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Lunes, 10 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

¿POR QUÉ GROENLANDIA SE HA CONVERTIDO EN UN OBJETO DE DISPUTA GLOBAL?

Alerta: cuando una isla entera convertirse en mercancía. ¿Qué revela esta ofensiva sobre el funcionamiento del capitalismo actual?

Groenlandia ha dejado de ser una tierra remota para convertirse en el epicentro de un conflicto global. Lo que está en juego no es solo su soberanía, sino algo más profundo: su transformación en mercancía. En este proceso, el capital convierte el desastre climático en negocio y prepara nuevos escenarios de conquista. Carlos Serna nos lo explica en este artículo.

 POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    En el extremo norte del planeta, Groenlandia emerge como [Img #89145]una isla cubierta de hielo y, hasta hace poco, ignorada por los grandes centros de poder mundial. Pero lo que hasta ayer era “tierra baldía” hoy se ha convertido en escenario de maniobras diplomáticas, amenazas sin veladuras y discursos incendiarios. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué Groenlandia?

 

    La respuesta no está en un mapa, sino en la lógica que domina este mundo: la del capital. En tiempos de crisis, cualquier pedazo del planeta puede ser convertido en objeto de disputa si ofrece recursos, posición estratégica o simplemente la posibilidad de generar beneficios. Y Groenlandia, con su manto de hielo deshaciéndose, cumple todas esas condiciones.

 

CUANDO UN TERRITORIO SE CONVIERTE EN MERCANCÍA

    Una de las características más impactantes del capitalismo es su capacidad para convertirlo todo en mercancía: el agua, los conocimientos, los cuerpos, la naturaleza… y ahora también Groenlandia. La isla entera es percibida desde los centros de poder como un producto más que puede ser valorado, tasado, negociado y, si hace falta, comprado o conquistado.

 

    En los discursos de Trump y sus aliados, Groenlandia no es una comunidad viva, ni un territorio con historia, ni un ecosistema frágil. Es una oportunidad de inversión, un “activo estratégico” que haría a la OTAN “más formidable” si se integra al territorio estadounidense. La lógica es clara: no se trata de convivir con los groenlandeses, sino de poseer la isla, como quien adquiere una mina o un terreno en venta.

[Img #89147]

    Este proceso de conversión en mercancía no es metafórico. Significa, literalmente, reducir un territorio habitado a su valor de cambio, a lo que puede ofrecer en términos de rentabilidad. Es el mismo mecanismo que transforma una selva en hectáreas de soja, o una montaña en un tajo de litio.

 

EL CAPITAL BUSCA NUEVAS FRONTERAS

     El cambio climático, lejos de ser una advertencia, se ha transformado en una oportunidad de negocios para los grandes poderes económicos. El deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas y libera acceso a minerales estratégicos, algunos de ellos esenciales para la tecnología “verde” que promete salvar al planeta mientras sigue alimentando el mercado.

 

   Groenlandia, en este escenario, aparece como un territorio a conquistar por medios económicos, diplomáticos o militares, como ya se ha insinuado desde Washington. Las palabras del congresista Ogles, que definió a Estados Unidos como “el depredador dominante del hemisferio”, resume  bien la actitud: hay un botín, y hay quien está dispuesto a tomarlo.

 

     Pero lo importante no es solo lo que se dice, sino lo que se oculta. Porque mientras se habla de soberanía, seguridad o desarrollo, lo que en realidad está en juego es la mercantilización absoluta de un espacio vital. Y lo más perverso: que todo esto ocurre precisamente porque Groenlandia se está derritiendo. La catástrofe, pues, se convierte también en oportunidad.

 

LA ALIENACIÓN COMO MECANISMO CENTRAL

    Desde una mirada crítica, lo que estamos viendo es una forma extrema de alienación, es decir, la separación entre las personas y las condiciones reales de su existencia. Groenlandia, habitada por pueblos originarios con siglos de historia, queda excluida del debate que define su destino. Su territorio es despojado simbólicamente de toda identidad, y reducido a una tabla de Excel donde se miden las reservas de uranio, cobalto y petróleo.

 

    El fenómeno recuerda lo que ya ocurrió en siglos anteriores, cuando África y América Latina fueron parceladas y subastadas por las potencias imperiales. Cambian los discursos y los formatos, pero no la lógica: se trata siempre de apropiarse de lo ajeno y convertirlo en fuente de acumulación.

 

EL ESTADO COMO AGENTE DE ACUMULACIÓN

    En este escenario, el Estado no actúa como mediador ni como garante de derechos colectivos. Actúa como gestor de los intereses del capital, como maquinaria al servicio de las clases dominantes. Así lo muestra la iniciativa legislativa de algunos sectores republicanos para financiar una operación militar en Groenlandia si fuera necesario. La lógica es clara: si no se puede comprar, se tomará por la fuerza.

 

   Esa es la cara moderna del imperialismo. Un imperialismo que ya no necesita colonias oficiales, pero que sigue operando a través de tratados, inversiones, presencia militar y presión política, siempre con el objetivo de ampliar los espacios de valorización del capital.

 

UN AVISO PARA EL FUTURO

    Groenlandia es hoy un termómetro de las tensiones que se acumulan en un sistema que ya no puede expandirse sin chocar contra sus propios límites. Donde antes había hielo, ahora hay mercado. Donde había pueblos, ahora hay recursos. Lo que se juega no es solo el destino de una isla, sino la capacidad del capital de reinventarse en medio del desastre que él mismo ha generado.

 

    Y esa reinvención tiene un precio: la pérdida de todo lo que no puede ser convertido en mercancía. La vida, la cultura, el clima, los derechos… se vuelven secundarios frente a una lógica que solo reconoce el valor de lo que puede venderse.

 

FUENTES CONSULTADAS

  • ‘We Are the Dominant Predator,’ Says GOP Lawmaker – Common Dreams

  • Trump ve “inaceptable” cualquier opción que no pase por la anexión – El País

  • ‘We Must Stop Him’: Gallego Bill Would Ban Funding – Common Dreams

  • Why Greenland Matters for a Warming World – The New York Times

 


 
 
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