se ceden a precio de saldo, durante un siglo, al enemigo histórico del país. Se pretende que acepte la humillación de agradecer al agresor del Norte su intervención y que considere «traidores» a quienes tienen el valor de denunciar el despojo y la venta de la soberanía nacional. La propaganda progubernamental pretende así desactivar la resistencia y proteger a los responsables de la capitulación.
Quienes, desde fuera de Venezuela, reproducen y difunden estos discursos justificativos participan igualmente en esa operación política. Ya se trate de medios de comunicación, periodistas, organizaciones políticas o colectivos de solidaridad, al legitimar la actuación de un Gobierno títere contribuyen a normalizar el sometimiento del país a los intereses de Estados Unidos.
Pero esa responsabilidad política no termina en la justificación de la subordinación. Se extiende también a la eventual represión que las "autoridades encargadas" puedan ejercer contra quienes se organicen para combatirla. Presentar a los críticos como irresponsables, divisionistas o enemigos encubiertos contribuye a crear el clima político propicio para su aislamiento y persecución.
Si esa represión llegara a producirse, quienes hayan difundido -o reproducido- semejantes acusaciones habrán contribuido a legitimar al poder represor y a desarmar políticamente a sus víctimas. La solidaridad internacionalista exige situarse del lado del pueblo venezolano y de quienes defienden su independencia frente a un gobierno plenamente subordinado a Estados Unidos. Justificar a ese gobierno supone, objetivamente y al margen de las intenciones de quien lo haga, respaldar los intereses del imperialismo norteamericano.


















































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