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Miércoles, 15 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

( I ) OTAN 3.0: CUANDO LA «SEGURIDAD» SE CONVIERTE EN UN FABULOSO NEGOCIO DE CINCO BILLONES

La OTAN redefine su misión mientras gobiernos, empresas armamentísticas y fondos financieros convergen en una misma estrategia de expansión.

Durante décadas, la OTAN fue presentada como una organización destinada exclusivamente a garantizar la defensa colectiva. Sin embargo, su transformación en los últimos años apunta hacia un papel mucho más amplio: orientar inversiones, acelerar la producción armamentística y consolidar un gigantesco ecosistema económico donde seguridad, tecnología, finanzas e industria avanzan cada vez más entrelazadas.

 

POR CÁNDIDO GALVEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    La Alianza Atlántica ya no se limita a coordinar [Img #93195]Ejércitos. Ahora organiza presupuestos, orienta inversiones, garantiza mercados y acelera la integración entre los Estados, las grandes empresas armamentísticas y los gigantes tecnológicos.

 

    Durante décadas, la OTAN se presentó ante la opinión pública como una alianza defensiva creada para proteger a sus miembros frente a una posible agresión exterior.

 

   Sin embargo, esa descripción resulta cada vez más insuficiente. La organización continúa siendo, efectivamente, una estructura militar dirigida por Estados Unidos, pero se ha convertido además en una enorme maquinaria de planificación económica:

 

-establece objetivos de gasto,

-define qué capacidades deben adquirir los países,

-impulsa la producción industrial,

-conecta a los gobiernos con empresas privadas

-y abre nuevos mercados para las tecnologías militares.

 

 

 «OTAN 3.0» 

    Con esta definición se describe una nueva fase en la que la política de seguridad, la industria armamentística, las grandes compañías tecnológicas y la acumulación de capital aparecen cada vez más entrelazadas. Su tesis central es que la Alianza funciona progresivamente como un mecanismo para transferir cantidades gigantescas de dinero público hacia empresas privadas.

 

   ¿Se trata de una exageración? Para responder, hay que entender primero qué es lo que está cambiando, cuánto dinero está en juego y quién puede terminar beneficiándose de esta gigantesca movilización económica.

 

[Img #93194]

 

DEL 2% AL 5%: UN CAMBIO DE ESCALA HISTÓRICO

    En la Cumbre de La Haya de junio de 2025, los países de la OTAN asumieron el compromiso de destinar, antes de 2035, el equivalente al 5% de su producto interior bruto a defensa y seguridad.

 

    La cifra se divide en dos partes. Un mínimo del 3,5% deberá dirigirse al gasto militar propiamente dicho: tropas, armamento, municiones, vehículos, aviones, buques, sistemas de mando y otras capacidades exigidas por la planificación de la Alianza. El 1,5% restante podrá dedicarse a infraestructuras estratégicas, ciberseguridad, redes de comunicaciones, movilidad militar, protección civil, innovación tecnológica o fortalecimiento de la industria de defensa.

 

    Conviene aclarar una confusión frecuente: los gobiernos no entregan directamente ese 5% a una caja central de la OTAN. La mayor parte del dinero permanece formalmente dentro de los presupuestos nacionales. Son los propios  Estados quienes compran los aviones, contratan los sistemas digitales, construyen las bases o pagan a sus ejércitos.

 

    Pero la OTAN influye decisivamente en el destino de esos recursos. La organización determina las capacidades militares que considera necesarias, fija estándares de interoperabilidad, señala carencias, establece compromisos políticos y exige a cada país planes anuales que demuestren cómo avanzará hacia el objetivo acordado.

 

    Por eso no estamos ante una simple recomendación contable. Nos encontramos ante un mecanismo de orientación coordinada del gasto público de treinta y dos Estados.

 

    La magnitud se comprende mejor mediante un cálculo sencillo. El PIB conjunto de los miembros de la OTAN supera ampliamente los 50 billones de dólares. Aplicar de manera sostenida un objetivo equivalente al 5% significa movilizar cada año varios billones en actividades militares o relacionadas con la seguridad.

 

  No todo será compra de armas, pero una parte extraordinariamente importante acabará convertida en pedidos, contratos, subvenciones, créditos e inversiones para empresas privadas.

 

    La propia OTAN reconoce la aceleración. En 2025, los aliados europeos y Canadá aumentaron su gasto en defensa cerca de un 20%, casi 139.000 millones de dólares nominales más que el año anterior. En conjunto, superaron los 570.000 millones de dólares.

 

 

¿POR QUÉ SE HABLA DE UNA «OTAN 3.0»?

   La historia de la Alianza puede dividirse, de forma simplificada, en tres etapas.

     La primera OTAN nació en 1949, durante la Guerra Fría. Su razón declarada era supuestamente contener a la Unión Soviética y garantizar la defensa colectiva de Europa occidental bajo el liderazgo militar estadounidense.

 

   Tras la desaparición de la URSS, la organización no se disolvió. Comenzó una segunda fase caracterizada por la expansión hacia Europa oriental y las operaciones realizadas fuera del territorio de sus miembros. Yugoslavia, Afganistán o Libia mostraron que la OTAN podía actuar como instrumento de intervención militar mucho más allá de la defensa estricta de sus fronteras.

 

  La tercera fase añade algo nuevo. La Alianza ya no se limita a organizar ejércitos y operaciones. Busca transformar de forma permanente la economía occidental para sostener una capacidad prolongada de rearme.

 

   El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, ha hablado abiertamente de aumentar la producción industrial, acelerar las compras y promover una auténtica transformación de la industria de defensa.

 

   En la Cumbre de Ankara del pasado julio del presente año, los aliados revisaron sus planes para cumplir el objetivo del 5%, ampliar las capacidades militares y mantener el apoyo armamentístico a Ucrania.

 

   La diferencia fundamental es esta: antes, la industria armamentística abastecía las necesidades definidas por los ejércitos. Ahora se pretende reorganizar una parte considerable de la economía para garantizar que esas empresas puedan producir más, durante más tiempo y con mayor seguridad financiera.

 

 

EL ESTADO ASUME EL RIESGO; LA EMPRESA RECIBE EL CONTRATO

    El mercado militar posee una característica muy particular. Su principal cliente es el Estado. Un ciudadano puede decidir no comprar un automóvil. Una empresa puede retrasar la renovación de sus ordenadores. Pero cuando un gobierno se compromete internacionalmente a alcanzar un porcentaje determinado de gasto militar, la demanda queda políticamente garantizada.

 

    Este mecanismo reduce enormemente el riesgo empresarial. Los Estados financian la investigación, conceden créditos, adelantan pagos, aseguran pedidos durante años y, en ocasiones, rescatan proyectos cuyos costes se han disparado. Posteriormente, las compañías conservan las patentes, exportan los productos y distribuyen los beneficios entre sus accionistas.

 

   Es una relación especialmente ventajosa para el capital privado: la colectividad asume buena parte del riesgo tecnológico y financiero, mientras la apropiación de los beneficios continúa siendo privada.

 

    Los datos permiten observar quién está ganando. Los ingresos militares de las cien mayores empresas armamentísticas del mundo alcanzaron en 2024 los 679.000 millones de dólares, el nivel más elevado registrado por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. La cifra había crecido un 26% desde 2015.

 

     Las 26 grandes compañías europeas incluidas en esa clasificación aumentaron sus ingresos un 13% en un solo año, hasta alcanzar conjuntamente los 151.000 millones de dólares. Veintitrés de ellas registraron incrementos. Las empresas alemanas elevaron sus ingresos militares un 36%, impulsadas por la demanda de municiones, vehículos blindados y sistemas de defensa aérea.

 

   Las guerras producen destrucción social, desplazamientos, mutilaciones y muertes. Pero, contempladas desde los balances de una compañía armamentística, aparecen como una expansión de la demanda.

 

 (SEGUNDA ENTREGA VIERNES 17 JULIO "EUROPA SE REARMA, PERO... ¿QUIÉN VENDE LAS ARMAS?" 

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