CÓMO EUROPA CONSTRUYÓ EL SUBDESARROLLO AFRICANO
¿Qué papel desempeñó Europa en la ruina de las economías africanas? ¿Por qué el desarrollo de unos fue, necesariamente, el subdesarrollo de otros?
Lejos de lo que podíamos imaginar, África no fue siempre pobre. Europa no fue siempre rica. La historia que explica esta diferencia no está escrita en los genes, sino en las decisiones humanas. Saqueos, esclavitud, colonialismo y destrucción cultural fueron los ingredientes de una receta que convirtió a un continente vibrante y pletórico de riquezas en una región marginada. África, pues, no nació pobre. Fue sistemáticamente empobrecida.”
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Si hoy el mapa del mundo nos muestra a Europa rica y poderosa, y a África arrinconada por la pobreza, no es porque el destino haya repartido mal las cartas. No es que unos nacieron con suerte y otros sin ella.
La desigualdad entre ambos continentes no es natural, ni inevitable, ni producto de una supuesta falta de talento africano. Es, más bien, una obra cuidadosamente diseñada. Y esa obra se llama colonialismo. Durante siglos, Europa no solo impidió el desarrollo africano, sino que trabajó con todo su peso para provocarle el subdesarrollo.
Lo hizo con una mezcla de violencia, explotación económica, imposiciones políticas y destrucción cultural. Este texto trata de explicar ese proceso, de forma sencilla y clara, porque entenderlo es una manera de hacer justicia con la historia.
ÁFRICA ANTES DE EUROPA: UNA HISTORIA BORRADA
Cuando pensamos en África antes de la llegada de los europeos, muchas veces imaginamos un continente estancado, sin historia, sin comercio, sin avances. Pero eso no es cierto. África tenía sus propios caminos de desarrollo.
Existían reinos como Mali, Songhai, Congo o Zimbabue que desarrollaron redes comerciales, sistemas políticos complejos, producción agrícola avanzada y ciudades organizadas.
En muchas regiones africanas, las relaciones sociales eran comunitarias, y el poder se distribuía en formas que nada tenían que ver con las monarquías absolutas europeas. No había una línea recta hacia un único tipo de “progreso”, pero sí había movimiento, había dinamismo. Y eso fue justamente lo que Europa interrumpió.
LA TRATA DE ESCLAVOS: UN SAQUEO DE CUERPOS Y FUTUROS
Entre los siglos XV y XIX, Europa organizó una de las mayores tragedias de la humanidad: la trata atlántica de esclavos.
Millones de personas fueron arrancadas de África y vendidas como mercancía en América. No solo se los esclavizó: se desangraron sus comunidades, se fracturaron sus estructuras familiares y se interrumpió su desarrollo interno.
Mientras Europa obtenía mano de obra gratuita para sus plantaciones y minas, África perdía generaciones enteras de jóvenes que podrían haber impulsado su propio crecimiento.
Para tratar de entenderlo mejor, imagine por un momento el lector una aldea donde cada vez que nace un niño fuerte y sano, viene alguien a llevárselo. Y así durante siglos. ¿Cómo puede crecer esa aldea? ¿Cómo puede desarrollarse, si sus hijos son arrancados de ella de forma sistemática?
EL COMERCIO INJUSTO: INTERCAMBIOS DESTRUCTIVOS
En el período precolonial, Europa impuso un tipo de comercio profundamente desigual. África proporcionaba materias primas (oro, marfil, aceite de palma, caucho, etc.), y a cambio recibía productos de escaso valor añadido, como telas baratas, alcohol o armas.
Pero además, ese comercio no se basaba en la lógica del beneficio mutuo, sino en el saqueo. Era un “intercambio” armado. Los europeos imponían sus condiciones, controlaban los puertos, manipulaban los precios. África no podía desarrollarse porque estaba atada a un modelo en el que producía para otros, no para sí misma.
EL COLONIALISMO: LA IMPOSICIÓN TOTAL
Desde finales del siglo XIX, las potencias europeas decidieron que ya no bastaba con comerciar desde fuera. Había que ocupar África por completo. La Conferencia de Berlín (1884-1885) repartió el continente como quien divide un pastel en una fiesta. Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, Portugal, Italia… todos querían su parte.
Pero el colonialismo no solo fue territorial. Fue también económico, político y cultural. Europa impuso sus idiomas, su sistema educativo, sus leyes. Las estructuras tradicionales africanas fueron desmanteladas o subordinadas a los intereses coloniales.
El objetivo no era mejorar África, sino ponerla al servicio del capital europeo. Las vías de tren no se construían para conectar regiones africanas entre sí, sino para llevar materias primas desde el interior hasta los puertos. Las escuelas enseñaban a obedecer, no a pensar. Y los trabajos disponibles eran casi todos manuales, subordinados y mal pagados.
LA EXPOLIACIÓN ECONÓMICA: ROBAR PARA ACUMULAR
Durante la colonización, Europa extrajo enormes riquezas del continente africano. No solo materias primas, sino también trabajo humano, tierras fértiles y recursos estratégicos. Todo esto se hacía con violencia, a través del trabajo forzado, los impuestos injustos y la confiscación de tierras. Las ganancias generadas no se reinvertían en África. Se repatriaban a Europa, donde financiaban industrias, bancos, infraestructuras y guerras. Así, el desarrollo europeo se alimentó directamente del subdesarrollo africano.
Un ejemplo ilustrativo es el Congo bajo dominio belga. Durante décadas, el rey Leopoldo II trató al país como su propiedad personal. Extrajo caucho y marfil con métodos brutales. Millones de congoleños murieron. Mientras tanto, Bélgica vivía un auge económico.
LA DESTRUCCIÓN CULTURAL: BORRAR PARA DOMINAR
Otro daño profundo fue la destrucción cultural. Europa impuso la idea de que lo africano era inferior: sus religiones, lenguas, costumbres. Se cerraron escuelas tradicionales, se prohibieron creencias, se ridiculizaron formas de vida. Esta desvalorización tenía un objetivo claro: debilitar la identidad africana para hacerla más fácil de dominar.
Cuando una persona no cree en sí misma, es más fácil hacerle creer que necesita al otro para gobernarse. Y así, generaciones enteras crecieron aprendiendo que sus culturas eran “atrasadas”, que lo europeo era “moderno” y que solo imitando al amo podrían avanzar.
EL SUBDESARROLLO COMO OBRA HUMANA
África no nació pobre. Fue empobrecida. Su subdesarrollo no es una etapa natural ni una falla interna, sino el resultado de un proceso histórico concreto: la explotación sistemática por parte de Europa. Cada una de las etapas de ese proceso —la trata, el comercio desigual, el colonialismo, la expropiación de recursos y la colonización mental— jugó un papel clave en impedir que África desarrollara su potencial.
Comprender esto no es un ejercicio de nostalgia. Es un acto de justicia histórica. Porque sin este pasado, no se puede entender el presente. Y sin entender el presente, no se puede transformar el futuro.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia y divulgador de temas relacionados con esa materia.
FUENTE CONSULTADA:
Rodney, Walter. "Cómo Europa subdesarrolló a África (1973)", Editorial Bogle-L’Ouverture.
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Si hoy el mapa del mundo nos muestra a Europa rica y poderosa, y a África arrinconada por la pobreza, no es porque el destino haya repartido mal las cartas. No es que unos nacieron con suerte y otros sin ella.
La desigualdad entre ambos continentes no es natural, ni inevitable, ni producto de una supuesta falta de talento africano. Es, más bien, una obra cuidadosamente diseñada. Y esa obra se llama colonialismo. Durante siglos, Europa no solo impidió el desarrollo africano, sino que trabajó con todo su peso para provocarle el subdesarrollo.
Lo hizo con una mezcla de violencia, explotación económica, imposiciones políticas y destrucción cultural. Este texto trata de explicar ese proceso, de forma sencilla y clara, porque entenderlo es una manera de hacer justicia con la historia.
ÁFRICA ANTES DE EUROPA: UNA HISTORIA BORRADA
Cuando pensamos en África antes de la llegada de los europeos, muchas veces imaginamos un continente estancado, sin historia, sin comercio, sin avances. Pero eso no es cierto. África tenía sus propios caminos de desarrollo.
Existían reinos como Mali, Songhai, Congo o Zimbabue que desarrollaron redes comerciales, sistemas políticos complejos, producción agrícola avanzada y ciudades organizadas.
En muchas regiones africanas, las relaciones sociales eran comunitarias, y el poder se distribuía en formas que nada tenían que ver con las monarquías absolutas europeas. No había una línea recta hacia un único tipo de “progreso”, pero sí había movimiento, había dinamismo. Y eso fue justamente lo que Europa interrumpió.
LA TRATA DE ESCLAVOS: UN SAQUEO DE CUERPOS Y FUTUROS
Entre los siglos XV y XIX, Europa organizó una de las mayores tragedias de la humanidad: la trata atlántica de esclavos.
Millones de personas fueron arrancadas de África y vendidas como mercancía en América. No solo se los esclavizó: se desangraron sus comunidades, se fracturaron sus estructuras familiares y se interrumpió su desarrollo interno.
Mientras Europa obtenía mano de obra gratuita para sus plantaciones y minas, África perdía generaciones enteras de jóvenes que podrían haber impulsado su propio crecimiento.
Para tratar de entenderlo mejor, imagine por un momento el lector una aldea donde cada vez que nace un niño fuerte y sano, viene alguien a llevárselo. Y así durante siglos. ¿Cómo puede crecer esa aldea? ¿Cómo puede desarrollarse, si sus hijos son arrancados de ella de forma sistemática?
EL COMERCIO INJUSTO: INTERCAMBIOS DESTRUCTIVOS
En el período precolonial, Europa impuso un tipo de comercio profundamente desigual. África proporcionaba materias primas (oro, marfil, aceite de palma, caucho, etc.), y a cambio recibía productos de escaso valor añadido, como telas baratas, alcohol o armas.
Pero además, ese comercio no se basaba en la lógica del beneficio mutuo, sino en el saqueo. Era un “intercambio” armado. Los europeos imponían sus condiciones, controlaban los puertos, manipulaban los precios. África no podía desarrollarse porque estaba atada a un modelo en el que producía para otros, no para sí misma.
EL COLONIALISMO: LA IMPOSICIÓN TOTAL
Desde finales del siglo XIX, las potencias europeas decidieron que ya no bastaba con comerciar desde fuera. Había que ocupar África por completo. La Conferencia de Berlín (1884-1885) repartió el continente como quien divide un pastel en una fiesta. Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, Portugal, Italia… todos querían su parte.
Pero el colonialismo no solo fue territorial. Fue también económico, político y cultural. Europa impuso sus idiomas, su sistema educativo, sus leyes. Las estructuras tradicionales africanas fueron desmanteladas o subordinadas a los intereses coloniales.
El objetivo no era mejorar África, sino ponerla al servicio del capital europeo. Las vías de tren no se construían para conectar regiones africanas entre sí, sino para llevar materias primas desde el interior hasta los puertos. Las escuelas enseñaban a obedecer, no a pensar. Y los trabajos disponibles eran casi todos manuales, subordinados y mal pagados.
LA EXPOLIACIÓN ECONÓMICA: ROBAR PARA ACUMULAR
Durante la colonización, Europa extrajo enormes riquezas del continente africano. No solo materias primas, sino también trabajo humano, tierras fértiles y recursos estratégicos. Todo esto se hacía con violencia, a través del trabajo forzado, los impuestos injustos y la confiscación de tierras. Las ganancias generadas no se reinvertían en África. Se repatriaban a Europa, donde financiaban industrias, bancos, infraestructuras y guerras. Así, el desarrollo europeo se alimentó directamente del subdesarrollo africano.
Un ejemplo ilustrativo es el Congo bajo dominio belga. Durante décadas, el rey Leopoldo II trató al país como su propiedad personal. Extrajo caucho y marfil con métodos brutales. Millones de congoleños murieron. Mientras tanto, Bélgica vivía un auge económico.
LA DESTRUCCIÓN CULTURAL: BORRAR PARA DOMINAR
Otro daño profundo fue la destrucción cultural. Europa impuso la idea de que lo africano era inferior: sus religiones, lenguas, costumbres. Se cerraron escuelas tradicionales, se prohibieron creencias, se ridiculizaron formas de vida. Esta desvalorización tenía un objetivo claro: debilitar la identidad africana para hacerla más fácil de dominar.
Cuando una persona no cree en sí misma, es más fácil hacerle creer que necesita al otro para gobernarse. Y así, generaciones enteras crecieron aprendiendo que sus culturas eran “atrasadas”, que lo europeo era “moderno” y que solo imitando al amo podrían avanzar.
EL SUBDESARROLLO COMO OBRA HUMANA
África no nació pobre. Fue empobrecida. Su subdesarrollo no es una etapa natural ni una falla interna, sino el resultado de un proceso histórico concreto: la explotación sistemática por parte de Europa. Cada una de las etapas de ese proceso —la trata, el comercio desigual, el colonialismo, la expropiación de recursos y la colonización mental— jugó un papel clave en impedir que África desarrollara su potencial.
Comprender esto no es un ejercicio de nostalgia. Es un acto de justicia histórica. Porque sin este pasado, no se puede entender el presente. Y sin entender el presente, no se puede transformar el futuro.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia y divulgador de temas relacionados con esa materia.
FUENTE CONSULTADA:
Rodney, Walter. "Cómo Europa subdesarrolló a África (1973)", Editorial Bogle-L’Ouverture.

























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