Martes, 27 de Enero de 2026

Actualizada

Martes, 27 de Enero de 2026 a las 12:52:16 horas

| 1126
Lunes, 26 de Enero de 2026

LOS "PECULIARES" COMUNISTAS GRIEGOS SE PREPARAN PARA AFRONTAR EL "GRAN REAJUSTE" DEL SISTEMA CAPITALISTA (SONORIZADO)

¿Qué propone el Partido Comunista de Grecia ante un mundo en colapso? ¿Por qué el KKE insiste en que organizarse no es un lujo, sino una necesidad vital?

Las tesis del KKE para su XXI Congreso no son un ejercicio intelectual: son una hoja de ruta para tiempos oscuros. Entre la guerra en Ucrania, el genocidio en Palestina y la precarización creciente, los comunistas griegos apuestan por una organización firme, militante y profundamente ideológica. ¿Una revolución en la Revolución?

     

       Mientras gran parte del panorama político internacional se limita a reaccionar ante las sacudidas de la crisis global, el Partido Comunista de Grecia (KKE) se adelanta una vez más a los acontecimientos. En vísperas de su 22º Congreso, que se celebrará entre los dias  29 a 31 de enero de 2026 los comunistas griegos han lanzado un documento de  las tesis destinadas al mismo, en las  que no solo analizan la situación actual del sistema capitalista en crisis, sino que plantean  una elaborada  estrategia para lo que viene.

    El artículo que sigue es un acercamiento a ese texto, que lejos de limitarse a formular un mero diagnóstico,  lo  presentan como un manual de preparación para los convulsos tiempos  que se avecinan.

  

POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

 

 

    Hay quienes atraviesan la tormenta con los ojos vendados, esperando que pase sola. Y hay quienes, como el Partido  de los comunistas griegos (KKE), se estan preparando a conciencia, sabiendo que lo peor en la catastrofica evolución del sistema capitalista  no ha llegado aún.

 

    Una de las peculiaridades más notables de los comunistas helenos, que parece distinguirlos de otros europeos es precisamente esa: no actúan como si el presente fuera estable o eterno, sino que se organizan  meticulosamente para afrontar el gran reajuste que se prepara, para la irrupción de un tropel de cambios bruscos y violentos que las propias contradicciones del sistema capitalista ya se encuentran  en avanzado estado de incubación.

 

    Mientras muchos se resignan al colapso como si fuera una suerte de catástrofe natural, el KKE lo lee como lo que es: el resultado inevitable de un sistema que no puede sostenerse sin guerras, sin pobreza, sin destrucción.

 

     Y es en ese horizonte, sombrío pero previsible, donde otra de sus singularidades aparece con fuerza: no esperan a que las condiciones cambien para actuar, sino que orientan su trabajo desde ahora mismo en construir el Partido que será necesario cuando todo empiece a crujir.

 

    No hay profecía aquí. Hay preparación. Porque si algo nos enseña la historia, es que los pueblos solo tienen oportunidades cuando hay organizaciones listas para convertir el caos en posibilidad. Y eso, los comunistas griegos lo están tomando muy en serio.

 


UN MUNDO AL BORDE DEL COLAPSO

   Hay momentos en que la historia parece acelerar. Todo se mueve, todo cambia, y lo que ayer parecía inamovible hoy se tambalea. Estamos viviendo uno de esos momentos. Las noticias vuelan de pantalla en pantalla con titulares que se repiten: guerra, inflación, crisis, migraciones, represión. Y debajo de cada titular, si uno escarba un poco, late un sistema que hace aguas por todas partes. Ese sistema tiene nombre: capitalismo.

 

UNA EVALUACIÓN GENERAL: NUBES NEGRAS SOBRE EL PLANETA

    Lo que el KKE describe en sus tesis  ante su XXI Congreso no es una teoría, ni un pronóstico catastrofista. Es una radiografía de lo que tenemos delante de los ojos, pero que a veces cuesta ver con claridad: vivimos en un mundo donde las grandes potencias económicas y políticas no compiten por el bienestar de los pueblos, sino por el control de los recursos, los mercados y las rutas estratégicas. No hay “paz” posible en ese juego. Por eso, como advierte el texto, la situación actual se caracteriza por un desarrollo desigual y una intensificación de los antagonismos entre estados capitalistas.

 

    Las crisis del sistema no son una anomalía, sino su modo de respirar. Son necesarias para "resetear" la acumulación de capital y reconfigurar el dominio entre los bloques imperialistas. El KKE anuncia que estamos  entrandos en una fase de “reconfiguración internacional” donde no hay estabilidad posible para los pueblos, porque lo que está en disputa son los beneficios de los grandes monopolios.

 

EL JUEGO PELIGROSO DE LA UNIÓN EUROPEA Y LA ZONA EURO

    En Europa, el viejo continente que se presenta como garante de la civilización y los derechos humanos, las cosas tampoco van nada bien. La Unión Europea ha dejado de disimular su verdadera naturaleza.

 

   Su arquitectura económica responde solo a los intereses de los grandes capitales, especialmente de Alemania y Francia, que usan la estructura comunitaria como palanca para reforzar su posición global y disciplinar a sus socios más débiles.

 

   La zona euro, en vez de generar solidaridad, ha generado desigualdad. Grecia lo sabe mejor que nadie. Tras años de memorandos, ajustes y saqueo financiero, hoy el pueblo griego sigue pagando una deuda que no contrajo. Como explica el documento, la UE ha profundizado su carácter imperialista, no solo hacia el exterior, sino también hacia sus propios pueblos, imponiendo una economía de guerra que prepara el terreno para nuevas intervenciones y conflictos.

 

 

UCRANIA: UNA GUERRA IMPERIALISTA CON MÚLTIPLES MÁSCARAS

    Uno de los ejemplos más trágicos de esta lógica es la guerra en Ucrania. Mientras los medios nos repiten que se trata de una lucha entre democracia y autoritarismo, el análisis del KKE es muy claro: es una guerra entre potencias imperialistas, donde ni el pueblo ucraniano ni el ruso tienen el control de su destino.

 

    Por un lado, está la OTAN y la UE utilizando a Ucrania como punta de lanza para contener y debilitar a Rusia. Por el otro, está la burguesía rusa intentando asegurar su posición en el tablero global. Pero ninguno de estos bloques tiene un proyecto emancipador para sus pueblos. Lo que está en juego es quién reparte los beneficios del pillaje. Y la sangre que corre, como siempre, es la de los trabajadores y los pobres.

 

    El KKE ha sido uno de los pocos Partidos que ha denunciado el carácter imperialista de ambos bandos, negándose a tomar partido por uno u otro. En vez de caer en la trampa de los “patriotismos burgueses”, su apuesta es por la solidaridad entre los pueblos y por la organización independiente de la clase trabajadora. Porque si los obreros de Moscú y de Kiev lucharan juntos por sus intereses comunes, otro gallo cantaría.

 

 

PALESTINA: UN GENOCIDIO TELEVISADO EN DIRECTO

  Si Ucrania representa una guerra entre imperios, Palestina muestra el rostro más brutal del colonialismo contemporáneo. Allí no hay conflicto “entre iguales”. Hay un pueblo ocupado, bombardeado, expulsado y masacrado, y un Estado —Israel— que actúa como guardia avanzado del imperialismo occidental en la región.

 

    Las tesis del KKE no se andan con eufemismos: lo que ocurre en Gaza y Cisjordania es un genocidio, sostenido por Estados Unidos, la OTAN y la UE. El objetivo no es solo apropiarse del territorio palestino, sino controlar toda la región, sus recursos naturales, sus rutas energéticas, y frenar cualquier intento de soberanía popular.

 

    En este contexto, el internacionalismo deja de ser una consigna vacía y se convierte en una urgencia práctica: la solidaridad con el pueblo palestino es parte inseparable de la lucha contra el imperialismo en todas sus formas. No se trata de caridad, sino de combatir al enemigo común.

 

 

OTROS CONFLICTOS, MISMAS RAÍCES

    Además de Ucrania y Palestina, el documento señala otros focos de tensión internacional: el Mar de China, el Cáucaso, el Sahel, América Latina... Cada uno con sus particularidades, pero todos con una misma raíz: el enfrentamiento entre grandes bloques capitalistas por el control de zonas estratégicas.

 

     La “paz” que defienden los gobiernos occidentales no es más que una cobertura para nuevas intervenciones militares, golpes blandos, sanciones económicas y guerra mediática. Y lo más preocupante, como alerta el texto, es que el riesgo de una guerra generalizada crece a medida que se intensifican estas disputas.

 

 

LA ESTRATEGIA MILITAR DEL IMPERIALISMO: OTAN Y UE AL ATAQUE

    La OTAN ha dejado de ser una alianza “defensiva”. Hoy opera como una maquinaria de guerra global, que actúa allí donde los intereses del capital occidental lo exigen. Desde Afganistán hasta Libia, pasando por Irak o Siria, ha demostrado su capacidad destructiva y su desprecio absoluto por los derechos humanos.

 

    La UE no se queda atrás. Ha reforzado su doctrina de “autonomía estratégica”, que no significa otra cosa que prepararse para actuar militarmente sin depender de Estados Unidos, aunque con total convergencia en sus objetivos. La militarización de la política exterior europea ya no es una posibilidad futura: es una realidad en marcha.

 

 

¿Y QUÉ HACE MIENTRAS TANTO EL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL?

     Frente a esta situación, las tesis subrayan una cuestión clave: la postura del Movimiento Comunista Internacional. Y aquí el KKE detecta  luces y sombras.

 

    Por un lado, hay partidos comunistas que mantienen posiciones firmes, como el propio KKE, que defiende sin concesiones el carácter imperialista de estas guerras y rechaza cualquier forma de colaboración con la burguesía “progresista”. Por otro lado, hay sectores que han caído en la lógica de “apoyar al enemigo de mi enemigo”, justificando acciones represivas o expansionistas si vienen de Rusia o de China.

 

     El documento llama a superar esa confusión y a construir una posición clasista, independiente y revolucionaria. No se trata de elegir entre dos bloques imperialistas, sino de construir una alternativa real desde la lucha de clases, el internacionalismo y la unidad de los pueblos.

 


 
UNA ORGANIZACIÓN PARA  TIEMPOS DIFÍCILES

     Mientras el mundo se sacude entre guerras, crisis y desigualdad, una pregunta se impone con fuerza: ¿qué hacer? No como frase hecha, sino como necesidad urgente. El documento del KKE ofrece una respuesta clara: prepararse. Prepararse para resistir, para entender y para intervenir. Porque cuando todo parece jugar en contra, lo peor que puede hacer una organización revolucionaria es quedarse inmóvil o perder el rumbo.

 

 

NO TODO ESTÁ PERDIDO: PRIMERO, MIRARSE AL ESPEJO

     El texto parte de una autocrítica honesta: “Revisamos nuestras fuerzas”. No como un ejercicio de lamento, sino como paso necesario para fortalecer lo que hay y corregir lo que falta. El KKE sabe que no tiene el poder en sus manos, pero también sabe que el poder no es una cuestión de tamaño, sino de orientación, de claridad estratégica y de vínculo con el pueblo y  la clase obrera.

 

       ¿Para qué sirve tener una organización si no es para estar en condiciones de actuar cuando las condiciones  puedan cambiar de golpe? Porque el capitalismo es experto en crear situaciones inesperadas: estalla una guerra, cae un gobierno, aparece una pandemia, se desploma la economía. Y cuando eso ocurre, los pueblos no tienen tiempo de improvisar. O están organizados o son aplastados por la historia.

 

 

LA PREPARACIÓN INTEGRAL NO ES UN SLOGAN: ES UNA NECESIDAD VITAL

    Las tesis insisten en que la preparación del Partido no puede ser solo propagandística ni retórica. Tiene que ser integral, lo que significa preparar el pensamiento, el cuerpo y la estructura. El pensamiento: con formación ideológica, sin sectarismos ni dogmas, pero con principios firmes. El cuerpo: es decir, la militancia, que no puede ser solo “activista” sino verdaderamente revolucionaria. Y la estructura: porque sin organización concreta, toda idea se pierde en el aire.

 

     Hay una frase que atraviesa todo el documento, aunque no se exprese tal cual: el tiempo de las medias tintas se acabó. O se construye una fuerza organizada para enfrentar este sistema, o se corre el riesgo de que la rabia de los pueblos sea canalizada por la extrema derecha, el militarismo o el reformismo impotente.

 

 

CONSTRUIR UN PARTIDO EN TIEMPOS OSCUROS: UNA TAREA DE TODOS LOS DÍAS

    ¿Y qué significa “construir el partido” en esta época? Según el KKE, no es simplemente afiliar gente. Es formar militantes sólidos, con pensamiento crítico y capacidad para actuar en todos los frentes. Desde el barrio hasta la fábrica, desde la universidad hasta el sindicato.

 

    La construcción del partido es una cuestión multifactorial, segun señala el texto. No hay una única receta. Se trata de combinar educación política, inserción en las luchas populares, disciplina orgánica, y también cuidar la moral revolucionaria. Porque un militante no es un robot, pero tampoco puede ser alguien sin convicción ni entrega.

 

    El partido, entonces, es como una escuela y un cuartel al mismo tiempo. Una escuela donde se aprende a mirar el mundo con ojos de clase, y un cuartel donde se entrena para la lucha sin perder la ternura ni la lucidez.

 

 

FORTALEZA ORGANIZATIVA + FORTALEZA IDEOLÓGICA = UN PARTIDO QUE PUEDE RESPONDER

     En muchas organizaciones, estas dos dimensiones están separadas. O se centran en el activismo vacío de ideas, o en la discusión ideológica alejada del mundo real. El KKE plantea que la clave está en vincular las dos cosas: no puede haber organización fuerte si no hay pensamiento fuerte, y viceversa.

 

    Esto implica, por ejemplo, que no basta con tener presencia sindical si no se tiene una estrategia para disputar el sentido de esas luchas. O que no sirve hacer formación política si no hay una práctica donde aplicar lo aprendido. Es lo que el texto denomina “una tarea común”: construir organizativamente e ideológicamente al mismo tiempo.

 

    El militante no puede ser solo un repetidor de consignas, ni tampoco un teórico desconectado. Tiene que ser alguien que entienda, que proponga, que se equivoque, que corrija, que crezca con otros. Esa es la militancia que el KKE busca formar y fortalecer.

 

 

¿QUÉ PAPEL TIENE LA CLASE OBRERA HOY?

      Una de las cosas más potentes del documento es que nunca pierde de vista a la clase obrera como sujeto central de transformación. Aunque las condiciones hayan cambiado, aunque el trabajo se haya fragmentado, aunque las formas de explotación hayan mutado, sigue siendo la clase trabajadora —manual o intelectual— la que mueve la maquinaria del mundo. Y por tanto, también la que puede detenerla.

 

     El KKE no cae en la tentación de idealizar “al pueblo” como algo amorfo. Tampoco reduce todo a “la fábrica”. Lo que propone es una lectura dinámica: hay que insertarse donde la vida obrera se expresa hoy, que puede ser en un call center, en un hospital, en un supermercado, en una empresa logística, en una escuela. Donde haya trabajo explotado, ahí es donde tiene que estar el partido.

 

    Y dentro de esa clase trabajadora, el documento pone especial énfasis en las mujeres de origen popular, muchas veces sobreexplotadas, invisibilizadas, pero con una potencia transformadora enorme. La tarea, entonces, es especializar el trabajo entre ellas, entender sus realidades y hacerlas protagonistas.

 

 

¿PREPARADOS PARA LOS CAMBIOS BRUSCOS?

     El sistema mundial está en una fase de alta inestabilidad. Nadie puede predecir el futuro inmediato. Puede venir una crisis financiera peor que la del 2008. Puede estallar un nuevo frente de guerra. Puede colapsar el sistema ecológico. Y cuando algo de eso suceda, los pueblos van a moverse. La pregunta es: ¿habrá organizaciones capaces de orientar ese movimiento hacia una salida emancipadora?

 

    El KKE responde preparándose. No con voluntarismo, sino con método. No esperando que la historia venga a buscarlos, sino saliendo al encuentro de la historia.

 

    En tiempos difíciles, construir una organización revolucionaria no es un lujo. Es una necesidad. Una forma de cuidar el futuro, de no dejarlo en manos de los de siempre. De impedir que el miedo gane la partida.

 


CUANDO EL PARTIDO ES UNA ESCUELA DE MILITANCIA


    Si hay algo que la historia nos ha enseñado, es que los pueblos pueden levantarse incluso en las condiciones más adversas. Pero también ha demostrado que sin organización, esas explosiones de rabia y esperanza tienden a apagarse o a ser absorbidas por el sistema. De ahí que el documento del KKE insista una y otra vez en algo que podría sonar modesto, pero que en realidad es explosivo: mejorar el funcionamiento del partido.

 

    Puede sonar burocrático. Pero si uno mira con atención lo que propone, se da cuenta de que está hablando de algo mucho más profundo: convertir al partido en una herramienta viva, útil, eficaz y cercana a la gente.

 

 

LA CÉLULA: CORAZÓN DE LA ORGANIZACIÓN

     La base de todo partido revolucionario no son sus líderes ni sus documentos: son sus células. Esas pequeñas organizaciones que trabajan en los barrios, en los centros de estudio, en los lugares de trabajo. El KKE afirma sin rodeos que muchas de estas organizaciones de base (OBP) no están funcionando con la estabilidad y riqueza necesarias.

 

   ¿Y qué significa eso? Que no basta con tener una “estructura” sobre el papel. Que hace falta que cada célula funcione como un espacio de discusión política real, de análisis de la situación concreta, de planificación de acciones, de formación colectiva. Una célula es más que un grupo de militantes: es una miniatura del partido en movimiento.

 

    El documento plantea que muchas veces la falta de actividad o de iniciativa no se debe a falta de ganas, sino a la ausencia de orientación concreta, de prioridades claras y de distribución adecuada del tiempo y las fuerzas. Por eso uno de los focos del documento es reorganizar la vida interna del partido con criterios funcionales, no rituales.

 

 

EL PAPEL DE LOS SECRETARIOS Y DE LOS BURÓS

     Aquí se toca una fibra sensible, pero necesaria: el rol de los cuadros dirigentes intermedios. Esos militantes que, sin ser la “cúpula”, tienen responsabilidades importantes en la orientación y cohesión de las células.

     Las tesis insisten: el funcionamiento estable de las células depende en gran parte del trabajo serio de los secretarios y burós. No basta con convocar reuniones o pasar lineamientos desde arriba. Hay que escuchar, organizar, formar, acompañar, distribuir tareas con criterio político y humano a la vez.

 

     Esto puede parecer interno o menor, pero no lo es. Porque si las estructuras de base no funcionan, el partido no respira. Es como tener pulmones con bronquitis: por más que haya cerebro, el cuerpo no avanza.

 

 

REPARTO DE FUERZAS Y VIGILANCIA POLÍTICA

       Otro punto clave del texto es la distribución adecuada de los militantes y cuadros. No se trata de “llenar espacios”, sino de pensar estratégicamente: ¿dónde está la clase obrera hoy?, ¿en qué sectores se juega la acumulación de fuerza política?, ¿qué espacios tienen más capacidad de irradiar conciencia?

 

     Distribuir correctamente los cuadros no es un acto técnico. Es una decisión profundamente política. Supone ubicar a los más experimentados donde pueden potenciar a otros, y formar a nuevos militantes allí donde la lucha es más viva o más difícil.

 

     En ese mismo plano, el texto plantea con claridad que estamos en tiempos donde la vigilancia política y la protección del partido son tareas ineludibles. No por paranoia, sino por realismo: vivimos una época de crisis donde el control, la represión y la infiltración forman parte del arsenal cotidiano del Estado capitalista.

 

    Esto implica desarrollar mecanismos de recolección de información, defensa ante provocaciones y capacidad de responder a posibles intentos de desestabilización o persecución. No se trata de “militarizar” al partido, sino de protegerlo para que siga siendo útil a la causa que defiende.

 

 

UN TRABAJO ESPECIAL ENTRE LAS MUJERES OBRERO-POPULARES

      Este punto es uno de los más ricos y específicos del documento. El KKE propone profundizar el trabajo político-ideológico y organizativo entre las mujeres de origen y posición de clase obrera-popular.

 

     ¿Y por qué subraya esto? Porque estas mujeres —jóvenes o adultas, madres, trabajadoras, estudiantes, cuidadoras— son víctimas de múltiples formas de opresión, pero al mismo tiempo son portadoras de una fuerza inmensa.

 

     Su explotación es doble (por clase y por género), pero también por su capacidad de lucha. Como señala el texto, muchas veces ellas están en la primera línea de la vida cotidiana: en los barrios, en los hospitales, en las escuelas, en los empleos más precarizados. Y sin embargo, son las más olvidadas por las organizaciones tradicionales.

 

     Por eso el KKE plantea que el partido y su juventud (la KNE) deben desarrollar un trabajo más especializado, más constante, más creativo con ellas. No como “objeto” de la política, sino como sujetas activas de la transformación revolucionaria.

 

 

EL FUNCIONAMIENTO DE LOS COMITÉS SECTORIALES Y REGIONALES

      El documento avanza también sobre la estructura media y alta del partido, es decir, los comités sectoriales, regionales y sus burós. Se insiste en que el trabajo de dirección no puede reducirse a reuniones ni a informes formales. Debe ser una práctica activa de coordinación, seguimiento, formación y evaluación.

 

    Los Comités Regionales, por ejemplo, no solo deben “bajar línea”, sino también identificar cuadros con potencial, ayudar en la resolución de conflictos, aportar visión estratégica, y facilitar el desarrollo del trabajo de base.

 

     Aquí no hay una distinción artificial entre “líderes” y “bases”. Hay un cuerpo político que funciona como un todo, donde cada parte tiene su papel y su responsabilidad. La dirección no es un lugar de privilegio, sino una carga consciente al servicio de un proyecto colectivo.

 

 

LA FORMACIÓN Y PROMOCIÓN DE CUADROS: SEMBRAR HOY, COSECHAR MAÑANA

     Por último, uno de los ejes más estratégicos del documento: la formación y promoción de cuadros políticos. No solo se trata de identificar a quienes ya tienen condiciones, sino de crear condiciones para que surjan nuevos referentes revolucionarios.

 

     Esto implica combinar experiencia práctica con estudio teórico, seguimiento personal con espacios colectivos de crecimiento, oportunidades para asumir tareas con espacios para reflexionar sobre los errores y los logros.

 

     Un Partido que no forma cuadros se condena a envejecer, a fosilizarse, a repetirse sin renovarse. Por eso el KKE coloca esta tarea como de alta prioridad. Porque la lucha que viene será larga y dura, y hará falta toda una generación de hombres y mujeres dispuestos a entregar lo mejor de sí para que los pueblos puedan escribir su propia historia.

 

 

 LA DISCIPLINA REVOLUCIONARIA COMO ACTO DE QUERENCIA POPULAR

    Después de recorrer estas páginas del documento del KKE, queda claro que hablan de un partido que no se conforma con existir. Un partido que se piensa como instrumento de lucha, como refugio para los que no se resignan, como escuela de dignidad para los que quieren entender el mundo para transformarlo.

 

     En tiempos donde todo parece empujar al individualismo, al cinismo y a la desesperanza, levantar una organización seria, coherente, ética y revolucionaria es un acto de resistencia, pero también de amor al pueblo.

     Porque organizarse no es otra cosa que prepararse para lo que viene. Y lo que viene, si no lo cambiamos nosotros, no lo va a cambiar nadie.

 

 

 

 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.137

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.