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¿QUIÉNES COÑO SON LOS "BLOCUS"?: UNA REVUELTA JUVENIL QUE DESCONCIERTA

¿Qué revelan los testimonios contradictorios de quienes participaron en los disturbios y de los profesores que conocen la realidad cotidiana de los adolescentes?

¿Quiénes consiguieron movilizar a centenares de adolescentes mediante convocatorias anónimas, qué revelan sus testimonios contradictorios y hasta qué punto estamos ante una nueva forma de protesta social, una red de saqueadores o, simplemente, ante una operación de instrumentalización, sin más?

 

 POR JUAN JOSÉ PARRA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Unos acudieron porque estaban hartos de un futuro que consideran cerrado.

   Otros, sencillamente, porque se aburrían. Algunos esperaban participar en una protesta estudiantil; otros recibieron instrucciones para saquear comercios.

 

  Los profesores hablan de frustración acumulada, la policía investiga una organización criminal y determinados dirigentes políticos señalan a la izquierda.

 

   En apenas una semana, una palabra francesa hasta entonces desconocida para buena parte de los españoles, Blocus, se convirtió en sinónimo de disturbios, adolescentes encapuchados y miedo electoral. Pero cuanto más se examinan los testimonios de quienes estuvieron allí, más difícil resulta sostener que todos participaban en un mismo movimiento. La verdadera pregunta es qué clase de fenómeno social puede reunir comportamientos tan contradictorios.

 

  EL ORIGEN: UNA PROTESTA FRANCESA QUE CAMBIA DE SIGNIFICADO

   La historia comenzó  el pasado mes de septiembre y octubre de 2026, cuando diversas movilizaciones estudiantiles francesas difundieron por internet imágenes de concentraciones, bloqueos de centros educativos y enfrentamientos callejeros.

 

   En Francia, "blocus" es una denominación habitual para las acciones de bloqueo estudiantil. Sin embargo, cuando la etiqueta empezó a circular entre adolescentes españoles, quedó asociada también a los episodios violentos difundidos mediante vídeos breves.

 

   Durante la segunda mitad de octubre aparecieron cuentas de TikTok que anunciaban concentraciones en Barcelona, Madrid y otras ciudades. Sus mensajes combinaban referencias a la educación, los salarios y la vivienda con una estética de confrontación callejera. Según las investigaciones de VerificaRTVE identificaron una secuencia: los vídeos públicos servían para atraer participantes, que posteriormente eran derivados a grupos privados de WhatsApp y Telegram. Allí circulaban instrucciones más concretas.

 

 

   La primera particularidad de Blocus aparece precisamente aquí: no existía una organización pública reconocible, con representantes, asambleas o programa. La convocatoria se difundía principalmente mediante cuentas anónimas.

 

24 DE OCTUBRE: CUANDO BARCELONA SE CONVIRTIÓ EN UN EXPERIMENTO SOCIAL

    El sábado 24 de octubre, alrededor de 500 jóvenes participaron en los disturbios registrados en el centro de Barcelona. Hubo saqueos, incendios, daños materiales y numerosas detenciones, con una elevada y significativa proporción de menores.

 

   Lo más revelador apareció en los testimonios recogidos aquella misma noche. El periodista Toni Ayala, de La Vanguardia, entrevistó a varios adolescentes que observaban o participaban en el ambiente de los disturbios. Tres jóvenes resumieron su presencia con una explicación sorprendente:

 

«La gente se aburría en casa y ha venido aquí, como en Francia».

Otro de los entrevistados afirmó:

«No protestamos por nada, ya no hay nada por lo que protestar».

 

 

    Estas declaraciones describen una actitud muy diferente de la que cabría esperar en una movilización organizada alrededor de reivindicaciones sociales. Sin embargo, otros testimonios apuntan en una dirección opuesta.

 

    En una investigación publicada el 31 de octubre, El Periódico entrevistó a más de quince estudiantes de entre 14 y 16 años de dos institutos de Les Franqueses del Vallès. Algunos reconocieron haber participado en la movilización.

 

 Uno de ellos expresó en catalán una idea que traducida al castellano, significa:

«Estamos hartos de todo, nos espera un futuro de mierda».

 

El Periódico.

 

   La contradicción resulta muy significativa. Mientras unos adolescentes describían su participación como entretenimiento, otros hablaban de una profunda desconfianza hacia las posibilidades que les  esta ofreciendo la sociedad.

 

   No podemos concluir que los primeros carecieran de problemas sociales ni que los segundos hubieran participado necesariamente en actos violentos. Son testimonios diferentes, recogidos entre jóvenes que acudieron a una convocatoria heterogénea. Precisamente por eso proporcionan una pista:  Blocus podía atraer a personas movidas por razones muy distintas.

 

  DE LA REIVINDICACIÓN AL SAQUEO: LO QUE REVELAN LOS MENSAJES

   La documentación sobre los grupos digitales añade otro elemento. Informativos Telecinco habló con jóvenes que habían participado en los canales de convocatoria. Una de las personas entrevistadas sostuvo que inicialmente dos chicas habían creado un grupo para organizar una manifestación. Posteriormente, comenzaron a circular mensajes que invitaban a robar en tiendas de productos electrónicos y establecimientos de marcas de lujo.

 

   Los investigadores también encontraron recomendaciones sobre vestimenta oscura, máscaras y materiales para enfrentamientos callejeros.  Una de las diferencias entre los objetivos declarados públicamente y los mensajes difundidos en determinados canales privados constituye, al parecer,  el núcleo de la investigación policial.

 

   La policía considera que algunos promotores utilizaron reivindicaciones estudiantiles como cobertura para organizar acciones de saqueo. Un comunicado del 30 de octubre describe incluso propuestas para comunicar en tiempo real qué comercios estaban menos vigilados.

 

   De acuerdo con esa documentación, parece demostrarse que existían llamamientos organizados a cometer asaltos. No demuestra, sin embargo, que todos los asistentes compartieran esas intenciones.

 

LOS PROFESORES: ENTRE LA FRUSTRACIÓN ACUMULADA Y LA SOSPECHA DE MANIPULACIÓN

     El 29 de octubre, el diario ARA publicó una investigación basada en entrevistas a docentes de institutos catalanes. Una profesora identificada con el nombre ficticio de Ester explicó que dos de sus alumnos menores de edad habían sido identificados durante los disturbios.

 

   Según su experiencia, existía desde hacía tiempo un ambiente de tensión en las aulas relacionado con las dificultades económicas, el futuro laboral y la desconfianza hacia los estudios. La docente consideraba que determinados alumnos habían acudido pensando que encontrarían una protesta política semejante a las francesas. Su interpretación iba más allá: sospechaba que la convocatoria podía estar dirigida a perjudicar las movilizaciones estudiantiles que se preparaban para noviembre.

 

   Otro profesor, Jonathan, ofrecía una explicación centrada en el sentimiento de abandono de jóvenes de orígenes sociales y culturales diferentes. Para él, el fenómeno expresaba una pérdida de confianza en la posibilidad de construir un futuro mediante el esfuerzo educativo.

 

 

   Ambos testimonios comparten una preocupación por las condiciones sociales, pero introducen interpretaciones distintas: frustración juvenil, imitación, manipulación y crisis de expectativas.  La sospecha de Ester merece investigación, aunque no constituye una prueba de que Blocus fuera organizado expresamente para sabotear al movimiento estudiantil.

 

LA PSICOLOGÍA DEL GRUPO FRENTE A LA EXPLICACIÓN DE CLASE

   Los especialistas tampoco coinciden completamente sobre las motivaciones.  La investigadora Laura Pascual, de la Universidad de Barcelona, explicó a RTVE que algunos jóvenes pueden participar por presión del grupo, deseo de reconocimiento, frustración personal o motivaciones económicas.

 

      La psicóloga social Amapola Povedano también advirtió de la dificultad de atribuir una causa única a participantes tan diversos.   El antropólogo Carles Feixa, especialista en culturas juveniles, ofreció otra lectura: describió los disturbios como una especie de ritual de iniciación de una juventud marginada, influida por imágenes y comportamientos procedentes de Francia.

 

  Estas interpretaciones no tienen por qué excluirse.  La psicología social puede explicar por qué un adolescente sigue a sus amigos o busca reconocimiento. El análisis de clase permite investigar las condiciones materiales que alimentan determinadas frustraciones. Pero ninguna explicación general puede sustituir al conocimiento concreto de los participantes.

 

  El dato del Instituto Nacional de Estadística es significativo: en 2025, el 67,1 % de los jóvenes españoles de 18 a 34 años vivía con alguno de sus progenitores. La dificultad para emanciparse constituye un problema social documentado. No autoriza, por sí sola, a concluir que esa dificultad provocó los saqueos.

 

27 DE OCTUBRE: LA DISPUTA POLÍTICA POR EL SIGNIFICADO DE LOS DISTURBIOS

    La intervención de los partidos políticos introdujo una interpretación completamente diferente. Alberto Núñez Feijóo vinculó los incidentes con una supuesta estrategia de las izquierdas para provocar tensión ante las elecciones del 29 de noviembre. Miguel Tellado responsabilizó políticamente al Gobierno de los acontecimientos de Bilbao, mientras Vox insistía en vincular los desórdenes con sus adversarios.

 

    Sin embargo, ninguna de las declaraciones examinadas aporta pruebas policiales que relacionen a las organizaciones de izquierdas con la dirección de Blocus. Frente a esa interpretación, el sociólogo Víctor Sampedro puso el acento en una generación que no se siente escuchada y cuya frustración puede ser aprovechada por distintos actores.

 

  La politóloga Anna López Ortega planteó, por su parte, que la explotación electoral de la inseguridad puede desplazar el debate público desde los problemas sociales hacia las demandas de orden. Ambas interpretaciones aparecen recogidas por el digital socialdemócrata Público, aunque representan valoraciones académicas y no conclusiones judiciales.

 

    En cambio, el sociólogo Xavier Torrens introdujo una hipótesis más inquietante durante una entrevista en Radio Nacional de España: la posibilidad de que las convocatorias digitales estén siendo utilizadas para interferir en el proceso electoral. Torrens señaló el papel de los algoritmos en la polarización y recordó antecedentes de operaciones extranjeras de desestabilización. No identificó pruebas de una intervención extranjera concreta en Blocus.

 

 

   La contradicción es significativa. Mientras unos investigadores consideran prioritario estudiar las condiciones sociales y los procesos de socialización juvenil, otros prestan atención a la posibilidad de una instrumentalización política de las redes. Ambas líneas merecerían investigación. Ninguna autoriza a presentar como demostrado lo que todavía constituye una hipótesis.

 

30 DE OCTUBRE: LAS DETENCIONES CAMBIAN EL ESCENARIO

   La Guardia Civil detuvo en Picanya, Valencia, a un joven de veinte años al que considera uno de los principales impulsores de Blocus en España. Según el Ministerio del Interior, administraba canales de Telegram desde los que se coordinaban convocatorias y se promovían actos violentos. Los investigadores encontraron mensajes para orientar saqueos hacia establecimientos con menor vigilancia policial.

 

     Las actuaciones se extendieron a otras localidades, con detenciones de presuntos administradores y participantes. La información oficial permite afirmar que existieron mecanismos de coordinación. Pero todavía no demuestra la existencia de una dirección nacional única ni de una estructura política clandestina. La prisión provisional decretada para el detenido de Picanya tampoco equivale a una condena. Lo conocido hasta ahora apunta a una red que aprovechó las posibilidades de las plataformas digitales para reunir a personas con motivaciones diferentes, algunas interesadas expresamente en cometer asaltos y saqueos.

 

31 DE OCTUBRE: UNA MOVILIZACIÓN MUCHO MENOR DE LO ANUNCIADO

   Las nuevas convocatorias para Halloween fueron ampliamente difundidas por las redes sociales. Sin embargo, los disturbios anunciados no llegaron a producirse en Barcelona. Según el balance policial publicado el 1 de noviembre, el dispositivo extraordinario de los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana concluyó con 1.440 personas identificadas, tres detenidas y 127 actas administrativas. No se registraron incidentes violentos comparables a los del 24 de octubre.

 

 

    El resultado también plantea interrogantes. ¿Habían perdido los promotores su capacidad de convocatoria? ¿Fueron determinantes las detenciones anteriores? ¿O las cifras de seguidores y mensajes habían creado una apariencia de movilización superior a la real? 

   Todavía no parecen existir pruebas para poder optar  por una entre estas explicaciones. La magnitud del operativo obliga, además, a examinar la proporcionalidad de las identificaciones masivas, distinguiendo la prevención de actos delictivos del ejercicio legítimo de los derechos ciudadanos.

 

¿REBELIÓN SOCIAL O UNA "RABIA SIN DIRECCIÓN"?

     Desde una perspectiva de análisis de clase, Blocus obliga a separar el origen social de sus participantes del significado político de sus acciones. La frustración económica puede alimentar reivindicaciones colectivas organizadas. También puede traducirse en conductas individualistas, violencia o simple búsqueda de experiencias intensas.

 

   El testimonio del adolescente que teme un futuro sin oportunidades y el de quienes acudieron porque estaban aburridos expresan posiciones distintas, aunque puedan coexistir en una misma generación. Lo mismo sucede con los mensajes contra las desigualdades y las invitaciones a robar productos de lujo. Su coincidencia en un canal digital no constituye por sí misma un programa político.

 

  Las organizaciones estudiantiles y los movimientos por la vivienda suelen formular demandas identificables, mientras que los canales investigados por la Guardia Civil promovieron, en determinados casos, actuaciones cuyo objetivo inmediato era el saqueo.

 

    La ausencia de una estructura representativa también facilita que los participantes desconozcan quién convoca y con qué propósito. Por eso, calificar automáticamente estos episodios como una rebelión popular supondría atribuirles una coherencia política que todavía no aparece acreditada. Pero reducirlos exclusivamente a delincuencia impediría investigar qué condiciones sociales y mecanismos de socialización facilitaron la participación de tantos adolescentes.

 

LO QUE SIGUE SIN SABERSE

      Las investigaciones permiten establecer que Blocus ha servido como etiqueta para convocatorias digitales, que existieron llamamientos organizados a saqueos y que varios presuntos promotores han sido identificados. Continúan sin resolverse preguntas decisivas: quién creó originalmente las distintas cuentas, qué relación mantenían sus administradores, si existió financiación externa y hasta qué punto compartían objetivos.

 

    Hay, sin embargo, una conclusión social que merece atención: las plataformas digitales han permitido reunir rápidamente a jóvenes que ni siquiera estaban de acuerdo acerca de por qué acudían a la calle. 

   Entre quienes querían protestar, quienes buscaban entretenimiento y quienes pretendían saquear, la etiqueta Blocus terminó ocultando diferencias fundamentales.

 

   Quizá la pregunta más reveladora no sea únicamente quiénes organizaron los disturbios, sino cómo fue posible que una convocatoria anónima, sin objetivos políticos definidos, consiguiera movilizar a tantos adolescentes. Responderla exige investigar las condiciones de vida de la juventud, el funcionamiento de las plataformas digitales y las formas contemporáneas de organización colectiva. También requiere examinar quién se beneficia políticamente de los acontecimientos. 

 

   La aparición de Blocus muestra, en cualquier caso, las dificultades de interpretar como un movimiento homogéneo una movilización cuya principal característica conocida es precisamente la heterogeneidad.

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