LOS DIOSES DEL BALÓN PREMIAN AL AUTÓCRATA DONALD TRUMP
¿Qué se esconde tras el “Premio de la Paz” que la FIFA otorga al expresidente estadounidense?
La FIFA ha otorgado un insólito “Premio de la Paz” a Donald Trump, desatando una ola de indignación entre hinchas y clubes europeos que ya hablan de boicot al Mundial 2026. En esta crónica al estilo Galeano, miramos detrás del telón del balón: donde se cuecen negocios, se fabrican silencios, y se premia la barbarie con trofeos dorados.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La historia que vamos a contar podría parecer un capítulo perdido de Patas arriba, de Eduardo Galeano, pero no es ficción. Es el presente. Y el presente arde. Arde en los estadios, en las gradas, en las portadas de los diarios que aún no se atreven a llamar a las cosas por su nombre. Porque si el fútbol alguna vez fue fiesta popular, hace tiempo que pasó a ser propiedad privada de los dueños del balón, que no patean una pelota, pero sí patean la dignidad. Ahora, esos dueños se codean con presidentes que promueven el odio y reciben premios de la paz como si regalaran baratijas en una feria de vanidades.
EL MUNDIAL 2026 Y LA POLÍTICA DEL ESPEJO ROTO
Estados Unidos será uno de los anfitriones del Mundial 2026. Canadá, México y EE.UU. compartirán el negocio, perdón, el torneo. Pero algo se ha quebrado. Desde algunas gradas europeas, grupos de hinchas y clubes organizan un boicot. ¿El motivo? Las amenazas de Donald Trump, que regresa con traje de salvador, como si el fascismo se disfrazara de sheriff para repartir balas en vez de justicia. Frente a eso, los dirigentes del fútbol mundial no solo no condenan sus declaraciones. Lo premian.
Gianni Infantino, el mandamás de la FIFA, no tuvo reparos en declarar que Trump “merece” el Premio de la Paz que le otorgaron en diciembre. Infantino, el mismo que sin pelos en la lengua, ha defendido regímenes autoritarios con sonrisa de relaciones públicas, vuelve a ponerse del lado del poder. “Objetivamente, lo merece”, dijo, como si la paz pudiera medirse con una estadística amañada.
EL DEPORTE MÁS POPULAR DEL MUNDO, REDUCIDO A MERCANCÍA
Lo que pasa con el fútbol es solo una parte de una historia más grande. En el capitalismo global, todo se transforma en mercancía: la comida, la salud, la educación… y también la pasión. El fútbol, que nació en los potreros y en los barrios obreros, fue domesticado por el mercado. Convertido en espectáculo, fue vaciado de contenido y plastificado para las pantallas. La FIFA ya no organiza campeonatos: gestiona productos.
Este proceso no empezó ayer. Ya en el siglo XIX, cuando el capitalismo necesitaba reproducir su lógica en todos los rincones de la vida, comenzó a convertir todo en mercancía. Y el fútbol no escapó. Como el pan, como el agua, como el cuerpo. El Mundial es ahora un showroom geopolítico: un lugar donde los países compiten por el poder simbólico que antes se disputaba en los campos de batalla.
LA PAZ SEGÚN LOS DUEÑOS DEL BALÓN
¿Qué tipo de paz es la que representa Trump para la FIFA? ¿La paz del silencio obligado? ¿La paz del que obedece? ¿La paz de los misiles que callan pueblos enteros? En nombre de esa paz, se premia al poder. Y quien cuestiona esa narrativa, queda fuera del juego. No es nuevo. Es la lógica de la mercancía: lo que no produce rentabilidad, se desecha.
Recordemos que el propio Infantino ha defendido mundiales en Qatar y Arabia Saudita sin inmutarse frente a la explotación laboral, la represión o la falta de derechos. La paz, en este escenario, no es más que un eslogan de marketing. Una camiseta que se vende, una publicidad en la banda del estadio.
UN BOICOT COMO MEMORIA Y DIGNIDAD
El boicot que algunos hinchas europeos proponen no es solo una protesta deportiva. Es una forma de resistencia cultural y política. Así como en los años 70 se boicoteó a la Sudáfrica del apartheid, hoy se comienza a cuestionar el uso del deporte como escudo del autoritarismo. Pero los medios de comunicación oficiales callan. O, peor, caricaturizan las protestas.
La historia del fútbol está llena de gestos de dignidad: equipos que se negaron a jugar con dictaduras, jugadores que alzaron la voz y fueron silenciados. Hoy, quienes se atreven a desafiar el nuevo orden del balón, saben que no será fácil. Pero tienen razón: resistir, aunque sea con una bufanda o una pancarta, puede valer más que mil goles en una final arreglada.
EL MUNDIAL COMO REFLEJO DEL MUNDO
El Mundial 2026 no será solo un torneo de selecciones. Será también un escenario donde se juega una partida más profunda: la del sentido de lo que somos, de lo que defendemos, de lo que aceptamos sin chistar. Porque cuando la FIFA premia a Trump por “la paz”, lo que en realidad celebra es la normalización del cinismo.
Y mientras tanto, la pelota sigue rodando, pero cada vez más lejos de los pueblos que le dieron vida.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La historia que vamos a contar podría parecer un capítulo perdido de Patas arriba, de Eduardo Galeano, pero no es ficción. Es el presente. Y el presente arde. Arde en los estadios, en las gradas, en las portadas de los diarios que aún no se atreven a llamar a las cosas por su nombre. Porque si el fútbol alguna vez fue fiesta popular, hace tiempo que pasó a ser propiedad privada de los dueños del balón, que no patean una pelota, pero sí patean la dignidad. Ahora, esos dueños se codean con presidentes que promueven el odio y reciben premios de la paz como si regalaran baratijas en una feria de vanidades.
EL MUNDIAL 2026 Y LA POLÍTICA DEL ESPEJO ROTO
Estados Unidos será uno de los anfitriones del Mundial 2026. Canadá, México y EE.UU. compartirán el negocio, perdón, el torneo. Pero algo se ha quebrado. Desde algunas gradas europeas, grupos de hinchas y clubes organizan un boicot. ¿El motivo? Las amenazas de Donald Trump, que regresa con traje de salvador, como si el fascismo se disfrazara de sheriff para repartir balas en vez de justicia. Frente a eso, los dirigentes del fútbol mundial no solo no condenan sus declaraciones. Lo premian.
Gianni Infantino, el mandamás de la FIFA, no tuvo reparos en declarar que Trump “merece” el Premio de la Paz que le otorgaron en diciembre. Infantino, el mismo que sin pelos en la lengua, ha defendido regímenes autoritarios con sonrisa de relaciones públicas, vuelve a ponerse del lado del poder. “Objetivamente, lo merece”, dijo, como si la paz pudiera medirse con una estadística amañada.
EL DEPORTE MÁS POPULAR DEL MUNDO, REDUCIDO A MERCANCÍA
Lo que pasa con el fútbol es solo una parte de una historia más grande. En el capitalismo global, todo se transforma en mercancía: la comida, la salud, la educación… y también la pasión. El fútbol, que nació en los potreros y en los barrios obreros, fue domesticado por el mercado. Convertido en espectáculo, fue vaciado de contenido y plastificado para las pantallas. La FIFA ya no organiza campeonatos: gestiona productos.
Este proceso no empezó ayer. Ya en el siglo XIX, cuando el capitalismo necesitaba reproducir su lógica en todos los rincones de la vida, comenzó a convertir todo en mercancía. Y el fútbol no escapó. Como el pan, como el agua, como el cuerpo. El Mundial es ahora un showroom geopolítico: un lugar donde los países compiten por el poder simbólico que antes se disputaba en los campos de batalla.
LA PAZ SEGÚN LOS DUEÑOS DEL BALÓN
¿Qué tipo de paz es la que representa Trump para la FIFA? ¿La paz del silencio obligado? ¿La paz del que obedece? ¿La paz de los misiles que callan pueblos enteros? En nombre de esa paz, se premia al poder. Y quien cuestiona esa narrativa, queda fuera del juego. No es nuevo. Es la lógica de la mercancía: lo que no produce rentabilidad, se desecha.
Recordemos que el propio Infantino ha defendido mundiales en Qatar y Arabia Saudita sin inmutarse frente a la explotación laboral, la represión o la falta de derechos. La paz, en este escenario, no es más que un eslogan de marketing. Una camiseta que se vende, una publicidad en la banda del estadio.
UN BOICOT COMO MEMORIA Y DIGNIDAD
El boicot que algunos hinchas europeos proponen no es solo una protesta deportiva. Es una forma de resistencia cultural y política. Así como en los años 70 se boicoteó a la Sudáfrica del apartheid, hoy se comienza a cuestionar el uso del deporte como escudo del autoritarismo. Pero los medios de comunicación oficiales callan. O, peor, caricaturizan las protestas.
La historia del fútbol está llena de gestos de dignidad: equipos que se negaron a jugar con dictaduras, jugadores que alzaron la voz y fueron silenciados. Hoy, quienes se atreven a desafiar el nuevo orden del balón, saben que no será fácil. Pero tienen razón: resistir, aunque sea con una bufanda o una pancarta, puede valer más que mil goles en una final arreglada.
EL MUNDIAL COMO REFLEJO DEL MUNDO
El Mundial 2026 no será solo un torneo de selecciones. Será también un escenario donde se juega una partida más profunda: la del sentido de lo que somos, de lo que defendemos, de lo que aceptamos sin chistar. Porque cuando la FIFA premia a Trump por “la paz”, lo que en realidad celebra es la normalización del cinismo.
Y mientras tanto, la pelota sigue rodando, pero cada vez más lejos de los pueblos que le dieron vida.


























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