NEWSWEEK: "2 DE CADA 3 JÓVENES PIENSAN IRSE DE LOS ESTADOS UNIDOS"
"No es turismo, ni una beca: es un deseo profundo de dejarlo todo atrás y empezar de nuevo, en otro sitio."
Una encuesta revela que casi dos tercios de los jóvenes estadounidenses están considerando abandonar el país. ¿Qué hay detrás de este fenómeno masivo? El malestar social, económico y ambiental se mezcla con la sensación de vivir en un sistema agotado.
REDACCIÓN CS
Algo se está rompiendo en Estados Unidos, segun consigna el conocido semanario estadounidense Newsweek. Y no son solo las infraestructuras oxidadas ni las promesas vacías. Es la esperanza.
Una encuesta reciente de la Asociación Estadounidense de Psicología ha revelado que casi dos de cada tres jóvenes estadounidenses están considerando abandonar el país. No es turismo, ni una beca: es un deseo profundo de dejarlo todo atrás y empezar de nuevo, en otro sitio, como quien huye de un incendio.
Este dato inquietante no es solo una cifra; es el reflejo de una generación que ya no encuentra futuro ni refugio en el país que sus abuelos habían jurado defender. Y lo más alarmante es que no hablamos de migrantes por necesidad económica extrema, como ocurre en otros contextos. Estamos hablando de jóvenes formados, conectados, informados, que ven con nitidez la decadencia de un sistema que ya no los representa.
LOS MOTIVOS: ENTRE LA ANGUSTIA SOCIAL Y EL AGOTAMIENTO MORAL
Los motivos de este desencanto son múltiples, pero se pueden resumir. según Newsweek, en tres grandes frentes: el político, el económico y el climático.
Primero, la polarización política. Estados Unidos ha pasado de ser un país con diferencias ideológicas a convertirse en un campo de batalla permanente. Las discusiones ya no son sobre ideas, sino sobre identidades. La violencia simbólica –y muchas veces literal– ha llevado a muchos jóvenes a desconectarse de un sistema que sienten ajeno, rígido e incapaz de transformarse.
Segundo, el callejón económico. A pesar de tener acceso a mayor formación académica que generaciones previas, gran parte de la juventud vive con empleos mal pagados, rentas altísimas y una deuda universitaria que los encadena durante décadas. El sueño americano, ese que prometía que el esfuerzo traía recompensa, se ha convertido en una broma cruel.
Y tercero, el colapso ambiental. Muchos jóvenes son plenamente conscientes de que el calentamiento global no es una amenaza futura, sino una catástrofe en curso. El negacionismo de buena parte de la élite política estadounidense y la subordinación del Estado a los intereses de las grandes corporaciones generan un sentimiento de desesperanza creciente.
UNA DECISIÓN PERSONAL, UNA SEÑAL COLECTIVA
Irse no es solo una decisión personal. Es tambien una expresión política. Cuando miles de personas consideran migrar por razones que van más allá de lo económico, el mensaje es claro: el contrato social está roto. Como ocurrió en otros imperios en declive, las generaciones jóvenes están diciendo con sus pies lo que el sistema se niega a oír con los oídos.
Y aquí hay algo más de fondo. En un mundo donde el capitalismo global ha convertido hasta los afectos en mercancía y donde la vida se valora según su productividad, ¿qué queda para quien no encaja? Muchos jóvenes no están huyendo solo de un país. Están huyendo de un sistema que los explota, los vigila y los hace sentir prescindibles.
LA HISTORIA YA CONOCE ESTA MÚSICA
No es la primera vez que los jóvenes de un país se sienten extraños en su propia tierra. En los años 30, muchos jóvenes europeos emigraron para escapar del fascismo o de la pobreza. En los 70, miles de latinoamericanos cruzaban fronteras para huir de dictaduras. Pero hoy, en el corazón del capitalismo desarrollado, ese deseo de fuga no viene de la opresión directa, sino de un malestar más difuso, casi existencial.
La paradoja es amarga: Estados Unidos se construyó como un país de llegada, no de partida. Que su juventud esté dispuesta a irse no debería solo alarmar a sus líderes. Debería hacerles replantear el modelo entero.
REDACCIÓN CS
Algo se está rompiendo en Estados Unidos, segun consigna el conocido semanario estadounidense Newsweek. Y no son solo las infraestructuras oxidadas ni las promesas vacías. Es la esperanza.
Una encuesta reciente de la Asociación Estadounidense de Psicología ha revelado que casi dos de cada tres jóvenes estadounidenses están considerando abandonar el país. No es turismo, ni una beca: es un deseo profundo de dejarlo todo atrás y empezar de nuevo, en otro sitio, como quien huye de un incendio.
Este dato inquietante no es solo una cifra; es el reflejo de una generación que ya no encuentra futuro ni refugio en el país que sus abuelos habían jurado defender. Y lo más alarmante es que no hablamos de migrantes por necesidad económica extrema, como ocurre en otros contextos. Estamos hablando de jóvenes formados, conectados, informados, que ven con nitidez la decadencia de un sistema que ya no los representa.
LOS MOTIVOS: ENTRE LA ANGUSTIA SOCIAL Y EL AGOTAMIENTO MORAL
Los motivos de este desencanto son múltiples, pero se pueden resumir. según Newsweek, en tres grandes frentes: el político, el económico y el climático.
Primero, la polarización política. Estados Unidos ha pasado de ser un país con diferencias ideológicas a convertirse en un campo de batalla permanente. Las discusiones ya no son sobre ideas, sino sobre identidades. La violencia simbólica –y muchas veces literal– ha llevado a muchos jóvenes a desconectarse de un sistema que sienten ajeno, rígido e incapaz de transformarse.
Segundo, el callejón económico. A pesar de tener acceso a mayor formación académica que generaciones previas, gran parte de la juventud vive con empleos mal pagados, rentas altísimas y una deuda universitaria que los encadena durante décadas. El sueño americano, ese que prometía que el esfuerzo traía recompensa, se ha convertido en una broma cruel.
Y tercero, el colapso ambiental. Muchos jóvenes son plenamente conscientes de que el calentamiento global no es una amenaza futura, sino una catástrofe en curso. El negacionismo de buena parte de la élite política estadounidense y la subordinación del Estado a los intereses de las grandes corporaciones generan un sentimiento de desesperanza creciente.
UNA DECISIÓN PERSONAL, UNA SEÑAL COLECTIVA
Irse no es solo una decisión personal. Es tambien una expresión política. Cuando miles de personas consideran migrar por razones que van más allá de lo económico, el mensaje es claro: el contrato social está roto. Como ocurrió en otros imperios en declive, las generaciones jóvenes están diciendo con sus pies lo que el sistema se niega a oír con los oídos.
Y aquí hay algo más de fondo. En un mundo donde el capitalismo global ha convertido hasta los afectos en mercancía y donde la vida se valora según su productividad, ¿qué queda para quien no encaja? Muchos jóvenes no están huyendo solo de un país. Están huyendo de un sistema que los explota, los vigila y los hace sentir prescindibles.
LA HISTORIA YA CONOCE ESTA MÚSICA
No es la primera vez que los jóvenes de un país se sienten extraños en su propia tierra. En los años 30, muchos jóvenes europeos emigraron para escapar del fascismo o de la pobreza. En los 70, miles de latinoamericanos cruzaban fronteras para huir de dictaduras. Pero hoy, en el corazón del capitalismo desarrollado, ese deseo de fuga no viene de la opresión directa, sino de un malestar más difuso, casi existencial.
La paradoja es amarga: Estados Unidos se construyó como un país de llegada, no de partida. Que su juventud esté dispuesta a irse no debería solo alarmar a sus líderes. Debería hacerles replantear el modelo entero.

























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