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LA RUTA CANARIA SE CONCENTRA EN DOS ISLAS: UNO DE CADA CINCO MIGRANTES LLEGAN A E LE HIERRO Y LANZAROTE

El coste humano de una frontera cada vez más militarizada

Las llegadas migratorias a Canarias han disminuido respecto a los máximos registrados en años anteriores, pero el fenómeno presenta una característica cada vez más acusada: su concentración en unas pocas islas. El Hierro y Lanzarote acumulan casi ocho de cada diez personas rescatadas en la ruta durante los primeros nueve meses de 2026.

 

Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Los datos recopilados por los servicios de emergencia permiten observar con precisión cómo se está reconfigurando la ruta atlántica de la migración africana hacia Canarias.

 

    Entre el 1 de enero y el 30 de septiembre llegaron a las Islas 7.179 personas en pateras, neumáticas y cayucos. De ellas, 3.515 desembarcaron en El Hierro y otras 2.133 en Lanzarote. Entre ambas suman 5.648 personas, aproximadamente el 79% del total. 

 

  El reparto resulta particularmente significativo por las dimensiones de El Hierro. La isla concentra por sí sola el 48,96% de todas las personas llegadas a Canarias por mar durante los nueve primeros meses del año.

 

  Lanzarote presenta una dinámica diferente. Ha recibido más embarcaciones que El Hierro —41 frente a 31—, pero de menor capacidad. Los cayucos que alcanzan La Restinga transportan una media de 113 personas, mientras las embarcaciones que llegan a Lanzarote llevan aproximadamente 52. 

 

  El resto del Archipiélago queda muy lejos de esas cifras. Gran Canaria recibió 520 personas en doce embarcaciones; Tenerife, 516 en seis cayucos; Fuerteventura, 352 en siete embarcaciones; y La Gomera, 143 personas en un único cayuco. 

 

  La geografía de la ruta no es casual. Depende de los puntos de salida africanos, las condiciones marítimas, las redes que organizan las travesías, la vigilancia fronteriza y las corrientes y vientos del Atlántico.

 

  Modificar cualquiera de esos factores puede trasladar rápidamente la presión desde una isla hacia otra.

 

UNO DE CADA CINCO ES MENOR

  Hay un segundo dato todavía más relevante. De las 7.179 personas llegadas durante este año, 1.513 son menores de edad, el 21,08%. Treinta y seis eran bebés lactantes, 26 de los cuales llegaron a El Hierro. Las mujeres, adultas y menores conjuntamente, representan cerca del 11% del total. 

 

  Estos porcentajes desmienten una representación simplificada de la migración atlántica como un flujo compuesto exclusivamente por hombres adultos. La elevada presencia de menores transforma además las obligaciones de las administraciones. Una persona adulta llegada irregularmente queda sometida a la legislación migratoria estatal; un menor no acompañado entra además bajo el sistema de protección de menores, competencia de la comunidad autónoma.

 

  Ahí se encuentra una de las principales fuentes del conflicto político mantenido durante los últimos años entre Canarias y el Estado. Pero la cuestión adquiere una dimensión material todavía mayor cuando se observa El Hierro. Una isla con una población reducida recibe durante meses un volumen de personas que, aunque posteriormente sean trasladadas, exige inicialmente dispositivos de rescate, atención sanitaria, identificación, alojamiento, alimentación y personal.

 

La presión inmediata no se distribuye proporcionalmente por el territorio español ni siquiera por el canario.

 

LA FRONTERA EMPIEZA MUCHO MÁS AL SUR

  Reducir el fenómeno a la vigilancia marítima en Canarias tampoco permite explicar por qué miles de personas siguen intentando cruzar el Atlántico.

 

  La ruta comienza mucho antes de que aparezca un cayuco en el radar de Salvamento Marítimo. Las migraciones desde África occidental y el Sahel están relacionadas con una combinación variable de pobreza, falta de empleo, desigualdad, conflictos armados, crisis políticas y expectativas de encontrar mejores condiciones de vida.

 

   No existe una causa única aplicable a todas las personas ni a todos los países  Pero sí existe un elemento económico común: una enorme desigualdad entre territorios conectados por relaciones comerciales, financieras y productivas. Europa necesita fuerza de trabajo inmigrante y simultáneamente intenta controlar estrictamente quién puede acceder legalmente a su mercado laboral. Esa contradicción genera una segmentación muy rentable para determinados sectores: una parte de la fuerza de trabajo extranjera llega con posiciones jurídicas y económicas especialmente débiles.

 

  Agricultura intensiva, hostelería, construcción, cuidados o determinados servicios dependen en numerosos territorios europeos de trabajadores inmigrantes. La precariedad administrativa puede convertirse entonces en precariedad laboral. El trabajador que teme perder su residencia, desconoce sus derechos o dispone de pocas alternativas posee menor capacidad para rechazar salarios bajos y peores condiciones.

 

  Los 7.179 supervivientes contabilizados hasta septiembre no representan únicamente una estadística migratoria. Son también la expresión de una frontera económica entre dos espacios separados por pocos cientos de kilómetros pero por enormes diferencias de renta, oportunidades y capacidad para desplazarse legalmente.

 
 
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