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PARENTI: ADIÓS AL HISTORIADOR QUE DESENMASCARÓ AL IMPERIO

Mientras a la izquierda occidental se le "aflojaban los esfínteres" con Gorbachov, él se dedicaba a denunciar que se trataba de una operacion de puro saqueo de la propiedad popular

Michael Parenti ha muerto. Tenía 92 años y aún tenía cosas por decir. Historiador, escritor y crítico feroz del poder, denunció guerras disfrazadas de libertad, democracias secuestradas por las élites y medios que fabrican realidad. Desde su barrio obrero en Nueva York hasta sus conferencias por el mundo, pensó y escribió con una brújula clara: la del pueblo. Su palabra, como su vida, fue un acto de insubordinación contra la historia oficial.

 POR  ADAY QUESADA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Murió Michael Parenti. Murió un hombre que pensó con los pies en la tierra y escribió con la lengua afilada por la injusticia. Murió el pasado  24 de enero de 2026, en California, a los 92 años, y con él se fue una biblioteca viviente del pensamiento crítico que nunca pidió permiso para incomodar.

 

   A Parenti no se lo encuentra en las vitrinas polvorientas de la academia. Está, en cambio, en las mochilas de estudiantes que desconfían del discurso oficial, en las reuniones de vecinos que resisten los desalojos, en las radios comunitarias que se niegan a callar. Su voz, ronca y sin adornos, se fue colando por las rendijas del sistema como el polvo que no logran barrer los dueños del mundo.

 

    Su historia no empezó en salones universitarios, sino en una familia trabajadora italiana del East Harlem neoyorquino. Su mirada nació ahí: entre obreros, migrantes, vendedores ambulantes y parias. Desde ese mundo subterráneo escribió libros que fueron dinamita para el discurso dominante. "Democracy for the Few", "The Assassination of Julius Caesar", "Against Empire". En ellos no enseñó historia: enseñó a sospechar de la historia que enseñan.

 

   Parenti tenía algo que molesta mucho a los bienpensantes: memoria larga y principios firmes. No se tragó la historia de que el Imperio es benigno ni que los medios son neutros. Denunció, con nombres y apellidos, cómo el poder económico domestica la democracia y convierte al voto en un gesto sin destino. En Inventing Reality, explicó que los medios de comunicación no informan: forman conciencias útiles al mercado.

 

   “Su crítica a Gorbachov fue una defensa lúcida de lo colectivo frente al saqueo disfrazado de reforma”

 

   Y cuando todos aplaudíamos a Gorbachov, Parenti encendió la alarma. Donde muchos veían solo  modernización, él vio entrega. La Perestroika, dijo, fue la gran puerta giratoria que permitió a las viejas élites soviéticas convertirse en oligarquía capitalista.

 

   No celebró aquel giro "liberalizador" de Moscú: lo desenmascaró como un "desmontaje programado" de las gigantescas conquistas sociales del pueblo soviético.

 

    Mientras a la izquierda occidental se le "aflojaban los esfínteres"  con sus discursos aperturistas, Parenti nos advertía que lo que venía no era democracia, sino un puro saqueo. Y así sucedió. La historia le dio la razón: el socialismo real fue reemplazado por mafias privatizadoras, y el pueblo ruso pagó el banquete con hambre, desempleo y humillación nacional.

 

  No era en absoluto  dogmático. Pero era muy lúcido. Su crítica a Gorbachov no fue un canto al pasado, sino una defensa honesta de los logros colectivos que estaban siendo destruidos en beneficio de unos pocos.

 

  Parenti jamás negó los errores del socialismo real, pero se negó a caer en la moda del "ni-nismo", ese cinismo elegante que lo condena todo para no comprometerse con nada.

 

“No buscaba "palmaditas": buscaba despertar a quienes dormían soñando con el sueño de otros”

 

     Pagó cara su postura. Las Universidades le cerraron puertas, las editoriales grandes lo ignoraron, los medios lo caricaturizaron como "radical". Pero él nunca había buscado  palmaditas: buscó despertar a quienes dormían soñando con el sueño de otros.

 

    En sus charlas hablaba como quien conversa con sus vecinos. Sin citas en latín ni verbos inflados. Su erudición era de trinchera: leída en bibliotecas públicas, escuchada en fábricas, ensayada en huelgas. Era profesor, sí, pero sobre todo era militante del pensamiento que no se resigna.

 

    Ahora que Parenti ha muerto, no faltarán quienes  pretenderán encerrarlo ahora en el panteón de las grandes figuras del pensamiento progresista. Pero él nunca quiso ser estatua. Prefería ser eco. Un eco que dijera:

 

—Miren cómo el poder se disfraza de libertad.
—Miren cómo la historia oficial borra a los vencidos.
—Miren cómo el mercado convierte derechos en privilegios.

 

     Hoy, más que nunca, hace falta leerlo, invocarlo, discutirlo. Porque Parenti no es un muerto más. Es un testigo del siglo que no se rindió, un cronista del poder que nunca aceptó su versión, un compañero que nos enseñó que pensar también puede ser una forma de luchar.

 
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