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Miércoles, 21 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

COMENZÓ LA "GUERRA INVISIBLE" SIN QUE NI SIQUIERA NOS PUSIERAN AL CORRIENTE

¿Qué tecnologías esconde Estados Unidos, según Trump? ¿Y China? ¿Y Rusia? Misiles hipersónicos, láseres y drones pensantes: el nuevo arsenal global para acabar con nuestra especie

El presidente Trump declaró textualmente hace unos días que Estados Unidos posee armas que “nadie ha visto jamás”. Aunque su estilo de este mandatario es conocido por una exageración desbordada, detrás de sus palabras hay una verdad inquietante: estamos entrando en una nueva era militar, donde la velocidad hipersónica, la energía invisible y la inteligencia artificial están transformando drásticamente los futuros campos de batalla. En este reportaje, el Equipo Nixor de Canarias Semanal, ha investigado recurriendo a múltiples fuentes especializadas, sobre la naturaleza de estas armas, sobre su potencialidad, sobre cómo funcionan y qué riesgos implican para el futuro de la humanidad. Estos son nuestros resultados.

 

"EQUIPO NIXOR"  PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

  ¿Existen realmente armas “que nadie ha visto nunca antes”? ¿Qué tecnologías están desarrollando las potencias militares como Estados Unidos? ¿Cuáles son los riesgos de esta carrera armamentística futurista?

 

    Donald Trump, en una entrevista  concedida a la cadena News Nation  unas pocas horas antes de que comenzaramos a escribir este reportaje, volvió a sacudir el tablero mediático al afirmar que Estados Unidos posee "armas que nadie ha visto nunca antes".

 

    Dijo que son tan poderosas que harían imposible perder una guerra. Naturalmente, no ofreció detalles, no dio nombres, pero la frase caló hondo. ¿Qué quiso decir? ¿A qué se refería? ¿Estaba inventando o insinuando algo real?

 

    Lo cierto es que, más allá de los perfiles rocambolescos que adornan al personaje y a su retórica, se está operando una transformación militar profunda que, segun los analistas, está en marcha desde hace algun tiempo.

 

   En Estados Unidos, China y Rusia, se están desarrollando tecnologías de guerra que parecen de ciencia ficción: misiles que viajan cinco veces más rápido que el sonido, rayos láser capaces de fundir drones, armas que no lanzan balas sino microondas, y sistemas autónomos que piensan y disparan sin intervención humana directa.

 

   Con este reportaje nos proponemos traducir ese mundo de siglas y secretos en un lenguaje claro, para que cualquier lector pueda entender la magnitud  de la nueva fase en la ha entrado la especie humana cuando hablamos de “las nuevas armas” que transformarán las guerras del futuro… o del presente.

 

LOS MISILES HIPERSÓNICOS: EL NUEVO SUEÑO BALÍSTICO

     Cuando este peculiar presidente de los EEUU habló en su entrevista a la cadena News Nation  de "armas que nadie ha visto", probablemente una de las cosas que estaba teniendo en mente eran los misiles hipersónicos.

 

     Estos proyectiles no son ciencia ficción: viajan a más de 6.000 kilómetros por hora, o sea, más de cinco veces la velocidad del sonido (Mach 5), y algunos pueden incluso llegar al Mach 20. Son más rápidos que cualquier misil convencional y, además, pueden maniobrar en pleno vuelo, lo que los hace casi imposibles de interceptar con los sistemas actuales.

 

  -  Estados Unidos ha invertido millones en programas como el HAWC (Hypersonic Air-breathing Weapon Concept) o el ARRW (Air-launched Rapid Response Weapon). Aunque todavía no tiene ninguno en servicio operativo completo, las pruebas ya muestran que están cerca de desplegarse.

 

  -   Por su parte, China tampoco  se ha quedado corta en este tipo de avances. Ya ha mostrado públicamente su misil DF-17, con un planeador hipersónico llamado DF-ZF, capaz de burlar los escudos defensivos.

 

  -  Rusia, por otro lado, ha presumido del Avangard, un vehículo de planeo hipersónico intercontinental que puede portar cargas nucleares.

 

    En esta carrera, Estados Unidos parece ir un paso por detrás en términos de despliegue, pero muy avanzado en investigación y pruebas. De hecho, el Pentágono ha anunciado que el 2027 será un año clave para convertir estos prototipos en armas de combate.

 

 

ARMAS DE ENERGÍA DIRIGIDA: LÁSERES Y MICROONDAS

     Otra línea de investigación que probablemente inspiró las palabras de Trump es la de las armas de energía dirigida. Hablamos de sistemas que disparan luz o energía electromagnética, no proyectiles. Imagine el lector un cañón láser,  similar al que hemos visto en los films , solo que real y operativo.

 

    El sistema más conocido es el HELIOS, instalado ya en destructores de la Marina estadounidense. Puede quemar drones o misiles en pleno vuelo. Hay otros, como el THOR, que no utiliza láser sino microondas, una especie de “pulso electromagnético” que daña los circuitos electrónicos del enemigo sin causar explosión.

 

    Estas armas tienen varias ventajas: son silenciosas, no requieren municiones físicas y pueden disparar muchas veces sin recargarse. Pero también tienen limitaciones. Por ejemplo, si llueve o hay niebla, su eficacia baja mucho, porque la energía se dispersa.

 

   Aun así, todas grandes potencias enfrascadas en disputas interimperialistas, están metidas de lleno en esta carrera. China ha exhibido prototipos en sus desfiles militares, y Rusia dice haber desplegado ya un sistema llamado Peresvet. En este terreno, Estados Unidos lleva la delantera tecnológica, aunque aún no hay uso masivo en combate.

 

ARMAS AUTÓNOMAS Y CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL

     Otra categoría inquietante es la de los llamados sistemas autónomos. Son armas que toman decisiones por sí mismas, gracias a inteligencia artificial (IA). Esto no significa que “piensen” como los humanos, pero sí que pueden detectar un objetivo, decidir si es una amenaza, apuntar y disparar… sin que nadie les dé la orden.

 

    Estados Unidos está desarrollando proyectos como los “leales compañeros”: drones de combate que vuelan junto a aviones tripulados, pero actúan por su cuenta. La empresa Anduril, por ejemplo, trabaja con el Pentágono para desarrollar drones como el Fury, que pueden patrullar, detectar blancos y atacarlos sin intervención humana directa.

 

   China también ha invertido miles de millones en la fusión entre IA civil y militar. Su objetivo es adelantarse a Estados Unidos en autonomía bélica. Rusia, por su parte, se enfoca en sistemas automatizados de defensa aérea y guerra electrónica, con IA aplicada sobre todo en contextos tácticos.

 

    El gran dilema ético aquí es evidente: ¿puede una máquina decidir quién vive y quién muere? Hoy, la mayoría de estos sistemas tienen supervisión humana, pero la tendencia apunta a que esa “intervención” sea cada vez menor. Ya hay debates en Naciones Unidas sobre si habría que prohibir los llamados “robots asesinos” antes de que sea tarde.

 

SISTEMAS DE DEFENSA FRENTE A AMENAZAS FUTURAS

     Pero no todo son armas ofensivas. Las potencias también están desarrollando escudos defensivos para enfrentar estas nuevas amenazas. Si los misiles son cada vez más rápidos y maniobrables, las defensas también tienen que evolucionar.

 

Estados Unidos trabaja en interceptores como el GPI (Glide Phase Interceptor), pensado para destruccion vehículos hipersónicos en pleno vuelo, antes de que lleguen a su blanco. También está instalando redes de sensores avanzados que permiten detectar, rastrear y responder en segundos a cualquier amenaza desde el espacio o desde el aire.

 

   China y Rusia no se quedan atrás. Ambos países tienen sistemas de defensa integrados, con capacidades electrónicas y misiles de intercepción. Rusia, además, es experta en guerra electrónica, o sea, el uso de ondas, interferencias y señales para cegar, confundir o interrumpir las comunicaciones del enemigo.

 

 

EL SECRETO COMO ARMA

Trump no dio detalles en  la entrevista citada que nos dió pie para realizar este reportaje. Dijo que “tenemos cosas que nadie ha visto jamás”. En un sentido literal, puede tener razón: muchos de estos programas están clasificados, es decir, son secretos. Y eso no es nuevo. Durante la Guerra Fría, ambos bloques ocultaban sus avances. De hecho, la existencia del bombardero Stealth o del programa de espionaje U-2 fue negada durante años.

 

No obstante, las grandes potencias siempre han jugado con la ambigüedad. No decir exactamente qué tienen es parte de la estrategia. Es un mensaje al adversario: “ten cuidado, puede que tengamos algo que tú no”. En ese sentido, el misterio también es un arma.

 

    Pero eso no quita que hoy sí existan desarrollos reales, en curso, financiados con miles de millones de dólares y con potencial suficiente para cambiar drasticamente  la forma en la hasta ahora  se han hecho las guerras.

 

 

UNA CARRERA QUE NUNCA SE DETIENE

Si comparamos a las tres grandes potencias, el panorama es este:

-China es quien más ha avanzado en misiles hipersónicos operativos.

-Rusia presume de tener los primeros despliegues de armas hipersónicas con capacidad nuclear.

-Estados Unidos tiene la ventaja en investigación, inteligencia artificial y defensa integrada, aunque sus sistemas hipersónicos aún están en fase de pruebas.

   

   Cada país invierte en lo que más le conviene. China busca velocidad y precisión. Rusia apuesta por la disuasión estratégica. Y Estados Unidos, por la superioridad tecnológica total.

 

UNA GUERRA QUE YA NO SONARÁ COMO ANTES

    A la luz de este conjunto de datos, parece evidente las guerras futuras no van a parecerse a las del pasado.

    Puede que no haya trincheras, ni grandes batallas, ni explosiones que hagan temblar la tierra. Puede que haya drones en enjambre, rayos silenciosos, ataques invisibles de microondas o decisiones letales tomadas por algoritmos.

 

    Por eso, más allá de las frases  pronunciadas por el peculiar Donald Trump en su ultima entrevista, la pregunta clave consiste en: ¿estamos preparados para un mundo donde la guerra no se vea venir? ¿Qué implicaciones tiene que el poder militar ya no dependa solo de tanques y soldados, sino de softwares, sensores y programas de inteligencia artificial?

     Como tantas veces en la historia, la tecnología se adelanta a la política y al pensamiento ético. Y eso es, tal vez, lo más peligroso de estas nuevas armas.
 

    Al margen de las promesas tecnológicas y de la propaganda con la que cada potencia adorna sus logros militares, hay una pregunta que flota como una sombra en cada ensayo de misil y en cada dron autónomo que despega: ¿quién se beneficia realmente de esta nueva carrera armamentista?
 

      Mientras los presupuestos militares se disparan —en laboratorios, fábricas, naves secretas—, los sistemas de salud, educación o cuidado del medioambiente siguen esperando.

   Cada euro que se invierte en un láser de combate o en un misil que viaja a Mach 20 es un euro que no se destina a resolver la pobreza energética, la escasez de alimentos o el colapso climático que ya golpea a millones.

 

   Se nos dice que estos desarrollos garantizan la “seguridad nacional”, pero la pregunta urgente es: ¿seguridad para quiénes? ¿Y a qué precio?
 

    Esta carrera tecnológica letal no se está haciendo al servicio de la paz ni del bienestar general de los seres humanos. Se está haciendo al servicio de la competencia por el control, por mantener o conquistar posiciones de poder en un mundo cada vez más desigual.

 

    En ese marco, las guerras futuras no son inevitables, pero sí más probables. Cuando se fabrican armas tan avanzadas, el riesgo de que se usen —por accidente o por cálculo— no desaparece. Al contrario: aumenta.


     Además, el desarrollo de estas armas no ocurre en el vacío. Moldea la economía entera. Los sectores estratégicos se reorientan hacia la industria bélica, se privatiza el conocimiento técnico, se favorecen contratos con empresas que no rinden cuentas públicamente.

   Mientras tanto, las necesidades reales de la mayoría quedan relegadas, como si la guerra futura fuera más urgente que la dignidad presente.


     Esta lógica se sostiene sobre una vieja ilusión: que el dominio militar garantiza estabilidad. Pero la historia ha demostrado lo contrario. Cada salto en armamento trajo nuevas tensiones, nuevas crisis, nuevas formas de violencia. La paz, cuando llega, no es fruto del miedo sino del equilibrio justo entre los pueblos.


   ¿Hay alguna luz al final de este túnel? Tal vez la única posibilidad está en abrir los ojos. En entender que la tecnología no es neutra. Que puede usarse para la destrucción o para la cooperación. Que cada sociedad tiene el poder —y el deber— de decidir qué futuro quiere construir. Y que quizás, el mayor avance no sea el misil que nadie puede detener, sino el pensamiento crítico que se niega a aceptar que esto sea lo único posible.

 

FUENTES CONSULTADAS

- Documentales, artículos y análisis de expertos:

- Congressional Research Service – “Hypersonic Weapons: Background and Issues”

- Center for Strategic and International Studies – Missile Threat

- The Defense Watch – Hypersonics Timeline

- Wired España – Armas láser en desarrollo

- Popular Science – Historia de los misiles hipersónicos

- Xataka – Desfile de tecnología militar china

- Wikipedia – DF-ZF, Avangard, Peresvet, Avangard, Peresvet

- Escudo Digital – Armas de energía dirigida

- FT – Exhibiciones militares chinas recientes

- Reuters – Instalación Lockheed para armas hipersónicas

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