EL PSOE SACA PECHO: CAMBIA LA ROSA POR UN PENE EN SU NUEVO LOGOTIPO
El nuevo emblema socialista: una valiosa metáfora política de la coherencia
El PSOE ha decidido dar el paso que nadie pedía, pero que muchos intuían: sustituir la mítica rosa por un pene en su logotipo. Según el partido, se trata de un ejercicio de coherencia con “las dinámicas recientes”. En este artículo, exploramos con ironía lo que significa esta revolución simbólica, tan explícita como reveladora.
POR ALFIL PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Según el digital "El Mundo Today", desde tiempos
inmemoriales, los partidos políticos han buscado símbolos que encarnen sus valores, sus luchas y, cómo no, sus contradicciones.
El puño y la rosa, emblema clásico del PSOE desde 1977, evocaba una extraña alquimia entre la ternura y la lucha, la flor y el martillo.
Pero los tiempos cambian, y el arte de la política simbólica también. Por eso, en un gesto de “transparencia” y “coherencia interna”, los socialistas han decidido jubilar la rosa para reemplazarla, con toda la delicadeza del mundo, por un pene.
¿El nuevo símbolo del PSOE es una broma, una confesión… o ambas cosas?
Sí, lector, ha leído usted bien: un pene. Pero no un pene cualquiera, sino uno firmemente sujetado por un puño. Una especie de nuevo escudo heráldico que, según la nota oficial del partido, refleja con mayor fidelidad “el espíritu real del PSOE”. Casi nada.
Detrás de esta arriesgada maniobra de “rebranding” —palabra muy de moda en las agencias de marketing y en los departamentos de traición ideológica— está Paco Salazar, exdiputado y actual artista conceptual, que asegura que siempre le gustó dibujar cosas y que “lo que sea por ayudar al partido”. Una afirmación que, si la tomamos literalmente, podría explicar varias listas electorales de los últimos años.
Pero retornemos al símbolo fálico. Lo que algunos —malintencionados, sin duda— consideran un exabrupto gráfico o una chabacanada de mal gusto, otros lo leen como un gesto de valentía iconográfica. Al fin y al cabo, ¿qué hay más sincero que un partido que decide hacer pública su pulsión más profunda? En lugar de esconder sus prácticas tras banderas de igualdad y progreso, el PSOE ha optado por ir al grano. Y qué grano.
“Es una imagen que refleja nuestras dinámicas recientes”, han explicado desde la sede de Ferraz. Una alusión sutil, sin duda, a los numerosos casos de acoso sexual y comportamientos patriarcales dentro del partido que —ahora lo sabemos— no eran una desviación, sino parte integral de la marca. Por eso se impone este “refresh” visual. Si antes la rosa simbolizaba la socialdemocracia, ahora el pene simboliza, pues... la socialdemocracia de toda la vida. Solo que sin florituras, nunca mejor dicho.
El nuevo logo plantea preguntas inquietantes. ¿Qué será lo siguiente? ¿Cambiarán el nombre a PSOP (Partido Socialista Obrero Pene)? ¿Harán suyas las viejas consignas como “con la fuerza del puño... y algo más”? ¿Veremos el símbolo proyectado en la fachada de la sede durante las elecciones, como una Batseñal eréctil convocando al electorado fiel?
Y sobre todo, ¿qué pensarán sus socios europeos? ¿Imitará el SPD alemán el gesto con una salchicha Bratwurst? ¿Cambiará el Partido Laborista su rosa por un cricket gigante en celo? ¿Será esta la esperada renovación del centroizquierda continental, con menos ideología y más testosterona?
Mientras tanto, en las redes sociales ya circulan propuestas para el nuevo himno del partido, entre ellas una adaptación de la canción “Estoy enamorado de mi pene” o una versión inclusiva de “Internacional Erecta”.
Más allá de la ironía, lo cierto es que este cambio no es solo gráfico. Es un testimonio brutalmente honesto de hacia dónde ha ido mutando cierta izquierda institucional: de los ideales emancipadores a la gestión institucional del poder... y de los órganos. La rosa marchitó. Pero quedó lo otro... ¡y menos mal!
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Según el digital "El Mundo Today", desde tiempos
inmemoriales, los partidos políticos han buscado símbolos que encarnen sus valores, sus luchas y, cómo no, sus contradicciones.
El puño y la rosa, emblema clásico del PSOE desde 1977, evocaba una extraña alquimia entre la ternura y la lucha, la flor y el martillo.
Pero los tiempos cambian, y el arte de la política simbólica también. Por eso, en un gesto de “transparencia” y “coherencia interna”, los socialistas han decidido jubilar la rosa para reemplazarla, con toda la delicadeza del mundo, por un pene.
¿El nuevo símbolo del PSOE es una broma, una confesión… o ambas cosas?
Sí, lector, ha leído usted bien: un pene. Pero no un pene cualquiera, sino uno firmemente sujetado por un puño. Una especie de nuevo escudo heráldico que, según la nota oficial del partido, refleja con mayor fidelidad “el espíritu real del PSOE”. Casi nada.
Detrás de esta arriesgada maniobra de “rebranding” —palabra muy de moda en las agencias de marketing y en los departamentos de traición ideológica— está Paco Salazar, exdiputado y actual artista conceptual, que asegura que siempre le gustó dibujar cosas y que “lo que sea por ayudar al partido”. Una afirmación que, si la tomamos literalmente, podría explicar varias listas electorales de los últimos años.
Pero retornemos al símbolo fálico. Lo que algunos —malintencionados, sin duda— consideran un exabrupto gráfico o una chabacanada de mal gusto, otros lo leen como un gesto de valentía iconográfica. Al fin y al cabo, ¿qué hay más sincero que un partido que decide hacer pública su pulsión más profunda? En lugar de esconder sus prácticas tras banderas de igualdad y progreso, el PSOE ha optado por ir al grano. Y qué grano.
“Es una imagen que refleja nuestras dinámicas recientes”, han explicado desde la sede de Ferraz. Una alusión sutil, sin duda, a los numerosos casos de acoso sexual y comportamientos patriarcales dentro del partido que —ahora lo sabemos— no eran una desviación, sino parte integral de la marca. Por eso se impone este “refresh” visual. Si antes la rosa simbolizaba la socialdemocracia, ahora el pene simboliza, pues... la socialdemocracia de toda la vida. Solo que sin florituras, nunca mejor dicho.
El nuevo logo plantea preguntas inquietantes. ¿Qué será lo siguiente? ¿Cambiarán el nombre a PSOP (Partido Socialista Obrero Pene)? ¿Harán suyas las viejas consignas como “con la fuerza del puño... y algo más”? ¿Veremos el símbolo proyectado en la fachada de la sede durante las elecciones, como una Batseñal eréctil convocando al electorado fiel?
Y sobre todo, ¿qué pensarán sus socios europeos? ¿Imitará el SPD alemán el gesto con una salchicha Bratwurst? ¿Cambiará el Partido Laborista su rosa por un cricket gigante en celo? ¿Será esta la esperada renovación del centroizquierda continental, con menos ideología y más testosterona?
Mientras tanto, en las redes sociales ya circulan propuestas para el nuevo himno del partido, entre ellas una adaptación de la canción “Estoy enamorado de mi pene” o una versión inclusiva de “Internacional Erecta”.
Más allá de la ironía, lo cierto es que este cambio no es solo gráfico. Es un testimonio brutalmente honesto de hacia dónde ha ido mutando cierta izquierda institucional: de los ideales emancipadores a la gestión institucional del poder... y de los órganos. La rosa marchitó. Pero quedó lo otro... ¡y menos mal!


























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