EL SUFRIMIENTO SOCIAL DISPARA LAS LLAMADAS POR SUICIDIO EN CANARIAS
La crisis de salud mental se extiende por todo el Estado español
El aumento de las llamadas a la línea 024 revela una realidad inquietante: el sufrimiento psicológico se extiende en toda España, pero golpea con especial dureza a territorios como Canarias, donde la precariedad y la falta de expectativas agravan una crisis que ya no puede ocultarse.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La publicación del informe anual de 2025 del servicio 024 de prevención del suicidio ha puesto cifras a una realidad que llevaba tiempo gestándose en silencio: el sufrimiento psicológico crece de forma alarmante en el conjunto del Estado español. Dentro de ese panorama, Canarias destaca con especial gravedad, situándose como la sexta comunidad con más llamadas, un dato que revela mucho más que una simple estadística.
En total, el servicio atendió más de 204.000 incidencias en 2025, con un incremento notable respecto al año anterior. Las llamadas superaron las 162.000 y los chats prácticamente se multiplicaron, evidenciando que cada vez más personas recurren a estos canales en situaciones límite. No se trata de un fenómeno anecdótico ni puntual, sino de una tendencia sostenida que apunta a un malestar estructural.
LA CRISIS NO ES INDIVIDUAL, ES SOCIAL
Uno de los datos más preocupantes es que el 40,3% de las llamadas correspondían a situaciones de riesgo medio-alto, es decir, personas con ideación suicida y un intenso sufrimiento emocional. A esto se suma un 5,8% de riesgo alto y un 4,2% de casos en los que ya se había producido una tentativa.
Estas cifras desmontan la idea de que el problema del suicidio sea una cuestión exclusivamente individual o psicológica. La vida social se asienta sobre las condiciones materiales de existencia, y es ahí donde hay que buscar las causas profundas de estos fenómenos. En un contexto de precariedad laboral, encarecimiento de la vida, dificultades de acceso a la vivienda y deterioro de los servicios públicos, el malestar emocional no es una excepción, sino una consecuencia lógica.
CANARIAS: UNA REALIDAD AGRAVADA
Si el problema es grave en el conjunto del Estado, en Canarias adquiere un carácter aún más preocupante. El archipiélago concentra el 5,8% de las llamadas telefónicas y el 4,8% de los chats, cifras muy elevadas si se tiene en cuenta su peso poblacional.
Esto no es casual. Canarias arrastra desde hace décadas una estructura económica profundamente dependiente, basada en el turismo y caracterizada por la precariedad, la estacionalidad y los bajos salarios. Esta realidad genera una inestabilidad constante en la vida de miles de personas.
La inseguridad laboral, la falta de expectativas y la pobreza estructural no solo afectan a los ingresos, sino que penetran en la vida cotidiana, generando angustia, ansiedad y desesperanza.
QUIÉNES SUFREN MÁS: ENTRE EL DESGASTE Y LA FALTA DE FUTURO
El perfil de las personas que recurren a la línea 024 permite entender mejor la profundidad del problema. El grupo más numeroso es el de personas entre 40 y 59 años, que representan aproximadamente el 44% de las consultas. Se trata, en muchos casos, de individuos que llevan años soportando condiciones de vida difíciles, acumulando desgaste emocional.
Pero hay otro dato igual de significativo: casi el 30% de las consultas corresponden a menores de 30 años. En los chats, los jóvenes de entre 15 y 19 años son el grupo más numeroso.
Aquí aparece otra dimensión del problema: no solo se trata del desgaste de una vida precaria, sino también de la ausencia de horizonte vital. Las nuevas generaciones se enfrentan a un futuro marcado por la incertidumbre, el acceso limitado a empleo estable y las dificultades para emanciparse.
EL PAPEL LIMITADO DE LOS SERVICIOS DE EMERGENCIA
La línea 024 cumple una función fundamental: ofrecer atención inmediata, escucha y derivación a servicios de emergencia cuando es necesario. De hecho, cerca del 7,4% de las llamadas fueron derivadas al 112, lo que demuestra la gravedad de muchas situaciones.
Sin embargo, el aumento constante de las llamadas también pone de manifiesto los límites de este tipo de recursos. Como señala el análisis sobre la función social de la ciencia, los servicios técnicos y sanitarios pueden verse desbordados si no forman parte de una planificación social más amplia.
En otras palabras, estos servicios actúan sobre las consecuencias, pero no pueden resolver por sí solos las causas estructurales del problema.
DESIGUALDADES TERRITORIALES Y AISLAMIENTO
En el caso de Canarias, además, hay factores específicos que agravan la situación. La insularidad implica dificultades adicionales en el acceso a determinados servicios especializados, así como una mayor dependencia económica y logística.
A esto se suma una inversión pública en salud mental que históricamente ha sido insuficiente, lo que deja a muchas personas sin la atención continuada que necesitan.
El resultado es un escenario en el que los servicios de emergencia, como la línea 024, se convierten en una especie de última red de seguridad para una población que no encuentra respuestas en otros ámbitos. Los datos del informe no dejan lugar a dudas. El aumento de las llamadas o es solo un indicador sanitario, sino una señal de alarma social.
En el conjunto del Estado español, el crecimiento de estas cifras refleja, igualmente, un malestar profundo ligado a las condiciones de vida. Pero en Canarias, este fenómeno adquiere una intensidad especial, fruto de una estructura económica y social que genera inseguridad y vulnerabilidad. Es por ello que este no es un problema quer se pueda atajar, simplemente, reforzando los servicios de emergencia. Es necesario abordar las causas de fondo: la precariedad, la desigualdad y la falta de perspectivas. Porque, como demuestra la realidad, el sufrimiento no surge en el vacío, sino en unas condiciones concretas que pueden —y deben— transformarse.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La publicación del informe anual de 2025 del servicio 024 de prevención del suicidio ha puesto cifras a una realidad que llevaba tiempo gestándose en silencio: el sufrimiento psicológico crece de forma alarmante en el conjunto del Estado español. Dentro de ese panorama, Canarias destaca con especial gravedad, situándose como la sexta comunidad con más llamadas, un dato que revela mucho más que una simple estadística.
En total, el servicio atendió más de 204.000 incidencias en 2025, con un incremento notable respecto al año anterior. Las llamadas superaron las 162.000 y los chats prácticamente se multiplicaron, evidenciando que cada vez más personas recurren a estos canales en situaciones límite. No se trata de un fenómeno anecdótico ni puntual, sino de una tendencia sostenida que apunta a un malestar estructural.
LA CRISIS NO ES INDIVIDUAL, ES SOCIAL
Uno de los datos más preocupantes es que el 40,3% de las llamadas correspondían a situaciones de riesgo medio-alto, es decir, personas con ideación suicida y un intenso sufrimiento emocional. A esto se suma un 5,8% de riesgo alto y un 4,2% de casos en los que ya se había producido una tentativa.
Estas cifras desmontan la idea de que el problema del suicidio sea una cuestión exclusivamente individual o psicológica. La vida social se asienta sobre las condiciones materiales de existencia, y es ahí donde hay que buscar las causas profundas de estos fenómenos. En un contexto de precariedad laboral, encarecimiento de la vida, dificultades de acceso a la vivienda y deterioro de los servicios públicos, el malestar emocional no es una excepción, sino una consecuencia lógica.
CANARIAS: UNA REALIDAD AGRAVADA
Si el problema es grave en el conjunto del Estado, en Canarias adquiere un carácter aún más preocupante. El archipiélago concentra el 5,8% de las llamadas telefónicas y el 4,8% de los chats, cifras muy elevadas si se tiene en cuenta su peso poblacional.
Esto no es casual. Canarias arrastra desde hace décadas una estructura económica profundamente dependiente, basada en el turismo y caracterizada por la precariedad, la estacionalidad y los bajos salarios. Esta realidad genera una inestabilidad constante en la vida de miles de personas.
La inseguridad laboral, la falta de expectativas y la pobreza estructural no solo afectan a los ingresos, sino que penetran en la vida cotidiana, generando angustia, ansiedad y desesperanza.
QUIÉNES SUFREN MÁS: ENTRE EL DESGASTE Y LA FALTA DE FUTURO
El perfil de las personas que recurren a la línea 024 permite entender mejor la profundidad del problema. El grupo más numeroso es el de personas entre 40 y 59 años, que representan aproximadamente el 44% de las consultas. Se trata, en muchos casos, de individuos que llevan años soportando condiciones de vida difíciles, acumulando desgaste emocional.
Pero hay otro dato igual de significativo: casi el 30% de las consultas corresponden a menores de 30 años. En los chats, los jóvenes de entre 15 y 19 años son el grupo más numeroso.
Aquí aparece otra dimensión del problema: no solo se trata del desgaste de una vida precaria, sino también de la ausencia de horizonte vital. Las nuevas generaciones se enfrentan a un futuro marcado por la incertidumbre, el acceso limitado a empleo estable y las dificultades para emanciparse.
EL PAPEL LIMITADO DE LOS SERVICIOS DE EMERGENCIA
La línea 024 cumple una función fundamental: ofrecer atención inmediata, escucha y derivación a servicios de emergencia cuando es necesario. De hecho, cerca del 7,4% de las llamadas fueron derivadas al 112, lo que demuestra la gravedad de muchas situaciones.
Sin embargo, el aumento constante de las llamadas también pone de manifiesto los límites de este tipo de recursos. Como señala el análisis sobre la función social de la ciencia, los servicios técnicos y sanitarios pueden verse desbordados si no forman parte de una planificación social más amplia.
En otras palabras, estos servicios actúan sobre las consecuencias, pero no pueden resolver por sí solos las causas estructurales del problema.
DESIGUALDADES TERRITORIALES Y AISLAMIENTO
En el caso de Canarias, además, hay factores específicos que agravan la situación. La insularidad implica dificultades adicionales en el acceso a determinados servicios especializados, así como una mayor dependencia económica y logística.
A esto se suma una inversión pública en salud mental que históricamente ha sido insuficiente, lo que deja a muchas personas sin la atención continuada que necesitan.
El resultado es un escenario en el que los servicios de emergencia, como la línea 024, se convierten en una especie de última red de seguridad para una población que no encuentra respuestas en otros ámbitos. Los datos del informe no dejan lugar a dudas. El aumento de las llamadas o es solo un indicador sanitario, sino una señal de alarma social.
En el conjunto del Estado español, el crecimiento de estas cifras refleja, igualmente, un malestar profundo ligado a las condiciones de vida. Pero en Canarias, este fenómeno adquiere una intensidad especial, fruto de una estructura económica y social que genera inseguridad y vulnerabilidad. Es por ello que este no es un problema quer se pueda atajar, simplemente, reforzando los servicios de emergencia. Es necesario abordar las causas de fondo: la precariedad, la desigualdad y la falta de perspectivas. Porque, como demuestra la realidad, el sufrimiento no surge en el vacío, sino en unas condiciones concretas que pueden —y deben— transformarse.


























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