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PORTO ALEGRE Y LA REORGANIZACIÓN DE LA LUCHA ANTIFASCISTA INTERNACIONAL

El encuentro de Porto Alegre impulsa una coordinación global frente al avance de la extrema derecha

En un contexto de crisis estructural del capitalismo, miles de activistas se reunieron en Porto Alegre para enfrentar el avance del fascismo. La Declaración resultante señala que este auge no es casual, sino funcional al sistema, y plantea una salida clara: organización internacional y transformación profunda de las condiciones que sostienen la desigualdad (...).

REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Entre el 26 y el 29 de marzo de 2026 se celebró en Porto Alegre, en el estado de Rio Grande do Sul (Brasil), la I Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos. En esta ciudad, históricamente ligada a procesos de movilización social y debate político internacional, miles de activistas provenientes de más de cuarenta países se reunieron con un objetivo común: articular una respuesta global frente al avance del fascismo, la extrema derecha y el imperialismo en su fase actual.

 

  La llamada Declaración de Porto Alegre sintetiza el espíritu de este encuentro. No se trata únicamente de un documento político, sino de una lectura del momento histórico que atraviesa el capitalismo a escala mundial.

 

La crisis del capitalismo como punto de partida

   El texto plantea que el sistema capitalista-imperialista atraviesa una crisis profunda, no solo económica, sino también social y moral. Esta crisis no es coyuntural, sino estructural: responde a las contradicciones propias de un sistema basado en la acumulación de riqueza en pocas manos y en la explotación intensiva del trabajo y de la naturaleza.

 

   Lejos de resolver estos problemas, las potencias dominantes han respondido intensificando las políticas neoliberales, aumentando el control social y promoviendo salidas autoritarias. En este contexto, el auge de la extrema derecha aparece como una herramienta funcional para sostener un sistema en decadencia.

 

El nuevo rostro del fascismo

   Uno de los aportes centrales de la declaración es entender que el fascismo actual no es una copia exacta del del siglo XX, pero sí cumple funciones similares. Adopta formas diversas según el país, pero comparte rasgos comunes: recorte de libertades democráticas, represión de organizaciones populares, destrucción de derechos laborales y privatización de servicios públicos.

 

    A esto se suman políticas de austeridad que agravan la desigualdad y la precariedad. El resultado es una sociedad cada vez más fragmentada, donde amplios sectores viven en condiciones de inseguridad económica permanente.

 

  El documento señala que la extrema derecha se nutre del malestar generado por décadas de neoliberalismo. Sin embargo, en lugar de dirigir ese descontento contra las élites económicas, lo canaliza hacia los sectores más vulnerables.

  

   Migrantes, mujeres, personas de los colectivos LGBTQ+, minorías étnicas o religiosas se convierten en chivos expiatorios. El racismo, la xenofobia y el sexismo no son fenómenos aislados, sino herramientas políticas que dividen a la clase trabajadora y debilitan su capacidad de organización.

 

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Imperialismo y guerra en un mundo en disputa

  La declaración vincula directamente el auge del fascismo con la intensificación del imperialismo. En un contexto de competencia global, las grandes potencias recurren cada vez más a sanciones, intervenciones militares y presiones políticas para asegurar su dominio.

 

  Se denuncian múltiples conflictos internacionales como expresiones de esta lógica, destacando especialmente la situación en Palestina, interpretada como un caso extremo de violencia colonial. Estas dinámicas reflejan un sistema global cada vez más militarizado y agresivo.

 

  Otro elemento clave es el rol de las Big Tech. Estas corporaciones no solo concentran poder económico, sino que influyen decisivamente en la construcción de la opinión pública.

 

  A través de algoritmos, plataformas digitales y campañas de desinformación, contribuyen a amplificar discursos reaccionarios y a desestabilizar procesos políticos que cuestionan el orden dominante.

 

La necesidad de la unidad en la diversidad

   Frente a este panorama, la declaración insiste en un punto fundamental: la unidad. Las fuerzas antifascistas son diversas, con diferencias estratégicas y políticas, pero comparten enemigos comunes.

 

  La experiencia histórica demuestra que sin articulación y coordinación, la resistencia queda fragmentada. Por eso se plantea la necesidad de construir un frente amplio que incluya a trabajadores, movimientos sociales, organizaciones feministas, ecologistas y colectivos de todo tipo.

 

  El documento también propone repensar la democracia. No basta con procesos electorales formales: es necesario avanzar hacia formas de participación real que permitan a los pueblos decidir sobre sus condiciones de vida.

 

  Esto implica ampliar derechos, fortalecer la organización popular y cuestionar estructuras que limitan la soberanía.

 

La crisis ecológica ocupa también un lugar central en el análisis. El capitalismo es señalado como responsable de un modelo destructivo que trata la naturaleza como mercancía.

Frente a esto, se propone avanzar hacia alternativas sostenibles, destacando la importancia de la reforma agraria como herramienta para garantizar la soberanía alimentaria y democratizar el acceso a la tierra.

 

De la resistencia a la organización internacional

La Declaración de Porto Alegre no se queda en el diagnóstico. Propone medidas concretas para avanzar en la articulación global: creación de espacios internacionales de coordinación, realización de conferencias regionales y fortalecimiento de redes de solidaridad.

Además, reafirma el apoyo a diversas luchas en todo el mundo, defendiendo el derecho de los pueblos a la autodeterminación.

 

  En última instancia, el documento plantea que no es posible combatir el fascismo sin cuestionar el sistema que lo genera. La lucha no es solo defensiva, sino también propositiva.

 

   Se trata de construir un modelo alternativo basado en la justicia social, la igualdad, la sostenibilidad y la solidaridad internacional. Un horizonte que apunte hacia una transformación profunda de las relaciones económicas y sociales.

 

    La Declaración de Porto Alegre no ofrece soluciones simples, pero sí una orientación clara: frente al avance de la barbarie, solo la organización consciente y la lucha colectiva de los pueblos pueden abrir camino hacia un futuro diferente.

 

 
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