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Lunes, 12 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

DELCY RODRÍGUEZ: DEL GOLPE FRACASADO A LA SOBERANÍA REIVINDICADA

¿Quién manda realmente en Venezuela y quién lo hace en EE.UU.? ¿Puede un país pequeño desafiar al poder mundial y resistir?

Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, realizó una de sus declaraciones más relevantes en una entrevista con RT, donde trazó una línea divisoria entre soberanía y sumisión. Sus frases, cargadas de simbolismo y estrategia, - según el autor de este artículo,- ofrecen una visión clara del conflicto político global que atraviesa el país.

 

 

  POR ANSELMO BENÍTEZ DESDE VENEZUELA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    En una entrevista que no dejó indiferente a nadie, Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, realizó una serie de declaraciones que desnudan con crudeza la situación geopolítica que vive su país.

 

   No fue una intervención diplomática al uso: fue un discurso cargado de acusaciones directas, mensajes estratégicos y afirmaciones que rompen con los moldes de la retórica internacional convencional. Para comprender lo que está en juego, hace falta interpretar cada una de sus frases como parte de un tablero político más grande, donde la soberanía, el poder internacional y la lucha por el control de los recursos se entrelazan.

 

“EN VENEZUELA HAY UN GOBIERNO QUE MANDA”

    Delcy Rodríguez abrió su intervención con una afirmación tajante: en Venezuela hay un gobierno legítimo, y ese gobierno manda. No es una frase menor. En el contexto actual, decir que hay “un gobierno que manda” es una forma de marcar territorio ante las presiones internacionales, los intentos de injerencia y los discursos que han intentado imponer desde fuera la idea de un “vacío de poder”.

 

    Desde que comenzaron las tensiones internacionales más intensas hacia Venezuela, especialmente desde 2019 con el autoproclamado “gobierno interino” de Juan Guaidó, se ha intentado instalar en muchos medios la imagen de un Estado fallido, sin autoridad real. Frente a eso, Rodríguez reacciona con una narrativa clara: aquí hay un poder constituido, con instituciones que funcionan y que, más allá de los intentos de desestabilización, sigue en ejercicio pleno de sus funciones.

 

“HAY UNA PRESIDENTA ENCARGADA”

      Esta fue, sin duda, una de las declaraciones más impactantes. Delcy Rodríguez no se refería a sí misma, ni a otra figura del poder venezolano, sino a Cilia Flores, esposa del presidente Nicolás Maduro. Con esta afirmación, la vicepresidenta introdujo una categoría política no reconocida formalmente, pero que sugiere una estructura interna del poder más compleja de lo que los esquemas institucionales muestran.

 

   La frase también puede leerse en dos sentidos: por un lado, como un reconocimiento simbólico del rol político de Flores dentro del chavismo y del aparato estatal; por otro, como una manera de señalar que el poder no está secuestrado por un solo actor. En el fondo, es una forma de desmentir los rumores de que Maduro se encuentra aislado o “inútil” para gobernar.

 

“Y UN PRESIDENTE REHÉN EN ESTADOS UNIDOS”

     Esta es quizás la frase más llamativa de toda la entrevista. Delcy Rodríguez afirma que Trump es un “presidente rehén”. ¿Rehén de quién? De las corporaciones, del lobby de la extrema derecha, del poder militar o del complejo industrial de guerra estadounidense, como han sostenido algunos analistas.

 

   Lo que ella parece haber sugerido es que Trump no es plenamente libre para tomar decisiones respecto a Venezuela. Según su lectura, la política exterior estadounidense está secuestrada por intereses que sobrepasan incluso al propio presidente. No es un argumento nuevo, pero la forma en la que lo plantea —colocando a Biden como una figura atrapada dentro de una red de poder más grande— genera un desplazamiento en el discurso tradicional. Ya no se trataría de un conflicto entre dos presidentes (Maduro vs. Biden), sino de una lucha entre un gobierno legítimo (el venezolano) y una maquinaria imperial que ni siquiera es controlada del todo por su supuesto jefe.

 

UNA CRÍTICA DIRECTA A TRUMP Y A SU “PLAN”

    Durante la entrevista, Rodríguez insistió en que Donald Trump fue el arquitecto del intento de intervención más agresivo contra Venezuela. Lo acusó de haber utilizado a Juan Guaidó como un títere para justificar una estrategia de desestabilización. Según sus palabras, Trump y su gabinete tejieron una red internacional para desconocer al gobierno de Maduro, y esa operación fue ejecutada con apoyo de gobiernos aliados de Washington.

¡

“SE HA PRODUCIDO UN REORDENAMIENTO GEOPOLÍTICO”

      La vicepresidenta no se limitó a denunciar, también propuso una interpretación más amplia: la de un nuevo reordenamiento global. A su juicio, el mundo ya no responde al viejo esquema unipolar donde Estados Unidos dictaba las reglas del juego. En cambio, estaríamos entrando en una etapa donde surgen polos alternativos de poder (como China, Rusia y otros actores del sur global) que permiten a países como Venezuela mantener relaciones soberanas sin someterse a dictámenes externos.

 

    Es en este contexto que ella inscribe los nuevos acercamientos con potencias euroasiáticas, las alianzas con otros países del BRICS y la exploración de acuerdos económicos que no dependan del dólar. Rodríguez hace aquí un diagnóstico geopolítico claro: el orden internacional está cambiando, y Venezuela apuesta a posicionarse en ese nuevo tablero como un país con voz propia.

 

EL CAMBIO DE GABINETE EN CLAVE ESTRATÉGICA

     Delcy Rodríguez también habló del reciente cambio de gabinete en Venezuela, donde Nicolás Maduro reestructuró su equipo de ministros, nombrando a Pedro Tellechea como nuevo ministro de Petróleo y a Pedro Rafael Tellechea como nuevo presidente de PDVSA.

 

     Según Rodríguez, estos movimientos no fueron solo administrativos, sino una respuesta táctica a los desafíos externos. En su lectura, es una manera de reforzar las áreas clave del aparato estatal frente a las nuevas etapas del conflicto internacional. Especialmente en el campo energético, donde Venezuela mantiene una de sus principales cartas de negociación.

 

¿QUIÉN MANDA EN EE.UU.?

      Una parte especialmente provocadora de la entrevista fue cuando Delcy Rodríguez cuestionó quién toma realmente las decisiones en EE.UU.. Dijo que lo que está ocurriendo con el caso Venezuela revela que el poder no reside en la Casa Blanca, sino en lobbies oscuros, grupos económicos y presiones del poder militar.

 

     Se refiere aquí a la captura del aparato político estadounidense por intereses privados, un tema que también ha sido abordado por diversos intelectuales críticos del sistema norteamericano. Con esta afirmación, Rodríguez busca desmontar el mito de una democracia pura y funcional, mostrando las fisuras reales que existen dentro del sistema político más poderoso del mundo.

 

SOBRE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA: “NO REPRESENTAN AL PUEBLO”

     En otro tramo de la entrevista, Rodríguez se refirió a la oposición venezolana, especialmente al sector liderado por Guaidó, como un grupo sin legitimidad ni capacidad de movilización real. En sus palabras, se trata de una “élite fabricada por Washington”, que ha vivido del “negocio de la traición”, y cuya única función ha sido facilitar las políticas de intervención extranjera.

 

     De hecho, ella asegura que ese sector opositor ha sido desmantelado por sus propios fracasos, y que hoy no tiene arraigo popular. Esta afirmación se inscribe en una estrategia clara: vaciar de contenido político a los adversarios internos que han tenido apoyo internacional, para reforzar la imagen de que el gobierno bolivariano es la única expresión legítima del poder en Venezuela.

 

 SOBERANÍA Y RESISTENCIA

    La entrevista de Delcy Rodríguez no fue una más. Fue una exposición minuciosa de la tesis central del chavismo en la coyuntura actual: Venezuela es un país asediado, pero firme; un país que ha resistido los embates más brutales del poder imperial, y que, gracias a esa resistencia, está encontrando nuevas rutas de supervivencia y soberanía.

 

    Cada frase suya fue una declaración de principios, pero también una jugada política pensada para posicionarse no solo ante su base interna, sino ante el escenario internacional. La idea del “presidente rehén” en EE.UU. busca golpear el corazón del relato occidental. Y el reconocimiento de una “presidenta encargada” en Venezuela redefine el mapa del poder interno de forma simbólica pero efectiva.

A fin de cuentas, esta intervención no solo habla de Venezuela: habla del conflicto global por el control del sur, de los recursos, de la narrativa internacional y del lugar que cada país puede ocupar en un mundo que ya no gira solo en torno a Washington.

 

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