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TRUMP Y PUTIN NEGOCIAN EL FUTURO DE UCRANIA CON UN OJO PUESTO EN LAS ELECCIONES DE EE.UU.

¿Estamos asistiendo a una negociación de paz o a un gigantesco intercambio de favores entre dos presidentes dispuestos a anteponer sus intereses políticos y económicos?

A pocas semanas de las elecciones legislativas estadounidenses, Trump recurre al petróleo ruso para intentar contener una crisis energética que amenaza a los republicanos. Mientras Putin obtiene concesiones económicas, Washington intensifica sus presiones para apartar a Zelenski de la presidencia ucraniana. ¿Estamos ante un simple acuerdo comercial o ante un intercambio de favores políticos que podría decidir el futuro de Ucrania?

 

REDACCIÓN CS

      Washington levanta sanciones energéticas contra Moscú a tres semanas apenas de las elecciones legislativas estadounidenses, mientras Trump exige un cambio de presidente en Ucrania.

 

   Detrás de esta aproximación -sorprendente para los más ingenuos—, entre las dos potencias aparecen los intereses petroleros, la crisis económica norteamericana y la posibilidad de imponer a Kiev una salida negociada a la guerra.

 

     La política internacional ha dado un giro que hasta hace poco que a muchos les habría parecido inverosímil.

   Donald Trump necesita combustible barato para evitar una derrota republicana en noviembre. Putin necesita recuperar mercados energéticos y debilitar la posición de Ucrania. El acuerdo anunciado el 9 de octubre ofrece a ambos dirigentes una oportunidad para avanzar en esos objetivos. Pero existe una tercera pieza, particularmente incómoda: Volodímir Zelenski, sobre quien Washington ejerce una presión cada vez más explícita para que acepte nuevas elecciones y modifique su estrategia militar.

 

  ¿Nos encontramos  ante una coincidencia de intereses o ante una negociación mucho más amplia de lo que sus protagonistas reconocen públicamente?

 

UN ACUERDO PETROLERO CON LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES A LA VISTA

     El 9 de octubre, Donald Trump anunció que había alcanzado un acuerdo con Vladimir Putin para introducir importantes cantidades de combustible ruso en los mercados estadounidenses e internacionales. La decisión significaba una rectificación de la política de sanciones que Washington había utilizado para limitar los ingresos energéticos de Moscú desde el comienzo de la guerra de Ucrania.

 

   Según el anuncio presidencial, Rusia suministraría inicialmente más de 300.000 toneladas de gasóleo, otras 500.000 durante noviembre y un millón adicional inmediatamente después. El Departamento del Tesoro estadounidense acompañó la operación con una autorización temporal que flexibiliza determinadas restricciones hasta abril de 2027.

 

    No es un movimiento diplomático cualquiera. Se produce apenas tres semanas antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, en las que los republicanos arriesgan su control del Congreso. Y coincide con una crisis energética que amenaza con convertirse en uno de los factores determinantes del voto.

     El gasóleo estadounidense se sitúa alrededor de los 6,28 dólares por galón, frente a los 3,68 dólares de un año antes. La gasolina también se ha encarecido considerablemente. Son aumentos que repercuten directamente sobre el transporte, los productos agrícolas y los precios de numerosos bienes de consumo.

 

    La paradoja es evidente: Trump busca ahora en Rusia una respuesta parcial a la crisis de precios agravada por la guerra que su propia Administración ha desencadenado contra Irán. Las perturbaciones del comercio energético internacional han terminado convirtiéndose en un problema electoral interno de primer orden.

 

¿QUÉ GANA PUTIN Y QUÉ PUEDE GANAR TRUMP?

     Desde el punto de vista ruso, las ventajas del acuerdo resultan relativamente claras. Moscú recupera oportunidades comerciales, obtiene una flexibilización de las sanciones y consigue que Washington reconozca, aunque sea parcialmente, la importancia de sus exportaciones energéticas para el abastecimiento internacional.

 

   Para Trump, el beneficio perseguido es primordialmente político. Una reducción de los precios del combustible permitiría presentar ante los electores una victoria económica en un momento de creciente preocupación por el poder adquisitivo.

 

      Sin embargo, aquí aparece una contradicción reveladora. Los volúmenes anunciados parecen insuficientes para modificar sustancialmente el mercado mundial. Mediapart ha destacado que los suministros rusos previstos hasta diciembre equivalen aproximadamente a tres días de consumo estadounidense. Diversos especialistas consultados por la prensa internacional coinciden en cuestionar que la operación pueda provocar una bajada significativa y duradera de los precios.

 

      Esto introduce una hipótesis especialmente interesante: el acuerdo podría tener más importancia política y geoestratégica que eficacia energética inmediata. Trump necesita transmitir la impresión de que está actuando contra la inflación; Putin puede aprovechar esa urgencia para recuperar capacidad negociadora frente a Washington.

 

   Que ambos intereses converjan es perfectamente verificable. Lo que todavía no está demostrado es que exista un pacto secreto que intercambie expresamente combustible por concesiones políticas sobre Ucrania.

 

ZELENSKI, EL OBSTÁCULO QUE TRUMP QUIERE APARTAR

     La segunda parte de esta operación comenzó a hacerse visible casi inmediatamente después del anuncio petrolero.  Trump pasó de negociar con Putin a responsabilizar a Zelenski del bloqueo de las conversaciones de paz. Afirmó que Rusia deseaba alcanzar un acuerdo y que era el presidente ucraniano quien se resistía a aceptarlo.

 

    El sábado 10 de octubre, las declaraciones de Trump  adquirieron un carácter mucho más contundente. Exigió que Ucrania dejara de atacar las refinerías rusas y llegó a afirmar que había llegado el momento de que el país tuviera un nuevo presidente.

 

    Estas palabras no pueden interpretarse simplemente como una discrepancia entre aliados. Constituyen una intervención directa del presidente estadounidense en el debate sobre quién debe dirigir políticamente Ucrania, precisamente cuando su Administración acaba de cerrar una operación económica con Rusia.

 

   La secuencia resulta especialmente significativa porque, según reveló Axios citando a un funcionario estadounidense, Trump decidió negociar el acuerdo petrolero con Moscú después de que Zelenski desatendiera reiteradas peticiones de Washington para detener los bombardeos contra instalaciones de refinado rusas.

    Es decir, el conflicto no se reduce a quién debe sentarse a negociar una tregua. Afecta también a una cuestión material decisiva: Ucrania estaba atacando precisamente la infraestructura energética que Trump necesita ahora preservar para intentar abaratar los combustibles.

 

ELECCIONES EN UCRANIA: ¿EL PRINCIPIO DEL FIN DE ZELENSKI?

     La respuesta de Zelenski a las exigencias de Trump revela hasta qué punto está cambiando la relación entre Washington y Kiev. El dirigente ucraniano ha declarado que estaría dispuesto a organizar elecciones si Putin acepta un alto el fuego completo de 60 días, necesario para desarrollar el proceso electoral en condiciones de seguridad.

 

    La propuesta tiene también una explicación jurídica: la legislación ucraniana impide celebrar elecciones nacionales mientras permanezca vigente la ley marcial. El mandato presidencial ordinario de Zelenski terminó en mayo de 2024, pero su permanencia en el cargo responde a esa situación excepcional.

 

     Para Putin, unas elecciones ucranianas podrían abrir la posibilidad de un interlocutor más favorable a una solución negociada. 

 

    Por otra parte, Trump ha anunciado una supuesta tregua energética inmediata entre Rusia y Ucrania, aunque Kiev ha afirmado que todavía esperaba conocer sus condiciones y ha denunciado la continuación de los ataques rusos. Zelenski acepta suspender sus operaciones contra las refinerías únicamente si Moscú interrumpe también los bombardeos contra la infraestructura energética ucraniana.

   

   La presión estadounidense persigue, por tanto, dos resultados relacionados: detener los ataques que dificultan las exportaciones rusas y acelerar un proceso político que podría desembocar en la sustitución de Zelenski. Que ambos objetivos formen parte de un compromiso confidencial con Putin continúa siendo una hipótesis, no un hecho acreditado.

 

UNA GUERRA ECONÓMICAMENTE INSOSTENIBLE PARA KIEV

   La posición ucraniana se encuentra, además, condicionada por una situación financiera cada vez más complicada.

 

    Un análisis publicado por "Histoire et Société", basado en informaciones de Kissinger.hu, calcula que el déficit de financiación de Ucrania alcanzará este año los 56.000 millones de dólares, aproximadamente una cuarta parte de su producto interior bruto. El gasto diario de la guerra rondaría los 190 millones de dólares. Se trata de estimaciones recogidas por esa publicación, no de cifras verificadas independientemente para este reportaje.

 

   Estos datos permiten comprender hasta qué punto la continuidad de la resistencia militar depende del sostenimiento financiero exterior.

 

    Washington conserva, además, instrumentos decisivos de presión militar y de inteligencia. Una eventual reducción de ese respaldo aumentaría extraordinariamente la vulnerabilidad de Kiev.

 

    La situación también plantea un problema para la UE. Mientras algunas capitales insisten en mantener las sanciones contra Moscú, Estados Unidos comienza a flexibilizarlas para resolver sus propias dificultades económicas. La aparente unidad occidental deja paso a intereses nacionales cada vez más contradictorios.

 

LA VERDADERA CONTRADICCIÓN: SALVAR A LOS REPUBLICANOS SIN SALVAR NECESARIAMENTE LOS PRECIOS

     La hipótesis de una negociación de beneficios recíprocos entre Trump y Putin tiene fundamentos políticos reconocibles, pero presenta una incertidumbre fundamental: el calendario.

 

    Los suministros rusos tardarán en llegar y buena parte de las entregas está prevista para después de las elecciones estadounidenses. Por eso, los especialistas consideran improbable que el acuerdo petrolero, por sí solo, consiga un descenso suficiente de los precios antes del 3 de noviembre. la fecha electoral.

 

    En cambio, sus consecuencias diplomáticas son inmediatas. Putin recupera margen comercial y reconocimiento negociador, mientras Zelenski recibe presiones para modificar su estrategia militar y aceptar un proceso electoral.

 

  La operación muestra cómo los intereses económicos pueden reorganizar alianzas que durante años fueron presentadas como compromisos políticos inquebrantables.

 

    La gran incógnita no es únicamente si Trump conseguirá abaratar el combustible y salvar a los republicanos de una derrota electoral. Es también cuánto está dispuesto a conceder a Moscú para intentarlo.

 

    Porque, si esta aproximación termina traducida en una nueva distribución de influencias sobre Ucrania, quedará en evidencia una realidad que las grandes potencias suelen ocultar detrás de sus declaraciones solemnes: cuando sus intereses materiales cambian, también pueden cambiar rápidamente los aliados a los que ayer consideraban indispensables.

 

FUENTES

  • L’Humanité (11/10/2026). Trump exige un nuevo presidente para Ucrania a tres semanas de las elecciones estadounidenses. Ver artículo.

  • Mediapart (11/10/2026). Petróleo: Trump sacrifica Ucrania por un plato de lentejas. Ver análisis.

  • Reuters (09/10/2026). Acuerdo Trump-Putin para suministrar gasóleo ruso al mercado internacional.

 Financial Times (11/10/2026). Análisis de las dificultades rusas para suministrar el combustible comprometido.  

The Guardian (11/10/2026). Expertos cuestionan que el acuerdo petrolero consiga abaratar significativamente los combustibles. 

Associated Press (11/10/2026). Repercusiones económicas del acuerdo y crisis de precios energéticos

 

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