Martes, 20 de Enero de 2026

Actualizada

Martes, 20 de Enero de 2026 a las 08:21:41 horas

| 1002
Martes, 20 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

MARCELO COLUSSI: VENEZUELA: ¿Y AHORA QUÉ?

"Luego del secuestro de Maduro hay un clima “extremadamente cooperativo” con Washington"

Marcelo Colussi expone su inquietud ante el rumbo incierto del proceso bolivariano, cuestionando si aún conserva algún impulso revolucionario genuino. A la luz de recientes hechos como el secuestro de Nicolás Maduro y el giro “cooperativo” del gobierno venezolano hacia Washington, Colussi plantea dudas fundamentales: ¿Es posible una transformación socialista real en las condiciones actuales? ¿Hay aún en el chavismo una vocación revolucionaria, o todo camina hacia una lenta declinación?

 

Por MARCELO COLUSSI PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

 

 

“Trump, entiendo que te creas el Presidente Interino de Venezuela, pero estás loco. Todo el mundo sabe que has invadido Venezuela para robarle su petróleo. Y quieres anexar Groenlandia a Estados Unidos porque tú y los multimillonarios que te apoyan intentan robarle los minerales de Groenlandia. Tus actividades descaradas, imperialistas, engañosas y criminales nos están haciendo perder el apoyo de nuestros aliados y verte como lo que realmente eres: un gánster criminal sin conciencia, moral ni devoción por la libertad, la justicia y la igualdad. Estás provocando que el mundo se vuelva contra ti y nuestro país. ¡Deja de decir estupideces ya!”

Maxine Waters, congresista demócrata por California

 

 

“La arrogante bravuconería de los cowboys que arrasan con todo está cayendo ante la milenaria sabiduría china.”

Romina de la Roca

 

 

“[Delcy Rodríguez] Está cumpliendo órdenes de Trump, no tiene un acuerdo.”

María Corina Machado, Premio Nobel de la ¿Paz?

 

 

 

[Img #89243]   Presentamos aquí algunas mínimas reflexiones, enfatizando con fuerza dos elementos claves del análisis:

 

 Están hechas desde el campo popular, con un nunca oculto carácter de izquierda y en clave de pobrerío mundial -del que somos parte-, pobrerío que mira algo (bastante) desconcertado la complejísima coyuntura internacional actual, pensando siempre en una perspectiva post-capitalista, lo que abre el interrogante de cómo eso es posible hoy, viendo los juegos de poder tan monumentales que cuestionan -¡pero no dan por terminada!- la posibilidad de un cambio revolucionario, llevado adelante por la masa trabajadora, y más aún, en un solo país. “Siempre hemos señalado que una obra tal como la revolución socialista no puede ser llevada a cabo en un solo país” (Lenin, 1920).

 

Están hechas con retazos de información, con los elementos disponibles -a través de medios de comunicación (comerciales y alternativos) y estudios académicos rigurosos-, elementos que no son muchos, más allá de la enorme avalancha que se presenta -muchas veces que, por tan masiva, puede contribuir a crear confusión-, intuyendo que hay cuestiones “muy reservadas”, que por ahora no salen a luz, y de las que, a lo sumo, podemos intuir su existencia, sin la posibilidad de establecer con seguridad escenarios futuros, pero muy preocupados por lo que se va vislumbrando (una vez más: pensando en las posibilidades reales de una transformación revolucionaria del actual capitalismo).

 

Los tres epígrafes citados indican el tenor general de las reflexiones:

1) ¿qué está pasando con la principal potencia capitalista?,

2) ¿cómo se va dibujando el actual escenario global con la declinación del imperialismo estadounidenses y el ascenso de China?,

y 3) perspectivas para el proceso venezolano.

 

  • Estados Unidos, terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, quedó como principal potencia capitalista mundial, enfrentada ideológica y militarmente a la Unión Soviética, pero no así en el aspecto económico. Por décadas fue el país más desarrollado del planeta, disfrutando una situación económica que le permitió sentirse imbatible. Pero por una suma de motivos, como todo imperio en la historia, se dio una conjunción de causas que hizo comenzar su declive: “se durmieron en sus laureles”, consumió más de lo que producía, se fue endeudando de un modo irresponsable, aparecieron otros rivales en el frente, perdió dinamismo. Hoy, si bien sigue siendo una gran superpotencia, no es el hegemón dominante. China, y en menor medida Rusia, le hacen sombra. La República Popular China, con un modelo económico-político-social distinto (“socialismo de mercado”, equivalente a capitalismo de Estado) le está arrebatando el lugar de superpotencia dominante.

 

  • El dólar, moneda mantenida en términos ficticios, apoyándose en el chantaje político-militar ejercido por Washington con 800 bases militares a través de todo el planeta, está comenzando a perder fuerza. La fijación de su valor a partir de la imposición de todas las transacciones petroleras mundiales hechas con esa divisa, empezó a ser cuestionada. El ataque de Estados Unidos sobre Venezuela fue un intento de salvataje del petrodólar ante su pérdida de hegemonía global. La narrativa mediática de lucha contra el narcotráfico solo se usó para preparar las condiciones para la invasión. Eso ya se desechó (el Cartel de los Soles no existe, y no hubo más bombardeos a supuestas narcolanchas) y solo interesa el manejo de los hidrocarburos.

 

  • China, luego de las reformas introducidas hacia los 90 del siglo pasado con las políticas de Deng Xiaoping estableciendo mecanismos de mercado y la inclusión de capitales occidentales, comenzó un proceso de crecimiento económico sin par. En pocas décadas llegó a ser una superpotencia en lo industrial, con un desarrollo científico-técnico propio que opacó a Occidente y, fundamentalmente, a Estados Unidos. La clase dirigente del país americano sabe que está perdiendo la iniciativa, y la llegada de Donald Trump al gobierno es una expresión de la lucha que ahora está dando, a través de su propuesta de “Hacer grande nuevamente a Estados Unidos” (MAGA), pues ya no lo es tanto.

 

 

"El proceso bolivariano afirma que la “tesis de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”, por lo que apunta a un “socialismo con empresarios”

 

 

  • El actual mandatario de la Casa Blanca tiene un particular estilo matón, bravucón, desafiante. Pero ello no es producto solo de una extravagante personalidad -sin duda, algo de ello hay, lo cual no termina de explicar su modalidad impositiva- sino que representa los intereses de una clase dominante (Wall Street, complejo militar-industrial, petroleras, Silicon Valley) que ve mermar su hegemonía mundial, asustada ante el avance chino. Su política -llevada adelante con ese peculiar estilo de película de vaqueros- representa la búsqueda del interés de los grandes capitales estadounidenses. Su recientemente aparecida Estrategia de Seguridad Nacional indica taxativamente que, ante esa disminución de poderío global, Latinoamérica pasa a ser su obligado reaseguro. “Este hemisferio es nuestro”, pudo decir Trump refiriéndose a la inmensa región al sur del Río Bravo. Está claro que el MAGA es una estrategia para recuperar posiciones perdidas, básicamente ante China. Como muestra elocuente de ello, baste citar un párrafo de esa Estrategia: “Todo funcionario del gobierno de Estados Unidos que trate con otros países debe comprender que parte de su trabajo es ayudar a que las empresas estadounidenses compitan y tengan éxito”.

 

  • Para llevar adelante esa intención de reposicionamiento, de recuperación del terreno perdido, la potencia norteamericana no escatima ningún esfuerzo, centrándose en el poderío militar. Quitándose la máscara de toda esa pantomima narrativa de apoyo a la libertad, la democracia y los derechos humanos, ahora la clase dominante del imperio no oculta su proyecto: manda por las buenas o por las malas. Explícitamente lo dijo el asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, sin ningún tapujo: “Vivimos en el mundo real, que se rige por la fuerza, que se rige por la violencia, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”. La operación militar en Venezuela lo dejó ver claramente. Nadie puede parar esta actual prepotencia estadounidense; nadie está a salvo (ahí están las amenazas contra Colombia, Cuba, México… ¿quién sigue ahora?). Si los países europeos protestan por las ansias imperiales de tomar Groenlandia, Trump amenaza con más aranceles. Es evidente que ya se dejaron atrás las formas “políticamente correctas”, el derecho internacional y un hipócrita discurso de convivencia civilizada. Sin ambages, Trump expresó en relación a Venezuela: “Primero fluirá el petróleo. La democracia puede esperar”.

 

  • Los BRICS+ -que no son una propuesta de socialismo, que representa solo intereses comerciales, pero marcando un escenario global ya no unipolar regenteado solo por Estados Unidos- con China y Rusia a la cabeza, están buscando desdolarizar la economía planetaria, cosa que enciende las alarmas en Washington, lo que lo llevó a dar este golpe en la República Bolivariana de Venezuela. La molestia no era un gobierno presuntamente revolucionario, y mucho menos el narcotráfico, sino la dificultad para acceder con total libertad a las reservas petroleras -y secundariamente a otros recursos minerales-.

 

  • El operativo desarrollado por las fuerzas armadas estadounidenses deja claro que, cada vez más, en el campo bélico cuentan las más refinadas tecnologías cibernéticas, que son quienes definirán las victorias. El golpe fugaz perpetrado en Caracas (que dejó heridos y muertos de ambos bandos, obviamente, tras dos horas de fuego cruzado, y no solo un herido en las tropas de la Fuerza Delta, como absurdamente declaró Trump) evidenció que la guerra electrónica -en la que Estados Unidos pareciera estar muy avanzado, pues desactivó todos los sistemas de defensa venezolanos- marca un antes y un después en el terreno militar. Por lo pronto China dijo que estudiaría lo allí ocurrido, para sacar conclusiones. La ciberguerra ha llegado, y marca el futuro de los enfrentamientos bélicos. Si a eso se suma que pudo haber entrega, infiltración, delación, traidores o algo de ello, tal como se dijo en la introducción de este texto, no existen pruebas válidas. Al menos de momento. Por lo pronto, para entender el golpe propinado, valen palabras de Richard de la Torre, ex jefe de estación de la CIA en Venezuela Después de años de corrupción, mala logística y sanciones, todas esas cosas ciertamente habrían degradado la preparación de los sistemas de defensa aérea de Venezuela”, a lo que debería sumarse el ataque cibernético.

 

  • Con esta agresión de Estados Unidos podríamos estar entrando en una fase civilizatoria donde la brutalidad se impone, dejando atrás las normativas internacionales, y donde la guerra entre grandes potencias podría ser la perspectiva futura. Esto abre la pregunta sobre si, finalmente, marcharemos hacia una (probable) Tercera Guerra Mundial. La racionalidad indica que una guerra total con armamento nuclear entre los tres grandes no es posible, poque ello significa el fin de la humanidad, sin vencedores (todos, absolutamente todos, perderían). Pero sí es posible que estemos ante escenarios de guerras locales continuas, reedición de la antigua Guerra Fría, llevadas a cabo con las tecnologías más modernas y, por tanto, más crueles. No olvidar que el negocio más grande de la humanidad es, justamente, la fabricación de armamentos.

 

  • Rusia y China, como grandes potencias globales, no buscan la confrontación militar abierta con el hegemón norteamericano, pero tal como están las cosas, ese escenario es posible. Junto a ello, puede pensarse también que hay negociaciones secretas repartiéndose zonas de influencias (una nueva Yalta: ¿eso se habrá establecido en Alaska con la reunión Trump-Putin?), aunque no hay pruebas evidentes para poder afirmarlo, por lo que esto no pasa de hipótesis.

 

  • De todos modos, más allá de la posibilidad cierta (indemostrable por ahora) de negociaciones secretas por el reparto planetario, todo indicaría que estamos marchando hacia un mundo multipolar, donde Estados Unidos lentamente iría perdiendo su hegemonía, y donde la República Popular China pasaría a ser la superpotencia, con su particular “socialismo de mercado”. Hoy por hoy, la potencia norteamericana necesita mucho más de China que a la inversa, porque desde Pekín se financia parte del monumental déficit estadounidense. Lo que está claro es que Washington ya no tiene la fuerza suficiente para ser el gendarme global. Lo puede ser, y el secuestro de Nicolás Maduro lo evidencia, a nivel latinoamericano. La posibilidad de una guerra de exterminio total entre China y Estados Unidos no está descartada, de ahí el actual proyecto anunciado por Trump de “domo dorado” (paraguas protector contra cualquier ataque de misiles o drones), por lo que el escenario futuro es incierto. Insistamos: con los pocos elementos que tenemos a mano para analizar la situación, es imposible aventurar escenarios. Los secretos de Estado se conocen muy tardíamente, cuando ya no es necesario mantenerlos ocultos.

 

  • A nivel de dirigencia nada indica que, a partir de esta infame agresión norteamericana (¡fue secuestro y no captura!), la Revolución Bolivariana vaya a radicalizarse. No lo hizo en su momento, cuando había más condiciones políticas con Hugo Chávez aun vivo y amplísimo apoyo popular, mucho más difícil -hoy pareciera ya imposible- es que la actual cúpula chavista busque profundizar el preconizado “socialismo del siglo XXI”. Esto confirma que todo ese proceso, iniciado a principios del siglo, no tenía en su ADN constitutivo un espíritu revolucionario en clave marxista. Fue un proceso importante, sin dudas, que abrió muchas esperanzas luego de décadas de neoliberalismo, que despertó expectativas en las izquierdas del mundo, pero que no profundizó realmente la lucha de clases, por lo que siempre continuó respetando y defendiendo la propiedad privada del capital. De hecho, según declaraciones de alguno de sus dirigentes, el marxismo “es una tesis dogmática que ya pasó de moda y no está acorde con la realidad de hoy”. Por lo pronto el proceso bolivariano afirma que latesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”, por lo que apunta a un “socialismo con empresarios”. Más que radicalizarse, por el contrario, podría estarse ahora cerca de su lenta declinación, quizá extinción (¿permanecerá como el peronismo en Argentina?). Al menos, eso puede constatarse con su actual conducción política. Igualmente es indemostrable con los datos disponibles la realidad -o no- de negociaciones secretas para el proceso que se está viviendo, pero eso vale como especulación. Lo cierto es que asistimos a movimientos políticos altamente llamativos, que ponen en tela de juicio la idea revolucionaria, pues luego del secuestro de Maduro, en un clima “extremadamente cooperativocon Washington, según afirmó la encargada de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, los funcionarios chavistas “Hasta ahora han cumplido con todas las demandas y solicitudes de Estados Unidos y del presidente”. Al mismo tiempo, preparando las condiciones para el regreso de la embajada norteamericana a suelo venezolano, autoridades militares recibieron al jefe de la CIA, John Ratcliffe. ¿Para negociar o para recibir órdenes?

 

  • Reflexión paralela: Cuba socialista, que hace seis décadas resiste heroicamente los embates inmisericordes del imperio, bloqueada y agredida por doquier con infinitos medios, en este momento se encuentra igualmente amenazada. ¿Serán pensables allí medidas de este tipo, como las que se están viendo ahora en Caracas? ¿Se podrá recibir al jefe del espionaje del imperio en La Habana? “Si invaden, tendremos que morir en la primera línea de la resistencia”, dijo en su momento Fidel Castro. “Si llegáramos a ser agredidos, pelearíamos con fiereza”, expresó recientemente el actual presidente Miguel Díaz-Canel. Parece que en Cuba hubo, y hay, socialismo.

 

  • Queda por verse qué sucederá con las bases chavistas: la clase trabajadora y el pueblo de a pie, por cierto principales defensoras de los beneficios que trajo el proceso bolivariano en su momento, hoy en muchos casos organizadas en milicias populares armadas, representando el elemento que impediría una invasión masiva de Estados Unidos (que no querría un nuevo Vietnam), y más aún, la transformación en un virtual protectorado, como pareciera que está ocurriendo ahora con las actuales medidas gubernamentales. Todo ello abre la pregunta sobre el futuro de la experiencia bolivariana que, en este momento, no se ve claro. La población venezolana tiene un profundo sentimiento antiimperialista, y fue gestora de grandes movilizaciones que cuestionaron el statu quo en su momento: el Caracazo en 1989, la reacción espontánea cuando el golpe de Estado del 2002 que logró evitar la detención de Chávez, las organizaciones populares que ahí están haciendo parte histórica de la resistencia, apoyando al proceso bolivariano, el glorioso barrio 23 de Enero armado y en pie de guerra. Sabemos que las revoluciones no se hacen desde las casas de gobierno, sino desde la movilización popular obrero-campesina, en las calles, en el combate. ¿Es pensable eso en la Venezuela post Maduro de hoy, con una dirigencia extremadamente cooperativa con quien la invadió dos semanas atrás? Allí no, pero ¿cómo reaccionarán esas bases, armas en mano, que no desean ceder la soberanía ni sentirse una virtual “república bananera”?

 

  • Las luchas populares por un horizonte socialista, en Venezuela y en todo el planeta, siguen esperando. La reconfiguración que está tomando la sociedad global, viendo la importancia definitoria de las nuevas tecnologías de control cada vez más penetrantes (guerra ideológico-cultural con los medios masivos de comunicación, en cuenta las redes sociales) y la guerra cibernética como fundamental en el mantenimiento de las sociedades (desactivación de todos las defensas, por ejemplo, según lo actuado hace quince días), abren un preocupante interrogante respecto a cómo sería posible hoy una revolución socialista en un solo país, cómo lograrla y, más aún, cómo mantenerla. La experiencia del país caribeño, en esta nueva recomposición mundial que estamos viviendo, obliga forzadamente a plantearnos estas preguntas. ¿Es el modelo de “socialismo a la china” un camino? ¿Son los BRICS+ un puente hacia un mundo post-capitalista? No parece. ¿Qué caminos hay entonces?

 

  • El capitalismo, como sistema, no puede dar soluciones a toda la humanidad, porque su misma esencia se lo impide. De todos modos, parece cada vez más fuerte, más sólido, aunque Estados Unidos pierda cierta hegemonía, y las posibilidades de colapsar ese sistema para ir hacia una sociedad socialista se vean bastante lejanas hoy, complicadas. Las luchas de clases siguen siendo el motor de la historia; la pregunta capital en este momento es cómo hacer para trascender el actual modelo, que se muestra tan cerrado. La acción -a todas luces condenable- de Washington hacia Venezuela muestra que la fuerza bruta -expresión, en definitiva, de esa permanente lucha de clases- sigue siendo “la partera de la historia”.

 

 

(*) Marcelo Colussi. Politólogo, catedrático universitario e investigador social. Nacido en Argentina estudió Psicología y Filosofía en su país natal y actualmente reside en Guatemala. Escribe regularmente en medios electrónicos alternativos. Es autor de varias textos en el área de ciencias sociales y la literatura.

 
 
 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.161

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.