ESTRATEGIA DE GUERRA IMPERIALISTA: A UN MINUTO DEL APOCALIPSIS
¿Está el Pentágono preparando al mundo para una guerra total por la hegemonía?
"La historia no se repite, pero rima con una cadencia macabra", afirma José Manuel Rivero. La Estrategia de Defensa Nacional de EE.UU. para 2026 no es un simple documento técnico: es la hoja de ruta de un imperio en guerra abierta contra el mundo.
Por JOSE MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La historia no se repite, pero rima con una cadencia macabra que a menudo ignoramos hasta que el estruendo de los cañones es ensordecedor. El reciente documento publicado el 23 de enero de 2026 por el Departamento de Guerra de EEUU, titulado grandilocuentemente como la Estrategia de Defensa Nacional de 2026, no es un mero papel burocrático; es la hoja de ruta de una hegemonía que, sintiéndose amenazada en su primacía, ha decidido quitarse la careta de la "defensa" para abrazar abiertamente la ofensiva. El cambio semántico es, en sí mismo, una declaración de principios: el Pentágono vuelve a denominarse "Departamento de la Guerra". No estamos ante un eufemismo, sino ante la recuperación de una retórica belicista que no se veía desde los tiempos previos a la gran conflagración mundial del siglo pasado. Al leer detenidamente sus páginas, uno no puede evitar sentir el frío de la década de 1930 recorriendo la espalda de la humanidad.
El texto es un manifiesto del "América Primero" llevado a su paroxismo imperial. Se articula sobre una premisa fundamental: la paz solo es posible mediante la sumisión absoluta a la fuerza estadounidense. Lo que se presenta como el "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe no es otra cosa que la reactivación de un colonialismo descarnado. El documento es explícito al señalar que Estados Unidos no cederá influencia ni acceso a "terrenos clave" como el Canal de Panamá o Groenlandia. Sin embargo, para la aplicación de este neomonroismo —o "Doctrina Donroe"—, la referencia soberanista y de resistencia de la República Socialista de Cuba se erige como un estorbo intolerable para esta macabra y nazifascista búsqueda de "espacio vital" imperial. Pero la mala noticia para el imperialismo estadounidense es que Cuba no está sola y que su revolución, con 67 años de resistencia soberana y de dignidad, llevando la humanidad y solidaridad de la Revolución a los pueblos y naciones oprimidas que sufren las plagas del colonialismo, como así se reconoce mundialmente cada año en la ONU, condenando el criminal bloqueo de los EEUU, avalan que no caerá: “Patria o Muerte”, con el añadido de “Venceremos”, se mantiene invicta en la conciencia cultural colectiva de su pueblo.
La amenaza existencial a la soberanía de Cuba se hizo más patente, últimamente, con el bombardeo criminal de Venezuela por EE.UU. el pasado 3 de enero, un acto de barbarie que dejó más de cien muertos y culminó con el secuestro de su Presidente constitucional y de su esposa. Aunque el documento celebra cínicamente esta operación bajo el nombre de Absolute Resolve, es imperativo dejar constancia de una realidad que Washington intenta ocultar: el repliegue táctico que ha realizado el gobierno bolivariano no ha significado, bajo ningún concepto, la destrucción de la revolución bolivariana de Chávez; la semilla de la resistencia popular permanece intacta. A pesar de todo, América Latina vuelve a ser considerada por el imperialismo estadounidense, sin tapujos, el patio trasero donde se extraerán los recursos y se asegurará la retaguardia logística para el conflicto global que se avecina.
La analogía más inquietante con el preludio de la Segunda Guerra Mundial continúa en la disposición del tablero europeo. La estrategia de guerra esbozada propone un aislacionismo táctico, que no real: Estados Unidos se retira a su "Fortaleza América", protegida por un escudo antimisiles (el "Domo Dorado"), mientras exige a Europa un rearme acelerado y brutal. La demanda de que los aliados de la OTAN destinen un 5% de su PIB a defensa es una orden de militarización de las sociedades europeas. La estrategia es clara: dejar que Europa cargue con el peso —y la sangre— de la contención contra Rusia. Al igual que en los años 30 se permitió y fomentó el rearme de la Alemania nazi que sirviera de dique contra la Unión Soviética, hoy Washington parece dispuesto a promocionar regímenes de corte neofascista o de ultraderecha en el viejo continente, siempre que estos se encarguen de la "amenaza rusa", esperando con ello su implosion a través, incluso, de un conflicto bélico de países europeos con Rusia; mientras Estados Unidos se reserva sus fuerzas para el verdadero objetivo estratégico: China.
La ruptura de la alianza estratégica entre Rusia y China es el sueño húmedo de los planificadores del Departamento de la Guerra. El documento trata a Rusia como una molestia regional gestionable por los europeos, mientras concentra la verdadera proyección de fuerza imperial en el Indo-Pacífico para "disuadir" a China. No obstante, esta disuasión se basa en un cerco militar agresivo y en la negación del acceso chino a su propia esfera de influencia. Se habla de "paz decente", pero se prepara la guerra total. La supercarga de la base industrial de defensa estadounidense es la prueba de que la economía se está reestructurando para un conflicto de alta intensidad. El capital financiero e industrial se fusiona definitivamente con el aparato militar, creando una superestructura donde la guerra es la única salida para la acumulación y la hegemonía.
Quizás el punto más alarmante, aquel que nos sitúa a escasos segundos de la medianoche en el reloj del juicio final, es la referencia a Oriente Medio y la República Islámica de Irán. El documento se jacta de operaciones pasadas como Midnight Hammer, describiendo la aniquilación del programa nuclear iraní. Esta normalización del ataque preventivo y la destrucción masiva de infraestructuras soberanas, en coordinación total con Israel, no solo augura un genocidio continuado, sino que actúa como la mecha corta de la Tercera Guerra Mundial. Al arrinconar a una potencia regional bajo la doctrina de la fuerza bruta, se eliminan todas las salidas diplomáticas. La alianza incondicional con el sionismo confirma que Washington está dispuesto a incendiar toda la región para asegurar su control energético y geopolítico.
Lo que este documento revela, en última instancia, es la imposición de un Ethos Guerrero que desprecia el derecho internacional, calificándolo de "abstracciones en castillos de nubes". Se promueve una cultura de la violencia donde la única legitimidad emana del cañón del arma. Estamos presenciando la preparación meticulosa, industrial e ideológica para un conflicto exterminador. La clase dirigente estadounidense ha decidido patear el tablero. La reindustrialización militar, el control férreo de las Américas con la mira puesta en Cuba y Venezuela, la instigación al suicidio europeo contra Rusia y el cerco a China no son medidas defensivas; son los estertores agresivos de un imperio que prefiere arrastrar al planeta al abismo antes que aceptar un mundo multipolar. Si no hay una toma de conciencia y una movilización global urgente y de una V Internacional Socialista, con un enfoque antiimperialista y contra el neocolonialismo, por la Paz, capaz de parar el avance del reloj del apocalipsis, este documento no será recordado como una estrategia, sino como el epitafio de la humanidad.
(*) José Manuel Rivero. Abogado y Analista político.
Por JOSE MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La historia no se repite, pero rima con una cadencia macabra que a menudo ignoramos hasta que el estruendo de los cañones es ensordecedor. El reciente documento publicado el 23 de enero de 2026 por el Departamento de Guerra de EEUU, titulado grandilocuentemente como la Estrategia de Defensa Nacional de 2026, no es un mero papel burocrático; es la hoja de ruta de una hegemonía que, sintiéndose amenazada en su primacía, ha decidido quitarse la careta de la "defensa" para abrazar abiertamente la ofensiva. El cambio semántico es, en sí mismo, una declaración de principios: el Pentágono vuelve a denominarse "Departamento de la Guerra". No estamos ante un eufemismo, sino ante la recuperación de una retórica belicista que no se veía desde los tiempos previos a la gran conflagración mundial del siglo pasado. Al leer detenidamente sus páginas, uno no puede evitar sentir el frío de la década de 1930 recorriendo la espalda de la humanidad.
El texto es un manifiesto del "América Primero" llevado a su paroxismo imperial. Se articula sobre una premisa fundamental: la paz solo es posible mediante la sumisión absoluta a la fuerza estadounidense. Lo que se presenta como el "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe no es otra cosa que la reactivación de un colonialismo descarnado. El documento es explícito al señalar que Estados Unidos no cederá influencia ni acceso a "terrenos clave" como el Canal de Panamá o Groenlandia. Sin embargo, para la aplicación de este neomonroismo —o "Doctrina Donroe"—, la referencia soberanista y de resistencia de la República Socialista de Cuba se erige como un estorbo intolerable para esta macabra y nazifascista búsqueda de "espacio vital" imperial. Pero la mala noticia para el imperialismo estadounidense es que Cuba no está sola y que su revolución, con 67 años de resistencia soberana y de dignidad, llevando la humanidad y solidaridad de la Revolución a los pueblos y naciones oprimidas que sufren las plagas del colonialismo, como así se reconoce mundialmente cada año en la ONU, condenando el criminal bloqueo de los EEUU, avalan que no caerá: “Patria o Muerte”, con el añadido de “Venceremos”, se mantiene invicta en la conciencia cultural colectiva de su pueblo.
La amenaza existencial a la soberanía de Cuba se hizo más patente, últimamente, con el bombardeo criminal de Venezuela por EE.UU. el pasado 3 de enero, un acto de barbarie que dejó más de cien muertos y culminó con el secuestro de su Presidente constitucional y de su esposa. Aunque el documento celebra cínicamente esta operación bajo el nombre de Absolute Resolve, es imperativo dejar constancia de una realidad que Washington intenta ocultar: el repliegue táctico que ha realizado el gobierno bolivariano no ha significado, bajo ningún concepto, la destrucción de la revolución bolivariana de Chávez; la semilla de la resistencia popular permanece intacta. A pesar de todo, América Latina vuelve a ser considerada por el imperialismo estadounidense, sin tapujos, el patio trasero donde se extraerán los recursos y se asegurará la retaguardia logística para el conflicto global que se avecina.
La analogía más inquietante con el preludio de la Segunda Guerra Mundial continúa en la disposición del tablero europeo. La estrategia de guerra esbozada propone un aislacionismo táctico, que no real: Estados Unidos se retira a su "Fortaleza América", protegida por un escudo antimisiles (el "Domo Dorado"), mientras exige a Europa un rearme acelerado y brutal. La demanda de que los aliados de la OTAN destinen un 5% de su PIB a defensa es una orden de militarización de las sociedades europeas. La estrategia es clara: dejar que Europa cargue con el peso —y la sangre— de la contención contra Rusia. Al igual que en los años 30 se permitió y fomentó el rearme de la Alemania nazi que sirviera de dique contra la Unión Soviética, hoy Washington parece dispuesto a promocionar regímenes de corte neofascista o de ultraderecha en el viejo continente, siempre que estos se encarguen de la "amenaza rusa", esperando con ello su implosion a través, incluso, de un conflicto bélico de países europeos con Rusia; mientras Estados Unidos se reserva sus fuerzas para el verdadero objetivo estratégico: China.
La ruptura de la alianza estratégica entre Rusia y China es el sueño húmedo de los planificadores del Departamento de la Guerra. El documento trata a Rusia como una molestia regional gestionable por los europeos, mientras concentra la verdadera proyección de fuerza imperial en el Indo-Pacífico para "disuadir" a China. No obstante, esta disuasión se basa en un cerco militar agresivo y en la negación del acceso chino a su propia esfera de influencia. Se habla de "paz decente", pero se prepara la guerra total. La supercarga de la base industrial de defensa estadounidense es la prueba de que la economía se está reestructurando para un conflicto de alta intensidad. El capital financiero e industrial se fusiona definitivamente con el aparato militar, creando una superestructura donde la guerra es la única salida para la acumulación y la hegemonía.
Quizás el punto más alarmante, aquel que nos sitúa a escasos segundos de la medianoche en el reloj del juicio final, es la referencia a Oriente Medio y la República Islámica de Irán. El documento se jacta de operaciones pasadas como Midnight Hammer, describiendo la aniquilación del programa nuclear iraní. Esta normalización del ataque preventivo y la destrucción masiva de infraestructuras soberanas, en coordinación total con Israel, no solo augura un genocidio continuado, sino que actúa como la mecha corta de la Tercera Guerra Mundial. Al arrinconar a una potencia regional bajo la doctrina de la fuerza bruta, se eliminan todas las salidas diplomáticas. La alianza incondicional con el sionismo confirma que Washington está dispuesto a incendiar toda la región para asegurar su control energético y geopolítico.
Lo que este documento revela, en última instancia, es la imposición de un Ethos Guerrero que desprecia el derecho internacional, calificándolo de "abstracciones en castillos de nubes". Se promueve una cultura de la violencia donde la única legitimidad emana del cañón del arma. Estamos presenciando la preparación meticulosa, industrial e ideológica para un conflicto exterminador. La clase dirigente estadounidense ha decidido patear el tablero. La reindustrialización militar, el control férreo de las Américas con la mira puesta en Cuba y Venezuela, la instigación al suicidio europeo contra Rusia y el cerco a China no son medidas defensivas; son los estertores agresivos de un imperio que prefiere arrastrar al planeta al abismo antes que aceptar un mundo multipolar. Si no hay una toma de conciencia y una movilización global urgente y de una V Internacional Socialista, con un enfoque antiimperialista y contra el neocolonialismo, por la Paz, capaz de parar el avance del reloj del apocalipsis, este documento no será recordado como una estrategia, sino como el epitafio de la humanidad.
(*) José Manuel Rivero. Abogado y Analista político.



























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