EL EX PRESIDENTE DE LA FIFA LLAMA AL BOICOT DEL MUNDIAL 2026: “NO VAYÁIS A EE.UU.”
El exjefe de la FIFA arremete contra el Mundial 2026 y critica el contexto político de su organización
Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, ha sacudido el tablero del fútbol mundial con su llamado al boicot del Mundial 2026 en Estados Unidos. En un momento político delicado, su mensaje apunta a la contradicción entre los valores que predica el fútbol y las políticas migratorias del país anfitrión. ¿Qué representa realmente este Mundial?
POR HANSI QUEDNAU PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Mientras el calendario avanza hacia el Mundial de 2026 con
sede compartida entre Estados Unidos, México y Canadá, una polémica de alto calibre ha sacudido el escenario futbolístico internacional. El protagonista no es un jugador estrella ni un entrenador polémico, sino Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, quien se ha unido abiertamente al llamado al boicot del evento:
“No vayáis a Estados Unidos”, ha declarado sin ningún rodeo.
Aunque ya no ocupa un cargo oficial en el organismo que dirigió durante 17 años, Blatter conserva todavía un eco considerable en la opinión pública futbolística. Sus palabras llegan en un contexto cargado de tensiones sociales y políticas dentro del país anfitrión.
“Organizar un Mundial en un país que construye muros es una contradicción”.
Estados Unidos, bajo el nuevo mandato de Donald Trump tras su reciente regreso al poder, ha endurecido sus políticas migratorias, lo cual ha despertado preocupación en distintos sectores de la comunidad internacional, incluidos aficionados, deportistas y activistas.
Para Blatter, el fútbol no puede desconectarse de las realidades que lo rodean. Según sus declaraciones, organizar un evento mundial en un país que impone restricciones migratorias severas, promueve un discurso de odio y construye muros, no es coherente con los valores universales del deporte. Su postura reaviva un viejo debate: ¿debe el fútbol ser “neutral” o tomar posición frente a las injusticias?
UN MUNDIAL ENTRE MURALLAS
El llamado al boicot no es nuevo. Ya en años anteriores, voces críticas habían alertado sobre el problema de celebrar grandes eventos en territorios donde los derechos humanos son vulnerados. Ocurrió en Catar, con denuncias sobre la explotación laboral de migrantes. Hoy, el blanco de las críticas es Estados Unidos, un país que históricamente ha utilizado el deporte como vitrina de poder blando, pero que, según muchos analistas, atraviesa un retroceso democrático.
“¿Qué mensaje damos al mundo cuando premiamos a quienes excluyen?
Blatter se suma así a un creciente coro de voces que no ve con buenos ojos que el Mundial se celebre en territorio estadounidense. Sus palabras van más allá del fútbol: denuncia la instrumentalización del deporte por parte de gobiernos que, mientras predican inclusión desde la grada, aplican exclusión en sus fronteras.
“¿Qué mensaje enviamos al mundo cuando premiamos con la sede del mayor evento deportivo a un país que cierra sus puertas a millones de personas?”,
se ha preguntado Blatter, en una crítica que no apunta solo al actual gobierno estadounidense, sino también a la FIFA y su aparente falta de criterios éticos a la hora de asignar sedes.
FUTBOL, MIGRACIÓN Y POLÍTICA: UNA MEZCLA INEVITABLE
Aunque el fútbol se proclama como una herramienta de unidad y paz, su historia está profundamente entrelazada con la política. Desde los mundiales organizados bajo regímenes dictatoriales (como en Argentina 1978) hasta los recientes escándalos de corrupción en la FIFA, el deporte rey nunca ha estado realmente al margen de las tensiones globales.
Estados Unidos representa hoy, para muchos, un epicentro de contradicciones. Mientras proyecta una imagen cosmopolita y liberal en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, mantiene al mismo tiempo políticas migratorias que impiden la entrada a ciudadanos de ciertos países y refuerza medidas de control fronterizo que criminalizan la movilidad humana.
Para Blatter y sus seguidores, permitir que el país acoja el Mundial equivale a blanquear esas políticas con la legitimidad que da el espectáculo deportivo global.
¿BOICOT REAL O GESTO SIMBÓLICO?
La propuesta de Blatter abre una incógnita: ¿tendrá impacto real? ¿Podría algún país, o grupo de selecciones, sumarse al boicot? Hasta el momento, ningún gobierno ni federación ha anunciado medidas en ese sentido, pero la historia demuestra que el fútbol ha sido escenario de acciones políticas relevantes.
Incluso si no se concreta una ausencia masiva, el llamado de Blatter podría sembrar un debate incómodo en la FIFA y en la comunidad internacional. ¿Es tiempo de redefinir los criterios para asignar sedes? ¿Debe priorizarse la imagen global del país anfitrión, o más bien sus prácticas internas en términos de derechos humanos?
EL DEPORTE COMO ESPEJO DEL MUNDO
El fútbol, como cualquier manifestación cultural masiva, refleja las tensiones de su tiempo. Blatter, con todas sus contradicciones y pasado controvertido, ha puesto el dedo en una llaga: el Mundial 2026 puede ser un escaparate de integración... o una escenografía que oculta muros.
La pregunta queda abierta, no solo para los dirigentes del deporte, sino para los millones que lo viven con pasión: ¿qué valores defendemos cuando celebramos un Mundial?
POR HANSI QUEDNAU PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Mientras el calendario avanza hacia el Mundial de 2026 con
sede compartida entre Estados Unidos, México y Canadá, una polémica de alto calibre ha sacudido el escenario futbolístico internacional. El protagonista no es un jugador estrella ni un entrenador polémico, sino Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, quien se ha unido abiertamente al llamado al boicot del evento:
“No vayáis a Estados Unidos”, ha declarado sin ningún rodeo.
Aunque ya no ocupa un cargo oficial en el organismo que dirigió durante 17 años, Blatter conserva todavía un eco considerable en la opinión pública futbolística. Sus palabras llegan en un contexto cargado de tensiones sociales y políticas dentro del país anfitrión.
“Organizar un Mundial en un país que construye muros es una contradicción”.
Estados Unidos, bajo el nuevo mandato de Donald Trump tras su reciente regreso al poder, ha endurecido sus políticas migratorias, lo cual ha despertado preocupación en distintos sectores de la comunidad internacional, incluidos aficionados, deportistas y activistas.
Para Blatter, el fútbol no puede desconectarse de las realidades que lo rodean. Según sus declaraciones, organizar un evento mundial en un país que impone restricciones migratorias severas, promueve un discurso de odio y construye muros, no es coherente con los valores universales del deporte. Su postura reaviva un viejo debate: ¿debe el fútbol ser “neutral” o tomar posición frente a las injusticias?
UN MUNDIAL ENTRE MURALLAS
El llamado al boicot no es nuevo. Ya en años anteriores, voces críticas habían alertado sobre el problema de celebrar grandes eventos en territorios donde los derechos humanos son vulnerados. Ocurrió en Catar, con denuncias sobre la explotación laboral de migrantes. Hoy, el blanco de las críticas es Estados Unidos, un país que históricamente ha utilizado el deporte como vitrina de poder blando, pero que, según muchos analistas, atraviesa un retroceso democrático.
“¿Qué mensaje damos al mundo cuando premiamos a quienes excluyen?
Blatter se suma así a un creciente coro de voces que no ve con buenos ojos que el Mundial se celebre en territorio estadounidense. Sus palabras van más allá del fútbol: denuncia la instrumentalización del deporte por parte de gobiernos que, mientras predican inclusión desde la grada, aplican exclusión en sus fronteras.
“¿Qué mensaje enviamos al mundo cuando premiamos con la sede del mayor evento deportivo a un país que cierra sus puertas a millones de personas?”,
se ha preguntado Blatter, en una crítica que no apunta solo al actual gobierno estadounidense, sino también a la FIFA y su aparente falta de criterios éticos a la hora de asignar sedes.
FUTBOL, MIGRACIÓN Y POLÍTICA: UNA MEZCLA INEVITABLE
Aunque el fútbol se proclama como una herramienta de unidad y paz, su historia está profundamente entrelazada con la política. Desde los mundiales organizados bajo regímenes dictatoriales (como en Argentina 1978) hasta los recientes escándalos de corrupción en la FIFA, el deporte rey nunca ha estado realmente al margen de las tensiones globales.
Estados Unidos representa hoy, para muchos, un epicentro de contradicciones. Mientras proyecta una imagen cosmopolita y liberal en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, mantiene al mismo tiempo políticas migratorias que impiden la entrada a ciudadanos de ciertos países y refuerza medidas de control fronterizo que criminalizan la movilidad humana.
Para Blatter y sus seguidores, permitir que el país acoja el Mundial equivale a blanquear esas políticas con la legitimidad que da el espectáculo deportivo global.
¿BOICOT REAL O GESTO SIMBÓLICO?
La propuesta de Blatter abre una incógnita: ¿tendrá impacto real? ¿Podría algún país, o grupo de selecciones, sumarse al boicot? Hasta el momento, ningún gobierno ni federación ha anunciado medidas en ese sentido, pero la historia demuestra que el fútbol ha sido escenario de acciones políticas relevantes.
Incluso si no se concreta una ausencia masiva, el llamado de Blatter podría sembrar un debate incómodo en la FIFA y en la comunidad internacional. ¿Es tiempo de redefinir los criterios para asignar sedes? ¿Debe priorizarse la imagen global del país anfitrión, o más bien sus prácticas internas en términos de derechos humanos?
EL DEPORTE COMO ESPEJO DEL MUNDO
El fútbol, como cualquier manifestación cultural masiva, refleja las tensiones de su tiempo. Blatter, con todas sus contradicciones y pasado controvertido, ha puesto el dedo en una llaga: el Mundial 2026 puede ser un escaparate de integración... o una escenografía que oculta muros.
La pregunta queda abierta, no solo para los dirigentes del deporte, sino para los millones que lo viven con pasión: ¿qué valores defendemos cuando celebramos un Mundial?

























Robinson | Viernes, 30 de Enero de 2026 a las 08:13:23 horas
HAITI llevaba 52 años sin acudir a un Mundial de Futbol, desde Alemania en 1974.
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