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CUANDO LA BAJA MÉDICA SE CONVIERTE EN «ABSENTISMO»

Las organizaciones empresariales llevan meses alertando del aumento del denominado absentismo laboral

 La patronal canaria sitúa el aumento de las incapacidades temporales en el centro de sus preocupaciones sobre productividad y costes. Sin embargo, cerca del 80% de las ausencias corresponden a bajas médicas.

Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   La patronal canaria sitúa el aumento de las incapacidades temporales en el centro de sus preocupaciones sobre productividad y costes. Sin embargo, cuando cerca del 80% de las ausencias corresponden a bajas médicas, el problema difícilmente puede explicarse mirando únicamente al trabajador que falta a su puesto.

 

   Las organizaciones empresariales canarias llevan meses alertando del aumento del denominado absentismo laboral y de su impacto sobre la productividad. La cifra que se maneja ronda el 9% y se presenta como una señal de alarma para empresas obligadas a reorganizar turnos, cubrir ausencias y asumir mayores costes. Sin embargo, ese porcentaje necesita ser descompuesto antes de sacar conclusiones: cerca del 80% de las ausencias contabilizadas están relacionadas con procesos de incapacidad temporal. La inmensa mayoría, por tanto, no corresponde a trabajadores que deciden simplemente no acudir a su puesto, sino a personas de baja por enfermedad o accidente.

 

  La diferencia es fundamental porque una cosa es analizar el fraude, las ausencias injustificadas o los posibles abusos, y otra muy distinta incorporar al mismo concepto una incapacidad certificada médicamente. Cuando ambas realidades se agrupan bajo la etiqueta de “absentismo”, el debate tiende a desplazarse desde las causas de la enfermedad hacia sus consecuencias económicas. La pregunta deja de ser por qué enferman los trabajadores y cuánto tardan en recuperarse para convertirse en cuánto cuesta su ausencia y cómo conseguir que regresen antes.

 

CUANDO EL PROBLEMA SE DEFINE DESDE EL COSTE

   El término “absentismo” permite reunir bajo un único indicador situaciones muy diferentes. Puede servir para medir tiempo no trabajado, pero resulta mucho más discutible utilizar después esa cifra agregada para explicar las causas del fenómeno. No es comparable faltar sin justificación con permanecer de baja mientras se espera una intervención quirúrgica, una prueba diagnóstica o un tratamiento de rehabilitación.

 

  Las empresas tienen motivos reales para preocuparse por las ausencias prolongadas. Una baja de varios meses puede ocasionar importantes dificultades, especialmente en empresas pequeñas: contratar sustituciones, alterar horarios, aumentar la carga sobre el resto de la plantilla o reducir actividad. Pero reconocer esos efectos no obliga a asumir que la baja sea el origen del problema. La incapacidad temporal aparece porque previamente existe una enfermedad, una lesión o un trastorno que impide trabajar con normalidad.

 

  Las propuestas empresariales muestran, sin embargo, hacia dónde se dirige buena parte de su diagnóstico. La patronal ha defendido una mesa permanente sobre incapacidad temporal, un mayor papel de las mutuas, controles más tempranos y mecanismos destinados a reducir la duración de las bajas. También ha planteado revisar determinados complementos salariales y vigilar especialmente los procesos reiterados o a los médicos que firman un elevado número de partes.

 

  Desde la lógica empresarial existe una coherencia evidente: si una baja dura menos, su coste disminuye. El problema aparece cuando ese criterio económico se convierte en el eje de una cuestión que es también sanitaria y laboral. Pueden aumentarse las revisiones, controlar quién concede una baja o modificar cuánto cobra el trabajador durante ella, pero ninguna de esas medidas cura por sí misma la enfermedad que originó la incapacidad.

 

MIRAR TAMBIÉN AL LUGAR DE TRABAJO

   UGT y CCOO reclaman precisamente que las personas de baja no sean convertidas de forma automática en sospechosas y que se incorporen al análisis la prevención de riesgos, la salud mental, las enfermedades profesionales, las cargas laborales y la adaptación de los puestos de trabajo.

 

  Ese enfoque obliga a hacerse preguntas distintas. Si existen numerosas bajas relacionadas con trastornos musculoesqueléticos, habrá que observar también los esfuerzos físicos, los movimientos repetitivos, la ergonomía o la edad de las plantillas. Si aumentan los procesos vinculados a la ansiedad, el estrés o la depresión, será necesario analizar ritmos de trabajo, jornadas, presión, descansos, precariedad y suficiencia de personal.

 

  No todas las enfermedades tienen su origen en el trabajo, pero tampoco puede analizarse la incapacidad temporal como si la organización laboral fuera completamente ajena a la salud. La prevención comienza antes de que aparezca el parte médico. En muchos casos, la forma más eficaz de reducir las bajas no consiste en conseguir que una persona enferma vuelva antes, sino en evitar que enferme.

 

CUANDO LA SANIDAD ALARGA LA INCAPACIDAD

   El sistema sanitario introduce además otro elemento decisivo. A 30 de junio de 2026 había 34.382 personas esperando una intervención quirúrgica en Canarias y 6.047 llevaban más de seis meses pendientes de una operación. La demora media se situaba en 107 días.

 

  El Gobierno de Canarias destaca que los tiempos han mejorado respecto a años anteriores, y es un dato que debe reconocerse. Pero una estadística puede mejorar y continuar teniendo importantes consecuencias. Para quien necesita una operación antes de recuperar la capacidad para desempeñar su trabajo, más de tres meses de espera pueden significar también más de tres meses de baja.

 

  Y las operaciones son solamente una parte del recorrido. Antes pueden ser necesarias pruebas diagnósticas, consultas especializadas, fisioterapia, rehabilitación o atención de salud mental. Cuando cualquiera de esos pasos se retrasa, también se prolonga la recuperación. Después, esos mismos días aparecen contabilizados en las estadísticas empresariales como absentismo.

 

  Por eso resulta insuficiente pensar que el problema puede resolverse principalmente mediante controles. Una persona puede ser revisada varias veces para comprobar si continúa incapacitada, pero si todavía espera una prueba, una intervención o una rehabilitación, la revisión no eliminará su enfermedad. Comprobar más veces que alguien sigue enfermo no equivale a conseguir que se recupere antes.

 

MUTUAS, SALARIOS Y QUIÉN SOPORTA EL COSTE

   La patronal propone también ampliar el papel de las mutuas para acelerar pruebas, tratamientos y reincorporaciones. Si existen recursos capaces de evitar esperas innecesarias, utilizarlos puede resultar beneficioso. Pero aumentar sus competencias exige también garantías, porque son entidades que participan en la gestión de las contingencias laborales dentro de un sistema en el que existe un interés empresarial evidente por reducir la duración de las bajas. La cuestión no es rechazarlas por principio, sino garantizar que la decisión sobre cuándo una persona está recuperada responda a criterios médicos y no a presiones económicas.

 

  Algo similar ocurre con los complementos salariales que permiten mantener una parte elevada o incluso la totalidad del sueldo durante una incapacidad. Revisarlos puede reducir determinadas ausencias, pero también puede conseguir que algunos trabajadores regresen antes simplemente porque no pueden permitirse seguir perdiendo ingresos. En ese caso disminuye el absentismo estadístico, pero aparece el problema contrario: personas que acuden a trabajar enfermas o sin haberse recuperado completamente.

 

  La enfermedad, además, genera costes que van mucho más allá de la empresa. Los soporta la Seguridad Social, pueden recaer sobre los compañeros que asumen más carga y, sobre todo, los padece la propia persona enferma. Quien espera meses una operación puede convivir con dolor, limitaciones físicas, medicación, pérdida de ingresos o dependencia de familiares. En la contabilidad empresarial figura como tiempo no trabajado; en su vida cotidiana es una enfermedad todavía sin resolver.

 

MENOS BAJAS, PERO PORQUE HAYA MENOS ENFERMOS

   El aumento de las incapacidades temporales merece ser analizado y las empresas tienen derecho a advertir sobre sus consecuencias. Lo discutible es convertir su coste en la principal explicación del fenómeno. Cuando alrededor de cuatro de cada cinco ausencias están vinculadas a bajas médicas, cualquier análisis serio debe mirar también hacia las condiciones laborales, la prevención de riesgos y el funcionamiento del sistema sanitario.

 

  Las estadísticas pueden reducirse mediante más controles y mayores presiones para acelerar las reincorporaciones, pero también evitando accidentes, reconociendo enfermedades profesionales, mejorando las condiciones de trabajo y consiguiendo que una prueba, una operación o una rehabilitación no tarde meses.

 

   La diferencia entre ambos caminos es sustancial. El objetivo no debería ser simplemente conseguir que haya menos trabajadores de baja, sino que haya menos trabajadores enfermos y que quienes enfermen puedan recuperarse cuanto antes. Porque antes de preguntarse cómo conseguir que regresen más rápido a sus puestos convendría responder a algo mucho más básico: por qué están enfermando y qué se está haciendo para que vuelvan realmente recuperados.

 
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