Jueves, 05 de Marzo de 2026

Actualizada

Jueves, 05 de Marzo de 2026 a las 09:17:07 horas

Tiempo de lectura:

LOS TRUMP: CUATRO GENERACIONES ESQUIVANDO EL SERVICIO MILITAR

BARRON TRUMP AL FRENTE DE BATALLA: UNA PROPUESTA QUE SACUDE LA POLÍTICA ESTADOUNIDENSE

Desde principios del siglo XX, la historia militar de la familia Trump parece escrita con tinta invisible. Mientras millones de inmigrantes y ciudadanos estadounidenses han vestido uniforme y marchado a la guerra, generación tras generación de los Trump ha encontrado siempre un motivo, un papel o un diagnóstico conveniente para quedarse lejos del frente. Ahora, los veteranos de guerra han iniciado una campaña para que Barron Trump sea enviado a los frentes que se abran en Irán

 

POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

   La historia de las guerras modernas tiene una curiosa [Img #90161]constante: quienes las declaran rara vez pisan el barro de las trincheras.

   

   Los discursos patrióticos suelen pronunciarse desde lujosos  despachos alfombrados, muy lejos del polvo, la sangre y el miedo. Y mientras los jóvenes de las familias trabajadoras se suben a los aviones rumbo al matadero, los hijos de los poderosos suelen tener una agenda mucho más tranquila: universidad privada, negocios familiares, o simplemente silencio.

 

    En Estados Unidos, esa vieja contradicción ha vuelto a[Img #90166] aparecer con fuerza en el curso de los últimos meses. El detonante ha sido doble. Por un lado, la decisión de lanzar una ofensiva militar contra Irán. Por otro, un detalle biográfico que muchos estadounidenses conocen desde hace años: el historial de evasión del servicio militar en la familia Trump.

 

    La polémica ha terminado generando algo inesperado: una campaña —a veces seria, a veces satírica— que propone que Barron Trump, el hijo menor del presidente, sea movilizado y enviado a combatir en la guerra que su propio padre  ahora está impulsado. Y la verdad es que la ironía es demasiado perfecta para dejarla pasar.

 

UNA FAMILIA SIN UNIFORME

   La historia comenzó mucho antes de  Donald Trump. En realidad, empieza con su abuelo. Friedrich Trump emigró a Estados Unidos desde Baviera a finales del siglo XIX. El problema es que lo hizo sin cumplir el servicio militar obligatorio en Alemania. Cuando intentó recuperar su ciudadanía alemana años después, las autoridades lo rechazaron precisamente por haber eludido esa obligación.

 

   La tradición familiar continuó en una  línea similar. Fred Trump, el padre del  actual presidente, tampoco sirvió en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras millones de estadounidenses combatían en Europa o en el Pacífico, él se dedicaba a los negocios inmobiliarios.

 

   Después llegó Donald, el actual presidente,  que tampoco manifestó ningún deseo de romper con la tradición familiar. Durante la guerra de Vietnam recibió la friolera de cinco aplazamientos del servicio militar. Cuatro por motivos educativos y uno por razones médicas: el diagnóstico fue el de unos  espolones óseos en los talones.

 

   Pero los críticos llevan décadas preguntándose lo mismo: ¿cómo un problema en los pies pudo impedirle servir en el Ejército, pero no le impidió luego jugar al golf durante años? Ni que decir tiene que esas dudas nunca  fueron despejadas.

 

LA GUERRA QUE OTROS PELEAN

     Las guerras modernas, especialmente en Estados Unidos, tienen una característica muy clara: son peleadas principalmente por jóvenes procedentes de la clase trabajadora. Muchos vienen de pequeñas ciudades industriales, de barrios populares o de familias con pocas oportunidades. Para ellos, el Ejército se presenta como una mezcla de empleo, educación y patriotismo.

 

    Pero esa promesa suele tener un precio. Las guerras en Irak y Afganistán ya dejaron una lección amarga: miles de soldados muertos, decenas de miles heridos y generaciones enteras marcadas por el trauma.

 

    Y ahora la historia parece querer repetirse. La nueva ofensiva militar contra Irán ha abierto otra vez el mismo interrogante: ¿quién paga realmente el precio de las guerras? Para muchos veteranos de guerra estadounidenses la respuesta es evidente: los mismos de siempre.

 

LA PREGUNTA INCÓMODA

   En los últimos días, comentaristas, periodistas y analistas políticos han empezado a lanzar una pregunta incómoda. Si el presidente cree que la guerra es necesaria, ¿por qué ninguno de los suyos ha vestido jamás el uniforme?

 

    La crítica ha sido especialmente fuerte desde sectores de la izquierda norteamericana y desde las asociaciones de veteranos. Algunos comentaristas no han dejado de señalar la ironía histórica de que un presidente que evitó cumplir el servicio militar haya impulsado una ofensiva a gran escala contra Irán.

 

   Sin embargo, otros han sido más directos. Veteranos entrevistados en medios estadounidenses han denunciado que mientras las familias trabajadoras envían a sus hijos al frente, las élites políticas y económicas observan el conflicto desde sus mansiones o desde sus clubes privados.

 

  Y desde esta reflexión así ha nacido la idea que hoy circula por redes sociales, columnas de opinión y debates televisivosSi la guerra es tan necesaria… ¿por qué no empezar por casa?

 

LA CAMPAÑA POR EL SERVICIO MILITAR DE  BARRON TRUMP

    Barron Trump tiene ahora 19 años.  La edad misma edad que tenían miles de soldados estadounidenses cuando fueron enviados a Irak o Afganistán. Ese simple dato ha dado combustible a una campaña que mezcla sarcasmo, crítica política y rabia social. En redes sociales han aparecido centenares de  miles de mensajes con una propuesta aparentemente sencilla: Si el presidente quiere una guerra contra Irán, que su hijo sea uno de los primeros en ir.

 

  Algunos lo plantean como una provocaciónOtros como una denuncia.   Y otros, simplemente, como una forma de exponer la desigualdad del sacrificio, dependiendo de la clase social a la que se pertenezca.  Porque esa es la cuestión central.

 

  Y no se trata - dicen sus promotores-  de que Barron Trump, un joven que poco tiene que ver con las decisiones políticas de su padre. Se trata de algo más profundo: la distancia gigantesca entre quienes deciden las guerras y quienes terminan luchándolas.

 

LAS GUERRAS Y LAS CLASES

    La historia ofrece demasiados ejemplos. Durante la Primera Guerra Mundial, millones de campesinos y obreros europeos murieron en trincheras mientras las élites políticas dirigían la guerra desde salones iluminados.

 

    En Vietnam ocurrió algo parecido. Los jóvenes de familias pobres tenían muchas más probabilidades de terminar en el frente que los hijos de las clases acomodadas.

 

    Y en las guerras del siglo XXI la tendencia continúa. Las estadísticas muestran que gran parte de los soldados estadounidenses provienen de sectores sociales con menos recursos, donde el ejército aparece como una de las pocas vías de ascenso social.

 

   Mientras tanto, las familias más ricas rara vez ven a sus hijos marchar hacia el frente. El resultado es una especie de pacto silencioso: unos deciden, otros combaten.

 

LA IRONÍA DEL PODER

    Hay algo profundamente irónico en todo esto. Las guerras suelen justificarse en nombre de grandes palabras: patria, libertad, seguridad nacional. Pero cuando llega el momento de asumir el riesgo, esas palabras se vuelven selectivas. Los sacrificios se distribuyen de forma desigual. Los beneficios, también. Por eso la campaña para Barron Trump vaya también al frente ha tenido tanta resonancia.

 

   Pero no porque nadie  espere realmente que el hijo del presidente sea enviado al frenteSi no porque la pregunta que plantea resulta incómodamente clara: ¿qué pasaría si las familias que declaran las guerras tuvieran que enviar a sus propios hijos a pelearlas? Pues que probablemente habría muchas menos guerras.

 

    La polémica en torno a la familia Trump y el servicio militar no es simplemente un episodio más de la política estadounidense. Es el reflejo de una contradicción mucho más antigua. Las guerras modernas siguen funcionando sobre una división silenciosa: quienes toman las decisiones y quienes pagan las consecuencias.

   

   La campaña que pide movilizar a Barron Trump no es, en el fondo, una campaña contra un joven. Es una forma de señalar esa desigualdad. Un espejo incómodo que devuelve una imagen difícil de ignorar. Porque al final la pregunta sigue ahí, flotando sobre cada conflicto armado:

 

si la guerra es tan necesaria…

    ¿por qué siempre la pelean los hijos de otros?

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.161

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.