GROENLANDIA Y LA GUERRA DE GILA: EL TEATRO DE LA SUMISIÓN EUROPEA
"Asistimos a una pantomima donde la UE finge defender la soberanía de Groenlandia"
La reciente información que nos llega sobre la voracidad de Estados Unidos no deja - afirma el abogado y analista José Manuel Rivero - lugar a eufemismos: estamos ante un intento de anexión de Groenlandia. Lo que Washington plantea, y que expertos en el Ártico confirman, no es una mera ampliación de bases (...).
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La reciente información que nos llega sobre la voracidad de Estados Unidos no deja lugar a eufemismos: estamos ante un intento de anexión de Groenlandia. Lo que Washington plantea, y que expertos en el Ártico confirman, no es una mera ampliación de bases, sino la toma de control efectiva de un territorio soberano, con inmensos recursos naturales e implantar su hegemonía en el Ártico. Sin embargo, lo verdaderamente grotesco no es esta ambición imperial, que obedece a la lógica de dominación hemisférica del "Destino Manifiesto", sino la ridícula puesta en escena de los países europeos. Asistimos a una pantomima que parece sacada de un monólogo de Gila: una guerra al teléfono donde la Unión Europea finge defender una soberanía que, en realidad, ya está empaquetando para regalo.
Para calibrar el tamaño de la burla, corroboramos el inventario de la "fuerza disuasoria" que Europa ha enviado al hielo para frenar al gigante americano. Las cifras son el mejor chiste: Alemania ha desplegado un equipo de reconocimiento de trece personas; Francia, la potencia nuclear continental, ha enviado a quince soldados de infantería; Suecia aporta tres oficiales; Noruega, dos; y el Reino Unido, siempre cumplidor con el mínimo esfuerzo, ha enviado a un oficial. En total, una "Armada Invencible" de treinta y cuatro efectivos. Holanda y Finlandia, aunque señaladas en los comunicados y amenazadas con aranceles, ni siquiera suman números relevantes a esta excursión de boy scouts. No es un despliegue defensivo; es un insulto a la inteligencia y una comparsa protocolaria para vestir de legitimidad multilateral lo que es, de facto, una entrega territorial.
La realidad material, esa que se niegan a ver en los despachos de Bruselas pero que es la única que cuenta, es obstinada: si hubiera voluntad real de defensa ante una anexión, la reacción no sería esta charada. Basta mirar al este. Para sostener al régimen corrupto de Kiev, la OTAN y la UE no escatiman en sistemas antimisiles, tanques y miles de millones. Allí hay hierro y fuego. En Groenlandia, frente a una amenaza existencial a la integridad territorial europea (vía Dinamarca), el silencio sobre defensas antiaéreas o bloqueos navales es estruendoso. Con un oficial británico y dos noruegos no se para una anexión; se firma el acta de recepción.
Más reveladora aún es la inacción diplomática. Ante una amenaza directa de anexión por parte de un "aliado", la Unión Europea no ha convocado de urgencia al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No hay escándalo, no hay ruptura, solo un silencio cómplice. ¿Por qué? Porque no se denuncia al patrón. La ausencia de mecanismos de derecho internacional activados por Europa demuestra que la suerte de Groenlandia no se decide en Copenhague, sino que se ha pactado como una cesión de activos.
Lo que nos venden como "Operación Resistencia Ártica" es, en realidad, el traspaso de llaves, a modo del cuadro de cuadro de Velázquez: “La rendición de Breda”, la rendición de Nuuk. Europa, en su papel subalterno, no defiende el flanco norte con treinta soldados; está acondicionando el terreno para que Estados Unidos formalice su compra y convierta la isla en su portaaviones privado. Todo lo demás es pura utilería en esta triste comedia de la impotencia europea.
(*) José Manuel Rivero. Abogado y analista político.
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La reciente información que nos llega sobre la voracidad de Estados Unidos no deja lugar a eufemismos: estamos ante un intento de anexión de Groenlandia. Lo que Washington plantea, y que expertos en el Ártico confirman, no es una mera ampliación de bases, sino la toma de control efectiva de un territorio soberano, con inmensos recursos naturales e implantar su hegemonía en el Ártico. Sin embargo, lo verdaderamente grotesco no es esta ambición imperial, que obedece a la lógica de dominación hemisférica del "Destino Manifiesto", sino la ridícula puesta en escena de los países europeos. Asistimos a una pantomima que parece sacada de un monólogo de Gila: una guerra al teléfono donde la Unión Europea finge defender una soberanía que, en realidad, ya está empaquetando para regalo.
Para calibrar el tamaño de la burla, corroboramos el inventario de la "fuerza disuasoria" que Europa ha enviado al hielo para frenar al gigante americano. Las cifras son el mejor chiste: Alemania ha desplegado un equipo de reconocimiento de trece personas; Francia, la potencia nuclear continental, ha enviado a quince soldados de infantería; Suecia aporta tres oficiales; Noruega, dos; y el Reino Unido, siempre cumplidor con el mínimo esfuerzo, ha enviado a un oficial. En total, una "Armada Invencible" de treinta y cuatro efectivos. Holanda y Finlandia, aunque señaladas en los comunicados y amenazadas con aranceles, ni siquiera suman números relevantes a esta excursión de boy scouts. No es un despliegue defensivo; es un insulto a la inteligencia y una comparsa protocolaria para vestir de legitimidad multilateral lo que es, de facto, una entrega territorial.
La realidad material, esa que se niegan a ver en los despachos de Bruselas pero que es la única que cuenta, es obstinada: si hubiera voluntad real de defensa ante una anexión, la reacción no sería esta charada. Basta mirar al este. Para sostener al régimen corrupto de Kiev, la OTAN y la UE no escatiman en sistemas antimisiles, tanques y miles de millones. Allí hay hierro y fuego. En Groenlandia, frente a una amenaza existencial a la integridad territorial europea (vía Dinamarca), el silencio sobre defensas antiaéreas o bloqueos navales es estruendoso. Con un oficial británico y dos noruegos no se para una anexión; se firma el acta de recepción.
Más reveladora aún es la inacción diplomática. Ante una amenaza directa de anexión por parte de un "aliado", la Unión Europea no ha convocado de urgencia al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No hay escándalo, no hay ruptura, solo un silencio cómplice. ¿Por qué? Porque no se denuncia al patrón. La ausencia de mecanismos de derecho internacional activados por Europa demuestra que la suerte de Groenlandia no se decide en Copenhague, sino que se ha pactado como una cesión de activos.
Lo que nos venden como "Operación Resistencia Ártica" es, en realidad, el traspaso de llaves, a modo del cuadro de cuadro de Velázquez: “La rendición de Breda”, la rendición de Nuuk. Europa, en su papel subalterno, no defiende el flanco norte con treinta soldados; está acondicionando el terreno para que Estados Unidos formalice su compra y convierta la isla en su portaaviones privado. Todo lo demás es pura utilería en esta triste comedia de la impotencia europea.
(*) José Manuel Rivero. Abogado y analista político.


























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