CANARIAS, ENCLAVE ESTRATÉGICO DE EUROPA FRENTE A ÁFRICA: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL NUEVO INTERÉS DE BRUSELAS?
Materias primas, rutas comerciales y nuevos mercados convierten al Archipiélago en una pieza clave
Bruselas ha empezado a mirar a Canarias con otros ojos. La nueva estrategia europea para las regiones ultraperiféricas sitúa al Archipiélago no solo como una periferia que debe ser compensada por su lejanía, sino como una plataforma estratégica desde la que proyectar los intereses económicos de la UE hacia África, un continente convertido nuevamente en escenario de una intensa disputa por sus materias primas, sus mercados y sus rutas comerciales.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Algo importante está cambiando en la forma en la que Bruselas contempla a Canarias. La Comisión Europea presentó el pasado 10 de septiembre su nueva estrategia para las nueve regiones ultraperiféricas (RUP): Canarias, Azores, Madeira y seis territorios franceses. Hasta ahora, estos territorios aparecían en las políticas comunitarias fundamentalmente asociados a sus desventajas estructurales. Su lejanía, insularidad, reducido tamaño y dependencia económica justifican, de hecho, un tratamiento particular reconocido por el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
Nada de esto desaparece con la nueva estrategia. Lo significativo es que Bruselas incorpora con mucha mayor fuerza otra perspectiva y comienza a presentar las regiones ultraperiféricas como territorios que "extienden la presencia" de la Unión por diferentes partes del planeta y poseen, precisamente por su localización, un considerable valor geoestratégico. La diferencia no es puramente semántica. Canarias deja de aparecer solamente como una periferia europea alejada del continente que necesita compensaciones y empieza a ser contemplada también como un activo para la proyección exterior de la Unión Europea.
El propio Gobierno español ha destacado ese cambio de perspectiva al señalar que la nueva estrategia reconoce a las RUP como espacios estratégicos para Europa. Y cuando hablamos específicamente de Canarias resulta imposible separar ese giro de un dato geográfico elemental: el Archipiélago está políticamente integrado en la Unión Europea, pero se encuentra situado frente a las costas del noroeste africano. Aquello que constituye una desventaja cuando las Islas necesitan comunicarse con los principales mercados europeos se convierte, en cambio, en una extraordinaria ventaja cuando Europa mira hacia África.
ÁFRICA VUELVE A OCUPAR UN LUGAR CENTRAL
Para comprender por qué Bruselas concede ahora tanta importancia a esa posición es necesario mirar más allá de Canarias. África posee enormes reservas de materias primas y recursos energéticos fundamentales para numerosas industrias y, particularmente, para sectores asociados a la llamada transición energética y tecnológica. Al mismo tiempo, constituye un inmenso espacio para inversiones en transportes, energía, telecomunicaciones e infraestructuras y un mercado cuya importancia económica crecerá previsiblemente durante las próximas décadas.
La estrategia europea Global Gateway permite observar algunas de estas prioridades. La UE pretende desarrollar fuera de sus fronteras grandes proyectos relacionados con transporte, digitalización, energía e infraestructuras, movilizando para ello capital público y privado. África ocupa un lugar destacado dentro de estos planes. Paralelamente, la legislación europea sobre materias primas críticas reconoce abiertamente la necesidad de asegurar y diversificar el suministro de minerales indispensables para la industria europea, reduciendo dependencias excesivas respecto de determinados proveedores y estableciendo asociaciones con terceros países.
El Corredor de Lobito constituye un ejemplo significativo. Esta gran infraestructura conecta el puerto atlántico angoleño con zonas de Angola, Zambia y la República Democrática del Congo especialmente ricas en recursos minerales. Entre sus objetivos se encuentra facilitar el transporte, desarrollar cadenas de suministro y mejorar el acceso a materias primas estratégicas. Tras el lenguaje de la cooperación internacional existe, por tanto, una realidad material bastante sencilla: las economías industriales necesitan garantizarse recursos, mercados y rutas por las que puedan circular mercancías y capitales.
Las principales potencias europeas llevan siglos interviniendo en un continente que primero colonizaron directamente y con el que posteriormente han seguido manteniendo relaciones neocoloniales de dependencia económica.
EL VERDADERO OBJETIVO QUE EXPLICA EL NUEVO VALOR DE CANARIAS
La cuestión fundamental que plantea la nueva estrategia de Bruselas no consiste, por tanto, en determinar si Canarias recibirá más o menos inversiones como consecuencia de su creciente importancia geoestratégica. Esa discusión existe y afecta directamente al Archipiélago, pero quedarse ahí significaría perder de vista una cuestión mucho más importante: Canarias adquiere valor para la Unión Europea precisamente porque puede servir como plataforma para proyectar hacia África unos intereses económicos que exceden ampliamente las necesidades de las propias Islas.
Para comprender el alcance de este cambio hay que observar qué busca la Unión Europea en el continente africano. La respuesta aparece con bastante claridad en sus propios documentos estratégicos. Europa necesita garantizar el suministro de materias primas críticas para su industria, diversificar sus proveedores, reducir determinadas dependencias exteriores, abrir mercados para sus empresas y asegurar las infraestructuras energéticas, digitales y de transporte necesarias para el funcionamiento de sus cadenas internacionales de producción. La propia Comisión reconoce que el acceso seguro a materias primas resulta imprescindible para la competitividad industrial europea, la transición energética, la digitalización y sectores como la defensa y la industria aeroespacial.
África ocupa inevitablemente una posición central dentro de esta estrategia. El continente posee enormes reservas de cobalto, manganeso, cobre, litio, platino y otros minerales indispensables para las nuevas tecnologías y para la llamada transición verde. La República Democrática del Congo, por ejemplo, concentra aproximadamente el 63% de la extracción mundial de cobalto, según los propios datos manejados por la Comisión Europea. Al mismo tiempo, África dispone de un gigantesco potencial energético y constituye un territorio decisivo para el desarrollo de nuevas rutas comerciales, puertos, ferrocarriles, redes eléctricas y corredores logísticos.
La UE presenta su intervención bajo conceptos como “asociación”, “desarrollo sostenible” o “beneficio mutuo”. Su estrategia Global Gateway moviliza inversiones públicas y privadas en transportes, energía y digitalización y cuenta con un paquete específico para África cifrado en unos 150.000 millones de euros. Pero la propia Comisión reconoce igualmente que estos proyectos pretenden crear oportunidades para las empresas europeas y reforzar la seguridad de las cadenas de suministro de la UE. La cooperación y los intereses económicos europeos no aparecen, por tanto, como realidades separadas dentro de esta estrategia, sino estrechamente vinculadas.
DEL COLONIALISMO CLÁSICO A LA DEPENDENCIA ECONÓMICA
Nada de esto puede comprenderse al margen de la historia de las relaciones entre Europa y África. Durante siglos, las potencias europeas ocuparon militarmente el continente, se repartieron sus territorios y orientaron sus economías hacia la extracción de materias primas destinadas a alimentar el desarrollo industrial de las metrópolis. Las independencias políticas alcanzadas durante el siglo XX acabaron formalmente con el colonialismo directo, pero no eliminaron necesariamente las estructuras económicas creadas durante aquel periodo.
Una parte importante de las economías africanas continuó especializada en exportar petróleo, minerales y productos agrícolas con escaso procesamiento, mientras importaba productos industriales de mayor valor añadido. Las empresas extranjeras conservaron, además, un enorme peso en sectores estratégicos. De esta forma, la bandera y la administración colonial podían desaparecer mientras permanecían relaciones económicas profundamente desiguales entre los antiguos centros metropolitanos y las economías periféricas.
Esta es precisamente una de las características esenciales del neocolonialismo: el dominio ya no necesita ejercerse mediante la ocupación directa de un territorio cuando puede reproducirse a través de la propiedad del capital, la deuda, los acuerdos comerciales, el control tecnológico, las inversiones y unas relaciones de intercambio que mantienen a determinadas economías especializadas en suministrar recursos a otras.
La cuestión adquiere especial relevancia con la carrera internacional por las materias primas necesarias para la transición energética. Resulta significativo que el propio Parlamento Europeo haya advertido del peligro de que la búsqueda europea de minerales críticos reproduzca patrones de “colonialismo verde” y nuevas formas de apropiación de recursos. Documentos parlamentarios han señalado igualmente que una política orientada prioritariamente a garantizar a las empresas europeas el acceso barato a materias primas puede perpetuar la dependencia africana de la exportación de recursos sin procesar y limitar las posibilidades de industrialización de los países productores.
UNA DISPUTA ENTRE POTENCIAS POR LOS RECURSOS AFRICANOS
Europa tampoco actúa sola en este escenario. Durante las últimas décadas, China ha multiplicado su presencia en África mediante préstamos, construcción de infraestructuras, inversiones mineras, comercio y adquisición de materias primas. Esta expansión ha alterado unas relaciones internacionales en las que las antiguas potencias coloniales europeas y Estados Unidos habían disfrutado durante décadas de una posición predominante y ha intensificado la competencia por los recursos, mercados y áreas de influencia del continente.
Estados Unidos participa igualmente en esta disputa. Washington trata de asegurar el acceso de sus empresas a minerales estratégicos, desarrollar corredores comerciales y reducir la dependencia de cadenas de suministro dominadas por China. Pero la proyección estadounidense posee además una importante dimensión militar. A través del AFRICOM, el mando militar creado específicamente para África, Estados Unidos mantiene acuerdos de cooperación, despliegues, ejercicios conjuntos y diferentes formas de presencia militar destinadas oficialmente a combatir el terrorismo y garantizar la seguridad regional. Esa dimensión militar no puede separarse completamente de unos intereses económicos y geopolíticos más amplios en un continente decisivo para el suministro de recursos y para la competencia internacional.
Esta rivalidad permite comprender mejor la urgencia europea. La UE reconoce abiertamente que una de sus prioridades consiste en reducir dependencias exteriores y diversificar las fuentes de abastecimiento de materias primas críticas. Su legislación establece incluso que, para 2030, no debería depender de un único tercer país para más del 65% de su consumo anual de cada materia prima estratégica en determinadas fases de la cadena de suministro.
Cambian, por tanto, los Estados, las empresas y los instrumentos empleados. En unos casos adquieren mayor peso los créditos y las infraestructuras; en otros, los acuerdos comerciales, las inversiones, las presiones diplomáticas o la presencia militar. Pero detrás de esas diferencias permanece una disputa por recursos, mercados, rutas y áreas de influencia. África vuelve así a ocupar una posición central en la competencia entre China, Estados Unidos y las potencias europeas por asegurarse las condiciones materiales necesarias para sus propias economías.
Es precisamente dentro de esta disputa internacional donde adquiere todo su significado el nuevo lenguaje de Bruselas sobre Canarias. Si África vuelve a convertirse en un espacio prioritario para las grandes potencias, disponer de un territorio plenamente integrado en la Unión Europea y situado frente a sus costas occidentales deja de constituir solamente una peculiaridad geográfica: se convierte en una ventaja económica y geoestratégica de primer orden
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Algo importante está cambiando en la forma en la que Bruselas contempla a Canarias. La Comisión Europea presentó el pasado 10 de septiembre su nueva estrategia para las nueve regiones ultraperiféricas (RUP): Canarias, Azores, Madeira y seis territorios franceses. Hasta ahora, estos territorios aparecían en las políticas comunitarias fundamentalmente asociados a sus desventajas estructurales. Su lejanía, insularidad, reducido tamaño y dependencia económica justifican, de hecho, un tratamiento particular reconocido por el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
Nada de esto desaparece con la nueva estrategia. Lo significativo es que Bruselas incorpora con mucha mayor fuerza otra perspectiva y comienza a presentar las regiones ultraperiféricas como territorios que "extienden la presencia" de la Unión por diferentes partes del planeta y poseen, precisamente por su localización, un considerable valor geoestratégico. La diferencia no es puramente semántica. Canarias deja de aparecer solamente como una periferia europea alejada del continente que necesita compensaciones y empieza a ser contemplada también como un activo para la proyección exterior de la Unión Europea.
El propio Gobierno español ha destacado ese cambio de perspectiva al señalar que la nueva estrategia reconoce a las RUP como espacios estratégicos para Europa. Y cuando hablamos específicamente de Canarias resulta imposible separar ese giro de un dato geográfico elemental: el Archipiélago está políticamente integrado en la Unión Europea, pero se encuentra situado frente a las costas del noroeste africano. Aquello que constituye una desventaja cuando las Islas necesitan comunicarse con los principales mercados europeos se convierte, en cambio, en una extraordinaria ventaja cuando Europa mira hacia África.
ÁFRICA VUELVE A OCUPAR UN LUGAR CENTRAL
Para comprender por qué Bruselas concede ahora tanta importancia a esa posición es necesario mirar más allá de Canarias. África posee enormes reservas de materias primas y recursos energéticos fundamentales para numerosas industrias y, particularmente, para sectores asociados a la llamada transición energética y tecnológica. Al mismo tiempo, constituye un inmenso espacio para inversiones en transportes, energía, telecomunicaciones e infraestructuras y un mercado cuya importancia económica crecerá previsiblemente durante las próximas décadas.
La estrategia europea Global Gateway permite observar algunas de estas prioridades. La UE pretende desarrollar fuera de sus fronteras grandes proyectos relacionados con transporte, digitalización, energía e infraestructuras, movilizando para ello capital público y privado. África ocupa un lugar destacado dentro de estos planes. Paralelamente, la legislación europea sobre materias primas críticas reconoce abiertamente la necesidad de asegurar y diversificar el suministro de minerales indispensables para la industria europea, reduciendo dependencias excesivas respecto de determinados proveedores y estableciendo asociaciones con terceros países.
El Corredor de Lobito constituye un ejemplo significativo. Esta gran infraestructura conecta el puerto atlántico angoleño con zonas de Angola, Zambia y la República Democrática del Congo especialmente ricas en recursos minerales. Entre sus objetivos se encuentra facilitar el transporte, desarrollar cadenas de suministro y mejorar el acceso a materias primas estratégicas. Tras el lenguaje de la cooperación internacional existe, por tanto, una realidad material bastante sencilla: las economías industriales necesitan garantizarse recursos, mercados y rutas por las que puedan circular mercancías y capitales.
Las principales potencias europeas llevan siglos interviniendo en un continente que primero colonizaron directamente y con el que posteriormente han seguido manteniendo relaciones neocoloniales de dependencia económica.
EL VERDADERO OBJETIVO QUE EXPLICA EL NUEVO VALOR DE CANARIAS
La cuestión fundamental que plantea la nueva estrategia de Bruselas no consiste, por tanto, en determinar si Canarias recibirá más o menos inversiones como consecuencia de su creciente importancia geoestratégica. Esa discusión existe y afecta directamente al Archipiélago, pero quedarse ahí significaría perder de vista una cuestión mucho más importante: Canarias adquiere valor para la Unión Europea precisamente porque puede servir como plataforma para proyectar hacia África unos intereses económicos que exceden ampliamente las necesidades de las propias Islas.
Para comprender el alcance de este cambio hay que observar qué busca la Unión Europea en el continente africano. La respuesta aparece con bastante claridad en sus propios documentos estratégicos. Europa necesita garantizar el suministro de materias primas críticas para su industria, diversificar sus proveedores, reducir determinadas dependencias exteriores, abrir mercados para sus empresas y asegurar las infraestructuras energéticas, digitales y de transporte necesarias para el funcionamiento de sus cadenas internacionales de producción. La propia Comisión reconoce que el acceso seguro a materias primas resulta imprescindible para la competitividad industrial europea, la transición energética, la digitalización y sectores como la defensa y la industria aeroespacial.
África ocupa inevitablemente una posición central dentro de esta estrategia. El continente posee enormes reservas de cobalto, manganeso, cobre, litio, platino y otros minerales indispensables para las nuevas tecnologías y para la llamada transición verde. La República Democrática del Congo, por ejemplo, concentra aproximadamente el 63% de la extracción mundial de cobalto, según los propios datos manejados por la Comisión Europea. Al mismo tiempo, África dispone de un gigantesco potencial energético y constituye un territorio decisivo para el desarrollo de nuevas rutas comerciales, puertos, ferrocarriles, redes eléctricas y corredores logísticos.
La UE presenta su intervención bajo conceptos como “asociación”, “desarrollo sostenible” o “beneficio mutuo”. Su estrategia Global Gateway moviliza inversiones públicas y privadas en transportes, energía y digitalización y cuenta con un paquete específico para África cifrado en unos 150.000 millones de euros. Pero la propia Comisión reconoce igualmente que estos proyectos pretenden crear oportunidades para las empresas europeas y reforzar la seguridad de las cadenas de suministro de la UE. La cooperación y los intereses económicos europeos no aparecen, por tanto, como realidades separadas dentro de esta estrategia, sino estrechamente vinculadas.
DEL COLONIALISMO CLÁSICO A LA DEPENDENCIA ECONÓMICA
Nada de esto puede comprenderse al margen de la historia de las relaciones entre Europa y África. Durante siglos, las potencias europeas ocuparon militarmente el continente, se repartieron sus territorios y orientaron sus economías hacia la extracción de materias primas destinadas a alimentar el desarrollo industrial de las metrópolis. Las independencias políticas alcanzadas durante el siglo XX acabaron formalmente con el colonialismo directo, pero no eliminaron necesariamente las estructuras económicas creadas durante aquel periodo.
Una parte importante de las economías africanas continuó especializada en exportar petróleo, minerales y productos agrícolas con escaso procesamiento, mientras importaba productos industriales de mayor valor añadido. Las empresas extranjeras conservaron, además, un enorme peso en sectores estratégicos. De esta forma, la bandera y la administración colonial podían desaparecer mientras permanecían relaciones económicas profundamente desiguales entre los antiguos centros metropolitanos y las economías periféricas.
Esta es precisamente una de las características esenciales del neocolonialismo: el dominio ya no necesita ejercerse mediante la ocupación directa de un territorio cuando puede reproducirse a través de la propiedad del capital, la deuda, los acuerdos comerciales, el control tecnológico, las inversiones y unas relaciones de intercambio que mantienen a determinadas economías especializadas en suministrar recursos a otras.
La cuestión adquiere especial relevancia con la carrera internacional por las materias primas necesarias para la transición energética. Resulta significativo que el propio Parlamento Europeo haya advertido del peligro de que la búsqueda europea de minerales críticos reproduzca patrones de “colonialismo verde” y nuevas formas de apropiación de recursos. Documentos parlamentarios han señalado igualmente que una política orientada prioritariamente a garantizar a las empresas europeas el acceso barato a materias primas puede perpetuar la dependencia africana de la exportación de recursos sin procesar y limitar las posibilidades de industrialización de los países productores.
UNA DISPUTA ENTRE POTENCIAS POR LOS RECURSOS AFRICANOS
Europa tampoco actúa sola en este escenario. Durante las últimas décadas, China ha multiplicado su presencia en África mediante préstamos, construcción de infraestructuras, inversiones mineras, comercio y adquisición de materias primas. Esta expansión ha alterado unas relaciones internacionales en las que las antiguas potencias coloniales europeas y Estados Unidos habían disfrutado durante décadas de una posición predominante y ha intensificado la competencia por los recursos, mercados y áreas de influencia del continente.
Estados Unidos participa igualmente en esta disputa. Washington trata de asegurar el acceso de sus empresas a minerales estratégicos, desarrollar corredores comerciales y reducir la dependencia de cadenas de suministro dominadas por China. Pero la proyección estadounidense posee además una importante dimensión militar. A través del AFRICOM, el mando militar creado específicamente para África, Estados Unidos mantiene acuerdos de cooperación, despliegues, ejercicios conjuntos y diferentes formas de presencia militar destinadas oficialmente a combatir el terrorismo y garantizar la seguridad regional. Esa dimensión militar no puede separarse completamente de unos intereses económicos y geopolíticos más amplios en un continente decisivo para el suministro de recursos y para la competencia internacional.
Esta rivalidad permite comprender mejor la urgencia europea. La UE reconoce abiertamente que una de sus prioridades consiste en reducir dependencias exteriores y diversificar las fuentes de abastecimiento de materias primas críticas. Su legislación establece incluso que, para 2030, no debería depender de un único tercer país para más del 65% de su consumo anual de cada materia prima estratégica en determinadas fases de la cadena de suministro.
Cambian, por tanto, los Estados, las empresas y los instrumentos empleados. En unos casos adquieren mayor peso los créditos y las infraestructuras; en otros, los acuerdos comerciales, las inversiones, las presiones diplomáticas o la presencia militar. Pero detrás de esas diferencias permanece una disputa por recursos, mercados, rutas y áreas de influencia. África vuelve así a ocupar una posición central en la competencia entre China, Estados Unidos y las potencias europeas por asegurarse las condiciones materiales necesarias para sus propias economías.
Es precisamente dentro de esta disputa internacional donde adquiere todo su significado el nuevo lenguaje de Bruselas sobre Canarias. Si África vuelve a convertirse en un espacio prioritario para las grandes potencias, disponer de un territorio plenamente integrado en la Unión Europea y situado frente a sus costas occidentales deja de constituir solamente una peculiaridad geográfica: se convierte en una ventaja económica y geoestratégica de primer orden





























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