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Miércoles, 14 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

CANARIAS DESPERDICIA SU ENERGÍA RENOVABLE MIENTRAS SIGUE QUEMANDO COMBUSTIBLES FÓSILES

El fracaso de una transición energética marcada por la falta de planificación y almacenamiento.

Canarias desperdicia más del 15% de su energía renovable potencialmente aprovechable mientras sigue dependiendo de combustibles fósiles importados. ¿Cómo se ha llegado a semejante contradicción? Detrás de este despilfarro se esconde un problema de planificación que las administraciones llevan años sin resolver.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

  Canarias tiene sol, viento, parques eólicos y plantas fotovoltaicas capaces de producir electricidad, pero una parte de esa energía termina sin utilizarse mientras las centrales convencionales continúan quemando combustibles fósiles.

 

  El consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano Hernández Zapata, reconoció el pasado 13 de octubre ante el Parlamento autonómico que más del 15% de la energía renovable potencialmente aprovechable no llega a integrarse en el sistema eléctrico, debido fundamentalmente a las limitaciones existentes para almacenarla.

 

   El dato es importante no solo por su dimensión ambiental, sino porque expone una contradicción económica mucho más profunda.

 

   Canarias importa los combustibles que alimentan buena parte de sus centrales térmicas y, al mismo tiempo, se ve obligada a desaprovechar electricidad que podría producirse con recursos naturales disponibles en las propias islas. El problema, por tanto, ya no puede plantearse simplemente como la necesidad de instalar más molinos o más placas solares. Una política energética que aumenta la capacidad de generación sin garantizar que esa electricidad resulta incongruente.

 

PRODUCIR MÁS ENERGÍA RENOVABLE NO BASTA

   La electricidad tiene una particularidad decisiva: producción y consumo deben mantenerse prácticamente equilibrados en todo momento. La energía solar se genera cuando hay radiación y la eólica cuando sopla el viento, pero las necesidades de hogares, empresas, hospitales, hoteles o industrias siguen sus propios horarios. Puede existir una elevada producción renovable cuando la demanda es reducida y, horas después, aumentar el consumo cuando ya no hay sol o ha disminuido el viento.

 

  Ahí aparece el almacenamiento como pieza esencial. Si existen baterías, centrales hidroeléctricas de bombeo u otros sistemas capaces de conservar los excedentes, esa electricidad puede utilizarse posteriormente. Cuando no los hay en cantidad suficiente, determinadas instalaciones deben reducir su producción para mantener la estabilidad del sistema. No se trata, por tanto, de que la energía renovable desaparezca, sino de algo económicamente más significativo: se dispone de capacidad para producirla, se ha invertido dinero en construirla, pero el sistema eléctrico no está preparado para aprovechar toda esa capacidad.

 

   El problema adquiere mayor dimensión cuando se observan los datos generales. En septiembre de 2026, las renovables aportaron apenas el 19,4% de la generación eléctrica canaria. Los ciclos combinados representaron el 36,7%, los motores diésel el 20,8% y las turbinas de vapor el 18,3%, mientras la eólica aportó un 13,9%. No existe una equivalencia automática por la cual cada megavatio hora renovable desaprovechado pueda sustituir inmediatamente otro producido con combustibles fósiles, porque el sistema necesita potencia disponible, estabilidad y capacidad de respuesta. Pero precisamente por eso resulta insuficiente presentar la transición energética como una mera carrera por instalar megavatios.

 

EL FALLO NO ES TECNOLÓGICO: ES DE PLANIFICACIÓN

   La cuestión fundamental es cómo se ha llegado hasta aquí. Durante años, las administraciones han presentado el aumento de potencia renovable instalada como uno de los principales indicadores del  avance de la transición energética. Sin embargo, generación, almacenamiento, redes e interconexiones forman parte del mismo sistema. Desarrollar uno de esos elementos sin acompasarlo con los demás termina creando cuellos de botella previsibles.

 

   Y esos errores tienen costes. Las instalaciones renovables que no pueden entregar toda su producción aprovechan peor inversiones que ya se han realizado. Paralelamente, continúa siendo necesario comprar combustibles en el exterior para mantener funcionando centrales convencionales. El resultado es que Canarias soporta simultáneamente los costes de construir la transición energética y los derivados de conservar una elevada dependencia fósil.

 

   La responsabilidad tampoco puede reducirse a encontrar una nueva fórmula de remuneración que haga rentable la instalación de baterías privadas. El almacenamiento, las redes y las centrales de bombeo son infraestructuras estratégicas para el funcionamiento del conjunto del sistema. La pregunta decisiva no es solo cuánto cuesta construirlas, sino quién las financia, quién las controla, quién recibe la rentabilidad de esas inversiones y quién termina pagando sus costes.

 

  Esta cuestión adquiere aún más importancia en un mercado eléctrico donde conviven grandes inversiones públicas y privadas. Una operación rentable para una compañía energética no conduce necesariamente a una disminución equivalente de la factura de los consumidores. Por eso, una planificación energética orientada a las necesidades sociales debería comenzar por determinar los objetivos del sistema —seguridad del suministro, reducción de combustibles importados, menores emisiones y precios asumibles— y organizar después las inversiones necesarias para satisfacerlos, no al revés.

 

UNA TRANSICIÓN ENERGÉTICA A MEDIAS

   La demanda eléctrica canaria alcanzó en septiembre los 825.318 megavatios hora, un 5,5% más que un año antes, mientras entre enero y septiembre creció un 2%. Es decir, mientras se discute cómo integrar más renovables, el sistema tiene que atender además un consumo creciente. Esto refuerza la necesidad de abandonar una concepción de la transición energética basada fundamentalmente en sumar instalaciones y anunciar nuevos megavatios.

 

  Canarias no carece de recursos renovables. Lo que está demostrando esta crisis de almacenamiento es que disponer de sol y viento no equivale a disponer de un sistema energético renovable. Hacen falta generación, almacenamiento, redes, interconexiones y planificación conjunta, además de decidir bajo qué criterios económicos y sociales deben gestionarse esas infraestructuras.

 

  Que más del 15% de la energía renovable potencialmente aprovechable no llegue a utilizarse mientras el Archipiélago continúa importando y quemando combustibles fósiles resume mejor que cualquier discurso el estado actual de la transición canaria. No estamos ante una escasez de recursos naturales, sino ante las consecuencias de haber desarrollado la transición energética sin la coordinación necesaria. Y mientras no se corrija ese desequilibrio, Canarias seguirá soportando el coste de instalaciones renovables cuyo potencial no aprovecha plenamente y de los combustibles importados que todavía necesita para garantizar su suministro eléctrico.

 

 
 
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