16 DE FEBRERO DE 1936: RECORDAR PARA CONSTRUIR FUTURO
El voto como acto de conciencia y de futuro
El 16 de febrero de 1936, miles de mujeres acudieron a las urnas en las últimas elecciones generales de la Segunda República. No era solo una jornada electoral: era la consolidación de un derecho conquistado pocos años antes y la expresión visible de una ciudadanía femenina que reclamaba voz propia en la construcción de una España más justa y moderna. Aquellas filas ante los colegios electorales simbolizaron una transformación profunda: la democracia comenzaba a escribirse también en femenino.
POR ORLANDO RODRÍGUEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
El 16 de febrero de 1936 marca una de las fechas más significativas de la historia democrática española. Ese día se celebraron las últimas elecciones generales de la Segunda República Española, unas elecciones que no solo fueron un plebiscito político en un momento de enorme polarización social, sino también un reflejo profundo de las aspiraciones y tensiones de una sociedad en transformación.
La jornada electoral de febrero de 1936 fue, en muchos sentidos, una expresión de esperanza colectiva. Participaron numerosos ciudadanos y ciudadanas que creían en la posibilidad de construir una España más justa, solidaria y moderna. La victoria correspondió a la coalición del Frente Popular, integrada por diversas fuerzas políticas progresistas que apostaban por reformas profundas en ámbitos como la educación, la tierra o los derechos laborales. Estas elecciones se celebraron en un clima de gran intensidad, con debates públicos vibrantes y una participación que hoy recordaríamos como altamente motivada.
Una de las transformaciones más destacadas de la Segunda República fue el avance en los derechos civiles de las mujeres. Por primera vez, muchas mujeres pudieron ejercer su derecho al voto con plena conciencia de su poder ciudadano. Desde que se reconoció este derecho en 1931, la presencia de mujeres en las urnas y en la vida política había ido creciendo; en 1936 se consolidó como una evidencia de que la igualdad formal comenzaba a abrirse paso en la sociedad española.
La participación femenina no solo fue un símbolo de justicia histórica, sino un motor de cambio social. Las mujeres llevaron sus inquietudes al debate público: mejoras educativas, derechos laborales, acceso a la cultura y la ciencia; demandas que todavía resuenan en muchas luchas actuales.
En 2026, cuando conmemoramos el 90º aniversario de esas elecciones, el papel de la mujer en la política sigue siendo un tema fundamental. La mirada crítica de la juventud contemporánea, especialmente de jóvenes mujeres, está reactivando esas preguntas sobre igualdad, representación y participación.
Hoy, la juventud española —incluida la canaria— vive en un mundo muy distinto, con desafíos propios: cambio climático, economía globalizada, nuevas tecnologías, debates sobre identidad y derechos sociales. Sin embargo, el valor de participar en la vida democrática y de defender los derechos civiles sigue siendo un hilo conductor desde 1936 hasta hoy.
Desde el Centro para la Investigación y la Divulgación de la Memoria Histórica y Democrática de Canarias, se trabaja con la convicción de que conocer el pasado fortalece la democracia del presente. El Centro organiza actividades educativas, charlas, publicaciones para propiciar una reflexión activa sobre momentos clave de nuestra historia. Recordar las elecciones de febrero de 1936 no es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación a comprender qué se jugaba entonces y qué se sigue jugando ahora en cada urna, en cada debate público, en cada acción cívica.
Asunción González, secretaria del CID señala
"Las elecciones de 1936 no pueden desligarse de su contexto histórico —que desembocó en una guerra civil y una larga dictadura—, pero tampoco deben verse como un capítulo cerrado. Más bien, son un espejo que nos invita a cuestionarnos qué significa participar, qué significa escuchar voces diversas y qué valores queremos reforzar para construir una sociedad más democrática e inclusiva".
Hoy, al mirar a la juventud que protagoniza cambios sociales y políticos, y al reconocer el papel de mujeres que no dejaron de luchar por sus derechos, encontramos una lección poderosa: la democracia se construye todos los días, con memoria, con participación y con coraje.
POR ORLANDO RODRÍGUEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
El 16 de febrero de 1936 marca una de las fechas más significativas de la historia democrática española. Ese día se celebraron las últimas elecciones generales de la Segunda República Española, unas elecciones que no solo fueron un plebiscito político en un momento de enorme polarización social, sino también un reflejo profundo de las aspiraciones y tensiones de una sociedad en transformación.
La jornada electoral de febrero de 1936 fue, en muchos sentidos, una expresión de esperanza colectiva. Participaron numerosos ciudadanos y ciudadanas que creían en la posibilidad de construir una España más justa, solidaria y moderna. La victoria correspondió a la coalición del Frente Popular, integrada por diversas fuerzas políticas progresistas que apostaban por reformas profundas en ámbitos como la educación, la tierra o los derechos laborales. Estas elecciones se celebraron en un clima de gran intensidad, con debates públicos vibrantes y una participación que hoy recordaríamos como altamente motivada.
Una de las transformaciones más destacadas de la Segunda República fue el avance en los derechos civiles de las mujeres. Por primera vez, muchas mujeres pudieron ejercer su derecho al voto con plena conciencia de su poder ciudadano. Desde que se reconoció este derecho en 1931, la presencia de mujeres en las urnas y en la vida política había ido creciendo; en 1936 se consolidó como una evidencia de que la igualdad formal comenzaba a abrirse paso en la sociedad española.
La participación femenina no solo fue un símbolo de justicia histórica, sino un motor de cambio social. Las mujeres llevaron sus inquietudes al debate público: mejoras educativas, derechos laborales, acceso a la cultura y la ciencia; demandas que todavía resuenan en muchas luchas actuales.
En 2026, cuando conmemoramos el 90º aniversario de esas elecciones, el papel de la mujer en la política sigue siendo un tema fundamental. La mirada crítica de la juventud contemporánea, especialmente de jóvenes mujeres, está reactivando esas preguntas sobre igualdad, representación y participación.
Hoy, la juventud española —incluida la canaria— vive en un mundo muy distinto, con desafíos propios: cambio climático, economía globalizada, nuevas tecnologías, debates sobre identidad y derechos sociales. Sin embargo, el valor de participar en la vida democrática y de defender los derechos civiles sigue siendo un hilo conductor desde 1936 hasta hoy.
Desde el Centro para la Investigación y la Divulgación de la Memoria Histórica y Democrática de Canarias, se trabaja con la convicción de que conocer el pasado fortalece la democracia del presente. El Centro organiza actividades educativas, charlas, publicaciones para propiciar una reflexión activa sobre momentos clave de nuestra historia. Recordar las elecciones de febrero de 1936 no es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación a comprender qué se jugaba entonces y qué se sigue jugando ahora en cada urna, en cada debate público, en cada acción cívica.
Asunción González, secretaria del CID señala
"Las elecciones de 1936 no pueden desligarse de su contexto histórico —que desembocó en una guerra civil y una larga dictadura—, pero tampoco deben verse como un capítulo cerrado. Más bien, son un espejo que nos invita a cuestionarnos qué significa participar, qué significa escuchar voces diversas y qué valores queremos reforzar para construir una sociedad más democrática e inclusiva".
Hoy, al mirar a la juventud que protagoniza cambios sociales y políticos, y al reconocer el papel de mujeres que no dejaron de luchar por sus derechos, encontramos una lección poderosa: la democracia se construye todos los días, con memoria, con participación y con coraje.


























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