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CANARIAS: 89 AÑOS DESPUÉS LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO SIGUEN EXIGIENDO MEMORIA Y JUSTICIA

Los Cinco de San Lorenzo, símbolo de la represión franquista en Canarias

En el Cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, un acto de homenaje volvió a situar en el presente una realidad que atraviesa toda España: decenas de víctimas del franquismo continúan en fosas comunes sin identificar. Entre ellas, los cinco de San Lorenzo, cuyo asesinato en 1937 sigue siendo hoy símbolo de una memoria pendiente de verdad, justicia y reparación.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

    En la mañana del pasado domingo 29 de marzo de 2026, coincidiendo con el 89.º aniversario del asesinato de los conocidos como los Cinco de San Lorenzo, se celebró en el Cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, un acto de memoria, dignidad y reivindicación convocado por colectivos sociales y personas a título individual.

 

   La convocatoria consistió en una ofrenda floral en recuerdo de las víctimas del franquismo que permanecen enterradas en fosas comunes, en un acto de denuncia pública en el que se volvió a exigir verdad, justicia y reparación. Durante el acto se recordó que han pasado décadas desde aquellos asesinatos y enterramientos sin identificación, mientras las familias continúan reclamando el derecho a recuperar a sus seres queridos.

 

  Los participantes exigieron a las administraciones públicas la localización de las fosas, la exhumación de los restos, su identificación mediante técnicas científicas y su posterior entrega a las familias para una sepultura digna, en cumplimiento de las leyes de memoria democrática y de los derechos humanos.

 

   En el Cementerio de Vegueta se encuentran víctimas documentadas de la represión franquista como Eduardo Suárez Morales, Fernando Egea Ramírez, José Marfil del Castillo, Alberto Hernández Suárez, José Ramírez Alcántara, Nicolás Cordero Bautista, Manuel Ramos González, Antonio Betancor Luzardo, Luis Cabrera Hernández, Aureliano Clemente Manzano, Juan Nevado Durán y Luis Castro Peña. Asimismo, testimonios familiares y registros históricos apuntan a la posible presencia de otras personas represaliadas cuyos restos no han sido aún identificados.

 

  Durante la ofrenda se recordó de forma especial a los Cinco de San Lorenzo: Juan Santana Vega, alcalde del municipio; Antonio Ramírez Graña, secretario municipal; Manuel Hernández Toledo, jefe de la Policía Local; Matías López Morales, vinculado a la Federación Obrera; y Francisco González Santana, también perteneciente a la organización obrera. Algunos de ellos, como Santana Vega y González Santana, permanecieron enterrados en fosas comunes sin que sus familias hayan podido recuperar sus restos.

 

  El homenaje fue también una reafirmación colectiva de la exigencia de justicia histórica. Porque, como señalaron las personas asistentes, sin verdad, sin identificación y sin reparación, no puede hablarse de una memoria democrática real.

 

UNA REPRESIÓN SISTEMÁTICA DESDE 1936

  Para comprender el significado de este tipo de actos es necesario situarlos en su contexto histórico. La represión franquista en Canarias tras el golpe militar de 1936 fue inmediata y sistemática. Las islas quedaron bajo control de los sublevados desde el inicio, lo que permitió desplegar una estrategia de eliminación física de opositores políticos, sindicalistas y representantes institucionales vinculados al movimiento obrero y republicano.

 

   No se trató de una violencia desordenada, sino de una práctica dirigida a desarticular las organizaciones populares que cuestionaban el poder existente. Desde la lógica del desarrollo histórico, la represión aparece como un instrumento utilizado por las clases dominantes para preservar su control social cuando este se ve amenazado, en coherencia con el papel central de las relaciones sociales en la organización de la sociedad .

 

SAN LORENZO: OBJETIVO DE LA REPRESIÓN

  El caso de los Cinco de San Lorenzo se inscribe en ese proceso. El antiguo municipio, hoy integrado en Las Palmas de Gran Canaria, contaba con una importante tradición de organización obrera y participación política. La existencia de estructuras locales vinculadas al movimiento obrero convirtió a sus representantes en objetivos prioritarios.

 

  El asesinato de estas cinco figuras clave no fue un episodio aislado, sino parte de una estrategia de eliminación de liderazgos sociales capaces de articular resistencia o alternativas políticas. La represión buscaba no solo eliminar personas, sino desmantelar redes sociales y políticas enteras.

 

  Uno de los elementos más significativos de esta violencia fue el uso de fosas comunes. Las víctimas eran enterradas sin identificación, sin registro oficial claro y sin posibilidad de duelo para sus familias.

 

   Esta práctica cumplía una doble función: ocultar el crimen y borrar la identidad de quienes lo sufrían. La desaparición física se convertía también en desaparición histórica. Como señala el análisis materialista de la historia, la memoria forma parte del terreno de la lucha social, donde se disputa el sentido del pasado y su interpretación .

 

   En el Cementerio de Vegueta, como en tantos otros lugares del Estado, esa realidad sigue presente. Décadas después, numerosas víctimas continúan sin identificar.

 

UNA LUCHA QUE CONTINÚA

   Las demandas expresadas en el acto —exhumación, identificación y reparación— no son únicamente cuestiones técnicas o humanitarias. Son reivindicaciones políticas que cuestionan la persistencia de la impunidad y la falta de reconocimiento institucional pleno a las víctimas del franquismo.

 

  Los actos de memoria, como el celebrado en Vegueta, cumplen así una función fundamental: reconstruyen la historia desde la perspectiva de quienes fueron silenciados. No se limitan a recordar el pasado, sino que lo conectan con el presente, evidenciando que las consecuencias de aquella represión siguen abiertas.

 

   Ochenta y nueve años después, las flores depositadas sobre la tierra removida no solo evocaron a quienes fueron asesinados. También señalaron una deuda pendiente. Porque mientras haya víctimas sin identificar, familias sin respuesta y crímenes sin reparación, la memoria seguirá siendo  una exigencia de justicia.

 
 
 
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