DE PARTIDO MONOLÍTICO A CAMPO DE BATALLA: EL CAOS SE APODERA DE LA CÚPULA DE VOX
Del “patriotismo” a los mamporros: la batalla interna que destapa las tripas de Vox
Durante años Vox quiso parecer un ejército disciplinado, una organización compacta sin grietas ni dudas. Pero cuando se levanta el telón del escenario político aparece otra imagen: antiguos aliados enfrentados, dirigentes que abandonan el proyecto y una lucha interna por el control del partido. Lo que parecía una fortaleza empieza a parecer un ring de boxeo donde los golpes ya no vienen del adversario, sino desde dentro de la misma cúpula.
POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay partidos políticos que se parecen a ejércitos: disciplina
férrea, mando único y cero discusiones en público.
Durante años Vox quiso parecer exactamente eso. Frente a la imagen de partidos tradicionales plagados de corrientes internas, conspiraciones y luchas de poder, la formación que todavia encabeza Santiago Abascal cultivó cuidadosamente la imagen de una organización compacta, homogénea y casi militar.
Pero la política tiene una costumbre incómoda: cuando las organizaciones tienen un proceso fulminante de crecimiento, - recuerdese lo sucedido con la formacion reformista Podemos- las tensiones internas crecen aún más rápido.
Hoy Vox atraviesa uno de esos momentos en que el ruido interno empieza a escucharse desde fuera. Antiguos dirigentes, fundadores y figuras que fueron esenciales en el crecimiento del partido han comenzado a distanciarse de la dirección.
Iván Espinosa de los Monteros, durante años portavoz parlamentario y uno de los rostros más visibles del partido, llegó a advertir públicamente que Vox se estaba encerrando en un círculo cada vez más reducido de dirigentes y que ese “empobrecimiento interno” podría acabar pasando factura electoral.
Lo curioso es que este conflicto no parece girar tanto en torno a ideas como en torno a poder, estrategia y control del aparato del partido. Y cuando un partido empieza a discutir sobre esas cosas, suele ser señal de que algo más profundo se está moviendo bajo la superficie.
EL ORIGEN DE VOX: UNA ESCISIÓN DE LAS ÉLITES CONSERVADORAS
Vox nació en 2013 como una escisión del Partido Popular. Un grupo de dirigentes ultraconservadores consideraba que el PP se había vuelto demasiado moderado, especialmente en cuestiones territoriales y culturales.
“Cuando una organización crece demasiado rápido, las tensiones internas crecen aún más”
El nuevo partido aspiraba a reconstruir una derecha más dura, más nacionalista y menos dispuesta a aceptar los consensos políticos suscritos durante la transición. Durante varios años Vox fue poco más que un experimento político minoritario. Apenas tenía representación institucional y parecía destinado a ocupar un rincón marginal en el sistema político español.
Pero el contexto histórico cambió.La crisis económica, el desgaste del bipartidismo tradicional y el conflicto territorial en Cataluña abrieron un espacio político que Vox supo aprovechar con notable eficacia. En pocos años pasó de ser una pequeña escisión a convertirse en una fuerza política con presencia en parlamentos autonómicos, en el Congreso de los Diputados y en numerosos ayuntamientos.
Ese crecimiento acelerado —que en política suele celebrarse como una victoria— tiene también un efecto secundario bien conocido: cuanto más crece una organización, más aparecen sus contradicciones internas.
LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS: MENOS PROFUNDAS DE LO QUE PARECE
Cuando se analizan los discursos de los distintos sectores del partido, las diferencias ideológicas resultan bastante limitadas. Todos comparten los pilares fundamentales del proyecto político: nacionalismo español fuerte, rechazo del modelo autonómico, posiciones muy conservadoras en cuestiones sociales y una orientación económica claramente liberal.
La disputa no gira tanto en torno a las ideas como en torno a la estrategia. El sector que representó durante años Espinosa de los Monteros defendía una línea más institucional: consolidar Vox como una fuerza política estable dentro del sistema.
El sector dominante en torno a Abascal , en cambio, ha preferido mantener una estrategia de confrontación permanente, alimentando un discurso político más polarizador. Si se quiere resumir con cierta ironía, ambos sectores quieren llegar al mismo destino político. La discusión consiste en decidir si se llega conduciendo por autopista o atravesando el bosque a toda velocidad.
LAS PURGAS INTERNAS: CUANDO LOS FUNDADORES DESAPARECEN
Uno de los rasgos más llamativos de la evolución interna de Vox ha sido la salida progresiva de figuras importantes del partido. En política existe una regla no escrita: cuando los fundadores empiezan a abandonar el barco, algo suele estar ocurriendo. Uno de los casos más mediáticos fue el de Macarena Olona.
Olona fue durante años una de las caras más visibles del partido. Su estilo combativo y su presencia mediática la convirtieron en una figura clave dentro de la estrategia política de Vox. En 2022 fue candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía. La campaña electoral no obtuvo los resultados que el partido esperaba y, poco después, Olona anunció su retirada de la política alegando motivos de salud.
Sin embargo, su posterior reaparición pública estuvo acompañada de críticas implícitas hacia la dirección del partido. Aunque nunca llegó a producirse una ruptura abierta, el episodio dejó claro que dentro del partido existían tensiones importantes.
Pero otros dirigentes fundadores habian abandonado el proyecto mucho antes. Alejo Vidal-Quadras, uno de los principales impulsores de Vox en sus primeros años, se distanció rápidamente del partido tras las elecciones europeas de 2014. El patrón ha empezado a repetirse: dirigentes relevantes se marchan o son apartados, mientras el núcleo dirigente se vuelve cada vez más reducido.
LA FUNDACIÓN DISENSO Y LA INTERNACIONAL DE LA ULTRA DERECHA RADICAL
Uno de los instrumentos políticos más interesantes que ha desarrollado Vox en los últimos años es la Fundación Disenso. Las fundaciones políticas suelen funcionar como centros de pensamiento, plataformas de relaciones internacionales y laboratorios ideológicos.
En el caso de Vox, Disenso se ha convertido en una herramienta clave para construir redes internacionales con movimientos conservadores y con la ultraderecha radical.
Desde esta plataforma se impulsó la llamada Carta de Madrid, un documento firmado por diversas organizaciones políticas y sociales de Europa y América Latina que denunciaba el avance del “comunismo” en la región. La iniciativa permitió a Vox establecer relaciones con dirigentes políticos y organizaciones ultraconservadoras en distintos países.
Entre esas conexiones aparecen partidos europeos como el de Viktor Orbán en Hungría o el de la fascista Giorgia Meloni en Italia, así como otras organizaciones ultraconservadoras latinoamericanas. El objetivo es bastante claro: construir una red internacional que comparta discurso político, estrategias electorales y marcos ideológicos.
LA POLÉMICA SOBRE LA FINANCIACIÓN
Otro capítulo importante en la historia del partido tiene que ver con su financiación inicial. Durante los primeros años, Vox dependió en gran medida de aportaciones privadas de simpatizantes y empresarios. Diversas investigaciones periodísticas señalaron que parte de su financiación inicial habría procedido de donaciones realizadas por opositores iraníes vinculados al Consejo Nacional de la Resistencia de Irán.
Según informaciones publicadas en medios españoles, esas donaciones habrían alcanzado aproximadamente un millón de euros. Posteriormente el Tribunal de Cuentas analizó estas aportaciones y concluyó que no constituían financiación ilegal según la legislación vigente.
Pero el episodio dejó una pregunta bastante turbadora sobre la mesa: ¿de dónde obtiene recursos un partido cuando todavía no tiene representación institucional? La respuesta suele ser sencilla. De redes privadas de apoyo político y económico.
EL ORIGEN SOCIAL DE LA CÚPULA FUNDADORA
Otro elemento que ayuda a entender el fenómeno Vox es el origen social de sus dirigentes. A diferencia de otros movimientos políticos que nacen de movilizaciones populares, Vox fue impulsado fundamentalmente por una fracción de la élite conservadora española. Muchos de sus dirigentes procedían del Partido Popular o del mundo empresarial.
Iván Espinosa de los Monteros desarrolló su carrera en el sector inmobiliario antes de entrar en política y ocupó diversos cargos dentro del partido hasta convertirse en portavoz parlamentario. Este perfil sociológico es bastante claro. La cúpula fundadora del partido está formada en gran medida por empresarios, profesionales liberales y políticos con trayectoria institucional.
“Vox nació contra la derecha tradicional, pero hoy empieza a enfrentarse a sus propias contradicciones”
Históricamente, muchos partidos conservadores han surgido precisamente de sectores provenientes de las élites económicas que buscan reorganizar el campo político cuando consideran que sus intereses no están suficientemente representados.
REDES FAMILIARES Y CONTINUIDADES HISTÓRICAS
Otro elemento que suele aparecer en los análisis sobre Vox es la relación de algunos de sus dirigentes con familias vinculadas a la derecha franquista y la transición. Este tipo de vínculos no implica necesariamente una continuidad política directa. Pero sí refleja algo bastante común en la historia política: las élites sociales tienden a reproducirse a lo largo de generaciones.
Las redes familiares, educativas y económicas suelen facilitar la continuidad de determinadas posiciones sociales. En España, la transición transformó profundamente el sistema político, pero muchas élites sociales mantuvieron su influencia en distintos ámbitos. El caso de Vox puede entenderse también en ese contexto. No como una simple reedición del pasado, sino como la adaptación de ciertas tradiciones políticas a un nuevo escenario histórico.
ENTRE EL POPULISMO Y LAS ÉLITES
Aquí aparece una de las paradojas más interesantes del partido. Vox se presenta como una fuerza política que defiende al “pueblo” frente a las élites políticas tradicionales. Sin embargo, muchos de sus dirigentes proceden precisamente de sectores sociales privilegiados. Este contraste no es extraño en la historia política.
Numerosos movimientos políticos han sido impulsados por élites que buscan movilizar a sectores sociales más amplios en torno a determinados proyectos políticos. En otras palabras: la retórica anti-élite no siempre significa que quienes la utilizan procedan de entornos populares. La mayoria de las veces sucede exactamente lo contrario.
¿DAÑARÁ ESTA CRISIS A VOX EN LAS ELECCIONES?
Las luchas internas rara vez benefician a un partido político. Pero su impacto electoral depende de varios factores. Si las disputas internas permanecen relativamente discretas, el electorado puede apenas percibirlas. Pero si se transforman en enfrentamientos públicos prolongados, el desgaste puede convertirse en muy significativo.
La historia política está llena de partidos que parecían sólidos hasta que las tensiones internas terminaron debilitándolos.
CUANDO LOS PARTIDOS EMPIEZAN A LUCHAR CONTRA SÍ MISMOS
La crisis interna de Vox no parece consistir, al menos por ahora, en una batalla ideológica.
Más bien se asemeja a una disputa por el control del aparato político y la estrategia futura del partido. Las diferencias entre Abascal y sus críticos se encuentran más en la forma de gestionar el proyecto que en su contenido ideológico. Pero la historia política enseña una lección bastante sencilla. Los partidos no siempre son derrotados por sus adversarios externos.
A veces empiezan a debilitarse cuando las luchas internas se vuelven demasiado visibles. Y en el caso de Vox, el ruido que empieza a escucharse detrás del escenario sugiere que la obra todavía está lejos de terminar.
POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay partidos políticos que se parecen a ejércitos: disciplina
férrea, mando único y cero discusiones en público.
Durante años Vox quiso parecer exactamente eso. Frente a la imagen de partidos tradicionales plagados de corrientes internas, conspiraciones y luchas de poder, la formación que todavia encabeza Santiago Abascal cultivó cuidadosamente la imagen de una organización compacta, homogénea y casi militar.
Pero la política tiene una costumbre incómoda: cuando las organizaciones tienen un proceso fulminante de crecimiento, - recuerdese lo sucedido con la formacion reformista Podemos- las tensiones internas crecen aún más rápido.
Hoy Vox atraviesa uno de esos momentos en que el ruido interno empieza a escucharse desde fuera. Antiguos dirigentes, fundadores y figuras que fueron esenciales en el crecimiento del partido han comenzado a distanciarse de la dirección.
Iván Espinosa de los Monteros, durante años portavoz parlamentario y uno de los rostros más visibles del partido, llegó a advertir públicamente que Vox se estaba encerrando en un círculo cada vez más reducido de dirigentes y que ese “empobrecimiento interno” podría acabar pasando factura electoral.
Lo curioso es que este conflicto no parece girar tanto en torno a ideas como en torno a poder, estrategia y control del aparato del partido. Y cuando un partido empieza a discutir sobre esas cosas, suele ser señal de que algo más profundo se está moviendo bajo la superficie.
EL ORIGEN DE VOX: UNA ESCISIÓN DE LAS ÉLITES CONSERVADORAS
Vox nació en 2013 como una escisión del Partido Popular. Un grupo de dirigentes ultraconservadores consideraba que el PP se había vuelto demasiado moderado, especialmente en cuestiones territoriales y culturales.
“Cuando una organización crece demasiado rápido, las tensiones internas crecen aún más”
El nuevo partido aspiraba a reconstruir una derecha más dura, más nacionalista y menos dispuesta a aceptar los consensos políticos suscritos durante la transición. Durante varios años Vox fue poco más que un experimento político minoritario. Apenas tenía representación institucional y parecía destinado a ocupar un rincón marginal en el sistema político español.
Pero el contexto histórico cambió.La crisis económica, el desgaste del bipartidismo tradicional y el conflicto territorial en Cataluña abrieron un espacio político que Vox supo aprovechar con notable eficacia. En pocos años pasó de ser una pequeña escisión a convertirse en una fuerza política con presencia en parlamentos autonómicos, en el Congreso de los Diputados y en numerosos ayuntamientos.
Ese crecimiento acelerado —que en política suele celebrarse como una victoria— tiene también un efecto secundario bien conocido: cuanto más crece una organización, más aparecen sus contradicciones internas.
LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS: MENOS PROFUNDAS DE LO QUE PARECE
Cuando se analizan los discursos de los distintos sectores del partido, las diferencias ideológicas resultan bastante limitadas. Todos comparten los pilares fundamentales del proyecto político: nacionalismo español fuerte, rechazo del modelo autonómico, posiciones muy conservadoras en cuestiones sociales y una orientación económica claramente liberal.
La disputa no gira tanto en torno a las ideas como en torno a la estrategia. El sector que representó durante años Espinosa de los Monteros defendía una línea más institucional: consolidar Vox como una fuerza política estable dentro del sistema.
El sector dominante en torno a Abascal , en cambio, ha preferido mantener una estrategia de confrontación permanente, alimentando un discurso político más polarizador. Si se quiere resumir con cierta ironía, ambos sectores quieren llegar al mismo destino político. La discusión consiste en decidir si se llega conduciendo por autopista o atravesando el bosque a toda velocidad.
LAS PURGAS INTERNAS: CUANDO LOS FUNDADORES DESAPARECEN
Uno de los rasgos más llamativos de la evolución interna de Vox ha sido la salida progresiva de figuras importantes del partido. En política existe una regla no escrita: cuando los fundadores empiezan a abandonar el barco, algo suele estar ocurriendo. Uno de los casos más mediáticos fue el de Macarena Olona.
Olona fue durante años una de las caras más visibles del partido. Su estilo combativo y su presencia mediática la convirtieron en una figura clave dentro de la estrategia política de Vox. En 2022 fue candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía. La campaña electoral no obtuvo los resultados que el partido esperaba y, poco después, Olona anunció su retirada de la política alegando motivos de salud.
Sin embargo, su posterior reaparición pública estuvo acompañada de críticas implícitas hacia la dirección del partido. Aunque nunca llegó a producirse una ruptura abierta, el episodio dejó claro que dentro del partido existían tensiones importantes.
Pero otros dirigentes fundadores habian abandonado el proyecto mucho antes. Alejo Vidal-Quadras, uno de los principales impulsores de Vox en sus primeros años, se distanció rápidamente del partido tras las elecciones europeas de 2014. El patrón ha empezado a repetirse: dirigentes relevantes se marchan o son apartados, mientras el núcleo dirigente se vuelve cada vez más reducido.
LA FUNDACIÓN DISENSO Y LA INTERNACIONAL DE LA ULTRA DERECHA RADICAL
Uno de los instrumentos políticos más interesantes que ha desarrollado Vox en los últimos años es la Fundación Disenso. Las fundaciones políticas suelen funcionar como centros de pensamiento, plataformas de relaciones internacionales y laboratorios ideológicos.
En el caso de Vox, Disenso se ha convertido en una herramienta clave para construir redes internacionales con movimientos conservadores y con la ultraderecha radical.
Desde esta plataforma se impulsó la llamada Carta de Madrid, un documento firmado por diversas organizaciones políticas y sociales de Europa y América Latina que denunciaba el avance del “comunismo” en la región. La iniciativa permitió a Vox establecer relaciones con dirigentes políticos y organizaciones ultraconservadoras en distintos países.
Entre esas conexiones aparecen partidos europeos como el de Viktor Orbán en Hungría o el de la fascista Giorgia Meloni en Italia, así como otras organizaciones ultraconservadoras latinoamericanas. El objetivo es bastante claro: construir una red internacional que comparta discurso político, estrategias electorales y marcos ideológicos.
LA POLÉMICA SOBRE LA FINANCIACIÓN
Otro capítulo importante en la historia del partido tiene que ver con su financiación inicial. Durante los primeros años, Vox dependió en gran medida de aportaciones privadas de simpatizantes y empresarios. Diversas investigaciones periodísticas señalaron que parte de su financiación inicial habría procedido de donaciones realizadas por opositores iraníes vinculados al Consejo Nacional de la Resistencia de Irán.
Según informaciones publicadas en medios españoles, esas donaciones habrían alcanzado aproximadamente un millón de euros. Posteriormente el Tribunal de Cuentas analizó estas aportaciones y concluyó que no constituían financiación ilegal según la legislación vigente.
Pero el episodio dejó una pregunta bastante turbadora sobre la mesa: ¿de dónde obtiene recursos un partido cuando todavía no tiene representación institucional? La respuesta suele ser sencilla. De redes privadas de apoyo político y económico.
EL ORIGEN SOCIAL DE LA CÚPULA FUNDADORA
Otro elemento que ayuda a entender el fenómeno Vox es el origen social de sus dirigentes. A diferencia de otros movimientos políticos que nacen de movilizaciones populares, Vox fue impulsado fundamentalmente por una fracción de la élite conservadora española. Muchos de sus dirigentes procedían del Partido Popular o del mundo empresarial.
Iván Espinosa de los Monteros desarrolló su carrera en el sector inmobiliario antes de entrar en política y ocupó diversos cargos dentro del partido hasta convertirse en portavoz parlamentario. Este perfil sociológico es bastante claro. La cúpula fundadora del partido está formada en gran medida por empresarios, profesionales liberales y políticos con trayectoria institucional.
“Vox nació contra la derecha tradicional, pero hoy empieza a enfrentarse a sus propias contradicciones”
Históricamente, muchos partidos conservadores han surgido precisamente de sectores provenientes de las élites económicas que buscan reorganizar el campo político cuando consideran que sus intereses no están suficientemente representados.
REDES FAMILIARES Y CONTINUIDADES HISTÓRICAS
Otro elemento que suele aparecer en los análisis sobre Vox es la relación de algunos de sus dirigentes con familias vinculadas a la derecha franquista y la transición. Este tipo de vínculos no implica necesariamente una continuidad política directa. Pero sí refleja algo bastante común en la historia política: las élites sociales tienden a reproducirse a lo largo de generaciones.
Las redes familiares, educativas y económicas suelen facilitar la continuidad de determinadas posiciones sociales. En España, la transición transformó profundamente el sistema político, pero muchas élites sociales mantuvieron su influencia en distintos ámbitos. El caso de Vox puede entenderse también en ese contexto. No como una simple reedición del pasado, sino como la adaptación de ciertas tradiciones políticas a un nuevo escenario histórico.
ENTRE EL POPULISMO Y LAS ÉLITES
Aquí aparece una de las paradojas más interesantes del partido. Vox se presenta como una fuerza política que defiende al “pueblo” frente a las élites políticas tradicionales. Sin embargo, muchos de sus dirigentes proceden precisamente de sectores sociales privilegiados. Este contraste no es extraño en la historia política.
Numerosos movimientos políticos han sido impulsados por élites que buscan movilizar a sectores sociales más amplios en torno a determinados proyectos políticos. En otras palabras: la retórica anti-élite no siempre significa que quienes la utilizan procedan de entornos populares. La mayoria de las veces sucede exactamente lo contrario.
¿DAÑARÁ ESTA CRISIS A VOX EN LAS ELECCIONES?
Las luchas internas rara vez benefician a un partido político. Pero su impacto electoral depende de varios factores. Si las disputas internas permanecen relativamente discretas, el electorado puede apenas percibirlas. Pero si se transforman en enfrentamientos públicos prolongados, el desgaste puede convertirse en muy significativo.
La historia política está llena de partidos que parecían sólidos hasta que las tensiones internas terminaron debilitándolos.
CUANDO LOS PARTIDOS EMPIEZAN A LUCHAR CONTRA SÍ MISMOS
La crisis interna de Vox no parece consistir, al menos por ahora, en una batalla ideológica.
Más bien se asemeja a una disputa por el control del aparato político y la estrategia futura del partido. Las diferencias entre Abascal y sus críticos se encuentran más en la forma de gestionar el proyecto que en su contenido ideológico. Pero la historia política enseña una lección bastante sencilla. Los partidos no siempre son derrotados por sus adversarios externos.
A veces empiezan a debilitarse cuando las luchas internas se vuelven demasiado visibles. Y en el caso de Vox, el ruido que empieza a escucharse detrás del escenario sugiere que la obra todavía está lejos de terminar.


























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