EL “PARAÍSO” CANARIO DE LA DESIGUALDAD: LOS SALARIOS MÁS BAJOS Y LA CESTA DE LA COMPRA MÁS CARA
Las grandes cadenas de supermercados disparan los precios de los productos más basicos
Canarias no solo es sol y playa. Bajo su atractivo turístico, más de un tercio de su población se enfrenta a la pobreza y exclusión social. Mientras los precios de los productos básicos se disparan, la clase trabajadora sufre para llegar a fin de mes. ¿Es la insularidad la única culpable, o hay algo más profundo en juego?
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Canarias, conocida por sus paisajes paradisíacos y su atractivo turístico, oculta tras ese brillo una cruda realidad: se encuentra entre las comunidades autónomas con los índices más altos de pobreza y exclusión social del Estado español. Este hecho no es casual, sino el resultado de un modelo económico que profundiza las desigualdades y mantiene a las islas en una situación de dependencia económica y vulnerabilidad.
Un panorama desolador de pobreza y exclusión
Con más de un tercio de su población, el 36,2%, en riesgo de pobreza o exclusión social, Canarias se sitúa solo por detrás de Extremadura en esta alarmante clasificación.
A pesar de ser una de las regiones más turísticas del Estado, el desarrollo económico que genera el sector no ha permeado en gran parte de la sociedad canaria. La riqueza producida por el turismo beneficia en gran medida a grandes empresas y capitales extranjeros, mientras que la clase trabajadora local sufre condiciones laborales precarias, bajos salarios y una creciente dificultad para cubrir sus necesidades básicas.
El 15% de la población vive en situación de pobreza severa, y la baja intensidad laboral afecta al 21% de los hogares, lo que agrava la precariedad de las familias canarias.
A pesar de que los indicadores macroeconómicos pueden mostrar ciertas mejoras, como la recuperación del empleo tras la pandemia, estas cifras esconden la alta tasa de temporalidad y la precarización de las condiciones laborales en sectores como el turismo y la hostelería, pilares de la economía isleña.
Insularidad y dependencia económica
Una de las principales causas que explican la vulnerabilidad de Canarias es su insularidad. La distancia geográfica con la península y la dependencia casi total de la importación de bienes básicos elevan los costos de vida, incluyendo los alimentos.
Según un estudio de la OCU, Canarias se encuentra entre las comunidades autónomas donde más se paga por los productos básicos, solo superada por Baleares, Madrid y el País Vasco. El alto costo de vida, sumado a los bajos salarios, crea un escenario en el que las familias canarias deben destinar una parte desproporcionada de sus ingresos a gastos esenciales como la alimentación y la vivienda. Más del 59% de la población reporta dificultades para llegar a fin de mes, y casi un tercio de los hogares se encuentra
Este escenario perpetúa un círculo vicioso de pobreza que se transmite de generación en generación, afectando sobre todo a los más jóvenes.
La pobreza infantil y la feminización de la desigualdad
La situación de los menores en Canarias es particularmente preocupante. El 49,1% de los niños y adolescentes vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Los hogares encabezados por mujeres, sobre todo los monoparentales, también están especialmente afectados. Más del 38% de las mujeres canarias se encuentra en riesgo de pobreza, si bien la situación de los hombres, con un 34% en esa situación, tampoco es mucho mejor.
El papel de los grandes monopolios
Las cadenas de supermercados que dominan el mercado en Canarias, como en el resto del Estado, fijan precios altos para los productos básicos, debido a la concentración de poder en unas pocas manos. Mientras tanto, el pequeño y mediano comercio ha sido prácticamente expulsado del sector, lo que deja a las clases trabajadoras sin opciones más asequibles para adquirir bienes básicos.
En un mercado controlado por monopolios o grandes empresas, las familias canarias no tienen otra opción que pagar más por los mismos productos que en otras comunidades.
Por otro lado, el hecho de que las Islas Canarias dependan en gran medida de la importación de productos significa que los costes adicionales de transporte se traducen en precios finales inflados para los consumidores.
Este panorama desolador plantea la urgente necesidad de un cambio estructural en las políticas económicas y sociales que se aplican en Canarias. La dependencia del turismo como única fuente de ingresos y la concentración del poder en manos de grandes monopolios continúan erosionando las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Sin una intervención decidida que redistribuya la riqueza y fomente la creación de empleos dignos, el futuro de Canarias seguirá marcado por la pobreza y la exclusión social.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Canarias, conocida por sus paisajes paradisíacos y su atractivo turístico, oculta tras ese brillo una cruda realidad: se encuentra entre las comunidades autónomas con los índices más altos de pobreza y exclusión social del Estado español. Este hecho no es casual, sino el resultado de un modelo económico que profundiza las desigualdades y mantiene a las islas en una situación de dependencia económica y vulnerabilidad.
Un panorama desolador de pobreza y exclusión
Con más de un tercio de su población, el 36,2%, en riesgo de pobreza o exclusión social, Canarias se sitúa solo por detrás de Extremadura en esta alarmante clasificación.
A pesar de ser una de las regiones más turísticas del Estado, el desarrollo económico que genera el sector no ha permeado en gran parte de la sociedad canaria. La riqueza producida por el turismo beneficia en gran medida a grandes empresas y capitales extranjeros, mientras que la clase trabajadora local sufre condiciones laborales precarias, bajos salarios y una creciente dificultad para cubrir sus necesidades básicas.
El 15% de la población vive en situación de pobreza severa, y la baja intensidad laboral afecta al 21% de los hogares, lo que agrava la precariedad de las familias canarias.
A pesar de que los indicadores macroeconómicos pueden mostrar ciertas mejoras, como la recuperación del empleo tras la pandemia, estas cifras esconden la alta tasa de temporalidad y la precarización de las condiciones laborales en sectores como el turismo y la hostelería, pilares de la economía isleña.
Insularidad y dependencia económica
Una de las principales causas que explican la vulnerabilidad de Canarias es su insularidad. La distancia geográfica con la península y la dependencia casi total de la importación de bienes básicos elevan los costos de vida, incluyendo los alimentos.
Según un estudio de la OCU, Canarias se encuentra entre las comunidades autónomas donde más se paga por los productos básicos, solo superada por Baleares, Madrid y el País Vasco. El alto costo de vida, sumado a los bajos salarios, crea un escenario en el que las familias canarias deben destinar una parte desproporcionada de sus ingresos a gastos esenciales como la alimentación y la vivienda. Más del 59% de la población reporta dificultades para llegar a fin de mes, y casi un tercio de los hogares se encuentra
Este escenario perpetúa un círculo vicioso de pobreza que se transmite de generación en generación, afectando sobre todo a los más jóvenes.
La pobreza infantil y la feminización de la desigualdad
La situación de los menores en Canarias es particularmente preocupante. El 49,1% de los niños y adolescentes vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Los hogares encabezados por mujeres, sobre todo los monoparentales, también están especialmente afectados. Más del 38% de las mujeres canarias se encuentra en riesgo de pobreza, si bien la situación de los hombres, con un 34% en esa situación, tampoco es mucho mejor.
El papel de los grandes monopolios
Las cadenas de supermercados que dominan el mercado en Canarias, como en el resto del Estado, fijan precios altos para los productos básicos, debido a la concentración de poder en unas pocas manos. Mientras tanto, el pequeño y mediano comercio ha sido prácticamente expulsado del sector, lo que deja a las clases trabajadoras sin opciones más asequibles para adquirir bienes básicos.
En un mercado controlado por monopolios o grandes empresas, las familias canarias no tienen otra opción que pagar más por los mismos productos que en otras comunidades.
Por otro lado, el hecho de que las Islas Canarias dependan en gran medida de la importación de productos significa que los costes adicionales de transporte se traducen en precios finales inflados para los consumidores.
Este panorama desolador plantea la urgente necesidad de un cambio estructural en las políticas económicas y sociales que se aplican en Canarias. La dependencia del turismo como única fuente de ingresos y la concentración del poder en manos de grandes monopolios continúan erosionando las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Sin una intervención decidida que redistribuya la riqueza y fomente la creación de empleos dignos, el futuro de Canarias seguirá marcado por la pobreza y la exclusión social.


























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