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LOS BRICS: LA ILUSIÓN MÁS PELIGROSA (AUDIO)

¿Son los BRICS solución o solo parte del problema? Lo que los recientes acontecimientos venezolanos pueden enseñarnos

Presentados como la "alternativa al orden imperial occidental", los BRICS se han convertido en la versión maquillada del mismo modelo que con retórica confusa dicen combatir. Su jerga multipolar solo esconde más extractivismo, más explotación y más subordinación de los pueblos a los intereses del capital. ¿Sirve de algo cambiar de imperio si no se cambia de lógica?

Por ADAY QUESADA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

     Nos dijeron que lo que venía era un mundo nuevo. Que el sur global se había cansado de obedecer, que los imperios estaban en decadencia y que se estaba forjando una nueva geografía del poder.

 

   Nos dijeron que ahora los BRICS eran la respuesta. Que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto a nuevos países añadidos a la sopa, venían a plantar cara al dólar, a desdolarizar los sueños, a democratizar la economía.

 

    Pero lo que nos dijeron formaba parte de una gran mentira, de una gigantesca estafa. 

 

CUANDO EL AMO CAMBIA DE ROSTRO, NO DE MANO

 

     La idea de que los BRICS representan una alternativa al orden capitalista global no es solo ingenua: es peligrosa.

 

    Porque cuando las cadenas llevan otro color, pero siguen apretando igual, cuesta más verlas. Y en este caso, el decorado multipolar oculta la misma función de siempre: explotar, acumular, mandar.

 

   China no es “el otro camino”. Es la segunda locomotora del mismo tren. Exporta capital, compra tierras en África, se apropia de los recursos naturales de Latinoamérica, compra puertos en todo el mundo e impone su tecnología como forma de control.

 

    Rusia, que se presenta como paladín anti-OTAN, se mueve con la misma lógica del gran capital energético y su aparato oligárquico.

 

    India es la cuna del capitalismo digital más salvaje y una de las democracias  formales más represivas del planeta.

 

   Sudáfrica mantiene niveles de desigualdad que avergonzarían al mismo neoliberalismo.

 

Y Brasil, con Lula o sin Lula, no deja de ser un exportador de materias primas, soja, carne y minerales arrancados con sangre indígena y devastación de selvas.

 

    ¿Dónde está el cambio? ¿En qué sitio la ruptura? ¿Dónde la esperanza?

 

UN CLUB DE INTERESES, NO DE PUEBLOS

 

    Los BRICS no son un frente de pueblos, sino un bloque de burguesías nacionales que buscan ganar terreno sin modificar las reglas del juego. Su discurso “alternativo” es solo un marketing más. Hablan de descolonización financiera, pero no tocan ni una coma del modelo productivo basado en la explotación laboral y el saqueo ambiental. Hablan de soberanía, pero sus acuerdos son entre Estados y multinacionales, no entre pueblos.

 

    Lo que proponen no es un mundo más justo, sino un reparto distinto del botín. Quieren negociar mejor con Estados Unidos, pero en absoluto enfrentarlo. Quieren una silla más grande en el FMI,  pero ni se les ocurre bregar por su destrucción. Quieren firmar tratados en yuanes, no abolir el comercio injusto.

   

    Y mientras tanto, los pobres siguen pobres, los campesinos siguen sin tierra  y los obreros  sin derechos.

 

NI IMPERIO NUEVO NI SOCIALISMO VIEJO

     La fascinación que no pocos  sectores de "izquierda" sienten por los BRICS tiene  sus raíces en la desesperación. Como Occidente huele a podrido, cualquier no-Occidente parece fresco. Pero cuidado: la podredumbre no tiene pasaporte. También se está cultivando en los palacios de Beijing, en los rascacielos de Moscú y en los bancos de Mumbai.

 

    Los BRICS no son una resistencia al imperialismo. Son otro tipo de imperialismo: más joven, más híbrido, pero igual de voraz. Un imperialismo todavía sin colonias formales, pero con zonas de sacrificio, tratados bilaterales asfixiantes, deuda encubierta y proyectos extractivos que repiten, sin culpa, la vieja fórmula: tú pones los recursos, yo me llevo las ganancias.

 

¿UN NUEVO MUNDO? NO, EL MISMO INFIERNO

     Dicen que buscan un “nuevo orden mundial”. Y lo buscan. Pero no uno que libere a los pueblos, sino uno donde ellos dispongan también  de herramientas para dominarlos. Si antes los imperios tenían nombre y bandera, ahora se camuflan bajo la idea de desarrollo. Y los BRICS son expertos en eso: disfrazar explotación de cooperación, disfrazar saqueo de inversión.

 

    Echemos un vistazo a África. Allí, donde las promesas chinas llenaron titulares, hoy se ven ferrocarriles que no llevan a ninguna parte, minas que contaminan todo lo que tocan, y deudas que hipotecan a generaciones enteras. Miremos a América Latina, donde el litio se entrega a consorcios chinos o indios con la misma facilidad con que se entregaba antes a gringos o europeos. Nada ha cambiado. Solo el idioma de los contratos.

 

 NO ES MULTIPOLARIDAD, ES MULTIEXPLOTACIÓN

    Los BRICS no son el futuro. Son una continuación del pasado con otro uniforme. Y creer que allí está la esperanza es como buscar oxígeno en el humo. En lugar de disputarle el poder a las potencias tradicionales para devolverlo a los pueblos, lo que hacen es disputar el mando entre élites para seguir dejando a los pueblos abajo. Y si no que se lo pregunten a los venezolanos, a los que algunos dirigentes irresponsables entusiasmaron con la idea de que los cohetes hipersónicos  rusos y chinos los iban a defender  de la agresión yanqui.

 

   De manera que no nos equivoquemos: el enemigo no es solo “Occidente”, sino todo el conjunto del sistema capitalista que reproduce la explotación, desigualdad y saqueo. Y la naturaleza  ideológica  de los  BRICS, no pasa de ser eso mismo.

 

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