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¿DEBEN ACTUAR LOS ANARCOSINDICALISTAS SIN NINGUNA ESTRATEGIA PARA EVITAR BUROCRATIZARSE?

Una reflexión libertaria de José Luis Carretero Miramar

José Luis Carretero Miramar reflexiona críticamente sobre lo que apunta como una de las grandes carencias que aquejan al anarcosindicalismo contemporáneo: la ausencia de una estrategia organizada y consciente que guíe su intervención social.

REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

    En un artículo publicado en Kaosenlared, con el título “Ese es un camino para saltar”, José Luis Carretero Miramar reflexiona críticamente sobre lo que apunta como una de las grandes carencias que aquejan al anarcosindicalismo contemporáneo: la ausencia de una estrategia organizada y consciente que guíe su intervención social.

 

 

   Carretero parte de una idea fundamental: la cultura anarcosindicalista suele desconfiar de la estrategia, asociándola erróneamente con la imposición o la planificación autoritaria, cuando en realidad es una herramienta indispensable para cualquier organización que aspire a transformar la realidad.

 

   Según afirma el autor, el culto a la espontaneidad, tan arraigado en ciertos sectores del movimiento libertario, se convierte en un obstáculo cuando se pretende construir un sindicalismo de masas, capaz de organizar a amplios sectores de la clase trabajadora.

 

   La improvisación continua -señala Carretero- es incompatible con una intervención real y eficaz en una sociedad crecientemente compleja.

 

  Para Carretero, la estrategia es lo que permite romper con esa inercia de pasividad que impregna tanto a las organizaciones oficiales como a muchas estructuras alternativas.

 

    De acuerdo a lo expresado por Carretero, los grandes sindicatos institucionales (UGT y CCOO) son criticados no tanto por su profesionalización, sino por su falta de efectividad y su nula capacidad de generar poder social transformador.

 

   Lo que define a la burocracia sindical -subraya el autor con una cita de John William Cooke- no es únicamente la cobardía o la corrupción, sino fundamentalmente la ausencia de estrategia.

 

  "Esta falta de dirección -afirma - lleva a un sindicalismo rutinario, que se limita a repetir pequeñas acciones sin visión de conjunto, confiando en que el tiempo y las circunstancias obren algún cambio sin intervención activa".

 

    En este sentido, el texto propone que una verdadera estrategia transformadora debe estar basada en un conocimiento riguroso de la realidad.

 

   Carretero insiste en la investigación permanente como una tarea clave del sindicalismo revolucionario, algo que debe estar anclado en la coyuntura concreta más que en especulaciones a largo plazo. Para ello, plantea la necesidad de conocer en profundidad el tejido productivo de cada territorio, las conexiones internacionales de la economía, la penetración de los fondos de inversión, las contradicciones sociales existentes y los movimientos de otros actores como el cooperativismo o las pequeñas empresas.

 

    Otro punto que destaca el autor es la necesidad de superar la rutina organizativa y saltar hacia una dimensión estratégica más ambiciosa. Esto implica salir de la zona de confort —el barrio, el centro social, el sindicato local— y pensar en términos más amplios: huelgas generales, campañas nacionales o europeas, programas comunes con calendarios y alianzas. Es una llamada a mirar más allá de lo inmediato y a romper con la lógica de la repetición que muchas veces lleva al estancamiento.

 

   En cuanto a las alianzas, Carretero defiende una posición estratégica pragmática. Sugiere dejar de lado los filtros ideológicos abstractos y preguntarse, con realismo, quiénes pueden contribuir realmente a avanzar en las luchas, más allá de diferencias ideológicas o simbólicas. La estrategia, por tanto, también pasa por definir inteligentemente con quién se colabora, sin ingenuidades, pero con amplitud de miras.

 

   Finalmente, el autor identifica el optimismo lúcido como el componente esencial de cualquier estrategia. Según Carretero, desde el pesimismo y la resignación no se puede construir nada nuevo. La pasión y la voluntad de lucha deben ser el motor del cambio, y eso sólo es posible si se cree en la posibilidad real de transformar la sociedad.

 

  "La estrategia - concluye - no es solo planificación, es también impulso vital, confianza colectiva, deseo de vencer".

 

 
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