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EL MAGNICIDIO SILENCIOSO: ¿QUIÉN ESTUVO DETRÁS DE LA MUERTE DE CHÁVEZ?

¿Qué intereses internacionales se beneficiaron de la desaparición de Chávez?

Una investigación explosiva basada en el libro "La muerte de Hugo Chávez", del investigador venezolano Astolfo Sangronis Godoy, sostiene que la muerte de Hugo Chávez no fue natural. El cáncer que lo fulminó habría sido inducido por determinada o determinadas potencias extranjeras. Basándose en los datos aportados por el libro citado, este reportaje trata de reconstruir los hechos, las sospechas y las consecuencias geopolíticas de una muerte que transcurrida más de una década continua sin respuesta

 POR VICTORIA MARTÍNEZ DESDE MÉXICO, PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

     En 2017, el periodista e investigador venezolano Astolfo [Img #89355]Sangronis Godoy publicó un libro que no pasó desapercibido: "La muerte de Hugo Chávez. La vida por su pueblo". Editado por la Editorial Insurgente y respaldado por el Centro de Investigación y Estudios Políticos y Estratégicos (CIEPES).

     Este libro propone una hipótesis tan inquietante como verosímil: Hugo Chávez no murió de forma natural, sino que fue asesinado mediante una operación de inteligencia encubierta. Un magnicidio sin balas, sin explosiones, sin huellas. Una muerte inducida con tecnología de punta, silenciosa y planificada por fuerzas extranjeras.

 

     Lo que Sangronis presenta no es una novela ni una teoría conspiranoica carente de base. Se trata de un trabajo de investigación profunda, con testimonios, datos, cronologías y hechos que apuntan a una misma dirección: la enfermedad de Chávez fue provocada. Su muerte, organizada y  su desaparición, muy conveniente para no pocos.

 

    A lo largo de sus páginas, el autor va  hilvanando pistas: los antecedentes de magnicidios encubiertos, las capacidades tecnológicas de potencias como Estados Unidos e Israel en materia de armas biológicas, los movimientos sospechosos alrededor del entorno médico del presidente, y las consecuencias políticas que su desaparición inmediata trajo para Venezuela y para América Latina.

 

 UN LÍDER ENEMIGO DEL IMPERIO (1999–2010)

[Img #89385]     Hugo Rafael Chávez Frías asumió la presidencia de Venezuela en 1999, y desde el primer día dejó claro que no iba a ser un mandatario típico. Con un  discurso reivindicativamente bolivariano, su apuesta por  la aplicacion de determinadas reformas  y su afán por integrar a América Latina en un bloque soberano, Chávez se convirtió rápidamente en una referencia antiimperialista para los latinoamericanos y un fuerte dolor de cabeza para Washington.

 

    En pocos años, nacionalizó algunos sectores estratégicos como el petróleo, creó alianzas regionales como el ALBA, Petrocaribe, la CELAC y UNASUR, y estrechó lazos con países considerados enemigos por EE. UU.: Irán, Rusia, China, Libia, Siria. Además, apoyó movimientos sociales, partidos progresistas y gobiernos afines en todo el continente. ¡Demasiado poder y demasiada influencia para dejarlo actuar sin que ello tuviera  consecuencias!

 

     Desde entonces, según relata Sangronis en su libro, comenzó una vigilancia permanente sobre su persona, que no se limitó a seguimientos diplomáticos o campañas mediáticas. Se abrió una línea secreta de acción que buscaba una salida definitiva: eliminarlo.

 

   En sus años de gobierno, Chávez sobrevivió a un golpe de Estado (2002), a varios intentos de desestabilización económica, a sabotajes a la industria petrolera, y a un cerco internacional que incluyó sanciones, aislamiento financiero y campañas sistemáticas de desprestigio.

 

 

  EL DIAGNÓSTICO QUE DESENCADENÓ LA SOSPECHA (2011)

     En junio de 2011, desde La Habana, Chávez anunció al mundo que se le había detectado un tumor cancerígeno. Fue un golpe inesperado. Hasta entonces, su imagen había sido la de un hombre fuerte, hiperactivo, en plena campaña por la reelección presidencial de 2012.

 

     El hecho de que eligiera tratarse medicamente en Cuba, y no en Venezuela o en otro país con tecnología hospitalaria mas avanzada, respondió a una razón muy clara: la seguridad. El presidente desconfiaba profundamente del sistema de salud privado existente en su propio país, donde ya se sospechaba de infiltraciones.

  Cuba, en cambio, le garantizaba confidencialidad, protección y control absoluto de todo el entorno médico.

 

    Sin embargo, incluso desde la Isla, con la aplicacion de un riguroso tratamiento, el comportamiento de la enfermedad fue anómalo.

   Sangronis relata que el cáncer que afectó a Chávez, posiblemente un rabdomiosarcoma (según filtraciones no confirmadas oficialmente), no solo es rarísimo en adultos, sino que su propia evolución fue clínicamente irregular. Recaídas abruptas, tratamientos que dejaban de funcionar de manera inexplicable, y una agresividad que no se correspondia con el comportamiento habitual de esa enfermedad.

    La pregunta inevitable empezó a circular en los ambitos oficiales: ¿Le inyectaron el cáncer a Chávez?

 

 

UNA GUERRA QUE NO SE VE: ARMAS BIOLÓGICAS Y MAGNICIDIO ENCUBIERTO

     La idea de inducir un cáncer a través de agentes biológicos no es ciencia ficción. Ya en la década de 1970, la CIA había sido denunciada por desarrollar planes de envenenamiento para eliminar líderes como Fidel Castro. Hoy, con los avances en nanotecnología, esa posibilidad se vuelve más real que nunca.

 

    Según Sangronis, el escenario del magnicidio biológico fue cuidadosamente construido: contacto con objetos infectados, manipulación de alimentos, exposición a radiaciones o sustancias sin olor ni sabor. Todo bajo una estrategia que no dejara rastros. Estados Unidos posee, desde la Guerra Fría, laboratorios especializados en guerra biológica como los de Fort Detrick, donde se ha documentado el desarrollo de bacterias y virus capaces de inducir cánceres en animales de laboratorio.

 

    Además, existen investigaciones abiertas sobre la muerte del líder palestino Yasser Arafat, fallecido en 2004, que revelaron rastros de polonio radiactivo en sus pertenencias. Aunque nunca se probó de forma concluyente el envenenamiento, el paralelismo con el caso de Chávez es llamativo. Ambos eran líderes incómodos, ambos fueron cercados diplomáticamente, ambos murieron tras enfermedades de curso extraño y acelerado.

 

  En el libro se recogen declaraciones, informes y testimonios de fuentes cercanas al gobierno venezolano que apuntan a la existencia de movimientos diplomáticos y médicos sospechosos antes y durante el tratamiento de Chávez.

 

    Incluso se habla de médicos venezolanos que intentaron desviar el tratamiento en Caracas, presionando para utilizar procedimientos ajenos a los protocolos establecidos por los especialistas cubanos.

 

     La decisión de blindar su atención en Cuba, lejos de implicar complicidad alguna, fue una medida de supervivencia. Fue precisamente en La Habana donde Chávez resistió durante casi dos años una enfermedad que, según Sangronis, estaba programada para matarlo en menos de seis meses. Se intentaron tratamientos complementarios, se siguieron protocolos avanzados de oncología y se protegió su entorno con un cerco de seguridad sin precedentes.

 

    Incluso el propio Chávez, en vida, dejó entrever sus sospechas. En un discurso pronunciado en 2011, señaló:

 

    “Es muy extraño que hayamos enfermado tantos presidentes progresistas de América Latina en tan poco tiempo. ¿Será que nos quieren eliminar?”.

 

  Se refería a los casos de Dilma Rousseff, Lula da Silva, Fernando Lugo, José Alencar y Cristina Fernández, todos diagnosticados con distintos tipos de cáncer entre 2009 y 2012.

 

EL SILENCIO FINAL Y LA FECHA QUE NO CIERRA (2013)

     En sus últimos meses, Chávez desapareció de la escena pública. No hubo más alocuciones, ni llamadas telefónicas en cadena nacional, ni apariciones en redes. Solo comunicados escuetos, partes médicos y una foto junto a sus hijas en una cama de hospital.

 

    La última vez que se le escuchó públicamente fue el 8 de diciembre de 2012, cuando, en un discurso televisado, anunció que debía volver a operarse en Cuba y designó a Nicolás Maduro como su sucesor en caso de que algo le ocurriera. A partir de ese momento, todo fue silencio.

 

     Durante semanas, los venezolanos no supieron nada de su presidente. La fotografía publicada el 15 de febrero de 2013, donde aparecía sonriente junto a sus hijas, fue recibida con alivio por algunos y con escepticismo por otros. No había video, ni sonido. Solo una imagen.

 

    El 5 de marzo de 2013, el vicepresidente Nicolás Maduro anunció su fallecimiento. Pero la noticia llegó con más dudas que certezas. ¿Había muerto ese mismo día? ¿Días antes? Algunos informes indican que su deceso pudo haber ocurrido el 28 de febrero o incluso antes, pero se retrasó el anuncio por razones políticas. Un reportaje de la periodista derechista  Patricia Poleo afirmaba que Chávez había muerto en Cuba y que su cuerpo fue trasladado antes del anuncio oficial.

 

     Tampoco hubo autopsia pública, ni examen forense internacional. ¿Por qué? ¿Qué se trataba de ocultar?

 

 LAS CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS DE UNA MUERTE OPORTUNA

     La muerte de Hugo Chávez no solo tuvo impacto en Venezuela. Su ausencia desató una serie de transformaciones regionales que cambiaron el mapa político de América Latina. Fue como si se hubiera caído una ficha clave de dominó y, con ella, comenzaron a tambalearse los gobiernos reformistas que él había ayudado a consolidar.

 

    En Venezuela, Nicolás Maduro heredó un país en crisis, asediado por sanciones, boicots económicos y una oposición interna y externa feroz. Sin el liderazgo carismático de Chávez, el chavismo entró en una etapa defensiva.

 

    Pero el efecto fue continental: Dilma Rousseff fue destituida en Brasil; Cristina Fernández terminó aislada políticamente en Argentina; Evo Morales fue obligado al exilio en Bolivia; y en Ecuador, Lenín Moreno giró a la derecha. Las alianzas regionales como UNASUR, la CELAC y el ALBA comenzaron a diluirse.

 

    La desaparición de Chávez benefició directamente a los intereses estratégicos de Washington. No solo se desarticuló un bloque soberanista, sino que América Latina se volvió a alinear con las directrices del viejo orden neoliberal.

 

 UN CRIMEN QUE SIGUE IMPUNE

      La muerte de Hugo Chávez dejó muchas preguntas abiertas. No sólo sobre el desarrollo de su enfermedad, sino sobre los intereses que giraron en torno a su desaparición física.

    Astolfo Sangronis, con el respaldo de documentos, cronologías y testimonios, construye en su libro una tesis que no puede ser ignorada: el líder venezolano fue asesinado.

     No por métodos tradicionales, sino con una forma moderna de guerra: silenciosa, biotecnológica, invisible. Un cáncer inducido como arma letal. Un crimen político disfrazado de proceso clínico. Un magnicidio que se ejecuta sin dejar una gota de sangre.

 

     Chávez era consciente que lo querían muerto. Y quizá por eso resistió más de lo que se esperaba. Pero su desaparición física no borró su legado. Muy al contrario: la sospecha de que fue asesinado ha transformado su figura en una leyenda política y moral.

 

     Su caso nos obliga a mirar de frente la manera en que actúan las potencias cuando un líder les incomoda demasiado. Porque si el crimen queda impune, si no se investiga, si no se denuncia, se repetirá.

 

Fuente principal:
Astolfo Sangronis Godoy. La muerte de Hugo Chávez. La vida por su pueblo. - Editorial Insurgente, 2017.

 

 
 
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