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LENIN ENTREVISTADO POR CLARA ZETKIN: "LA PROSTITUCIÓN NO ES UNA PROFESIÓN. ES UNA ESCLAVITUD INTOLERABLE"

"No solo queremos cambiar a quiénes mandan, sino tambien cómo se vive"

En 1920, en pleno corazón de la joven Unión Soviética, Clara Zetkin —figura clave del socialismo europeo y defensora de los derechos de las mujeres trabajadoras— se sentó frente a Lenin para conversar sobre un tema que, en ese entonces, muchos consideraban “secundario”: la cuestión femenina. Lo que surgió de aquel intercambio fue mucho más que una charla circunstancial. Fue una toma de posición clara y profunda del líder bolchevique sobre el papel esencial que debía ocupar la mujer en la revolución. Reproducimos el resultado de aquella entrevista.

 REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Clara Zetkin fue una revolucionaria alemana, militante marxista y una de las pioneras en la organización de las mujeres trabajadoras en Europa. Dedicó su vida a la lucha por el socialismo y por la emancipación femenina, convencida de que ambas estaban profundamente unidas.

 

    En 1920, durante un viaje a Moscú como dirigente de la Internacional Comunista, sostuvo una larga conversación con Lenin, líder de la Revolución Rusa, sobre la cuestión de la mujer. Lo que podría parecer un asunto “secundario” para muchos en ese momento, era para Lenin un tema central: sin la liberación de las mujeres, no podía hablarse de revolución socialista real.

 

   Su interés no era teórico, sino profundamente práctico: le preocupaba cómo organizar, movilizar y transformar las condiciones de vida de millones de mujeres proletarias, romper con su esclavitud doméstica y garantizar su plena participación en la construcción del nuevo mundo comunista.

 

LA ENTREVISTA:

 

Clara Zetkin:


     Compañero Lenin, muchas camaradas revolucionarias —en especial jóvenes— me han pedido que hable con usted sobre cómo ve usted la cuestión de la mujer. En concreto, sobre su rol en la lucha socialista y sobre los desafíos que enfrentamos en la organización política de las mujeres trabajadoras. ¿Puedo hacerle algunas preguntas al respecto?

 

Lenin:
 

    Por supuesto, Clara, hablemos sin rodeos. Esta cuestión es de una importancia inmensa. Me preocupa profundamente que muchas de nuestras camaradas no estén comprendiendo a fondo cuán esencial es la participación activa de las mujeres en la lucha revolucionaria y en la construcción del nuevo Estado.

 

Clara Zetkin:


    En Alemania, muchos camaradas hombres, incluso comunistas, siguen viendo la cuestión de la mujer como un problema “secundario”, o como una distracción de la lucha de clases principal. ¿Cómo respondería usted a esa actitud?

 

Lenin:


     Eso es una gran equivocación. La emancipación real del proletariado no es posible sin la emancipación completa de las mujeres. ¿Cómo se puede construir el socialismo si la mitad de la clase trabajadora sigue encadenada a las viejas estructuras familiares, al trabajo doméstico no reconocido y a la subordinación? Es absurdo. La revolución debe arrancar de raíz toda forma de opresión. Y eso incluye, sin dudas, la opresión de género.

 

Clara Zetkin:


    Pero muchos camaradas alegan que “el momento no es el adecuado”, que hay “urgencias mayores”, que primero hay que consolidar el poder del proletariado y ya después se verá el asunto de las mujeres…

 

Lenin:


    ¿Y cuándo creen que será “el momento adecuado”? ¿Cuando todo esté resuelto, cuando ya no quede nada por transformar? Esa excusa del “no ahora” ha sido siempre el pretexto de los reformistas y los oportunistas. La revolución no tiene intermedios. No se puede posponer la libertad de las mujeres como si fuera una reforma más. Hay que integrarla desde el principio, como parte esencial de la transformación revolucionaria.

 

Clara Zetkin:


     ¿Y cuál cree usted que es el rol de las mujeres en el nuevo Estado socialista?

 

Lenin:


     Un rol activo, creativo, igualitario. No basta con declarar la igualdad en papel. Hay que construir las condiciones materiales para que sea efectiva. Guarderías, comedores colectivos, lavanderías públicas, derecho al aborto, educación para todos. Solo así la mujer trabajadora puede liberarse del peso del trabajo doméstico y participar plenamente en la vida pública, política y económica. La igualdad no se logra con discursos, sino transformando la vida cotidiana.

 

Clara Zetkin:


     ¿Y qué pasa con las costumbres, con los prejuicios? Muchos hombres trabajadores siguen viendo a la mujer como su sirvienta o como su propiedad.

 

Lenin:


    Ese es un problema profundo, heredado de siglos de patriarcado. Pero la conciencia no cambia sola. Cambia con la práctica social. Al poner a las mujeres en posiciones de responsabilidad, al demostrar que pueden y deben participar en pie de igualdad, los prejuicios empiezan a resquebrajarse. El Partido tiene que ser implacable en esto. No tolerar actitudes machistas dentro de sus filas. Hay que educar, pero también disciplinar.


Clara Zetkin:


    Una cuestión clave que sale todo el tiempo es el trabajo doméstico. Incluso en el Estado socialista, muchas mujeres siguen atadas a la cocina, a los niños, a la limpieza… ¿Cómo romper ese ciclo?

 

Lenin:


      Ese trabajo invisible, ese “trabajo doméstico” como le llaman, ha sido uno de los mecanismos históricos más eficaces para mantener a las mujeres oprimidas. Es esclavitud doméstica. Si no socializamos esas tareas, si no las liberamos de la esfera privada, las mujeres no serán libres jamás. Necesitamos comedores colectivos, guarderías en todos los barrios, lavanderías comunes… Eso no es un lujo, es un paso revolucionario. Y ojo, no solo para liberar a las mujeres: también para que toda la sociedad avance.

 

Clara Zetkin:


Algunos camaradas dicen que eso significa “burocratizar la vida familiar”...

 

Lenin:


     ¡Burocratizar no! ¡Liberar! ¿Acaso la mujer que cocina todos los días durante horas no está “burocratizada” ya, en la peor acepción del término? Lo que proponemos es otra cosa: que el trabajo necesario para sostener la vida se organice de manera colectiva, racional, planificada, y no en forma de esclavitud individual dentro del hogar.

 

“La prostitución no es una profesión. Es una esclavitud que el socialismo debe erradicar de raíz.”

 

 

Clara Zetkin:


      Vladimir, deseo preguntarle por un tema delicado: la prostitución. Algunas compañeras proponen que en un Estado socialista debería ser reconocida como una “profesión”, con derechos. ¿Qué piensa usted?

 

Lenin:


    Definitivamente, no coincido en absoluto con esa visión. La prostitución es una de las formas más extremas de esclavitud de la mujer. No puede haber nada “profesional” en eso. La mujer no es una mercancía. El cuerpo humano no debe ser vendido, como tampoco debe ser vendido el trabajo infantil. El socialismo debe erradicar las condiciones que la hacen necesaria: la miseria, el desempleo, la desesperación. Y también debemos luchar contra la demanda, es decir, contra esa mentalidad masculina que considera “normal” comprar el cuerpo de otra persona para su placer.

 

Clara Zetkin:


    Y en cuanto a la organización de las mujeres, ¿cree usted que es necesario que haya estructuras específicas dentro del Partido o en paralelo, como los movimientos de mujeres comunistas?

 

Lenin:


     Sí, resulta imprescindible. No porque queramos separarlas, sino porque hay problemas, experiencias y luchas que son específicas de las mujeres, que los hombres no viven. Las mujeres necesitan un espacio para discutir entre ellas, organizarse, levantar su voz. Pero siempre con conexión orgánica con el Partido. No se trata de construir guetos políticos, sino de reforzar la unidad de clase reconociendo su diversidad.

 

Clara Zetkin:


      Pero algunos temen que eso lleve a un feminismo “separatista”, alejado del marxismo…

 

“El Partido debe ser un laboratorio de nuevas relaciones humanas.”

 

Lenin:


      La peor forma de separatismo es la de quienes, con el pretexto de la unidad, niegan la opresión concreta que viven las mujeres. Lo verdaderamente marxista es comprender que la lucha contra el patriarcado no compite con la lucha de clases: la refuerza. Las mujeres proletarias deben ser parte activa del proceso revolucionario, y eso no va a pasar si no se sienten escuchadas, organizadas, empoderadas.


Clara Zetkin:


     Compañero Lenin, usted ha hablado de la necesidad de transformar las costumbres, la mentalidad, la cultura… ¿No cree que eso llevará mucho más tiempo que cualquier cambio económico?

 

Lenin:


    Sin duda. Las ideas viejas no desaparecen con un decreto. Aunque nacionalices fábricas y socialices la tierra, la mentalidad patriarcal sigue viva. A veces disfrazada, a veces descarada. Cambiar eso es un trabajo de largo aliento, de pedagogía revolucionaria constante. Por eso el Partido tiene que estar a la vanguardia también en lo moral, no solo en lo económico o en lo político.

 

Clara Zetkin:


      ¿Y cómo se combate esa moral burguesa que sigue impregnando incluso hasta a camaradas honestos?

 

Lenin:


      Con el ejemplo. El Partido debe ser un laboratorio de nuevas relaciones humanas. Si una mujer milita en nuestras filas y ahí mismo sufre machismo, desprecio o exclusión, entonces estamos fracasando. La práctica enseña más que mil discursos. Un hombre que limpia, que cría a sus hijos, que respeta la voz de sus compañeras, que no ejerce violencia, está haciendo más por la revolución que quien recita eslóganes y luego actúa como un patrón en su casa.

 

Clara Zetkin:


    Usted insiste mucho en eso...

 

Lenin:


    Porque es una cuestión clave, Clara. Si la revolución no entra en las casas, en las camas, en las cocinas, entonces no es revolución. No queremos solo cambiar quién manda, sino cómo se vive. Y eso empieza por los detalles: quién cocina, quién cuida, quién habla y quién escucha. La igualdad no se legisla: se construye cada día.

 

Clara Zetkin:


     Entonces, ¿cuál sería su mensaje para las mujeres trabajadoras que aún dudan si involucrarse en el Partido Comunista?

 

Lenin:


     Que no duden. Que su lugar está en el centro de la lucha. Que la revolución no se hará sin ellas. Que nadie les “concederá” derechos: deberán conquistarlos con su fuerza, su inteligencia y su organización. Y que no están solas. El Partido que no luche por ellas y con ellas, no merece llamarse revolucionario.

 

 

 
FUENTE  CONSULTADA 

Clara Zetkin, "From the Classics: Clara Zetkin’s Interview with Lenin on the Woman Question, 1920",  

 
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