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PORTO ALEGRE REÚNE A MILES DE ACTIVISTAS DE MÁS DE 40 PAÍSES EN UNA CUMBRE CONTRA EL FASCISMO Y EL IMPERIALISMO

La conferencia antifascista y antiimperialista se celebró entre el 26 y el 29 de marzo

La conferencia antifascista y antiimperialista celebrada en Porto Alegre entre el 26 y el 29 de marzo de 2026 dejó una imagen significativa en un momento particularmente adverso para las fuerzas transformadoras a escala internacional: la de miles de militantes, activistas, representantes políticos, sindicalistas e intelectuales reunidos para debatir cómo responder al avance de la extrema derecha y a la intensificación de las tensiones imperialistas (...).

REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.-   

 

   La conferencia antifascista y antiimperialista celebrada en Porto Alegre entre el 26 y el 29 de marzo dejó una imagen significativa en un momento particularmente adverso para las fuerzas transformadoras a escala internacional: la de miles de militantes, activistas, representantes políticos, sindicalistas e intelectuales reunidos para debatir cómo responder al avance de la extrema derecha y a la intensificación de las tensiones imperialistas en distintos puntos del planeta.

 

   En una etapa marcada por la fragmentación de las resistencias, por el retroceso general de los movimientos populares y por la debilidad de las respuestas coordinadas, el simple hecho de haber logrado levantar un espacio de estas características constituye un dato político de relevancia.

 

    La iniciativa venía madurándose desde hacía tiempo. El intento de golpe bolsonarista de enero de 2023 en Brasil, seguido por la consolidación de nuevas expresiones reaccionarias en distintos países y por el endurecimiento general del clima político internacional, reforzó entre amplios sectores de la izquierda la percepción de que la ofensiva de la extrema derecha exigía respuestas que superaran el marco estrictamente nacional. De esa necesidad nació la idea de promover un espacio internacional de encuentro, discusión y coordinación.

 

BRASIL COMO PUNTO DE PARTIDA DE LA CONVOCATORIA

   Brasil reunía condiciones particularmente favorables para impulsar una iniciativa de este tipo. La derrota electoral de Jair Bolsonaro en 2022 había demostrado que, pese a diferencias políticas importantes, la unidad de acción entre diversas fuerzas de izquierda y movimientos sociales podía resultar eficaz frente al avance reaccionario. Sobre ese trasfondo comenzó a construirse la convocatoria.

 

   La organización del encuentro fue asumida por un amplio comité impulsor con presencia destacada del PT, el PSOL, el PCdoB y numerosas organizaciones sociales locales. Junto a ellos desempeñó un papel central el Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), cuya implicación fue determinante en la articulación internacional de la convocatoria. Dentro de ese trabajo destacó especialmente la labor desarrollada por Éric Toussaint, portavoz histórico del CADTM, uno de los principales impulsores políticos de la conferencia y figura clave en la ampliación de sus apoyos internacionales.

 

  La elección de Porto Alegre no fue casual. La ciudad conserva un fuerte valor simbólico por su papel en el nacimiento del Foro Social Mundial a comienzos de siglo, aunque el contexto político actual sea profundamente distinto al de aquel ciclo de ascenso del movimiento altermundialista. Si entonces el escenario internacional estaba marcado por una oleada ascendente de luchas sociales y expectativas transformadoras, hoy el marco es mucho más defensivo y fragmentado.

 

 

UNA ORGANIZACIÓN LEVANTADA EN CONDICIONES ADVERSAS

   El proceso de preparación de la conferencia no estuvo exento de dificultades. La convocatoria prevista inicialmente para 2024 tuvo que aplazarse tras las devastadoras inundaciones que afectaron a Porto Alegre y al conjunto de Rio Grande do Sul. Cuando el proyecto fue relanzado posteriormente, hubo que hacerlo en un escenario especialmente complejo, sin respaldo financiero significativo de instituciones públicas y en un contexto general de debilidad organizativa de la izquierda internacional

 

  Precisamente por ello, el resultado final adquiere una importancia concreta, al demostrar que siguen existiendo capacidades organizativas, redes militantes y voluntad política suficientes para levantar iniciativas internacionales en una etapa de repliegue.

 

DE LA RESPUESTA ANTIFASCISTA AL DEBATE ANTIIMPERIALISTA

  Uno de los rasgos más relevantes del encuentro fue la ampliación de su eje político inicial. Si en sus orígenes la conferencia estaba concebida fundamentalmente como una respuesta antifascista, la evolución de la coyuntura internacional llevó a incorporar de forma más explícita la dimensión antiimperialista. Las crecientes tensiones geopolíticas, la agresividad de Washington hacia distintos países del Sur global y la persistencia de múltiples conflictos internacionales reforzaron la idea de que la lucha contra la extrema derecha no podía desligarse de una reflexión más amplia sobre el imperialismo contemporáneo.

 

  Ese ensanchamiento del marco político permitió dar mayor alcance internacional a la convocatoria, aunque también hizo aflorar algunas de las diferencias más profundas existentes en el seno de la izquierda global. Las distintas percepciones sobre el papel de las grandes potencias, sobre la caracterización de determinados conflictos o sobre la jerarquización de las amenazas imperialistas siguen siendo uno de los principales factores de división estratégica.

 

    La conferencia de Porto Alegre no resolvió las profundas divergencias estratégicas que atraviesan a la izquierda internacional, ni podía hacerlo. Las diferencias en torno a la guerra de Ucrania, al papel de Rusia y China, a la política de alianzas frente a la extrema derecha o a la caracterización de diversos procesos nacionales siguen plenamente abiertas. Tampoco se trató de un espacio homogéneo desde el punto de vista programático.

 

   Sin embargo, su utilidad política reside precisamente en haber conseguido abrir un espacio de convergencia y debate entre concepciones políticas muy diversas, en un momento en el que estos espacios escasean. Más que ofrecer respuestas cerradas, Porto Alegre funcionó como una tentativa de recomposición, como una experiencia de articulación todavía embrionaria pero significativa en una etapa de fuerte dispersión.

 

UNA MOVILIZACIÓN AMPLIA EN UN MOMENTO DIFÍCIL

  Las cifras del encuentro permiten hablar de una convocatoria más que notable. Más de 5.000 personas participaron en la marcha inaugural y varios miles asistieron a las jornadas de debate desarrolladas durante tres días, con once plenarias principales y en torno a 150 actividades autogestionadas.

   

 El encuentro logró, asimismo, reunir delegaciones procedentes de más de cuarenta países, lo que confirma la existencia de un interés real por reconstruir espacios de coordinación internacionalista, aunque todavía de forma parcial y desigual. Buena parte de ese mérito radica en el trabajo de articulación política previo desarrollado por las organizaciones convocantes y las redes internacionales implicadas en la preparación.

 

 MÁS UN PUNTO DE PARTIDA QUE UNA CONCLUSIÓN

 

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  Porto Alegre 2026 no ha inaugurado por sí sola un nuevo ciclo político internacional, ni ha resuelto los problemas estratégicos acumulados por la izquierda mundial. Sí ha mostrado, en cambio, que persiste una voluntad real de reconstruir marcos de coordinación y de debate internacionalista en un periodo particularmente adverso.  En ese sentido, su principal valor no reside tanto en las formulaciones aprobadas o en las declaraciones emitidas como en el hecho mismo de haber logrado reunir a un amplio abanico de fuerzas en torno a una preocupación compartida. En tiempos de repliegue, fragmentación y ofensiva reaccionaria, no es un dato menor.   Lo ocurrido en Porto Alegre constituye una experiencia útil de convergencia y un punto de apoyo para futuras tentativas de articulación internacionalista. Su verdadero alcance dependerá, en última instancia, de la capacidad de sus impulsores y participantes para dar continuidad práctica a la dinámica abierta en Brasil.

 

   La declaración final del encuentro insistió en la necesidad de mantener abierto el proceso, reforzar los lazos internacionales construidos durante la conferencia y avanzar hacia nuevas iniciativas de coordinación regional e internacional en los próximos meses. Horizonte que  expresa una voluntad de continuidad que, aunque aún deberá demostrarse en la práctica, indica que Porto Alegre no fue concebida como un acontecimiento aislado, sino como un primer paso dentro de una dinámica más prolongada. 

 
 
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