MINNEAPOLIS ARDE: EE.UU ENFRENTA SU PROPIA CRISIS INTERNA
¿Qué pasa cuando el Estado ya no representa a sus ciudadanos?
Tras dos asesinatos cometidos por agentes federales en Minneapolis, la ciudad ha entrado en una espiral de movilizaciones, represión, huelgas y enfrentamientos que revelan un quiebre profundo entre la población y el gobierno federal. La tensión crece día a día, y Estados Unidos observa con preocupación lo que podría ser el inicio de un enfrentamiento civil de nueva generación.
REDACCIÓN / PRENSA INTERNACIONAL
Hace apenas semanas, Minneapolis era otro paisaje urbano frío, con sus calles nevadas, tiendas cerradas al paso del invierno y comunidades diversas luchando por mantener su vida cotidiana. No era una ciudad tranquila, ciertamente: llevaba marcada por heridas profundas desde 2020, cuando la muerte de un vecino en manos de la policía detonó protestas que resonaron por todo el mundo.
“Lo que comenzó como una redada migratoria se ha convertido en un pulso directo al corazón del poder estatal.”
Pero lo que está ocurriendo ahora —en enero de 2026— es otra cosa: una crisis que no solo sacude a la ciudad, sino que coloca a todo Estados Unidos ante una pregunta inquietante: ¿está al borde de un choque interno aún mayor?
DICIEMBRE 2025: EL DESPLIEGUE FEDERAL
La historia reciente comienza a finales de diciembre de 2025, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) lanzó una operación masiva en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul, conocida como Operation Metro Surge. Según los informes, el objetivo oficial era detener inmigrantes sin documentación y acelerar deportaciones, especialmente entre comunidades marginadas, como la numerosa población de origen somalí en Minnesota.
Lo que parecía ser una simple movilización federal pronto empezaría a tensar los nervios de una ciudad ya acostumbrada a la presencia militarizada del Estado.
7 DE ENERO DE 2026: EL PRIMER TIROTEO QUE LO CAMBIÓ TODO
El 7 de enero, la operación daría lugar al primer momento trágico que cambiaría el pulso de la ciudad: la muerte de Renée Nicole Good, una ciudadana de 37 años, a manos de un agente del ICE durante un operativo. Según testigos y análisis periodísticos, Good fue alcanzada por disparos mientras intentaba alejar su vehículo tras una intervención agresiva por parte de los agentes.
La indignación no se hizo esperar. Aunque la versión oficial defendió el uso de la fuerza como necesario en defensa propia, numerosos videos ciudadanos desmentían esa narrativa y mostraban escenas de violencia que sembraron sospecha y rabia profundas entre los residentes.
ENERO 10: PROTESTAS Y PRIMEROS CHOQUES
En los días siguientes, las calles se llenaron de voces que inicialmente clamaban por justicia, integridad y el respeto de los derechos civiles. Pero las protestas, aunque en general pacíficas, también tuvieron episodios de tensión: nieve, hielo y frío no detuvieron a miles de personas que se reunieron para denunciar lo que muchos consideraron una ejecución injustificada.
Autoridades locales hicieron un llamado a mantener la calma, mientras el alcalde de Minneapolis y el gobernador de Minnesota pedían que las manifestaciones no se desbordaran, acusando a provocadores de intentar escalar la violencia.
24 DE ENERO DE 2026: UNA SEGUNDA MUERTE QUE LO CAMBIÓ TODO
La tragedia volvió a golpear el 24 de enero, cuando Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de 37 años y ciudadano estadounidense, fue abatido por agentes federales durante un enfrentamiento con manifestantes y fuerzas del orden. Videos ampliamente difundidos muestran imágenes confusas y violentas: Pretti, intentando ayudar a personas cercanas, fue rociado con químicos por agentes, derribado al suelo y, segundos después, recibió múltiples disparos.
Su muerte estremeció a la ciudad. Familias, vecinas y trabajadores que antes marchaban por derechos civiles ahora veían fallecer a alguien conocido en las calles. Las declaraciones oficiales —que presentaban a Pretti como una amenaza “domestic terrorist” o atacante— solo aumentaron la desconfianza pública cuando las imágenes parecían contradecir esa versión.
REACCIÓN EN LAS CALLES Y EN TODO EL PAÍS
Tras la muerte de Pretti, Minneapolis no fue ya sólo un foco local: su realidad se viralizó de costa a costa. Miles de personas salieron a las calles en ciudades como San Francisco, Nueva York, Boston y Los Ángeles, en una ola de solidaridad con los manifestantes de Minneapolis y en rechazo a las tácticas del ICE.
![[Img #89395]](https://canarias-semanal.org/upload/images/01_2026/6404_alex.jpg)
Mientras tanto, la administración federal del presidente Donald Trump reforzó su implicación: envió a un “zar de la frontera” a supervisar la situación en Minnesota y defendió la operación con firmeza, incluso ante críticas internas de líderes de su propio partido.
LA SITUACIÓN LÍMITE ESTÁ AQUÍ
Hoy, en Minneapolis, los efectos son palpables en cada ámbito de la vida. Las cifras oficiales y las observadas varían —unos hablan de miles de arrestos, otros de cifras oficiales muy discutidas— pero el impacto es innegable: cientos de escuelas han cerrado temporalmente o pasado a enseñanza remota, negocios han visto desplomar su actividad por miedo a redadas, y muchas personas temen por su seguridad cotidiana.
“La muerte de Alex Pretti fue la chispa que transformó la protesta en una revuelta.”
El tejido social está desgarrado. Vecinos relatan que salen de sus casas con miedo, y que la presencia de agentes federales —sin identificación visible y enmascarados— genera un clima de incertidumbre y tensión constante.
Las protestas —ahora mucho más masivas que antes— han adoptado múltiples formas: desde marchas pacíficas hasta enfrentamientos directos con agentes, quema de propiedad pública y barricadas improvisadas. Algunos analistas locales aseguran que lo que se vive se parece más a un pulso por el control de la ciudad que a una protesta aislada.
¿HACIA DÓNDE VA MINNEAPOLIS?
Minneapolis hoy es una ciudad dividida, donde la frustración acumulada por años de violencia estatal, desigualdad y represión encuentra un punto de ebullición. Lo que comenzó como una operación de detención migratoria se ha convertido en una confrontación que atraviesa el corazón mismo del federalismo estadounidense: una ciudad desafía directamente las políticas de la Casa Blanca, y miles marchan no solo por justicia para las víctimas, sino por un cambio profundo en la relación entre el Estado y la sociedad civil.
REACCIONES POLÍTICAS CONTRAPUESTAS EN EL CONGRESO
El choque de posturas fue brutal. Representantes como Ilhan Omar criticaron duramente el despliegue de ICE, calificándolo como una terrorización de comunidades y violación de derechos fundamentales, al tiempo que exigían que los agentes abandonaran Minnesota de inmediato.
Por otro lado, líderes republicanos de la Cámara argumentaron que se apoyaba el derecho de propiedad de protesta, pero también defendieron la necesidad de mantener el orden y apoyar a las agencias federales. Algunos pidieron moderación en el discurso para no alimentar aún más la violencia en las calles.
Incluso hubo amagos reales de bloqueos presupuestarios en el Senado sobre los fondos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el cual supervisa a ICE, si no se implementaban reformas inmediatas o se ponían límites estrictos a las operaciones de esta agencia.
REACCIONES INTERNACIONALES — LLAMADOS DE DERECHOS HUMANOS Y CRÍTICAS EXTERNAS
Mientras los debates en Washington se intensificaban, la presión no se limitó a Estados Unidos. Organismos internacionales y gobiernos extranjeros, incluidas organizaciones de derechos humanos, hicieron llamados para que las autoridades estadounidenses pusieran fin al trato dañino hacia inmigrantes y refugiados. Estas voces recordaron que la reputación del país como defensor de derechos estaba en juego, especialmente cuando las imágenes de violencia y protestas circulaban globalmente.
Además, diplomáticos de varios países solicitaron información sobre la detención de ciudadanos de sus naciones —como el caso de un niño ecuatoriano arrestado junto a su padre en operaciones del ICE— subrayando la dimensión internacional de una crisis que algunos pensaban que era únicamente doméstica.
LA SITUACIÓN AHORA — MINNEAPOLIS EN VILO
Al cierre de esta cronología ampliada, Minneapolis vive un momento que podría calificarse como estado de tensión casi permanente: protestas diarias, enfrentamientos con gases lacrimógenos, hoteles fuertemente custodiados por agentes federales, denuncias cruzadas y acusaciones de abuso sistemático.
La ciudad se ha convertido en una tarjeta de presentación de lo que algunos analistas califican como el conflicto más profundo en EE. UU. desde hace décadas: ¿puede un gobierno federal aplicar políticas de fuerza masiva sin el apoyo explícito de la autoridad local? ¿Dónde termina la ley y comienza la legitimidad social? Estas preguntas siguen sin respuesta, y la vida cotidiana en Minneapolis —como en tantos otros rincones del país— quedó trastocada de forma irreversible.
REDACCIÓN / PRENSA INTERNACIONAL
Hace apenas semanas, Minneapolis era otro paisaje urbano frío, con sus calles nevadas, tiendas cerradas al paso del invierno y comunidades diversas luchando por mantener su vida cotidiana. No era una ciudad tranquila, ciertamente: llevaba marcada por heridas profundas desde 2020, cuando la muerte de un vecino en manos de la policía detonó protestas que resonaron por todo el mundo.
“Lo que comenzó como una redada migratoria se ha convertido en un pulso directo al corazón del poder estatal.”
Pero lo que está ocurriendo ahora —en enero de 2026— es otra cosa: una crisis que no solo sacude a la ciudad, sino que coloca a todo Estados Unidos ante una pregunta inquietante: ¿está al borde de un choque interno aún mayor?
DICIEMBRE 2025: EL DESPLIEGUE FEDERAL
La historia reciente comienza a finales de diciembre de 2025, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) lanzó una operación masiva en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul, conocida como Operation Metro Surge. Según los informes, el objetivo oficial era detener inmigrantes sin documentación y acelerar deportaciones, especialmente entre comunidades marginadas, como la numerosa población de origen somalí en Minnesota.
Lo que parecía ser una simple movilización federal pronto empezaría a tensar los nervios de una ciudad ya acostumbrada a la presencia militarizada del Estado.
7 DE ENERO DE 2026: EL PRIMER TIROTEO QUE LO CAMBIÓ TODO
El 7 de enero, la operación daría lugar al primer momento trágico que cambiaría el pulso de la ciudad: la muerte de Renée Nicole Good, una ciudadana de 37 años, a manos de un agente del ICE durante un operativo. Según testigos y análisis periodísticos, Good fue alcanzada por disparos mientras intentaba alejar su vehículo tras una intervención agresiva por parte de los agentes.
La indignación no se hizo esperar. Aunque la versión oficial defendió el uso de la fuerza como necesario en defensa propia, numerosos videos ciudadanos desmentían esa narrativa y mostraban escenas de violencia que sembraron sospecha y rabia profundas entre los residentes.
ENERO 10: PROTESTAS Y PRIMEROS CHOQUES
En los días siguientes, las calles se llenaron de voces que inicialmente clamaban por justicia, integridad y el respeto de los derechos civiles. Pero las protestas, aunque en general pacíficas, también tuvieron episodios de tensión: nieve, hielo y frío no detuvieron a miles de personas que se reunieron para denunciar lo que muchos consideraron una ejecución injustificada.
Autoridades locales hicieron un llamado a mantener la calma, mientras el alcalde de Minneapolis y el gobernador de Minnesota pedían que las manifestaciones no se desbordaran, acusando a provocadores de intentar escalar la violencia.
24 DE ENERO DE 2026: UNA SEGUNDA MUERTE QUE LO CAMBIÓ TODO
La tragedia volvió a golpear el 24 de enero, cuando Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de 37 años y ciudadano estadounidense, fue abatido por agentes federales durante un enfrentamiento con manifestantes y fuerzas del orden. Videos ampliamente difundidos muestran imágenes confusas y violentas: Pretti, intentando ayudar a personas cercanas, fue rociado con químicos por agentes, derribado al suelo y, segundos después, recibió múltiples disparos.
Su muerte estremeció a la ciudad. Familias, vecinas y trabajadores que antes marchaban por derechos civiles ahora veían fallecer a alguien conocido en las calles. Las declaraciones oficiales —que presentaban a Pretti como una amenaza “domestic terrorist” o atacante— solo aumentaron la desconfianza pública cuando las imágenes parecían contradecir esa versión.
REACCIÓN EN LAS CALLES Y EN TODO EL PAÍS
Tras la muerte de Pretti, Minneapolis no fue ya sólo un foco local: su realidad se viralizó de costa a costa. Miles de personas salieron a las calles en ciudades como San Francisco, Nueva York, Boston y Los Ángeles, en una ola de solidaridad con los manifestantes de Minneapolis y en rechazo a las tácticas del ICE.
![[Img #89395]](https://canarias-semanal.org/upload/images/01_2026/6404_alex.jpg)
Mientras tanto, la administración federal del presidente Donald Trump reforzó su implicación: envió a un “zar de la frontera” a supervisar la situación en Minnesota y defendió la operación con firmeza, incluso ante críticas internas de líderes de su propio partido.
LA SITUACIÓN LÍMITE ESTÁ AQUÍ
Hoy, en Minneapolis, los efectos son palpables en cada ámbito de la vida. Las cifras oficiales y las observadas varían —unos hablan de miles de arrestos, otros de cifras oficiales muy discutidas— pero el impacto es innegable: cientos de escuelas han cerrado temporalmente o pasado a enseñanza remota, negocios han visto desplomar su actividad por miedo a redadas, y muchas personas temen por su seguridad cotidiana.
“La muerte de Alex Pretti fue la chispa que transformó la protesta en una revuelta.”
El tejido social está desgarrado. Vecinos relatan que salen de sus casas con miedo, y que la presencia de agentes federales —sin identificación visible y enmascarados— genera un clima de incertidumbre y tensión constante.
Las protestas —ahora mucho más masivas que antes— han adoptado múltiples formas: desde marchas pacíficas hasta enfrentamientos directos con agentes, quema de propiedad pública y barricadas improvisadas. Algunos analistas locales aseguran que lo que se vive se parece más a un pulso por el control de la ciudad que a una protesta aislada.
¿HACIA DÓNDE VA MINNEAPOLIS?
Minneapolis hoy es una ciudad dividida, donde la frustración acumulada por años de violencia estatal, desigualdad y represión encuentra un punto de ebullición. Lo que comenzó como una operación de detención migratoria se ha convertido en una confrontación que atraviesa el corazón mismo del federalismo estadounidense: una ciudad desafía directamente las políticas de la Casa Blanca, y miles marchan no solo por justicia para las víctimas, sino por un cambio profundo en la relación entre el Estado y la sociedad civil.
REACCIONES POLÍTICAS CONTRAPUESTAS EN EL CONGRESO
El choque de posturas fue brutal. Representantes como Ilhan Omar criticaron duramente el despliegue de ICE, calificándolo como una terrorización de comunidades y violación de derechos fundamentales, al tiempo que exigían que los agentes abandonaran Minnesota de inmediato.
Por otro lado, líderes republicanos de la Cámara argumentaron que se apoyaba el derecho de propiedad de protesta, pero también defendieron la necesidad de mantener el orden y apoyar a las agencias federales. Algunos pidieron moderación en el discurso para no alimentar aún más la violencia en las calles.
Incluso hubo amagos reales de bloqueos presupuestarios en el Senado sobre los fondos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el cual supervisa a ICE, si no se implementaban reformas inmediatas o se ponían límites estrictos a las operaciones de esta agencia.
REACCIONES INTERNACIONALES — LLAMADOS DE DERECHOS HUMANOS Y CRÍTICAS EXTERNAS
Mientras los debates en Washington se intensificaban, la presión no se limitó a Estados Unidos. Organismos internacionales y gobiernos extranjeros, incluidas organizaciones de derechos humanos, hicieron llamados para que las autoridades estadounidenses pusieran fin al trato dañino hacia inmigrantes y refugiados. Estas voces recordaron que la reputación del país como defensor de derechos estaba en juego, especialmente cuando las imágenes de violencia y protestas circulaban globalmente.
Además, diplomáticos de varios países solicitaron información sobre la detención de ciudadanos de sus naciones —como el caso de un niño ecuatoriano arrestado junto a su padre en operaciones del ICE— subrayando la dimensión internacional de una crisis que algunos pensaban que era únicamente doméstica.
LA SITUACIÓN AHORA — MINNEAPOLIS EN VILO
Al cierre de esta cronología ampliada, Minneapolis vive un momento que podría calificarse como estado de tensión casi permanente: protestas diarias, enfrentamientos con gases lacrimógenos, hoteles fuertemente custodiados por agentes federales, denuncias cruzadas y acusaciones de abuso sistemático.
La ciudad se ha convertido en una tarjeta de presentación de lo que algunos analistas califican como el conflicto más profundo en EE. UU. desde hace décadas: ¿puede un gobierno federal aplicar políticas de fuerza masiva sin el apoyo explícito de la autoridad local? ¿Dónde termina la ley y comienza la legitimidad social? Estas preguntas siguen sin respuesta, y la vida cotidiana en Minneapolis —como en tantos otros rincones del país— quedó trastocada de forma irreversible.




























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