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Jueves, 26 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

LA OTRA HISTORIA DEL GOLPISTA TEJERO: CONTRA FERNANDO SAGASETA Y MUJERES GRANCANARIAS

Una coincidencia historia entre dos personajes antagónicos

La muerte de Antonio Tejero ha devuelto a la memoria colectiva la imagen del 23F, pero su historia no comenzó en el Congreso. Años antes, en un barrio humilde de Gran Canaria, ya había protagonizado un choque directo con el pueblo. Allí, un grupo de mujeres defendió el agua frente a la autoridad franquista con el apoyo del abogado laboralista Fernando Sagaseta.

 

Por ERNESTO GUTIÉRREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Este 25 de febrero, coincidiendo prácticamente con la "descalificación fake" de algunos documentos sobre el Golpe del 23F, fallecía el teniente coronel Antonio Tejero Molina.

 

   El nombre de Tejero quedará inevitablemente asociado a esta intentona golpista, pero mucho antes de aquella jornada que lo hizo conocido en todo el país, este guardia civil ya se había dado a conocer,  lejos del Congreso y lejos de los focos, en un humilde barrio de Gran Canaria.

 

   Para recordar este episodio hay que viajar a 1966, al barrio de Tenoya, en la periferia de la ciudad Las Palmas. Allí la modernidad no había llegado como en las postales turísticas. No había alcantarillado, muchas calles seguían siendo de tierra y en gran parte del barrio no existía agua corriente. La vida dependía de una acequia tradicional, un canal abierto por el que corría el agua que servía para regar, cocinar y lavar la ropa.

 

   Cuando la Heredad de Aguas del Valle de Tenoya, con autorización ministerial firmada por  el general Camilo Alonso Vega, - conocido popularmente con el sobrenombre de "don Camulo"decidió entubar la acequia, el pueblo lo entendió como un atropello intolerable.

 

   El argumento oficial hablaba de daños en cultivos de plátanos por detergentes vertidos al lavar la ropa. Pero para las mujeres del barrio —que eran quienes cargaban los cubos, lavaban en los lavaderos y sostenían el abastecimiento doméstico— aquello significaba quedarse sin aguaY entonces el pueblo se levantó.

 

LAS MUJERES AL FRENTE

   La protesta no la encabezaron las mujeres del barrio,  que bloquearon las obras, se plantaron frente a los operarios y cuando llegaron los Guardias civiles desde la capital, no retrocedieron.

 

   Al mando del despliegue estaba un comandante de la Guardia Civil: Antonio Tejero.

 

   Uniformes verdes frente a delantales. Tricornios frente a pañuelos de cabeza. Mausers cruzados sobre los pechos de los agentes frente a mujeres que defendían algo tan básico como el agua para cocinar.

 

LA IMPLICACIÓN DE FERNANDO SAGASETA

   En medio de esa escena apareció un joven abogado: Fernando Sagaseta. No era un abogado cualquiera. Había pasado por la cárcel por su oposición al franquismo. Defendía a obreros, estudiantes y vecinos en conflictos donde el poder solía tener la última palabra.

 

  En Tenoya había intentado primero la vía administrativa: acudió al Gobierno Civil para frenar la orden. El gobernador estaba ausente. El secretario alegó que la decisión venía de arriba. No había margen.

 

   Regresó entonces al Lomo de Tenoya, donde la tensión era máxima. Treinta o cuarenta mujeres se habían plantado frente a un nutrido bloque de Guardias civiles. Esa misma mañana  ya se habían  producido forcejeos. Un teniente había resultado herido. El ambiente estaba cargado.

 

  En una tienda del barrio, según relataría años después, Sagaseta se encontró con Tejero. Se presentó con frialdad profesional: abogado, defensor de aquellas mujeres desamparadas. Expuso razones jurídicas. La respuesta fue seca: la orden debía cumplirse. Y, como era habitual en aquel tiempo, se insinuó que detrás de aquellas mujeres habían “otros intereses”, como si ellas no fueran capaces de organizarse por sí mismas.

 

¿LOS ECHAMOS AL BARRANCO, DON FERNANDO?

    El Lomo de Tenoya desciende hacia un barranco. Un empujón podía convertirse en tragedia. Las mujeres gritaban.

-“¿Los echamos al barranco, don Fernando?”.

    Sagaseta era el único hombre entre ellas. Recién salido de prisión, conocía bien las consecuencias que podía tener una escalada en la confrontación.

  Más tarde supo que había intentos de generar una respuesta violenta que justificara una represión mayor. Aquella línea era peligrosamente finaLa acequia acabaría entubándose. Pero el episodio dejó una huella profunda en la memoria del barrio. Y también en la propia trayectoria de  Fernando Sagaseta.

 

   Aquel abogado que defendía a mujeres sin agua en 1966 sería, años después, diputado por Gran Canaria en el Congreso, elegido por la Unión del Pueblo Canario (UPC), una formación de izquierdas que representaba un nacionalismo popular y combativo surgido en los años de la Transición. Desde su escaño mantuvo el mismo perfil que había mostrado en Tenoya: defensa de los sectores populares, discurso incómodo y oposición frontal a las estructuras heredadas del franquismo.

 

   La historia volvió a cruzar irónicamente los nombres de ambos. En el Congreso, durante los disparos al techo en el episodio que hizo famoso a Tejero, Fernando Sagaseta fue el único diputado que resultó herido, al caerle un trozo de yeso en la cara.

 

    Dos trayectorias opuestas que se habían enfrentado primero en una acequia rural. Hoy, tras la muerte de Tejero, muchos recordarán solo una imagen televisiva. Pero en Tenoya la memoria es más antigua: la de mujeres defendiendo agua frente a fusiles, y la de un abogado que decidió ponerse de su lado cuando hacerlo significaba enfrentarse directamente al poder. Y es que la historia también se escribe a pie de una acequia.

 
 
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