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EL "ENEMIGO NECESARIO": CÓMO TRUMP CONSTRUYE LA IDEA DE UN "IRÁN INTRANSIGENTE"

¿Quién decide las condiciones de la negociación internacional? ¿Se puede hablar de paz bajo presión económica y militar?

El relato dominante afirma que Irán rechaza la paz. Sin embargo, al analizar las condiciones reales de las negociaciones y el contexto de presión en el que se producen, emerge una realidad mucho más compleja, donde la cuestión central no es la voluntad de dialogar, sino quién impone las reglas.

POR CÁNDIDO GÁLVEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Hay ideas que se repiten tanto que terminan pareciendo [Img #90869]verdades naturales. Una de ellas es que Irán “no quiere la paz”. Se dice en discursos políticos, en medios de comunicación y en redes sociales. Se presenta como un hecho evidente, casi incuestionable.

 

    Pero cuando uno se detiene a observar cómo están funcionando realmente las relaciones internacionales, esa afirmación empieza a tambalearse. Porque la cuestión no es simplemente si un país quiere o no la paz, sino en qué condiciones se le propone esa paz.

 

   Y ahí es donde el relato dominante empieza a mostrar sus grietas.

 

   CUANDO “NEGOCIAR” SIGNIFICA ACEPTAR CONDICIONES IMPUESTAS

 

   En teoría, una negociación es un proceso entre partes que buscan un acuerdo. En la práctica, no siempre ocurre así.  Muchas veces, lo que se presenta como negociación es en realidad una lista de condiciones que una parte debe aceptar sin margen real de discusión.

 

   En el caso de Irán, las exigencias que se han puesto sobre la mesa en distintos momentos no se limitan a aspectos técnicos —como el programa nuclear—, sino que implican cambios profundos en su política exterior, en su capacidad defensiva y su papel en la región.

 

    Esto cambia completamente el sentido del debate. Porque rechazar esas condiciones no es rechazar la paz en abstracto, sino negarse a aceptar un modelo en el que uno de los actores queda subordinado.

 

   Un ejemplo histórico ayuda a entenderlo: cuando un país derrotado acepta condiciones que limitan su soberanía, eso no suele generar estabilidad duradera. Al contrario, suele alimentar tensiones futuras. La historia del siglo XX está llena de casos de ese tipo.

 

 EL PESO DE LAS SANCIONES Y LA PRESIÓN CONSTANTE¡   

     Otro elemento clave es el contexto en el que se desarrollan estas supuestas negociaciones. No se trata de conversaciones neutrales, sino de procesos marcados por una presión constante.

 

   Las sanciones económicas, por ejemplo, no son solo herramientas diplomáticas. Tienen consecuencias muy concretas sobre la vida cotidiana: inflación, escasez de medicamentos, deterioro de servicios básicos. Diversos informes de organismos internacionales han señalado que las sanciones pueden afectar gravemente a la población civil, incluso cuando están dirigidas oficialmente contra gobiernos (Consejo de Derechos Humanos de la ONU, informes sobre sanciones unilaterales).

 

   En ese contexto, negociar no es simplemente sentarse a hablar. Es hacerlo bajo una presión que condiciona cualquier decisión.

 

   Es como si en una partida de cartas uno de los jugadores pudiera cambiar las reglas mientras el otro apenas puede mantenerse en la mesa.

 

  LA CONSTRUCCIÓN DEL “ENEMIGO QUE NO QUIERE LA PAZ”

    Para que esta dinámica funcione, es necesario construir un relato. Y ese relato tiene una pieza central: la idea de que el otro actor es irracional o incapaz de negociar.

 

   Si se aceptara que Irán actúa en función de intereses estratégicos —como cualquier otro Estado—, entonces habría que analizar también las responsabilidades del resto de actores. Habría que preguntarse por qué no se alcanzan acuerdos, qué condiciones se imponen y quién define los límites.

 

   Pero al presentar a Irán como un actor que “no quiere la paz”, todo se simplifica. La responsabilidad desaparece del lado de quienes ejercen presión y se concentra en un único punto.

 

  Este tipo de construcción no es nuevo. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, ambos bloques utilizaban narrativas similares para justificar políticas de confrontación. La simplificación del adversario como “irracional” o “peligroso” facilita la aceptación social de medidas agresivas.

 

INTERESES MÁS ALLÁ DEL DISCURSO

   Para entender realmente el conflicto, hay que mirar más allá de las palabras y observar los intereses en juego.

 

   Oriente Medio es una región clave a nivel mundial: por sus recursos energéticos, por su posición geográfica y por su papel en las rutas comerciales. Tener influencia en esta zona significa tener poder en el sistema internacional.

 

   En ese contexto, Irán ocupa una posición estratégica importante. Su capacidad para actuar de forma autónoma lo convierte en un actor incómodo para quienes buscan consolidar un determinado equilibrio regional.

 

   Por eso, el conflicto no puede reducirse a una cuestión de “paz o guerra”. Se trata, en gran medida, de quién define las reglas del juego.

 

   Diversos análisis geopolíticos señalan que las tensiones con Irán están ligadas a la disputa por la influencia regional y el control de recursos (International Crisis Group, informes sobre Oriente Medio; Chatham House, estudios sobre seguridad regional).

 

NEGARSE NO ES RECHAZAR LA PAZ

   Aquí aparece una idea fundamental: no toda negativa es una postura beligeranteRechazar un acuerdo puede ser, simplemente, rechazar unas condiciones que se consideran inaceptables. Esto ocurre en todos los ámbitos: desde negociaciones laborales hasta tratados internacionales.

 

   Si una de las partes plantea condiciones que implican una pérdida significativa de autonomía, la otra puede decidir no aceptarlas. Eso no significa que no quiera dialogar, sino que no acepta esos términos concretos.

 

   En el caso de Irán, muchas de las posiciones que son presentadas como “intransigencia” pueden entenderse mejor como intentos de mantener un margen de soberanía frente a presiones externas.

 

¿NO QUIERE IRÁN LA PAZ?

     La idea de que Irán “no quiere la paz” es, en realidad, una simplificación que oculta más de lo que explica. Sirve para construir un relato claro y fácil de entender, pero deja fuera elementos esenciales: las condiciones de la negociación, la presión ejercida y los intereses en juego.

 

   Cuando se analiza el contexto completo, lo que aparece no es un conflicto entre quienes quieren la paz y quienes la rechazan, sino una disputa sobre qué tipo de paz se propone y quién tiene el poder de definirla.

 

   Porque, al final, la pregunta no es solo si hay voluntad de negociar. La verdadera pregunta es: ¿negociar en qué condiciones y para beneficio de quién?

 

FUENTES:
- Informes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre impacto de sanciones unilaterales
- International Crisis Group – análisis sobre tensiones en Oriente Medio
- Chatham House – estudios sobre seguridad y geopolítica regional
- Artículos de Al Jazeera y Middle East Eye sobre negociaciones nucleares con Irán
- Informes del Council on Foreign Relations sobre política exterior de EE.UU. en Oriente Medio

 
 
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