FAUSTINO CORDÓN: CUANDO LA BIOLOGÍA EXPLICA LA HISTORIA HUMANA
El biólogo español defendió que la sociedad, la vida y la naturaleza forman parte de un mismo proceso evolutivo que solo puede comprenderse de manera unitaria
Faustino Cordón fue un científico empeñado en romper fronteras entre disciplinas. Desde la biología, propuso una lectura del materialismo dialéctico y del marxismo como herramientas científicas vivas, capaces de explicar tanto la evolución de la vida como los grandes cambios históricos. Su obra invita a pensar la sociedad humana no como algo separado de la naturaleza, sino como una de sus expresiones más complejas.
POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
Faustino Cordón fue un biólogo y pensador español del siglo XX, poco conocido fuera de círculos científicos y marxistas, pero de una enorme ambición intelectual.
Dedicó su vida a comprender la evolución de la vida desde una perspectiva unitaria, materialista y no fragmentada. Su trabajo buscó tender puentes entre biología, filosofía y teoría social, convencido de que la ciencia solo avanza de verdad cuando es capaz de pensar la realidad como un todo histórico y dinámico.
Cuando la ciencia se fragmenta
Vivimos rodeados de explicaciones parciales. Cada disciplina sabe mucho de su pequeño territorio, pero cada vez cuesta más entender el conjunto. La biología avanza por un lado, las ciencias sociales por otro, y la filosofía parece flotar en un plano distinto. Esta separación se ha vuelto tan habitual que ya casi no la cuestionamos.
Sin embargo, esa fragmentación tiene un precio. Nos permite acumular datos, pero nos dificulta comprender los procesos profundos. Sabemos cada vez más cosas, pero entendemos cada vez menos cómo se relacionan entre sí.
Faustino Cordón parte de esta incomodidad. Y se plantea una pregunta tan simple como exigente: ¿es posible una ciencia que no pierda de vista la unidad de la realidad?
Su respuesta no consiste en inventar una teoría nueva, sino en recuperar y desarrollar una tradición de pensamiento que aspira a comprender el mundo como proceso. Una tradición que ve en el materialismo dialéctico no una ideología, sino una forma rigurosa de pensar la naturaleza, la vida y la sociedad como partes de una misma historia.
El materialismo dialéctico como concepción integradora de la realidad
Para Cordón, el materialismo dialéctico no es una opinión filosófica, entre otras. Es la interpretación más general que la ciencia puede darse de la realidad en su conjunto. No estudia un objeto concreto, como hace la física o la biología, sino que intenta captar las leyes comunes que atraviesan todos los procesos reales.
Esta ambición no implica despreciar las ciencias particulares. Al contrario. El materialismo dialéctico solo tiene sentido si se alimenta de los avances concretos de cada ciencia. Su función no es sustituirlas, sino ordenarlas, relacionarlas y ofrecerles un marco común de comprensión.
Desde esta perspectiva, ninguna ciencia puede considerarse autosuficiente. Cada una estudia un fragmento de la realidad, pero ese fragmento solo tiene sentido pleno cuando se lo pone en relación con el resto. Pensar lo contrario conduce a una ciencia poderosa en técnicas, pero pobre en comprensión.
El materialismo histórico y su lugar en la naturaleza
El materialismo histórico se ocupa de un proceso muy específico: la evolución del ser humano en sociedad. Analiza cómo los hombres producen su vida material y cómo, al hacerlo, generan determinadas formas de organización social. Pero para Cordón, este enfoque solo puede ser verdaderamente científico si se recuerda algo fundamental: el ser humano es parte de la naturaleza.
La sociedad no flota por encima del mundo natural. Surge de él. Tiene un origen biológico y una historia evolutiva. Por eso, el materialismo histórico no puede desarrollarse al margen del conocimiento científico general sobre la vida y la naturaleza.
Del mismo modo, el materialismo dialéctico necesita del materialismo histórico para no quedarse en abstracciones vacías. La historia humana es uno de los procesos más complejos y mejor conocidos de la realidad. Ignorarla empobrece cualquier concepción general del mundo.
Ambos enfoques, insiste Cordón, se corrigen y se enriquecen mutuamente. Separarlos conduce al dogma.
La ciencia como proceso y no como dogma
Uno de los puntos más insistentes del pensamiento de Faustino Cordon es la idea de ciencia como actividad viva. La ciencia no es un conjunto de verdades definitivas. Es un proceso continuo de revisión, corrección y ampliación. Cuando una teoría deja de contrastarse con los hechos, deja de ser científica.
Este riesgo no afecta solo a las ciencias naturales. También alcanza a las teorías sociales y políticas. Cuando el materialismo histórico se repite como una fórmula cerrada, sin confrontarse con nuevos conocimientos, se convierte en doctrina. Y una doctrina, por muy bien intencionada que sea, ya no piensa.
Cordón subraya que los grandes momentos de avance científico suelen coincidir con crisis internas. Con la percepción de que las explicaciones disponibles ya no bastan. Esa incomodidad es el motor del progreso, no su enemigo.
Biología y niveles de integración
La aportación más original de Cordón aparece cuando introduce la biología en este debate. La realidad, mantiene Faustino Cordón, no es homogénea. Está organizada en niveles de integración. Cada nivel surge del anterior, pero presenta propiedades nuevas que no pueden reducirse a las del nivel inferior.
En la biología esto es especialmente claro. Las moléculas no explican por sí solas a las células. Las células no explican por sí solas a los animales. Un animal no es simplemente un conjunto de células, del mismo modo que una sociedad no es simplemente un conjunto de individuos aislados.
Cada nivel implica una forma nueva de unidad, de acción y de experiencia. Comprender cómo surge esa unidad es uno de los grandes desafíos de la ciencia contemporánea.
Darwin y Marx: dos formas de pensar la evolución
Cordón propone una comparación provocadora. Darwin y Marx estudiaron procesos evolutivos distintos, pero dentro de una misma gran etapa de la historia de la vida. Darwin se centró en la evolución de los animales. Marx, en la evolución del hombre como ser social.
Darwin explicó con enorme precisión cómo se producen los pequeños cambios dentro de las especies. Pero tuvo más dificultades para explicar los grandes saltos cualitativos, como el surgimiento de nuevas especies. Su teoría se mueve sobre todo en el terreno del cambio gradual.
Marx, en cambio, se vio obligado a pensar esos saltos. Al estudiar la sociedad, observó cómo la acumulación de pequeños cambios desemboca, en ciertos momentos, en transformaciones radicales. Nuevas formas de organización social que no pueden explicarse como simples mejoras de las anteriores.
En este sentido, Cordón considera a Marx un científico evolucionista de pleno derecho. No porque supiera más biología, sino porque pensó la evolución como un proceso histórico con rupturas y emergencias cualitativas.
Conciencia, vida y totalidad
Desde esta mirada, la conciencia humana deja de ser un misterio abstracto. No es un accidente ni una sustancia separada. Es el resultado de una larga evolución de niveles de vida. Una forma superior de relación con el entorno, construida históricamente.
La biología, cuando se la piensa de este modo, no reduce al ser humano. Lo sitúa. Lo explica sin negarlo. Y al hacerlo, enriquece también nuestra comprensión de la sociedad y de la historia.
Pensar sin fragmentar
Faustino Cordón no ofrece recetas ni consignas. Propone una exigencia intelectual. Pensar la realidad sin fragmentarla. Entender la sociedad como parte de la naturaleza y la naturaleza como un proceso histórico.
El materialismo dialéctico y el materialismo histórico, lejos de estar superados, siguen siendo herramientas valiosas si se las entiende como lo que son: puntos de partida para un pensamiento crítico, científico y abierto. No respuestas definitivas, sino métodos para seguir comprendiendo un mundo que no deja de transformarse.
POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
Faustino Cordón fue un biólogo y pensador español del siglo XX, poco conocido fuera de círculos científicos y marxistas, pero de una enorme ambición intelectual.
Dedicó su vida a comprender la evolución de la vida desde una perspectiva unitaria, materialista y no fragmentada. Su trabajo buscó tender puentes entre biología, filosofía y teoría social, convencido de que la ciencia solo avanza de verdad cuando es capaz de pensar la realidad como un todo histórico y dinámico.
Cuando la ciencia se fragmenta
Vivimos rodeados de explicaciones parciales. Cada disciplina sabe mucho de su pequeño territorio, pero cada vez cuesta más entender el conjunto. La biología avanza por un lado, las ciencias sociales por otro, y la filosofía parece flotar en un plano distinto. Esta separación se ha vuelto tan habitual que ya casi no la cuestionamos.
Sin embargo, esa fragmentación tiene un precio. Nos permite acumular datos, pero nos dificulta comprender los procesos profundos. Sabemos cada vez más cosas, pero entendemos cada vez menos cómo se relacionan entre sí.
Faustino Cordón parte de esta incomodidad. Y se plantea una pregunta tan simple como exigente: ¿es posible una ciencia que no pierda de vista la unidad de la realidad?
Su respuesta no consiste en inventar una teoría nueva, sino en recuperar y desarrollar una tradición de pensamiento que aspira a comprender el mundo como proceso. Una tradición que ve en el materialismo dialéctico no una ideología, sino una forma rigurosa de pensar la naturaleza, la vida y la sociedad como partes de una misma historia.
El materialismo dialéctico como concepción integradora de la realidad
Para Cordón, el materialismo dialéctico no es una opinión filosófica, entre otras. Es la interpretación más general que la ciencia puede darse de la realidad en su conjunto. No estudia un objeto concreto, como hace la física o la biología, sino que intenta captar las leyes comunes que atraviesan todos los procesos reales.
Esta ambición no implica despreciar las ciencias particulares. Al contrario. El materialismo dialéctico solo tiene sentido si se alimenta de los avances concretos de cada ciencia. Su función no es sustituirlas, sino ordenarlas, relacionarlas y ofrecerles un marco común de comprensión.
Desde esta perspectiva, ninguna ciencia puede considerarse autosuficiente. Cada una estudia un fragmento de la realidad, pero ese fragmento solo tiene sentido pleno cuando se lo pone en relación con el resto. Pensar lo contrario conduce a una ciencia poderosa en técnicas, pero pobre en comprensión.
El materialismo histórico y su lugar en la naturaleza
El materialismo histórico se ocupa de un proceso muy específico: la evolución del ser humano en sociedad. Analiza cómo los hombres producen su vida material y cómo, al hacerlo, generan determinadas formas de organización social. Pero para Cordón, este enfoque solo puede ser verdaderamente científico si se recuerda algo fundamental: el ser humano es parte de la naturaleza.
La sociedad no flota por encima del mundo natural. Surge de él. Tiene un origen biológico y una historia evolutiva. Por eso, el materialismo histórico no puede desarrollarse al margen del conocimiento científico general sobre la vida y la naturaleza.
Del mismo modo, el materialismo dialéctico necesita del materialismo histórico para no quedarse en abstracciones vacías. La historia humana es uno de los procesos más complejos y mejor conocidos de la realidad. Ignorarla empobrece cualquier concepción general del mundo.
Ambos enfoques, insiste Cordón, se corrigen y se enriquecen mutuamente. Separarlos conduce al dogma.
La ciencia como proceso y no como dogma
Uno de los puntos más insistentes del pensamiento de Faustino Cordon es la idea de ciencia como actividad viva. La ciencia no es un conjunto de verdades definitivas. Es un proceso continuo de revisión, corrección y ampliación. Cuando una teoría deja de contrastarse con los hechos, deja de ser científica.
Este riesgo no afecta solo a las ciencias naturales. También alcanza a las teorías sociales y políticas. Cuando el materialismo histórico se repite como una fórmula cerrada, sin confrontarse con nuevos conocimientos, se convierte en doctrina. Y una doctrina, por muy bien intencionada que sea, ya no piensa.
Cordón subraya que los grandes momentos de avance científico suelen coincidir con crisis internas. Con la percepción de que las explicaciones disponibles ya no bastan. Esa incomodidad es el motor del progreso, no su enemigo.
Biología y niveles de integración
La aportación más original de Cordón aparece cuando introduce la biología en este debate. La realidad, mantiene Faustino Cordón, no es homogénea. Está organizada en niveles de integración. Cada nivel surge del anterior, pero presenta propiedades nuevas que no pueden reducirse a las del nivel inferior.
En la biología esto es especialmente claro. Las moléculas no explican por sí solas a las células. Las células no explican por sí solas a los animales. Un animal no es simplemente un conjunto de células, del mismo modo que una sociedad no es simplemente un conjunto de individuos aislados.
Cada nivel implica una forma nueva de unidad, de acción y de experiencia. Comprender cómo surge esa unidad es uno de los grandes desafíos de la ciencia contemporánea.
Darwin y Marx: dos formas de pensar la evolución
Cordón propone una comparación provocadora. Darwin y Marx estudiaron procesos evolutivos distintos, pero dentro de una misma gran etapa de la historia de la vida. Darwin se centró en la evolución de los animales. Marx, en la evolución del hombre como ser social.
Darwin explicó con enorme precisión cómo se producen los pequeños cambios dentro de las especies. Pero tuvo más dificultades para explicar los grandes saltos cualitativos, como el surgimiento de nuevas especies. Su teoría se mueve sobre todo en el terreno del cambio gradual.
Marx, en cambio, se vio obligado a pensar esos saltos. Al estudiar la sociedad, observó cómo la acumulación de pequeños cambios desemboca, en ciertos momentos, en transformaciones radicales. Nuevas formas de organización social que no pueden explicarse como simples mejoras de las anteriores.
En este sentido, Cordón considera a Marx un científico evolucionista de pleno derecho. No porque supiera más biología, sino porque pensó la evolución como un proceso histórico con rupturas y emergencias cualitativas.
Conciencia, vida y totalidad
Desde esta mirada, la conciencia humana deja de ser un misterio abstracto. No es un accidente ni una sustancia separada. Es el resultado de una larga evolución de niveles de vida. Una forma superior de relación con el entorno, construida históricamente.
La biología, cuando se la piensa de este modo, no reduce al ser humano. Lo sitúa. Lo explica sin negarlo. Y al hacerlo, enriquece también nuestra comprensión de la sociedad y de la historia.
Pensar sin fragmentar
Faustino Cordón no ofrece recetas ni consignas. Propone una exigencia intelectual. Pensar la realidad sin fragmentarla. Entender la sociedad como parte de la naturaleza y la naturaleza como un proceso histórico.
El materialismo dialéctico y el materialismo histórico, lejos de estar superados, siguen siendo herramientas valiosas si se las entiende como lo que son: puntos de partida para un pensamiento crítico, científico y abierto. No respuestas definitivas, sino métodos para seguir comprendiendo un mundo que no deja de transformarse.

























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.170