VENEZUELA TRAS LA AGRESIÓN IMPERIALISTA: DE LA INDIGNACIÓN Y EL SHOCK A LA CLAUDICACIÓN (VÍDEO)
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, "pide perdón" a los "presos políticos"
Tras la intervención militar de Estados Unidos del 3 de enero, Venezuela ha entrado en una fase inédita. La reforma de la Ley de Hidrocarburos que abre las puertas al capital extranjero, la amnistía a responsables de episodios criminales y violentos y el desmontaje del control de precios, marcan un giro político sin precedentes. Ante estos cambios, una parte importante de la izquierda —nacional e internacional— parece sumida en un hermético silencio, incapaz de asumir o interpretar una realidad que contradice radicalmente los principios y el relato que han sostenido durante años los dirigentes del proceso bolivariano.
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Venezuela amaneció muy distinta tras la agresión imperialista del pasado 3 de enero. De manera descarnada, Estados Unidos volvió a poner de manifiesto su naturaleza mediante una operación militar que se saldó con la muerte de más de un centenar de personas, entre venezolanos y cubanos, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.
La reacción inicial, dentro y fuera del país, fue de una inmensa indignación y rechazo, pero también de enorme expectación. Era inevitable preguntarse qué podría suceder a continuación. ¿Cómo respondería un proceso político que había construido buena parte de su legitimidad sobre la promesa de no arrodillarse jamás ante el Imperio del Norte?
Las declaraciones de Donald Trump fueron tan brutales como transparentes. Sin ningun tipo de rodeos, afirmó que estaba preparado para tomar el control de la situación y para quedarse con el petróleo venezolano (sic).
Frente a ello, Delcy Rodríguez, como nueva presidenta encargada, declaró en un primer momento que Venezuela solo estaba regida por el Gobierno bolivariano. Sin embargo, casi de inmediato este discurso, que continuaba apelando a la soberanía, comenzó a ser desmentido por los hechos y por sus decisiones políticas.
DE LAS DECLARACIONES A LA CONCILIACIÓN CON EL IMPERIO
![[Img #89674]](https://canarias-semanal.org/upload/images/02_2026/936_cia.jpg)
Delcy Rodríguez con el director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas
Tras sus primeras declaraciones, el tono del nuevo gobierno fue mutando rápidamente. A la retórica de soberanía le siguió una alarmante actitud conciliadora hacia el agresor. No se produjo una ruptura de relaciones, ni otras medidas acordes con la gravedad del ataque sufrido. Por el contrario, se habló de calma, de prudencia y de “normalidad”.
Mientras el presidente del país permanecía secuestrado en una prisión estadounidense, comenzaron a reabrirse canales de diálogo y cooperación con el mismo Estado que había ejecutado la brutal agresión.
Representantes del aparato político y diplomático de Estados Unidos, como el mismísimo director de la CIA, John Ratcliffe, o la encargada de negocios de Donald Trump para la “transición” en Venezuela, Laura Dogu, fueron recibidos en Caracas por Delcy Rodríguez, en un clima de absoluta “normalidad” institucional.
Ese giro no se quedó solamente en el plano diplomático. Pronto se tradujo en decisiones internas de enorme calado.
![[Img #89675]](https://canarias-semanal.org/upload/images/02_2026/2378_dodut.png)
Delcy Rodríguez con Laura Dogu, la nueva encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, en el Palacio de Miraflores
LA REFORMA DE LA LEY DE HIDROCARBUROS: EL CORAZÓN DEL GIRO PRIVATIZADOR
De manera pasmosamente fulminante, una de las primeras y más decisivas medidas fue la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Bajo el argumento de la crisis económica, las sanciones y la necesidad de atraer inversión, el gobierno de Delcy Rodríguez impulsó una modificación que abre el sector petrolero al capital privado extranjero.
En la práctica, esta reforma reduce el control efectivo del Estado sobre el principal recurso estratégico del país. Aunque la propiedad formal del petróleo siga siendo pública, se permite que empresas transnacionales gestionen directamente actividades clave de exploración, producción y comercialización, con contratos opacos y "garantías jurídicas" que favorecen claramente al capital extranjero.
"El Partido Comunista, pero también veteranos chavistas como Luis Britto García, han denunciado que la reforma de la Ley de Hidrocarburos posibilita una privatización de la industria y vulnera la Constitución bolivariana"
El Partido Comunista de Venezuela, pero también veteranos chavistas que no han dejado de apoyar al gobierno bolivariano -aunque sin obviar las críticas- como el intelectual Luis Britto García, han denunciado que esta reforma "posibilita una progresiva privatización de la industria" (*) y supone una vulneración directa de la Constitución bolivariana.
No se trata de un ajuste técnico, sino de un cambio estructural que afecta a la soberanía económica y política del país.
En resumen, es una “reforma” que encaja perfectamente con las exigencias de Donald Trump para que las petroleras estadounidenses puedan enriquecerse a manos llenas con el petróleo venezolano.
LA LEY DE AMNISTÍA: DE LA JUSTICIA A LA CAPITULACIÓN MORAL
Otra decisión clave ha sido la aprobación de una Ley de Amnistía que dejará en libertad a responsables de asesinatos, sabotajes y otros actos de violencia cometidos durante las llamadas “guarimbas”, así como de reiterados intentos golpistas.
Una medida reclamada por la oposición como “premio de consolación” tras el rechazo de Trump a apoyar un gobierno encabezado por María Corina Machado.
Según se veía obligado a reconocer el conocido vocero oficioso del Gobierno Mario Silva, en su programa “Al filo de la Medianoche”, algunos de los beneficiarios de esta amnistía – que pese a todo también es apoyada al menos públicamente por Silva - son responsables de 19 muertos durante el golpe de estado y el golpe petrolero de 2002, 43 muertos durante las "guarimbas" de 2014, relacionadas con el plan "La Salida", 160 muertos en el contexto de los planes insurreccionales de 2017 y 28 muertos registrados en el año 2024 (**).
"La Ley de Amnistía dejará en libertad a responsables de asesinatos, sabotajes y otros actos de violencia cometidos durante las “guarimbas” y otro intentos golpistas"
Por si ello no fuera suficientemente grave, la Ley de Amnistía ha venido acompañada de un giro discursivo cargado de una potente capacidad de desmoralización y desmovilización para los sectores del chavismo próximos al Gobierno que aún pudieran plantear algún tipo de resistencia a las imposiciones de Washington.
Según afirmaba la pasada semana el presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada, Jorge Rodríguez, el chavismo “debe pedir perdón” por haber encarcelado a los hoy amnistiados y “perdonar” también sus acciones.
Con ello, se invierte la responsabilidad histórica: quienes promovieron la violencia, pasan a ser víctimas, y el Estado que defendió el orden constitucional se reconoce como “culpable”.
En estos términos, resulta evidente que la amnistía no contribuye a ningún tipo de “reconciliación nacional”, sino que desarma moralmente al campo popular, envía un mensaje de impunidad y legitima retrospectivamente la estrategia violenta de la oposición más reaccionaria.
FIN DEL CONTROL DE PRECIOS: OTRO GOLPE SILENCIOSO A LOS VENEZOLANOS
A estas medidas se sumó otra, menos visible mediáticamente pero de enorme impacto cotidiano. La eliminación de los controles de precios máximos sobre bienes esenciales. En nombre de la “normalización económica”, ahora se permitirá que sean las libérrimas leyes del mercado las que fijen los precios en un contexto de salarios pulverizados y desigualdad extrema.
El resultado inmediato es conocido. Encarecimiento de productos básicos, deterioro acelerado de las condiciones de vida y transferencia de recursos desde los sectores populares hacia comerciantes y grandes actores económicos.
Esta decisión marca un abandono explícito de una política esencial de protección social y acerca aún más el modelo económico venezolano a recetas abiertamente neoliberales.
SIN PETRÓLEO PARA CUBA: UN ABANDONO QUE NADIE MENCIONA
Entre todas estas decisiones hay una que destaca por su gravedad y, al mismo tiempo, por el hermético silencio oficial que la ha rodeado. Todo el mundo sabe, aunque muy pocos en la izquierda internacional se atrevan a decirlo en voz alta, que Venezuela ha dejado de suministrar petróleo a Cuba. Y lo ha hecho en el peor momento posible.
Cuba atraviesa una situación de emergencia agravada por una suerte de rebloqueo criminal de Estados Unidos y, en particular, por el cerco al suministro petrolero, que afecta directamente al transporte, la producción de alimentos y la vida cotidiana de la población.
"Todo el mundo sabe, aunque muy pocos se atrevan a decirlo en voz alta, que Venezuela ha dejado de suministrar petróleo a Cuba en el peor momento posible"
De esta forma, asistimos a la sangrante paradoja de que el Gobierno de Delcy Rodríguez parece dispuesto a desentenderse de la situación extrema que vive el pueblo cubano, después de que éste sacrificara las vidas de 32 de sus ciudadanos que se inmolaron para proteger al presidente Maduro.
La pregunta que obliga a realizarse esta evidencia es inevitable. ¿Gobierna realmente en Venezuela Delcy Rodríguez? Y, en tal caso, ¿dejar sin petróleo a Cuba, es una decisión soberana? O, por el contrario, resulta preciso reconocer que el Ejecutivo “encargado” es plenamente rehén de las exigencias de Donald Trump.
EL SILENCIO DE LA IZQUIERDA: SHOCK, MIEDO Y DEFORMACIÓN POLÍTICA
Frente a la dura y cruda evolución de los acontecimientos en Venezuela, tras la intervención militar de los Estados Unidos, no es posible pasar por alto el atronador silencio de una buena parte de la izquierda mundial y, en particular, de la mayoría de los medios de comunicación alternativos, cuya obligación no es otra que informar de manera fidedigna y ofrecer herramientas para el análisis crítico y racional a sus lectores, televidentes o escuchantes.
Este silencio, sin embargo, tiene múltiples causas que es preciso entender y ponderar adecuadamente.
Por un lado, la necesidad de defender los procesos políticos enfrentados al imperialismo, no solo de los bloqueos económicos y diplomáticos, sino también de las campañas mediáticas orquestadas por los mass media, ha ido generando a lo largo de los años, como “daño colateral”, el entumecimiento de la capacidad crítica y de análisis incluso entre los sectores que objetivamente más deberían desarrollar este tipo de competencias.
Bajo los ataques brutales del imperialismo, se ha ido instalando la idea de que criticar desde dentro los procesos, aunque fuera desde posiciones revolucionarias y de forma responsable, equivalía a “darle armas al enemigo”.
Esa tendencia a callar, a asumir que el apoyo debe ser sinónimo de asunción acrítica de todos los discursos oficiales y de la propaganda institucional, no carece de razones justificatorias en escenarios de confrontación en los que es la propia supervivencia lo que se encuentra en juego.
Sin embargo, la historia ya se ha encargado de demostrar –con experiencias tan dramáticas como la demolición de la URSS por parte de los burócratas que se apropiaron del aparato del Estado-, que cuando se sustituye el análisis por la obediencia se está desarmando políticamente a los pueblos y a los militantes revolucionarios.
La establecida creencia en que “los dirigentes siempre saben lo que hacen”, y que hay que confiar en ellos aunque actúen flagrantemente en contra de lo que habían propugnado verbalmente, está siendo un factor fundamental en la reacción mayoritaria de la izquierda frente a las políticas que ha ido implementando el gobierno de Delcy Rodríguez.
La incapacidad emocional para aceptar una realidad extremadamente dura para quienes habían depositado muchas de sus esperanzas en el proyecto bolivariano, es otro factor que tampoco se puede desdeñar y que explicaría, en parte, el silencio anonadado con el que se reciben las terribles noticias que nos llegan desde Venezuela.
LA EXCUSA DE LA “PISTOLA EN LA CABEZA” Y LA PREMISA DE LA DERROTA
Como última justificación de quienes, aun reconociendo su incomodidad ante medidas como la contrarreforma de la Ley de hidrocarburos, la Ley de amnistía o el desmontaje de políticas sociales, se resisten a formular una crítica abierta, se ha extendido la idea de que “el gobierno venezolano no tiene alternativa”. Se afirma que el ejecutivo de Delcy Rodríguez actúa con “una pistola en la sien” y que, por tanto, habría que aceptar cualquier decisión como "un mal menor", confiando ciegamente en que se trataría de retrocesos tácticos destinados a ganar tiempo hasta una supuesta mejora de la correlación de fuerzas.
Esta justificación se sostiene, en realidad, sobre una premisa previa de claudicación y derrota. Parte de la creencia —profundamente idealista— de que podría existir algún tipo de proyecto político de emancipación que no exigiera confrontación, sacrificios y resistencia. Un camino en el que la soberanía pudiera regalarse sin consecuencias y la moral política pudiera ser erosionada sin costes y sin afectar a la capacidad futura de reacción popular.
Ante la cruda constatación de que la dirigencia bolivariana, contrariamente a lo que había afirmado, no había preparado a sus bases para la resistencia popular, o no se atreve a liderarla, se reformula incluso el propio discurso que sostenían hasta un día antes de la intervención militar yanqui del 3 de enero.
No solo Hugo Chávez habló explícitamente de convertir a Venezuela en “un nuevo Vietnam” si era atacada. El propio Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y los principales voceros del gobierno repitieron durante años que cualquier agresión imperial encontraría una resistencia feroz, organizada y dispuesta a asumir cualquier tipo de consecuencia.
Lo cierto es que que no existe proceso político que haya intentado recuperar soberanía —siquiera parcialmente— que no haya vivido bajo amenaza y agresión extrema. Vietnam la tuvo y Cuba la ha tenido durante más de seis décadas y la continúa teniendo.
La revolución cubana fue empujada en 1962 al borde mismo de la destrucción nuclear y hoy sigue cercada por un bloqueo criminal que la coloca en condiciones materiales infinitamente más duras que las que actualmente sufre Venezuela. Y, sin embargo, existe precisamente porque no se rindió. Porque entendió que sin resistencia no hay emancipación posible y que no se puede claudicar ni en la soberanía, ni en los principios, ni en la moral colectiva, y pretender luego “recuperar ese terreno”.
Lo que hoy se presenta como realismo para Venezuela no puede servir como táctica para “acumular fuerzas” como de forma ilusa algunos quieren creer. Desmoviliza, desarma y deja al pueblo, que tanto ha sacrificado, sin herramientas políticas para defenderse.
Notas:
(*) Ley Orgánica de Hidrocarburos. Luis Britto García.
(**) Resumen Al Filo de la Medianoche 09 de Febrero de 2026
VÍDEO RELACIONADO:
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Venezuela amaneció muy distinta tras la agresión imperialista del pasado 3 de enero. De manera descarnada, Estados Unidos volvió a poner de manifiesto su naturaleza mediante una operación militar que se saldó con la muerte de más de un centenar de personas, entre venezolanos y cubanos, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.
La reacción inicial, dentro y fuera del país, fue de una inmensa indignación y rechazo, pero también de enorme expectación. Era inevitable preguntarse qué podría suceder a continuación. ¿Cómo respondería un proceso político que había construido buena parte de su legitimidad sobre la promesa de no arrodillarse jamás ante el Imperio del Norte?
Las declaraciones de Donald Trump fueron tan brutales como transparentes. Sin ningun tipo de rodeos, afirmó que estaba preparado para tomar el control de la situación y para quedarse con el petróleo venezolano (sic).
Frente a ello, Delcy Rodríguez, como nueva presidenta encargada, declaró en un primer momento que Venezuela solo estaba regida por el Gobierno bolivariano. Sin embargo, casi de inmediato este discurso, que continuaba apelando a la soberanía, comenzó a ser desmentido por los hechos y por sus decisiones políticas.
DE LAS DECLARACIONES A LA CONCILIACIÓN CON EL IMPERIO
![[Img #89674]](https://canarias-semanal.org/upload/images/02_2026/936_cia.jpg)
Delcy Rodríguez con el director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas
Tras sus primeras declaraciones, el tono del nuevo gobierno fue mutando rápidamente. A la retórica de soberanía le siguió una alarmante actitud conciliadora hacia el agresor. No se produjo una ruptura de relaciones, ni otras medidas acordes con la gravedad del ataque sufrido. Por el contrario, se habló de calma, de prudencia y de “normalidad”.
Mientras el presidente del país permanecía secuestrado en una prisión estadounidense, comenzaron a reabrirse canales de diálogo y cooperación con el mismo Estado que había ejecutado la brutal agresión.
Representantes del aparato político y diplomático de Estados Unidos, como el mismísimo director de la CIA, John Ratcliffe, o la encargada de negocios de Donald Trump para la “transición” en Venezuela, Laura Dogu, fueron recibidos en Caracas por Delcy Rodríguez, en un clima de absoluta “normalidad” institucional.
Ese giro no se quedó solamente en el plano diplomático. Pronto se tradujo en decisiones internas de enorme calado.
![[Img #89675]](https://canarias-semanal.org/upload/images/02_2026/2378_dodut.png)
Delcy Rodríguez con Laura Dogu, la nueva encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, en el Palacio de Miraflores
LA REFORMA DE LA LEY DE HIDROCARBUROS: EL CORAZÓN DEL GIRO PRIVATIZADOR
De manera pasmosamente fulminante, una de las primeras y más decisivas medidas fue la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Bajo el argumento de la crisis económica, las sanciones y la necesidad de atraer inversión, el gobierno de Delcy Rodríguez impulsó una modificación que abre el sector petrolero al capital privado extranjero.
En la práctica, esta reforma reduce el control efectivo del Estado sobre el principal recurso estratégico del país. Aunque la propiedad formal del petróleo siga siendo pública, se permite que empresas transnacionales gestionen directamente actividades clave de exploración, producción y comercialización, con contratos opacos y "garantías jurídicas" que favorecen claramente al capital extranjero.
"El Partido Comunista, pero también veteranos chavistas como Luis Britto García, han denunciado que la reforma de la Ley de Hidrocarburos posibilita una privatización de la industria y vulnera la Constitución bolivariana"
El Partido Comunista de Venezuela, pero también veteranos chavistas que no han dejado de apoyar al gobierno bolivariano -aunque sin obviar las críticas- como el intelectual Luis Britto García, han denunciado que esta reforma "posibilita una progresiva privatización de la industria" (*) y supone una vulneración directa de la Constitución bolivariana.
No se trata de un ajuste técnico, sino de un cambio estructural que afecta a la soberanía económica y política del país.
En resumen, es una “reforma” que encaja perfectamente con las exigencias de Donald Trump para que las petroleras estadounidenses puedan enriquecerse a manos llenas con el petróleo venezolano.
LA LEY DE AMNISTÍA: DE LA JUSTICIA A LA CAPITULACIÓN MORAL
Otra decisión clave ha sido la aprobación de una Ley de Amnistía que dejará en libertad a responsables de asesinatos, sabotajes y otros actos de violencia cometidos durante las llamadas “guarimbas”, así como de reiterados intentos golpistas.
Una medida reclamada por la oposición como “premio de consolación” tras el rechazo de Trump a apoyar un gobierno encabezado por María Corina Machado.
Según se veía obligado a reconocer el conocido vocero oficioso del Gobierno Mario Silva, en su programa “Al filo de la Medianoche”, algunos de los beneficiarios de esta amnistía – que pese a todo también es apoyada al menos públicamente por Silva - son responsables de 19 muertos durante el golpe de estado y el golpe petrolero de 2002, 43 muertos durante las "guarimbas" de 2014, relacionadas con el plan "La Salida", 160 muertos en el contexto de los planes insurreccionales de 2017 y 28 muertos registrados en el año 2024 (**).
"La Ley de Amnistía dejará en libertad a responsables de asesinatos, sabotajes y otros actos de violencia cometidos durante las “guarimbas” y otro intentos golpistas"
Por si ello no fuera suficientemente grave, la Ley de Amnistía ha venido acompañada de un giro discursivo cargado de una potente capacidad de desmoralización y desmovilización para los sectores del chavismo próximos al Gobierno que aún pudieran plantear algún tipo de resistencia a las imposiciones de Washington.
Según afirmaba la pasada semana el presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada, Jorge Rodríguez, el chavismo “debe pedir perdón” por haber encarcelado a los hoy amnistiados y “perdonar” también sus acciones.
Con ello, se invierte la responsabilidad histórica: quienes promovieron la violencia, pasan a ser víctimas, y el Estado que defendió el orden constitucional se reconoce como “culpable”.
En estos términos, resulta evidente que la amnistía no contribuye a ningún tipo de “reconciliación nacional”, sino que desarma moralmente al campo popular, envía un mensaje de impunidad y legitima retrospectivamente la estrategia violenta de la oposición más reaccionaria.
FIN DEL CONTROL DE PRECIOS: OTRO GOLPE SILENCIOSO A LOS VENEZOLANOS
A estas medidas se sumó otra, menos visible mediáticamente pero de enorme impacto cotidiano. La eliminación de los controles de precios máximos sobre bienes esenciales. En nombre de la “normalización económica”, ahora se permitirá que sean las libérrimas leyes del mercado las que fijen los precios en un contexto de salarios pulverizados y desigualdad extrema.
El resultado inmediato es conocido. Encarecimiento de productos básicos, deterioro acelerado de las condiciones de vida y transferencia de recursos desde los sectores populares hacia comerciantes y grandes actores económicos.
Esta decisión marca un abandono explícito de una política esencial de protección social y acerca aún más el modelo económico venezolano a recetas abiertamente neoliberales.
SIN PETRÓLEO PARA CUBA: UN ABANDONO QUE NADIE MENCIONA
Entre todas estas decisiones hay una que destaca por su gravedad y, al mismo tiempo, por el hermético silencio oficial que la ha rodeado. Todo el mundo sabe, aunque muy pocos en la izquierda internacional se atrevan a decirlo en voz alta, que Venezuela ha dejado de suministrar petróleo a Cuba. Y lo ha hecho en el peor momento posible.
Cuba atraviesa una situación de emergencia agravada por una suerte de rebloqueo criminal de Estados Unidos y, en particular, por el cerco al suministro petrolero, que afecta directamente al transporte, la producción de alimentos y la vida cotidiana de la población.
"Todo el mundo sabe, aunque muy pocos se atrevan a decirlo en voz alta, que Venezuela ha dejado de suministrar petróleo a Cuba en el peor momento posible"
De esta forma, asistimos a la sangrante paradoja de que el Gobierno de Delcy Rodríguez parece dispuesto a desentenderse de la situación extrema que vive el pueblo cubano, después de que éste sacrificara las vidas de 32 de sus ciudadanos que se inmolaron para proteger al presidente Maduro.
La pregunta que obliga a realizarse esta evidencia es inevitable. ¿Gobierna realmente en Venezuela Delcy Rodríguez? Y, en tal caso, ¿dejar sin petróleo a Cuba, es una decisión soberana? O, por el contrario, resulta preciso reconocer que el Ejecutivo “encargado” es plenamente rehén de las exigencias de Donald Trump.
EL SILENCIO DE LA IZQUIERDA: SHOCK, MIEDO Y DEFORMACIÓN POLÍTICA
Frente a la dura y cruda evolución de los acontecimientos en Venezuela, tras la intervención militar de los Estados Unidos, no es posible pasar por alto el atronador silencio de una buena parte de la izquierda mundial y, en particular, de la mayoría de los medios de comunicación alternativos, cuya obligación no es otra que informar de manera fidedigna y ofrecer herramientas para el análisis crítico y racional a sus lectores, televidentes o escuchantes.
Este silencio, sin embargo, tiene múltiples causas que es preciso entender y ponderar adecuadamente.
Por un lado, la necesidad de defender los procesos políticos enfrentados al imperialismo, no solo de los bloqueos económicos y diplomáticos, sino también de las campañas mediáticas orquestadas por los mass media, ha ido generando a lo largo de los años, como “daño colateral”, el entumecimiento de la capacidad crítica y de análisis incluso entre los sectores que objetivamente más deberían desarrollar este tipo de competencias.
Bajo los ataques brutales del imperialismo, se ha ido instalando la idea de que criticar desde dentro los procesos, aunque fuera desde posiciones revolucionarias y de forma responsable, equivalía a “darle armas al enemigo”.
Esa tendencia a callar, a asumir que el apoyo debe ser sinónimo de asunción acrítica de todos los discursos oficiales y de la propaganda institucional, no carece de razones justificatorias en escenarios de confrontación en los que es la propia supervivencia lo que se encuentra en juego.
Sin embargo, la historia ya se ha encargado de demostrar –con experiencias tan dramáticas como la demolición de la URSS por parte de los burócratas que se apropiaron del aparato del Estado-, que cuando se sustituye el análisis por la obediencia se está desarmando políticamente a los pueblos y a los militantes revolucionarios.
La establecida creencia en que “los dirigentes siempre saben lo que hacen”, y que hay que confiar en ellos aunque actúen flagrantemente en contra de lo que habían propugnado verbalmente, está siendo un factor fundamental en la reacción mayoritaria de la izquierda frente a las políticas que ha ido implementando el gobierno de Delcy Rodríguez.
La incapacidad emocional para aceptar una realidad extremadamente dura para quienes habían depositado muchas de sus esperanzas en el proyecto bolivariano, es otro factor que tampoco se puede desdeñar y que explicaría, en parte, el silencio anonadado con el que se reciben las terribles noticias que nos llegan desde Venezuela.
LA EXCUSA DE LA “PISTOLA EN LA CABEZA” Y LA PREMISA DE LA DERROTA
Como última justificación de quienes, aun reconociendo su incomodidad ante medidas como la contrarreforma de la Ley de hidrocarburos, la Ley de amnistía o el desmontaje de políticas sociales, se resisten a formular una crítica abierta, se ha extendido la idea de que “el gobierno venezolano no tiene alternativa”. Se afirma que el ejecutivo de Delcy Rodríguez actúa con “una pistola en la sien” y que, por tanto, habría que aceptar cualquier decisión como "un mal menor", confiando ciegamente en que se trataría de retrocesos tácticos destinados a ganar tiempo hasta una supuesta mejora de la correlación de fuerzas.
Esta justificación se sostiene, en realidad, sobre una premisa previa de claudicación y derrota. Parte de la creencia —profundamente idealista— de que podría existir algún tipo de proyecto político de emancipación que no exigiera confrontación, sacrificios y resistencia. Un camino en el que la soberanía pudiera regalarse sin consecuencias y la moral política pudiera ser erosionada sin costes y sin afectar a la capacidad futura de reacción popular.
Ante la cruda constatación de que la dirigencia bolivariana, contrariamente a lo que había afirmado, no había preparado a sus bases para la resistencia popular, o no se atreve a liderarla, se reformula incluso el propio discurso que sostenían hasta un día antes de la intervención militar yanqui del 3 de enero.
No solo Hugo Chávez habló explícitamente de convertir a Venezuela en “un nuevo Vietnam” si era atacada. El propio Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y los principales voceros del gobierno repitieron durante años que cualquier agresión imperial encontraría una resistencia feroz, organizada y dispuesta a asumir cualquier tipo de consecuencia.
Lo cierto es que que no existe proceso político que haya intentado recuperar soberanía —siquiera parcialmente— que no haya vivido bajo amenaza y agresión extrema. Vietnam la tuvo y Cuba la ha tenido durante más de seis décadas y la continúa teniendo.
La revolución cubana fue empujada en 1962 al borde mismo de la destrucción nuclear y hoy sigue cercada por un bloqueo criminal que la coloca en condiciones materiales infinitamente más duras que las que actualmente sufre Venezuela. Y, sin embargo, existe precisamente porque no se rindió. Porque entendió que sin resistencia no hay emancipación posible y que no se puede claudicar ni en la soberanía, ni en los principios, ni en la moral colectiva, y pretender luego “recuperar ese terreno”.
Lo que hoy se presenta como realismo para Venezuela no puede servir como táctica para “acumular fuerzas” como de forma ilusa algunos quieren creer. Desmoviliza, desarma y deja al pueblo, que tanto ha sacrificado, sin herramientas políticas para defenderse.
Notas:
(*) Ley Orgánica de Hidrocarburos. Luis Britto García.
(**) Resumen Al Filo de la Medianoche 09 de Febrero de 2026
VÍDEO RELACIONADO:




























Joan | Martes, 10 de Febrero de 2026 a las 11:18:00 horas
Privatizar el petróleo y amnistiar golpistas no es forma de defender la revolución. Puede que estén defendiendo sus puestos en el gobierno pero eso no tiene nada que ver con el legado de Chávez que están entregando a Trump
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