ARAGÓN: LA HOGUERA DE LAS VANIDADES Y EL AVANCE DE LA BARBARIE
El auge de Vox y la fragmentación de la izquierda convierten los resultados de las elecciones aragonesas en una advertencia sobre la deriva reaccionaria del Estado
Los resultados electorales en Aragón van mucho más allá de una lectura autonómica. El avance de Vox, el debilitamiento del Partido Popular y el hundimiento de la izquierda a la izquierda del PSOE dibujan una radiografía inquietante del momento político español. Lejos de ser una anomalía regional, Aragón actúa como un sismógrafo que registra la radicalización de la derecha, la crisis de liderazgo conservador y el naufragio de una izquierda fragmentada, incapaz de responder al auge del neofascismo.
POR JOSÉ MANUEL RIVERO PÉREZ (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Los resultados electorales en Aragón no son una simple
estadística regional; son el sismógrafo que alerta de las fallas tectónicas de la política española y, por extensión, de la crisis civilizatoria que atravesamos.
La aritmética es tozuda y el escrutinio, con ese Partido Popular ganando pero desangrándose hacia su derecha, y una izquierda fragmentada hasta la irrelevancia, arroja una radiografía implacable: la derecha española se radicaliza ante la debilidad de su liderazgo y la izquierda, la que debería ser alternativa, se suicida en un acto de frivolidad histórica imperdonable.
Comencemos por el bloque reaccionario. Que el Partido Popular pierda dos diputados y Vox se dispare hasta los 14 escaños es la enmienda a la totalidad más clara que el electorado conservador podía enviar a la calle Génova. La derecha sociológica no confía en Alberto Núñez Feijóo. No ven en él al líder capaz de imponer la disciplina del Estado, sino a un gestor de tiempos pasados.
El trasvase de votos hacia la ultraderecha evidencia que esa base social no busca moderación ni pactos de Estado, sino una confrontación golpista y total. Es el fracaso de la "revolución pasiva" que intentaba el PP; el votante ha despreciado la copia para quedarse con el original, con la versión más cruda y sin complejos del nacionalismo españolista, el neofascismo de Vox.
Pero si lo de la derecha es un reajuste de fuerzas peligroso, lo que ocurre a la izquierda del PSOE es una tragedia de clase. La obtención de un único diputado por parte de Izquierda Unida-Sumar y la desaparición de Podemos del arco parlamentario aragonés no es un accidente, es el resultado lógico de una izquierda enferma de infantilismo. Estamos ante el naufragio de una cultura política pequeñoburguesa, de una "pseudoizquierda" de salón, más preocupada por la pureza de sus siglas y las cuitas internas de sus aparatos que por la organización efectiva de la clase trabajadora.
Esta fragmentación, que dispersa el voto y regala escaños a la reacción por la ley electoral, es la mayor aliada objetivamente del fascismo. Mientras la izquierda soberanista de la Chunta Aragonesista logra resistir y crecer gracias a su arraigo territorial, la izquierda estatal se pierde en un laberinto de egos, incapaz de entender que la unidad no es una opción estética, sino una necesidad de supervivencia biológica y política.
Esta irresponsabilidad se torna criminal si levantamos la vista del mapa autonómico y observamos el horizonte internacional. No vivimos tiempos de paz donde uno pueda permitirse el lujo de la división. Vivimos tiempos de barbarie. Con un contexto bélico global, con el genocidio, que presenciamos a través de la televisión, en Palestina, con la violación sistemática del Derecho Internacional y con unos Estados Unidos bajo una deriva presidencial de corte nazifascista —agrediendo militarmente soberanías como la de Venezuela, secuestrando a su Presidente constitucional e imponiendo gastos militares de rearme al mundo—, la debilidad interna de la verdadera izquierda es una invitación al desastre.
Una izquierda fragmentada es una izquierda inoperante frente al imperialismo y ante el neofascismo; es incapaz de articular un frente de resistencia contra la ola reaccionaria y belicista que asola Occidente.
Paradójicamente, este escenario dantesco en Aragón podría dar un respiro táctico al Gobierno de España. La visualización de un gobierno autonómico tutelado por un Vox exuberante, imponiendo su agenda cultural y social, servirá de espantajo para movilizar el voto del miedo en el resto del Estado, como ha acontecido este 8 de febrero en las elecciones presidenciales en Portugal, donde ha ganado el candidato de la socialdemocracia, servil al capital financiero global, frente al de la ultraderecha de Chega.
Sin embargo, fiar la gobernabilidad al miedo al "lobo" mientras se es incapaz de construir una alternativa sólida y unida es pan para hoy y hambre para mañana. La historia no absuelve a quienes, pudiendo frenar la barbarie, prefirieron discutir sobre quién encabezaba la lista.
Aragón ha hablado, y su mensaje es una advertencia severa: o se abandona la frivolidad y se reconstruye un bloque histórico serio de izquierda, socialista, republicano y soberanista, que anteponga los intereses de la clase trabajadora, contra el imperialismo y contra el neofascismo, o el futuro pertenecerá a quienes no dudan en usar los “puños las pistolas”, al modo del falangismo español.
(*) JOSÉ MANUEL RIVERO PÉREZ ES ABOGADO Y ANALISTA POLÍTICO.
POR JOSÉ MANUEL RIVERO PÉREZ (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Los resultados electorales en Aragón no son una simple
estadística regional; son el sismógrafo que alerta de las fallas tectónicas de la política española y, por extensión, de la crisis civilizatoria que atravesamos.
La aritmética es tozuda y el escrutinio, con ese Partido Popular ganando pero desangrándose hacia su derecha, y una izquierda fragmentada hasta la irrelevancia, arroja una radiografía implacable: la derecha española se radicaliza ante la debilidad de su liderazgo y la izquierda, la que debería ser alternativa, se suicida en un acto de frivolidad histórica imperdonable.
Comencemos por el bloque reaccionario. Que el Partido Popular pierda dos diputados y Vox se dispare hasta los 14 escaños es la enmienda a la totalidad más clara que el electorado conservador podía enviar a la calle Génova. La derecha sociológica no confía en Alberto Núñez Feijóo. No ven en él al líder capaz de imponer la disciplina del Estado, sino a un gestor de tiempos pasados.
El trasvase de votos hacia la ultraderecha evidencia que esa base social no busca moderación ni pactos de Estado, sino una confrontación golpista y total. Es el fracaso de la "revolución pasiva" que intentaba el PP; el votante ha despreciado la copia para quedarse con el original, con la versión más cruda y sin complejos del nacionalismo españolista, el neofascismo de Vox.
Pero si lo de la derecha es un reajuste de fuerzas peligroso, lo que ocurre a la izquierda del PSOE es una tragedia de clase. La obtención de un único diputado por parte de Izquierda Unida-Sumar y la desaparición de Podemos del arco parlamentario aragonés no es un accidente, es el resultado lógico de una izquierda enferma de infantilismo. Estamos ante el naufragio de una cultura política pequeñoburguesa, de una "pseudoizquierda" de salón, más preocupada por la pureza de sus siglas y las cuitas internas de sus aparatos que por la organización efectiva de la clase trabajadora.
Esta fragmentación, que dispersa el voto y regala escaños a la reacción por la ley electoral, es la mayor aliada objetivamente del fascismo. Mientras la izquierda soberanista de la Chunta Aragonesista logra resistir y crecer gracias a su arraigo territorial, la izquierda estatal se pierde en un laberinto de egos, incapaz de entender que la unidad no es una opción estética, sino una necesidad de supervivencia biológica y política.
Esta irresponsabilidad se torna criminal si levantamos la vista del mapa autonómico y observamos el horizonte internacional. No vivimos tiempos de paz donde uno pueda permitirse el lujo de la división. Vivimos tiempos de barbarie. Con un contexto bélico global, con el genocidio, que presenciamos a través de la televisión, en Palestina, con la violación sistemática del Derecho Internacional y con unos Estados Unidos bajo una deriva presidencial de corte nazifascista —agrediendo militarmente soberanías como la de Venezuela, secuestrando a su Presidente constitucional e imponiendo gastos militares de rearme al mundo—, la debilidad interna de la verdadera izquierda es una invitación al desastre.
Una izquierda fragmentada es una izquierda inoperante frente al imperialismo y ante el neofascismo; es incapaz de articular un frente de resistencia contra la ola reaccionaria y belicista que asola Occidente.
Paradójicamente, este escenario dantesco en Aragón podría dar un respiro táctico al Gobierno de España. La visualización de un gobierno autonómico tutelado por un Vox exuberante, imponiendo su agenda cultural y social, servirá de espantajo para movilizar el voto del miedo en el resto del Estado, como ha acontecido este 8 de febrero en las elecciones presidenciales en Portugal, donde ha ganado el candidato de la socialdemocracia, servil al capital financiero global, frente al de la ultraderecha de Chega.
Sin embargo, fiar la gobernabilidad al miedo al "lobo" mientras se es incapaz de construir una alternativa sólida y unida es pan para hoy y hambre para mañana. La historia no absuelve a quienes, pudiendo frenar la barbarie, prefirieron discutir sobre quién encabezaba la lista.
Aragón ha hablado, y su mensaje es una advertencia severa: o se abandona la frivolidad y se reconstruye un bloque histórico serio de izquierda, socialista, republicano y soberanista, que anteponga los intereses de la clase trabajadora, contra el imperialismo y contra el neofascismo, o el futuro pertenecerá a quienes no dudan en usar los “puños las pistolas”, al modo del falangismo español.
(*) JOSÉ MANUEL RIVERO PÉREZ ES ABOGADO Y ANALISTA POLÍTICO.

























Federico Rubio Herrero | Miércoles, 11 de Febrero de 2026 a las 02:14:04 horas
"Pluralidad de ideas" ese es el lema de la izquierda desgraciadamente.
Veamos un ejemplo: En la Transicion 1975-1979, existían en la izquierda de España lo siguientes partidos: PCE, PCOE, PCE m-l, PCE (r), LCR, LC, PORE, PTE, ORT y el MC.
Cada partido tenía su referente, maoismo, trotskismo, etc, etc. Algunos incluso con brazos armados importantes.
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