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LA FRAGILIDAD ALIMENTARIA DE CANARIAS EN EVIDENCIA: ¿QUÉ PASA SI DEJAN DE LLEGAR LOS BARCOS?

Una decisión tomada en Bruselas vuelve a mostrar hasta qué punto la comida de las Islas depende del exterior

La restricción europea a determinadas importaciones brasileñas ha vuelto a descubrir una vieja fragilidad canaria. Una parte fundamental de los alimentos que consumen las Islas depende de producción, transporte y decisiones tomadas fuera del Archipiélago.

 

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Canarias vuelve a comprobar estos días hasta qué punto la alimentación de su población depende de decisiones tomadas a miles de kilómetros. Desde el 3 de septiembre, Brasil ha quedado fuera de la lista de países autorizados para exportar a la Unión Europea varias categorías de animales y productos de origen animal por no haber aportado todavía las garantías exigidas sobre el uso de antimicrobianos. Para las Islas, donde Brasil era un proveedor relevante de carne, la medida ha reabierto un problema mucho más profundo: qué parte de lo que comemos somos capaces de producir aquí y qué ocurre cuando falla uno de los grandes suministradores exteriores.

 

  El consejero de Agricultura, Narvay Quintero, ha reconocido esta dependencia con una cifra contundente: Canarias produce alrededor del 24% de los alimentos que consume. El porcentaje debe manejarse con cuidado porque cambia según la metodología. El estudio oficial de autoabastecimiento calculó un 52% si se mide por peso, pero solo alrededor del 30% por contenido energético; cuando se corrigen determinados productos industriales cuya materia prima no es realmente canaria, el nivel energético cae hacia el 25%. El dato exacto puede discutirse, pero no la conclusión: la mayor parte de las calorías que sostienen a la población llega desde fuera.

 

UNA ECONOMÍA QUE SUBVENCIONA SU PROPIA DEPENDENCIA

   Canarias necesita importar. La insularidad, la escasez de suelo cultivable y la dimensión del mercado hacen imposible pensar en una autosuficiencia completa. Para evitar que esa dependencia dispare los precios existe el Régimen Específico de Abastecimiento, el REA, que concede ayudas a la introducción de productos agrícolas esenciales procedentes de la Unión Europea. Su finalidad oficial es compensar los sobrecostes de lejanía y acercar los precios canarios a los comunitarios.

 

  El problema aparece cuando una herramienta concebida para garantizar abastecimiento barato convive durante décadas con un sector primario que no consigue aumentar significativamente su peso. La propia memoria de los Presupuestos canarios de 2026 reconoce algo poco habitual en el lenguaje administrativo: pese al “alto nivel de ayudas”, el sector no ha evolucionado como sería necesario y hacen falta nuevas medidas y una mejor coordinación.

 

   La contradicción está a la vista. Se subvenciona la importación porque Canarias depende del exterior y, al mismo tiempo, se subvenciona la producción local porque esa dependencia se considera excesiva. El POSEI refleja las dos caras: ayuda a introducir determinados productos y animales, pero también paga apoyos a la carne producida en las Islas, a las frutas, las hortalizas, la papa y otras producciones locales.

 

  Eliminar de golpe el REA trasladaría probablemente parte de la factura a los consumidores si la producción local no puede sustituir lo importado. Pero eso no evita la pregunta: por qué, después de tantos años de ayudas, producir alimentos en Canarias sigue siendo una actividad tan frágil.

 

TIERRA, AGUA Y PRECIOS: QUIÉN ASUME EL RIESGO

   El Gobierno identifica obstáculos conocidos: falta de relevo generacional, burocracia, disponibilidad y coste del agua y dificultades para sostener explotaciones rentables. La Estrategia Canaria de Soberanía Alimentaria reconoce además relaciones comerciales desequilibradas dentro de la cadena alimentaria y la necesidad de garantizar precios que permitan vivir a productores y ganaderos.

 

  Ahí se encuentra una de las claves que suele perderse cuando se pide simplemente “comprar producto local”. Un agricultor no compite solo con otro agricultor. Compite con mercancías producidas en territorios con otros costes laborales, otra disponibilidad de agua, grandes superficies agrícolas y cadenas logísticas capaces de mover enormes volúmenes. Si el precio final manda sobre cualquier otra consideración, la producción canaria parte muchas veces en desventaja.

 

  La dependencia ganadera es todavía más compleja. Canarias ayuda incluso a importar terneros para engorde y animales reproductores destinados a explotaciones locales. Es una muestra de que “producido en Canarias” no siempre significa una cadena enteramente canaria: el ganado, los piensos o buena parte de los insumos pueden proceder también del exterior. La soberanía alimentaria no se mide únicamente por el lugar donde se sacrifica o se envasa un producto, sino por cuánto de todo el proceso puede sostenerse con recursos propios.

 

  El episodio brasileño muestra la vulnerabilidad de ese modelo. La Comisión Europea retiró temporalmente a Brasil de la lista autorizada porque no había recibido garantías suficientes de cumplimiento de las nuevas reglas sobre antimicrobianos. La medida afecta a bovino, equino, aves, acuicultura, miel y tripas. Bruselas mantiene conversaciones con las autoridades brasileñas y ha dejado claro que el país podrá reincorporarse cuando cumpla las exigencias.

 

  No estamos necesariamente ante una ruptura duradera del suministro. Pero precisamente por eso el episodio resulta útil: una decisión sanitaria adoptada en Bruselas sobre prácticas ganaderas en Brasil puede terminar afectando al precio y disponibilidad de alimentos en Canarias. Esa cadena de dependencia es material, no retórica.

 

  La respuesta tampoco consiste en sustituir un proveedor exterior por otro. Eso garantiza mercancía, pero mantiene intacta la vulnerabilidad estructural. La cuestión es cuánto territorio, agua, inversión y renta agraria está dispuesta a reservar Canarias para producir una parte mayor de lo que consume.

 

  La Geria, las medianías agrícolas o muchas zonas de pastoreo existen porque alguien trabaja en ellas. Cuando una explotación deja de ser rentable, no desaparece solo una empresa familiar: cambia el territorio, aumenta el abandono y se pierde capacidad productiva.

 

  El veto temporal a la carne brasileña ha convertido una discusión abstracta en algo concreto. Canarias puede importar alimentos más baratos gracias a complejas ayudas y cadenas logísticas, pero paga esa comodidad con dependencia. Cada vez que una guerra, una crisis sanitaria, una decisión comercial o un problema de transporte interrumpe esa cadena, reaparece la misma pregunta: cuánto control real tiene un archipiélago sobre algo tan básico como comer.

 

 

FUENTES UTILIZADAS

Comisión Europea — nuevas exigencias sobre antimicrobianos y situación de Brasil. Consultar fuente oficial

EUR-Lex — Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1189. Consultar reglamento

Gobierno de Canarias — estudio sobre autoabastecimiento alimentario. Consultar estudio

Gobierno de Canarias — Estrategia Canaria de Soberanía Alimentaria. Consultar estrategia

Gobierno de Canarias — Régimen Específico de Abastecimiento. Consultar REA

Cadena SER — información del 12 de septiembre sobre dependencia alimentaria. Consultar información

 
 
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