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Miércoles, 11 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

EL LIBRO QUE ANUNCIÓ EL CAOS: ASÍ SE PREDIJO EL ACTUAL DESORDEN MUNDIAL, MUCHO ANTES DE QUE ESTALLARA

Monopolios, hegemonía, colapso soviético y disputa imperial: claves para entender un ensayo que cuestionó el “nuevo orden mundial” cuando casi nadie dudaba de él

A comienzos de los años 2.000, cuando la "globalización" era celebraba como destino inevitable y el liderazgo estadounidense parecía indiscutible, un libro advirtió que el mundo caminaba hacia un desorden estructural. Dos décadas después, entrevistamos a Martín Álvarez, un acreditado lector y colaborador asiduo de Canarias Semanal, que acaba de concluir "El crepúsculo de los dioses" y reflexiona sobre sus interesantísimas tesis, sus aciertos y polémicas.

 REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG

 

      Nuestro habitual colaborador Martín Álvarez no es ni un académico ni un militante [Img #89716]profesional. Es, en cambio, alguien acostumbrado a leer con escrupulosa atención los libros que caen en sus manos, a comparar el contenido de los mismos con otros libros, y a situar a cada uno de ellos en su contexto correspondiente.  Conocedores de esa práctica, desde la Redacción de Canarias Semanal hemos llegado a un acuerdo con él para que cada cierto tiempo nos  posibilite  entrevistarlo sobre sus últimas lecturas, de manera que sus observaciones y comentarios puedan servir de referencia a nuestros lectores.  

 

    Martín Álvarez acaba de concluir la lectura del libro "El crepúsculo de los dioses. Sobre el "Nuevo Orden" mundial". Y, desde esa lectura recientísima se ha prestado a responder a  nuestras preguntas .

  

    CS: Martín, antes de entrar de lleno en analisis de este libro,  ¿podrías facilitarnos algunos datos básicos sobre su autor, Stefan Engel

    Nuestro  entrevistado se toma unos  instantes  antes de respondernos.

 

    —Si, claro. Stefan Engel es un intelectual marxista [Img #89718]alemán, vinculado durante décadas a un partido aleman ideologicamente afín. No es, desde luego, un autor de coyuntura, ni tampoco un ensayista mediático. Su trabajo se inscribe en una tradición muy concreta: la del marxismo clásico, con una fuerte voluntad de análisis sistemático.

 

   "El crepúsculo de los dioses" no es, pues, un libro improvisado ni reactivo. Forma parte de un proyecto teórico más amplio, desarrollado a lo largo de años, y que aparece a comienzos de la decada del dos mil, en un momento clave: después de la caída de la Unión Soviética y en pleno entusiasmo globalizador.

 

   Nos aclara Martín Álvarez que ese contexto es fundamental para entender plenamente el tono del libro.

 

—  Engel escribe cuando todavía se sigue hablando del “nuevo orden mundial” como promesa. Cuando se dicen cosas como que "el capitalismo ha ganado definitivamente y que no hay alternativa".

    Su libro nace, en buena medida, como una impugnación frontal de ese tipo de clima intelectual.

 

   CS: Para quien no lo ha leído, ¿cómo resumirías el libro de manera muy general y sintética?

 

Martín Álvarez sonríe levemente, y nos dice:

   — Bueno, este un libro que intenta explicar por qué el mundo funciona como funciona desde los años noventa en adelante. No se centra en anécdotas ni en líderes concretos. Analiza estructuras. La idea central es que, tras el fin del bloque soviético, el capitalismo entra en una nueva fase marcada por la reorganización internacional de la producción bajo el dominio de grandes monopolios y del capital financiero. Lo que nos es presentado como “globalización” no iba a ser un proceso neutro ni beneficioso para todos, sino una forma específica de reorganizar el poder económico a escala mundial.

 

Martín hace una pausa y añade:

— El libro sostiene que ese proceso no ha traído estabilidad, sino más crisis. Crisis económicas, crisis sociales, crisis políticas y también una crisis ecológica profunda. Y plantea que el llamado “nuevo orden mundial” es, en realidad, un desorden estructural que el propio sistema no puede corregir.

 

   Antes de concluir  esta  introducción orientativa, le pedimos una aclaración final.

 

   CS: ¿Es un libro de divulgación o un libro exigente?

    —Es exigente, sin duda. No es un texto de lectura ligera. Pero su proposito no es impresionar, sino explicar y precisar. Desea que el lector entienda  los mecanismos de fondo, aunque eso le requiera un esfuerzo.

 

     Hasta aquí, el marco queda establecido: autor, contexto y tesis general.  A partir de ahora  entraremos ya en las preguntas clave que nos permitirán desgranar la orientación y los aspectos más relevantes del libro, una a una, con calma.

 


   CS: Desde su lectura, ¿desde qué mirada ideológica y política está escrito El crepúsculo de los dioses?


    - Está escrito desde una mirada marxista y decidicamente leninista, muy clara y explícita. No intenta disimular su posición ni adoptar un tono neutral. Pero tampoco es un panfleto. Es un libro que parte de una posición política definida y, desde ahí, construye un análisis estructural del capitalismo contemporáneo.


   CS: El libro cuestiona de manera frontal la idea de “nuevo orden mundial”. ¿Qué entiende Engel por ese concepto?

 
    - Engel entiende que el “nuevo orden mundial” fue un eslogan político, no una realidad ordenada. Según el libro, se utilizó para presentar como "progreso" lo que en realidad era una reconfiguración del poder económico en manos de grandes monopolios internacionales tras la caída de la Unión Soviética.

 
   CS: Antes mencionastes  la “nueva organización de la producción internacional”. ¿Por qué esta cuestion es tan central en el libro?

 
   - Porque para Engel ahí está la clave de todo. No analiza la globalización como un "intercambio cultural o comercial", sino como "una forma concreta de organizar la producción a escala mundial". Las empresas producen en varios países, fragmentan procesos y subordinan economías enteras a sus necesidades de rentabilidad.

 
   CS: ¿Qué papel juegan los monopolios internacionales en ese análisis?

 
    - Son el eje central. El libro sostiene que ya no hablamos solo de empresas grandes, sino de supermonopolios que dominan sectores enteros del mercado mundial. Estos monopolios no solo influyen en la economía, sino también en la política de los Estados.

 
   CS: ¿Y cómo quedan los Estados nacionales en ese escenario?

 
    -  Debilitados. El libro nos explica que los Estados siguen existiendo, pero cada vez tienen menos margen real de decisión. Compiten entre ellos para atraer capital, rebajan derechos laborales y fiscales, y terminan actuando como gestores de intereses ajenos más que como representantes de sus poblaciones.

 
   CS: Desde el punto de vista social, Martín, ¿cuales son las consecuencias que destaca Engel?

 
   - Principalmente la precarización generalizada. Algo que se ha cumplido de manera implacable. Habla de un proletariado internacional sometido a una presión constante, con menos estabilidad y menos capacidad de defensa. También señala el aumento del desempleo, la inseguridad vital y la destrucción de conquistas sociales históricas.

 
   CS: El libro dedica mucho espacio a las crisis. ¿Cómo las interpreta Stefan Engel?

 
     - No como accidentes. Engel insiste en que las crisis son estructurales, inherentes al mismo sistema. Económicas, financieras, políticas y sociales. No aparecen porque algo funcione mal, sino porque el propio funcionamiento del capitalismo global genera esas tensiones.

 
   CS: ¿Y la crisis ecológica? ¿Qué lugar ocupa en el conjunto del análisis?

 
   - Un lugar central. El libro sostiene que la lógica de maximización de beneficios es incompatible con la protección del medio ambiente. La competencia entre monopolios y Estados impide soluciones reales y convierte la crisis ecológica en una amenaza permanente.

 
   CS: ¿Ofrece el libro alguna salida o alternativa al diagnóstico que plantea?

 
    - Sí, pero no en términos de reformas parciales. Engel plantea que el sistema no puede corregirse desde dentro y que la única salida real sería un cambio social profundo a escala internacional. Es una propuesta claramente revolucionaria, coherente con su marco teórico.

 
   CS: Después de leerlo, ¿para quién diría que está escrito "El crepúsculo de los dioses"?

 
     - Para aquellos lectores que desean entender el mundo desde una perspectiva estructural y crítica. No es un libro para el consumo rápido ni para tranquilizar conciencias. Es un texto que exige atención y que busca formar políticamente al lector más que convencerlo con frases fáciles.

 

   CS- ¿De qué manera analiza la implosión de la Unión Soviética?


   - El libro analiza la implosión de la Unión Soviética de una manera muy distinta al relato dominante. No la presenta como el fracaso del socialismo en sí, ni como una simple derrota frente a Occidente. Según "El crepúsculo de los dioses" , lo que colapsa no es un sistema socialista, sino un modelo que llevaba décadas funcionando como un capitalismo de Estado burocrático.

 

     Engel sostiene que la Unión Soviética había perdido su carácter socialista mucho antes de 1991. Sitúa ese giro en los años posteriores a la muerte de Stalin, cuando una nueva élite burocrática fue concentrando poder económico y político. Esa élite, según el autor, actuó como una burguesía de nuevo tipo, gestionando la economía con criterios de acumulación y competencia, aunque mantuviera un lenguaje socialista.

 

    Desde esa perspectiva, la implosión no fue un accidente ni una traición repentina, sino el desenlace lógico de un proceso largo de degeneración interna. La economía soviética, organizada de forma rígida y nacional, no pudo adaptarse a la nueva fase de internacionalización de la producción capitalista que avanzaba rápidamente desde los años setenta y ochenta. El desfase tecnológico, la baja productividad y el aislamiento relativo del mercado mundial fueron debilitando su base material.

 

     El libro también rechaza la idea de que la caída de la Unión Soviética marque el “fin de la historia”. Al contrario, Engel la interpreta como un episodio más de la crisis general del sistema imperialista mundial. La desaparición de ese bloque no resolvió las contradicciones del capitalismo, sino que permitió una ofensiva más agresiva del capital financiero a escala global.

 

    En pocas palabras, la implosión soviética es presentada como el fracaso de un modelo revisionista y burocrático, no como la prueba de que no exista alternativa al capitalismo. Para el autor, ese colapso abre una nueva etapa de desorden mundial y, al mismo tiempo, revela los límites históricos del sistema dominante.

 

    CS: El libro fue escrito en el año dos mil. ¿Realizó Engel en aquellas fechas algún tipo de pronóstico acerca de la disputa hegemónica entre China, Rusia y los Estados Unidos?

 
   - Sí, aunque no en los términos habituales de la geopolítica mediática actual. El libro no hace predicciones puntuales del tipo “tal país ganará” o “tal otro caerá”, pero sí formula un marco de análisis que anticipa claramente una intensificación de la disputa hegemónica entre grandes potencias.

 

    En "El crepúsculo de los dioses", Engel parte de una idea central: la desaparición de la Unión Soviética no inaugura una era de hegemonía estable de Estados Unidos, sino una fase transitoria marcada por el reparto y re-reparto del mundo. Desde esa perspectiva, la hegemonía estadounidense aparece como fuerte en lo inmediato, pero estructuralmente inestable.

 

    Respecto a Rusia, el libro no la presentaba como una potencia derrotada de manera definitiva. Engel interpreta el colapso soviético como una caída seguida de un proceso de recomposición capitalista. Rusia aparece como un actor debilitado en los años noventa, pero con potencial para volver a disputar espacios de poder, precisamente porque el sistema mundial empuja a esa confrontación entre potencias.

 

     En cuanto a China, el análisis resulta especialmente significativo con la mirada actual. El libro la definía  ya entonces como una potencia socialimperialista en ascenso. No la trata como un país en vías de desarrollo, ni como una excepción al capitalismo global, sino como un actor que combina control estatal fuerte con inserción agresiva en el mercado mundial. Engel anticipa que su integración en la economía global no traería armonía, sino nuevas tensiones interimperialistas.

 

    Sobre Estados Unidos, el pronóstico es claro: seguirá siendo la principal potencia, pero su liderazgo dependerá cada vez más de la fuerza militar, la presión política y el dominio financiero, no de una estabilidad económica compartida. El “nuevo orden mundial” anunciado desde Washington es descrito como una pretensión hegemónica, no como un equilibrio aceptado.

 

    En síntesis, el libro no dibuja un tablero con fechas y vencedores, pero sí anticipa algo fundamental: que la competencia entre Estados Unidos, China y Rusia no sería una anomalía futura, sino una consecuencia lógica de la nueva fase del capitalismo global. La actual disputa hegemónica no contradice el análisis de Engel; más bien lo confirma desde el punto de vista de su marco teórico.

 

   CS: ¿Cómo describió pues Engels el actual escenario mundial en el año 2000 cuando escribió el libro?


     - Engel describió el escenario mundial de comienzos del año 2000 como una fase de transición inestable, no como un nuevo equilibrio. En "El crepúsculo de los dioses"  sostiene que el mundo había entrado en una etapa en la que el viejo orden bipolar había desaparecido, pero sin que surgiera un sistema capaz de garantizar estabilidad duradera.

 

    Para él, el rasgo central de ese momento era la desorganización estructural del sistema imperialista mundial. Estados Unidos aparecía como la potencia dominante, pero no como un poder hegemónico sólido, sino como un actor obligado a imponer su liderazgo en un contexto de crecientes contradicciones económicas, políticas y sociales. La supremacía existía, pero era frágil y dependía cada vez más de la coerción.

 

    Engel describe un mundo marcado por la expansión agresiva del capital financiero, que reorganiza la producción a escala global sin crear instituciones políticas capaces de regularla. El resultado es una economía mundial altamente integrada, pero políticamente fragmentada. Las fuerzas productivas avanzan, mientras las estructuras de poder se quedan atrás.

 

     Ese desfase, según el libro, genera una acumulación de crisis simultáneas: crisis económicas recurrentes, debilitamiento de los Estados, guerras regionales, aumento del desempleo y una crisis ecológica que empieza a adquirir dimensión global. Nada de esto es presentado como excepcional, sino como síntomas normales de la nueva fase.

 

   En ese contexto, Engel habla ya de una nueva lucha por el reparto del mundo. No una repetición exacta de las guerras del siglo XX, sino una competencia creciente entre grandes potencias y monopolios por mercados, recursos y zonas de influencia. El escenario mundial aparece, así, como crecientemente conflictivo.

 

   Resumidamente, en el año 2000, Engel no veia un mundo ordenado tras el final de la Guerra Fría, sino un sistema que habia perdido sus antiguos equilibrios sin haber construido otros nuevos. Un mundo más integrado económicamente, pero más inestable políticamente, y encaminado hacia conflictos más profundos en lugar de hacia la armonía prometida.

 

   CS: Visto desde la perspectiva de hoy, ¿crees que el libro acertó en sus pronósticos de futuro?

 - Visto desde hoy, puede decirse que el libro acertó en el sentido profundo de sus pronósticos, aunque no necesariamente en todos los detalles concretos. En "El crepúsculo de los diosesno hay profecías fechadas, ni escenarios cerrados, pero sí hay una lectura estructural que anticipa tendencias que, con el paso del tiempo, se han hecho mas que visibles.

 

    Su acierto principal consiste en haber negado la idea de un mundo estable bajo hegemonía estadounidense. A comienzos de los años 2000, esa hegemonía parecía incuestionable. Engel sostuvo, contra el consenso dominante, que era frágil, costosa de mantener y destinada a generar resistencias. Hoy resulta evidente que ese liderazgo no se tradujo en orden, sino en conflictos prolongados, guerras indirectas y una creciente polarización internacional.

 

     También fue certero al anticipar que la globalización no produciría convergencia social ni bienestar generalizado. La precarización del trabajo, el aumento de la desigualdad y la inseguridad vital que describe el libro no solo se confirmaron, sino que se extendieron incluso a países centrales que antes se consideraban protegidos.

 

    Otro acierto importante es su lectura de China. En un momento en que muchos la veían como un simple beneficiario del orden liderado por Estados Unidos, Engel ya la analizaba como una potencia capitalista en ascenso, llamada a chocar con ese orden. La actual rivalidad estratégica confirma esa intuición de fondo.

     Donde el libro puede resultar más discutible, visto desde hoy, es en el ritmo y la forma de los procesos. Algunos desarrollos han sido más caóticos y menos lineales de lo que el marco teórico sugiere. También han aparecido fenómenos nuevostecnológicos, culturales, políticos— que no ocupan un lugar central en el análisis original.

 

     Pero si se juzga el libro no por su capacidad de adivinar acontecimientos concretos, sino por haber identificado las dinámicas de fondodesorden estructural, crisis recurrentes, disputa hegemónica y límites del sistema—, el balance es claro: el tiempo ha jugado más a favor de sus advertencias que del optimismo que dominaba cuando fue escrito.

 

   CS: ¿Llegó a pronosticar el libro que China se convertiría en una gran potencia imperialista?
 

    - Sí, de manera explícita y bastante temprana. El libro no solo sugiere esa posibilidad, sino que afirma claramente que China ya estaba en camino de convertirse en una gran potencia imperialista en el momento en que fue escrito.

 

   En "El crepúsculo de los dioses. Sobre el “nuevo orden mundial”, Engel dedica un apartado específico a China y la define como una potencia socialimperialista ascendente. Con este término quiere subrayar dos ideas al mismo tiempo. Por un lado, que China mantiene una fuerte retórica socialista y un control estatal significativo. Por otro, que su funcionamiento real está regido por lógicas capitalistas de acumulación, expansión y competencia internacional.

 

    El libro rechaza la visión, muy extendida en aquellos años, de que China era simplemente un país en desarrollo que se beneficiaba pasivamente de la globalización. Engel sostiene que su integración en el mercado mundial no era subordinada, sino estratégica. China aparece ya entonces como un actor que utiliza el comercio internacional, la inversión extranjera y su enorme fuerza de trabajo para construir poder económico propio.

 

    Además, Engel anticipa que ese ascenso no podría producirse de forma pacífica ni armoniosa. Según su análisis, una China convertida en gran potencia capitalista estaba destinada a entrar en contradicción con las potencias ya dominantes, especialmente con Estados Unidos, porque el sistema imperialista no admite crecimientos indefinidos sin conflicto.

 

     Es importante subrayar que el libro no describe a China como una excepción al capitalismo global , ni como una alternativa sistémica. Al contrario, la sitúa dentro de la misma lógica que rige a las demás potencias: expansión económica, búsqueda de mercados, aseguramiento de recursos y aumento de influencia política y militar.

 

     Visto desde hoy, lo notable no es solo que Engel anticipara el ascenso de China, sino que lo hiciera en contra del consenso de su época, cuando todavía predominaba la idea de que China acabaría integrándose dócilmente en un orden mundial liderado por Estados Unidos. En ese punto concreto, el pronóstico del libro resulta especialmente preciso.

 

   CS: ¿Tiene que ver este Engel con   Friedrich Engels, el autor del Manifiesto Comunista?

   - No, en absoluto. No tiene relación personal ni familiar directa.  Stefan Engel no tiene parentesco alguno con  Friedrich Engels, el autor del Manifiesto Comunista junto a Karl Marx. La coincidencia del apellido puede inducir a confusión, pero se trata de figuras separadas por más de un siglo y contextos históricos muy distintos.

 

    La relación entre ambos es intelectual, no biográfica. Stefan Engel se sitúa deliberadamente en la tradición teórica inaugurada por Marx y Friedrich Engels y desarrollada después por Lenin. Su obra pretende actualizar ese marco de análisis para interpretar el capitalismo contemporáneo, no continuar una herencia familiar.

   

      De hecho, el propio enfoque de "El crepúsculo de los dioses" se apoya de forma explícita en los conceptos clásicos del marxismo —imperialismo, capital financiero, crisis sistémica— adaptándolos al escenario posterior a la Guerra Fría. En ese sentido, Stefan Engel se presenta como un continuador doctrinal, no como un descendiente ni como una figura vinculada al Engels histórico por otra vía que no sea la teórica. Dicho de forma clara: comparten apellido y tradición ideológica, pero no genealogia, ni la época, ni vínculo personal alguno.

 

 
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