LA ESCUELA CANARIA, AL LÍMITE: MENOS RECURSOS Y UN PROFESORADO AL BORDE DEL DESGASTE
El profesorado asume en solitario el peso del colapso escolar
La atención a la diversidad, lejos de ser una política de inclusión real, se ha convertido en un campo de tensión creciente en la escuela pública canaria. La sobrecarga recae sobre los hombros del profesorado, mientras los recursos brillan por su ausencia-
Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La atención a la diversidad se ha convertido en uno de los principales focos de tensión del sistema educativo canario. Mientras el número de alumnos con necesidades específicas crece de forma sostenida, los recursos no acompañan y el peso del ajuste recae, año tras año, sobre el profesorado. Los datos oficiales y los informes internacionales dibujan un escenario de sobrecarga laboral, estrés y deterioro de las condiciones de trabajo en las aulas.
El análisis de los datos del informe TALIS de la OCDE, centrado en las condiciones laborales del profesorado, sitúa al Archipiélago entre las comunidades donde la atención a la diversidad genera una mayor presión sobre los docentes. En Secundaria, nueve de cada diez profesores que se incorporan al sistema y más del 80 % de los veteranos trabajan habitualmente con alumnado que requiere apoyos educativos específicos, una proporción muy superior a la media estatal y europea.
Esta realidad evidencia una contradicción central del modelo educativo actual: se amplían los objetivos de inclusión y equidad, pero no se transforman al mismo ritmo las condiciones materiales necesarias para hacerlos efectivos. Desde una lógica de gestión propia del capitalismo contemporáneo, la inclusión se convierte en un mandato moral que se descarga sobre el trabajo individual del docente, sin que el sistema asuma el coste económico que implica garantizarla.
ESTRÉS LABORAL Y DESGASTE COMO NORMA COTIDIANA
Las consecuencias de este desajuste ya son visibles. El propio informe TALIS refleja que Canarias se encuentra entre las comunidades con mayor porcentaje de docentes de Secundaria que declaran sufrir estrés debido al exceso de trabajo vinculado a la diversidad, la equidad y los conflictos en el aula. Más de un tercio del profesorado reconoce que esta carga afecta directamente a su bienestar, normalizando un nivel de presión que, en otros sectores, sería considerado inasumible.
En Primaria, el problema adopta además un marcado componente generacional. Los docentes con más años de experiencia son quienes perciben con mayor intensidad el desgaste acumulado de atender a una realidad cada vez más compleja sin apoyos suficientes. Al mismo tiempo, quienes se incorporan al sistema se enfrentan desde el primer momento a aulas difíciles, con altos niveles de conflictividad y una exigencia emocional elevada, lo que acelera los procesos de desgaste y abandono temprano de la profesión.
EL AUMENTO DEL ALUMNADO CON NEAE Y LA FALTA DE RESPUESTA INSTITUCIONAL
Uno de los elementos que explica esta situación es el crecimiento sostenido del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Según datos de la propia Consejería, actualmente más de 33.000 estudiantes de la escuela pública canaria presentan algún tipo de NEAE, lo que supone un incremento superior al 50 % en apenas cinco años. Dentro de este grupo, más de 10.000 alumnos tienen necesidades educativas especiales asociadas a discapacidades, trastornos del espectro del autismo o graves problemas de conducta.
Sin embargo, este aumento no ha venido acompañado de una expansión proporcional de los recursos humanos, materiales y organizativos en los centros. Tal y como denuncia ANPE Canarias, el sistema ha optado por absorber la complejidad creciente mediante una intensificación del trabajo docente, incrementando ratios reales, multiplicando tareas administrativas y exigiendo una polivalencia constante sin reforzar las plantillas ni los apoyos especializados.
Este proceso puede leerse como una forma de explotación intensiva del trabajo educativo. Se amplían las funciones sociales de la escuela, pero se congelan o limitan las inversiones, trasladando el coste de esa ampliación al tiempo, la energía y la salud de quienes trabajan en ella.
DISCIPLINA, CONNIVENCIA Y PRECARIZACIÓN DEL INICIO PROFESIONAL
El deterioro de las condiciones también se refleja en el clima de convivencia. Canarias figura entre las comunidades donde más tiempo lectivo se pierde en mantener el orden en el aula, un factor que golpea especialmente a los docentes noveles. En Primaria, dos de cada tres profesores que inician su carrera afirman que gestionar la disciplina les genera un nivel de estrés muy elevado, una cifra que los sitúa muy por encima de la media estatal.
Este dato no es menor: muestra cómo la precarización del inicio profesional se combina con aulas cada vez más complejas y con una falta de apoyos estructurales que deja a los docentes más jóvenes en una posición de extrema vulnerabilidad laboral. Lejos de ser un problema individual de “vocación”, se trata de una consecuencia directa de un modelo que reduce costes a expensas del trabajo vivo.
Desde el ámbito sindical se insiste en que no basta con destacar los aspectos positivos del sistema educativo canario sin abordar sus contradicciones de fondo. La atención a la diversidad, señalan, no puede seguir sosteniéndose sobre el sobreesfuerzo del profesorado ni sobre una burocracia creciente que resta tiempo a la labor pedagógica. Reclaman una lectura completa de los datos y una respuesta política que pase por reforzar la financiación educativa, ampliar recursos especializados y reorganizar el sistema para aliviar la carga laboral.
El conflicto que atraviesa hoy la escuela canaria no es solo educativo, sino social. La forma en que se decide financiar —o no financiar— la atención a la diversidad revela qué lugar ocupa la educación pública en las prioridades del sistema. Mientras siga tratándose como un gasto a contener y no como una inversión social estratégica, la inclusión seguirá siendo, para muchos centros y docentes, una promesa imposible de cumplir.
Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La atención a la diversidad se ha convertido en uno de los principales focos de tensión del sistema educativo canario. Mientras el número de alumnos con necesidades específicas crece de forma sostenida, los recursos no acompañan y el peso del ajuste recae, año tras año, sobre el profesorado. Los datos oficiales y los informes internacionales dibujan un escenario de sobrecarga laboral, estrés y deterioro de las condiciones de trabajo en las aulas.
El análisis de los datos del informe TALIS de la OCDE, centrado en las condiciones laborales del profesorado, sitúa al Archipiélago entre las comunidades donde la atención a la diversidad genera una mayor presión sobre los docentes. En Secundaria, nueve de cada diez profesores que se incorporan al sistema y más del 80 % de los veteranos trabajan habitualmente con alumnado que requiere apoyos educativos específicos, una proporción muy superior a la media estatal y europea.
Esta realidad evidencia una contradicción central del modelo educativo actual: se amplían los objetivos de inclusión y equidad, pero no se transforman al mismo ritmo las condiciones materiales necesarias para hacerlos efectivos. Desde una lógica de gestión propia del capitalismo contemporáneo, la inclusión se convierte en un mandato moral que se descarga sobre el trabajo individual del docente, sin que el sistema asuma el coste económico que implica garantizarla.
ESTRÉS LABORAL Y DESGASTE COMO NORMA COTIDIANA
Las consecuencias de este desajuste ya son visibles. El propio informe TALIS refleja que Canarias se encuentra entre las comunidades con mayor porcentaje de docentes de Secundaria que declaran sufrir estrés debido al exceso de trabajo vinculado a la diversidad, la equidad y los conflictos en el aula. Más de un tercio del profesorado reconoce que esta carga afecta directamente a su bienestar, normalizando un nivel de presión que, en otros sectores, sería considerado inasumible.
En Primaria, el problema adopta además un marcado componente generacional. Los docentes con más años de experiencia son quienes perciben con mayor intensidad el desgaste acumulado de atender a una realidad cada vez más compleja sin apoyos suficientes. Al mismo tiempo, quienes se incorporan al sistema se enfrentan desde el primer momento a aulas difíciles, con altos niveles de conflictividad y una exigencia emocional elevada, lo que acelera los procesos de desgaste y abandono temprano de la profesión.
EL AUMENTO DEL ALUMNADO CON NEAE Y LA FALTA DE RESPUESTA INSTITUCIONAL
Uno de los elementos que explica esta situación es el crecimiento sostenido del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Según datos de la propia Consejería, actualmente más de 33.000 estudiantes de la escuela pública canaria presentan algún tipo de NEAE, lo que supone un incremento superior al 50 % en apenas cinco años. Dentro de este grupo, más de 10.000 alumnos tienen necesidades educativas especiales asociadas a discapacidades, trastornos del espectro del autismo o graves problemas de conducta.
Sin embargo, este aumento no ha venido acompañado de una expansión proporcional de los recursos humanos, materiales y organizativos en los centros. Tal y como denuncia ANPE Canarias, el sistema ha optado por absorber la complejidad creciente mediante una intensificación del trabajo docente, incrementando ratios reales, multiplicando tareas administrativas y exigiendo una polivalencia constante sin reforzar las plantillas ni los apoyos especializados.
Este proceso puede leerse como una forma de explotación intensiva del trabajo educativo. Se amplían las funciones sociales de la escuela, pero se congelan o limitan las inversiones, trasladando el coste de esa ampliación al tiempo, la energía y la salud de quienes trabajan en ella.
DISCIPLINA, CONNIVENCIA Y PRECARIZACIÓN DEL INICIO PROFESIONAL
El deterioro de las condiciones también se refleja en el clima de convivencia. Canarias figura entre las comunidades donde más tiempo lectivo se pierde en mantener el orden en el aula, un factor que golpea especialmente a los docentes noveles. En Primaria, dos de cada tres profesores que inician su carrera afirman que gestionar la disciplina les genera un nivel de estrés muy elevado, una cifra que los sitúa muy por encima de la media estatal.
Este dato no es menor: muestra cómo la precarización del inicio profesional se combina con aulas cada vez más complejas y con una falta de apoyos estructurales que deja a los docentes más jóvenes en una posición de extrema vulnerabilidad laboral. Lejos de ser un problema individual de “vocación”, se trata de una consecuencia directa de un modelo que reduce costes a expensas del trabajo vivo.
Desde el ámbito sindical se insiste en que no basta con destacar los aspectos positivos del sistema educativo canario sin abordar sus contradicciones de fondo. La atención a la diversidad, señalan, no puede seguir sosteniéndose sobre el sobreesfuerzo del profesorado ni sobre una burocracia creciente que resta tiempo a la labor pedagógica. Reclaman una lectura completa de los datos y una respuesta política que pase por reforzar la financiación educativa, ampliar recursos especializados y reorganizar el sistema para aliviar la carga laboral.
El conflicto que atraviesa hoy la escuela canaria no es solo educativo, sino social. La forma en que se decide financiar —o no financiar— la atención a la diversidad revela qué lugar ocupa la educación pública en las prioridades del sistema. Mientras siga tratándose como un gasto a contener y no como una inversión social estratégica, la inclusión seguirá siendo, para muchos centros y docentes, una promesa imposible de cumplir.

























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