TRUMP HABLA DE LA DESTRUCCIÓN DE "DOS CIUDADES DEMÓCRATAS" Y LA CASA BLANCA NO SABE CÓMO EXPLICARLO
Durante un mitin, el presidente mencionó la destrucción de Los Ángeles y San Diego como parte de su defensa de la guerra contra Irán... ¿Qué dicen los médicoss?
Donald Trump ha vuelto a provocar una tormenta política con unas declaraciones difíciles de creer. Durante un mitin electoral, el presidente estadounidense mencionó la posibilidad de que Irán destruyera Los Ángeles y San Diego mientras justificaba los costes económicos de la guerra. Parte del público respondió con aplausos. ¿Qué dijo exactamente, cómo reaccionaron sus adversarios y aliados y por qué la Casa Blanca tuvo que salir apresuradamente a explicar sus palabras?
POR VICTORIA MARTÍNEZ, DESDE MÉXICO, PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante un mitin en Nebraska, hace unos dias el presidente
estadounidense mencionó la posibilidad de que Irán destruyera Los Ángeles y San Diego mientras justificaba el coste económico de la guerra. Algunos asistentes aplaudieron.
Las palabras provocaron la indignación de dirigentes demócratas y críticas de republicanos, mientras la Casa Blanca intentaba explicar su verdadero significado.
El presidente estadounidense Donald Trump ha convertido las declaraciones provocadoras, las exageraciones y los enfrentamientos verbales con sus adversarios en una característica habitual de sus intervenciones públicas. Sus mítines suelen combinar ataques políticos, comentarios improvisados, amenazas, bromas y afirmaciones contundentes sobre asuntos de enorme trascendencia. Es una forma de comunicación reconocible para su público, aunque frecuentemente dificulta distinguir entre una provocación deliberada, una hipótesis y el anuncio de una posición política efectiva.
El último episodio se produjo el 5 de octubre, durante un mitin en Grand Island, Nebraska. Mientras defendía la guerra contra Irán y respondía indirectamente al malestar por el encarecimiento de los combustibles, Trump pronunció unas palabras que desataron una polémica nacional: mencionó la posible destrucción de Los Ángeles y San Diego, dos importantes ciudades californianas, como parte de un argumento sobre los costes de la guerra y la seguridad estadounidense.
La controversia adquirió una dimensión especial porque California está gobernada por los demócratas y mantiene desde hace años un enfrentamiento político con el presidente republicano. La grabación muestra que algunos asistentes aplaudieron cuando Trump mencionó ambas ciudades.
«QUE DESTRUYAN LOS ÁNGELES, QUE DESTRUYAN SAN DIEGO»
Trump estaba hablando de las consecuencias económicas de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. El incremento de los precios de la gasolina se ha convertido en un problema político para su Administración, especialmente ante las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
El presidente comenzó afirmando que la subida de precios era relativamente pequeña y temporal. Según su razonamiento, los estadounidenses debían aceptar ese sacrificio porque la ofensiva contra Irán impediría una amenaza mucho mayor.
A continuación, pronunció la frase que desencadenó la controversia:
«Pueden destruir una ciudad. ¡Que destruyan Los Ángeles. Que destruyan San Diego1».
Seguidamente insistió en que aquello representaba un precio muy pequeño y aseguró que la guerra terminaría pronto.
El problema estaba en la construcción de su argumento. Trump pasó de hablar del precio de la gasolina a imaginar la destrucción de grandes ciudades estadounidenses, sin explicar claramente la relación entre ambas cuestiones. Su expresión inglesa let them take out podía interpretarse, y una buena parte de la audiencia la entendió así, como una invitación a permitir esos ataques.
La escena resultó particularmente grotesca y controvertida porque algunos asistentes respondieron con aplausos. No obstante, la grabación no permite determinar por qué aplaudieron ni si entendieron las palabras como un ataque contra ciudades demócratas o como una defensa de la guerra.
LA INDIGNACIÓN DE CALIFORNIA Y LAS CRÍTICAS REPUBLICANAS
El gobernador de California, Gavin Newsom, reaccionó inmediatamente en las redes sociales. Interpretó las declaraciones como una insinuación de que los enemigos exteriores de Estados Unidos podían atacar dos grandes ciudades estadounidenses y calificó a Trump de "hombre peligroso".
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, recordó que la obligación del presidente es proteger a la población, no emplear su posible destrucción como argumento político.
Todd Gloria, alcalde de San Diego, rechazó que su ciudad pudiera considerarse un daño colateral aceptable. La polémica tenía especial resonancia allí porque San Diego alberga importantes instalaciones militares y una numerosa población vinculada a las Fuerzas Armadas.
Las críticas no procedieron exclusivamente de los demócratas. Jim Desmond, candidato republicano al Congreso por San Diego, se distanció de las declaraciones y sostuvo que ninguna ciudad estadounidense debía ser tratada como prescindible. El congresista republicano Kevin Kiley también expresó su desacuerdo.
La controversia alcanzó igualmente a los programas televisivos. El presentador Jimmy Kimmel utilizó su espacio nocturno para cuestionar las palabras presidenciales y criticar las distintas reacciones que suscitan las expresiones violentas según quién las pronuncie.
LA CASA BLANCA SALE EN DEFENSA DEL PRESIDENTE
Ante la oleada de críticas, el director de Comunicación de la Casa Blanca, Steven Cheung, aseguró que las declaraciones habían sido interpretadas fuera de contexto. Según explicó, Trump pretendía señalar que el aumento de los precios de los combustibles era un sacrificio menor comparado con el peligro que supondría un Irán dotado de armas nucleares. Una explicación ciertamente alambicada
La explicación encontró respaldo en verificadores independientes. Tanto FactCheck.org como PolitiFact examinaron la intervención completa y concluyeron que la interpretación más plausible no era que Trump estuviera invitando realmente a Irán a bombardear Estados Unidos, sino que intentaba justificar los costes económicos de impedir una eventual amenaza militar iraní.
El propio presidente volvió sobre el asunto el 7 de octubre, en San Antonio, Texas, y aseguró que su Administración no permitiría ataques contra aquellas ciudades. El día 8 insistió en que sus palabras habían sido malinterpretadas.
¿QUÉ DICEN LOS MÉDICOS SOBRE ESTAS DECLARACIONES?
La polémica ha reavivado las discusiones sobre el comportamiento público de Trump. El veterano estratega demócrata James Carville llegó a sugerir que sus actuaciones recientes podían interpretarse como señales evidentes de deterioro mental o como una estrategia política deliberada. Son especulaciones de un adversario político, no conclusiones médicas.
La Asociación Estadounidense de Psiquiatría mantiene una norma ética, conocida como regla Goldwater, que considera improcedente emitir diagnósticos sobre figuras públicas sin examinarlas personalmente y sin la correspondiente autorización. Por tanto, ni un discurso confuso ni unas declaraciones controvertidas permiten establecer, por sí solos, que exista una enfermedad neurológica o psiquiátrica.
El problema político puede analizarse sin recurrir a esas hipótesis: cuando un presidente habla públicamente sobre una guerra, la posibilidad de ataques nucleares y la destrucción de ciudades, la precisión de sus palabras adquiere especial importancia.
UNA POLÉMICA QUE NO DESAPARECE CON LAS ACLARACIONES
Las declaraciones se producen cuando la guerra contra Irán está generando consecuencias económicas que preocupan a parte de la población estadounidense. La subida de los combustibles constituye una cuestión especialmente sensible ante las elecciones legislativas de noviembre, en las que se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.
Para Trump, la guerra debe presentarse como una operación necesaria para proteger a Estados Unidos de una amenaza futura. Para sus críticos, las declaraciones de Nebraska muestran hasta qué punto el presidente utiliza imágenes de destrucción y violencia incluso cuando habla de la seguridad de sus propios ciudadanos.
El episodio también evidencia una característica de su comunicación política: la facilidad con que una intervención improvisada puede transformar un argumento sobre los precios de la gasolina en una controversia nacional sobre la posible destrucción de dos ciudades estadounidenses.
POR VICTORIA MARTÍNEZ, DESDE MÉXICO, PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante un mitin en Nebraska, hace unos dias el presidente
estadounidense mencionó la posibilidad de que Irán destruyera Los Ángeles y San Diego mientras justificaba el coste económico de la guerra. Algunos asistentes aplaudieron.
Las palabras provocaron la indignación de dirigentes demócratas y críticas de republicanos, mientras la Casa Blanca intentaba explicar su verdadero significado.
El presidente estadounidense Donald Trump ha convertido las declaraciones provocadoras, las exageraciones y los enfrentamientos verbales con sus adversarios en una característica habitual de sus intervenciones públicas. Sus mítines suelen combinar ataques políticos, comentarios improvisados, amenazas, bromas y afirmaciones contundentes sobre asuntos de enorme trascendencia. Es una forma de comunicación reconocible para su público, aunque frecuentemente dificulta distinguir entre una provocación deliberada, una hipótesis y el anuncio de una posición política efectiva.
El último episodio se produjo el 5 de octubre, durante un mitin en Grand Island, Nebraska. Mientras defendía la guerra contra Irán y respondía indirectamente al malestar por el encarecimiento de los combustibles, Trump pronunció unas palabras que desataron una polémica nacional: mencionó la posible destrucción de Los Ángeles y San Diego, dos importantes ciudades californianas, como parte de un argumento sobre los costes de la guerra y la seguridad estadounidense.
La controversia adquirió una dimensión especial porque California está gobernada por los demócratas y mantiene desde hace años un enfrentamiento político con el presidente republicano. La grabación muestra que algunos asistentes aplaudieron cuando Trump mencionó ambas ciudades.
«QUE DESTRUYAN LOS ÁNGELES, QUE DESTRUYAN SAN DIEGO»
Trump estaba hablando de las consecuencias económicas de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. El incremento de los precios de la gasolina se ha convertido en un problema político para su Administración, especialmente ante las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
El presidente comenzó afirmando que la subida de precios era relativamente pequeña y temporal. Según su razonamiento, los estadounidenses debían aceptar ese sacrificio porque la ofensiva contra Irán impediría una amenaza mucho mayor.
A continuación, pronunció la frase que desencadenó la controversia:
«Pueden destruir una ciudad. ¡Que destruyan Los Ángeles. Que destruyan San Diego1».
Seguidamente insistió en que aquello representaba un precio muy pequeño y aseguró que la guerra terminaría pronto.
El problema estaba en la construcción de su argumento. Trump pasó de hablar del precio de la gasolina a imaginar la destrucción de grandes ciudades estadounidenses, sin explicar claramente la relación entre ambas cuestiones. Su expresión inglesa let them take out podía interpretarse, y una buena parte de la audiencia la entendió así, como una invitación a permitir esos ataques.
La escena resultó particularmente grotesca y controvertida porque algunos asistentes respondieron con aplausos. No obstante, la grabación no permite determinar por qué aplaudieron ni si entendieron las palabras como un ataque contra ciudades demócratas o como una defensa de la guerra.
LA INDIGNACIÓN DE CALIFORNIA Y LAS CRÍTICAS REPUBLICANAS
El gobernador de California, Gavin Newsom, reaccionó inmediatamente en las redes sociales. Interpretó las declaraciones como una insinuación de que los enemigos exteriores de Estados Unidos podían atacar dos grandes ciudades estadounidenses y calificó a Trump de "hombre peligroso".
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, recordó que la obligación del presidente es proteger a la población, no emplear su posible destrucción como argumento político.
Todd Gloria, alcalde de San Diego, rechazó que su ciudad pudiera considerarse un daño colateral aceptable. La polémica tenía especial resonancia allí porque San Diego alberga importantes instalaciones militares y una numerosa población vinculada a las Fuerzas Armadas.
Las críticas no procedieron exclusivamente de los demócratas. Jim Desmond, candidato republicano al Congreso por San Diego, se distanció de las declaraciones y sostuvo que ninguna ciudad estadounidense debía ser tratada como prescindible. El congresista republicano Kevin Kiley también expresó su desacuerdo.
LA CASA BLANCA SALE EN DEFENSA DEL PRESIDENTE
Ante la oleada de críticas, el director de Comunicación de la Casa Blanca, Steven Cheung, aseguró que las declaraciones habían sido interpretadas fuera de contexto. Según explicó, Trump pretendía señalar que el aumento de los precios de los combustibles era un sacrificio menor comparado con el peligro que supondría un Irán dotado de armas nucleares. Una explicación ciertamente alambicada
La explicación encontró respaldo en verificadores independientes. Tanto FactCheck.org como PolitiFact examinaron la intervención completa y concluyeron que la interpretación más plausible no era que Trump estuviera invitando realmente a Irán a bombardear Estados Unidos, sino que intentaba justificar los costes económicos de impedir una eventual amenaza militar iraní.
El propio presidente volvió sobre el asunto el 7 de octubre, en San Antonio, Texas, y aseguró que su Administración no permitiría ataques contra aquellas ciudades. El día 8 insistió en que sus palabras habían sido malinterpretadas.
¿QUÉ DICEN LOS MÉDICOS SOBRE ESTAS DECLARACIONES?
La polémica ha reavivado las discusiones sobre el comportamiento público de Trump. El veterano estratega demócrata James Carville llegó a sugerir que sus actuaciones recientes podían interpretarse como señales evidentes de deterioro mental o como una estrategia política deliberada. Son especulaciones de un adversario político, no conclusiones médicas.
La Asociación Estadounidense de Psiquiatría mantiene una norma ética, conocida como regla Goldwater, que considera improcedente emitir diagnósticos sobre figuras públicas sin examinarlas personalmente y sin la correspondiente autorización. Por tanto, ni un discurso confuso ni unas declaraciones controvertidas permiten establecer, por sí solos, que exista una enfermedad neurológica o psiquiátrica.
El problema político puede analizarse sin recurrir a esas hipótesis: cuando un presidente habla públicamente sobre una guerra, la posibilidad de ataques nucleares y la destrucción de ciudades, la precisión de sus palabras adquiere especial importancia.
UNA POLÉMICA QUE NO DESAPARECE CON LAS ACLARACIONES
Las declaraciones se producen cuando la guerra contra Irán está generando consecuencias económicas que preocupan a parte de la población estadounidense. La subida de los combustibles constituye una cuestión especialmente sensible ante las elecciones legislativas de noviembre, en las que se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.
Para Trump, la guerra debe presentarse como una operación necesaria para proteger a Estados Unidos de una amenaza futura. Para sus críticos, las declaraciones de Nebraska muestran hasta qué punto el presidente utiliza imágenes de destrucción y violencia incluso cuando habla de la seguridad de sus propios ciudadanos.
El episodio también evidencia una característica de su comunicación política: la facilidad con que una intervención improvisada puede transformar un argumento sobre los precios de la gasolina en una controversia nacional sobre la posible destrucción de dos ciudades estadounidenses.














































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