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Miércoles, 21 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

UN EMPERADOR SIN MAPA, QUE PONE EN PELIGRO LA EXISTENCIA DE LA ESPECIE

¿Cuántas veces tendrá que equivocarse el bufón que dirije el planeta Tierra para que nos decidamos a decir basta?

Trump ya no es un accidente. Es una severa advertencia para cada uno de nosotros . Su segundo mandato no es una repetición, es un auténtico disparate . Un mundo gobernado por la desinformación, el odio y el show necesita mucho más que votos para defenderse: necesita memoria, organización y mucho coraje.

 

EDITORIAL

 

        Un país con más ojivas nucleares que universidades. Un hombre con más frases incendiarias que ideas. Un sillón oval, y sentado en él, otra vez, un rostro conocido: Donald Trump.  El mismo que hace apenas unas horas en la Conferencia de Davos, confundió a Groenlandia con Islandia,  llamando “hermosas” a las gafas de un mandatario europeo (Macron), mientras se despelotaba públicamente del ojo severamente hinchado que trataban de ocultar. Ese hombre, militarmente poderoso, desde hace un año está gobernando nuevamente el planeta.  

 

     La historia, como  es sabido, tiene humor negro. En algún momento, en el curso de su primera legislatura,  se pensó que Trump había sido una suerte de  accidente, un desgraciado desliz del sistema, llegaron a considerarlo algunas condescendientes personalidades. Pero todo parece estar indicando ahora que el sistema no tropieza: se adapta. Y el capitalismo, cuando entra en crisis,- ha ya ocurrido otras veces en nuestra historia reciente -,  no llama a los bomberos, llama a los bufones. Pero no a los bufones que hacen reír, sino a aquellos que nos hacen temblar.

 

   El segundo mandato de Donald Trump no está siendo una mera repetición. Es una venganza. La de un hombre que fue expulsado del escenario, pero que volvió con la misma rabia con la que un niño frustrado patea su propio castillo de arena. Solo que este niño tiene drones, sanciones, fronteras y fanáticos armados.

 

UN GOBIERNO A GOLPES DE TUITS Y DE RIFLE

    Trump no necesita ideas. Le basta con tener enemigos. En su lista: la prensa, el fantasma de los comunistas,  los inmigrantes, los científicos, los sindicatos, los que dudan, los que piensan, o los que no aplauden lo suficiente. Cada mañana el primer mandatario del  país todavía  más poderoso del planeta se levanta y elige un nuevo culpable. Y cada noche, millones lo celebran como si el odio fuera una fiesta nacional.

 

    Durante su primer mandato ya aprendimos a saber de quién se trataba. Pero en este segundo asalto ya no hay disimulo. Ya no se presenta como un outsider. Ahora es el dueño del Casino. Y juega con fichas que no le pertenecen: derechos, vidas, países enteros. Todo es un juego para él, salvo su ego.

 

    Mientras el mundo discute si China supera a Estados Unidos, Trump decide si se retira de la ONU, si invade Irán o si le pone un muro a la Luna, o arrasa militarmente Minneapolis  Lo hace con la seriedad de quien elige corbata en el espejo: lo importante no es el contenido, es el impacto. Las bombas son como los trending topics: mejor si explotan.

 

EL CIRCO DEL IMPERIO

    Los medios lo siguen cubriendo como si fuera una novedad. Como si la brutalidad se convirtiera en menos peligrosa si fuera presentada con un toque de humor o de espectáculo. Pero la verdad es que no hay nada gracioso en un hombre que considera que un “trozo de hielo frío y mal ubicado” (así llamó a Islandia... confundiéndola con Groenlandia) puede ser parte de su patrimonio personal.

 

   Este no es solo un presidente con mala geografía. Es un líder con una pésima historia. Uno que ignora el pasado, desprecia el presente y apuesta por un futuro hecho a medida del privilegio blanco, del capital enloquecido y el poder sin límites. Un emperador de traje barato que encontró en la democracia estadounidense un traje a su propia medida.

 

CUANDO GOBIERNAN LOS DUEÑOS DEL MIEDO

   Pero la verdad es que Trump no llegó solo. Lo empujaron millones de personas cansadas, empobrecidas y, sobre todo, desinformadas. Lo aclamaron desde iglesias, fábricas y suburbios arrasados por la globalización capitalista. Porque cuando el sistema expulsa, la rabia busca atajos. Y Trump ha sido considerado por no pocos como el atajo perfecto: grita en lugar de argumentar, insulta en lugar de explicar, promete muros en lugar de construir puentes.

 

    Su gobierno es un espejo sucio en el que se refleja una sociedad rota. Y esa suciedad no se limpia con discursos. Se limpia con organización, con memoria, con lucha.

 

    El mundo, la humanidad entera está asistiendo, de nuevo, a la pesadilla de un bufón con poder imperial. Pero esta vez, no hay excusas. Ya sabemos quién es. Ya lo vimos en acción. Ya contamos los muertos, las guerras, los retrocesos. Esta vez, el peligro no es que Trump actúe como Trump. El verdadero peligro es que el resto del mundo lo deje seguir actuando como lo está haciendo .

 

 

 

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