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Domingo, 30 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

LA GRAN MENTIRA DEL ABSENTISMO LABORAL: CULPAR AL ENFERMO PARA OCULTAR A LOS RESPONSABLES

Detrás del discurso sobre las bajas laborales se libra una batalla por los derechos de la clase trabajadora

El debate sobre el absentismo laboral ha vuelto al primer plano político, pero no acompañado de datos rigurosos. Bajo un mismo concepto se mezclan bajas médicas, permisos legales y ausencias injustificadas para construir un relato que señala a los trabajadores mientras oculta las verdaderas causas del aumento de las incapacidades temporales.

 

Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #93137]   Cada cierto tiempo reaparece el mismo debate sobre el absentismo laboral.  Desde determinados sectores empresariales y políticos se presenta como una de las principales amenazas para la economía española. Se habla de miles de millones de euros perdidos, de trabajadores que abusan de las bajas y de un sistema "excesivamente permisivo". Los supuestos problemas que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo promete solucionar con la mayor celeridad si alcanza la preciada presidencia del Gobierno central. 

 

     Sin embargo, basta con analizar qué se esconde detrás de estos argumentos para comprobar que la realidad es mucho más compleja y que y el interesado debate se suele construir sobre conceptos mezclados, datos sacados de contexto y con una clara intención ideológica.

 

¿QUÉ HAY REALMENTE DETRÁS DEL ABSENTISMO?

   Lo primero que conviene aclarar es qué significa realmente el absentismo laboral. Bajo esa etiqueta suelen agruparse situaciones muy diferentes. No es lo mismo faltar al trabajo sin justificación que estar de baja por una enfermedad diagnosticada por un médico. Tampoco puede equipararse una ausencia injustificada con un permiso por nacimiento de un hijo, una reducción de jornada para cuidar a un familiar o cualquier otro derecho reconocido por la legislación laboral y los convenios colectivos.

 

   En el debate público todo aparece mezclado. Esa confusión permite transmitir la idea de que "millones de trabajadores faltan porque quieren", cuando la inmensa mayoría de las ausencias responden a causas perfectamente reguladas por la ley.

 

   Otro de los argumentos más repetidos sostiene que quien está de baja médica cobra exactamente igual que quien acude a trabajar. Tampoco es cierto. La legislación establece una reducción de ingresos durante la incapacidad temporal, salvo que el convenio colectivo de la empresa complemente esas cantidades. Durante los primeros días incluso puede no percibirse salario alguno y, posteriormente, las prestaciones se calculan sobre un porcentaje de la base reguladora. Por tanto, presentar las bajas médicas como unas "vacaciones pagadas" dista mucho de la realidad que viven miles de trabajadores.

 

  También se insiste en la existencia de un supuesto "fraude generalizado". Se afirma, por ejemplo, que las bajas aumentan sospechosamente los lunes o los viernes. Sin embargo, una explicación mucho más sencilla desmonta esa teoría: durante los fines de semana la atención de los médicos de familia es muy limitada y muchas incapacidades temporales terminan tramitándose el lunes. No hace falta recurrir a conspiraciones cuando existe una explicación organizativa perfectamente lógica.

 

 

   Pero más allá de las cifras existe una cuestión mucho más profunda. El debate sobre el absentismo no gira únicamente alrededor de la economía. También refleja una determinada forma de entender las relaciones laborales  Desde hace años se intenta instalar la idea de que los problemas de productividad tienen como principal responsable a la propia plantilla. Si una empresa pierde competitividad, la culpa sería de los trabajadores. Si aumentan las bajas, el problema sería un supuesto exceso de derechos. Bajo ese planteamiento, desaparece cualquier análisis sobre las condiciones reales en las que millones de personas desarrollan su trabajo.

 

 

CUANDO EL TRABAJO ENFERMA

  Y, sin embargo, basta con observar muchos centros de trabajo para encontrar otra explicación. Jornadas intensas, plantillas insuficientes, ritmos de producción cada vez más elevados, presión constante para cumplir objetivos, inseguridad laboral y dificultades para conciliar la vida familiar conforman un escenario que termina pasando factura a la salud.

 

   Las enfermedades musculoesqueléticas continúan siendo una de las principales causas de incapacidad temporal en numerosos sectores industriales. A ello se suma un fenómeno que no deja de crecer: los problemas de salud mental relacionados con el trabajo. Ansiedad, estrés, agotamiento emocional o depresión aparecen cada vez con mayor frecuencia entre personas sometidas a una presión constante y a una incertidumbre permanente sobre su futuro laboral.

  

   Significativamente, quienes denuncian el aumento de las bajas jamá ponen el foco sobre estas causas. Resulta más sencillo, y sobre todo más oportuno para los interese patronales, responsabilizar al trabajador que preguntarse por qué cada vez más personas enferman mientras desempeñan su empleo.

 

   A ello se añaden otros factores ambientales y sociales. La población trabajadora envejece y, lógicamente, aumentan determinadas patologías asociadas a la edad. Al mismo tiempo, las listas de espera de la sanidad pública retrasan diagnósticos, tratamientos e intervenciones quirúrgicas, prolongando muchas incapacidades temporales mucho más de lo deseable. Difícilmente puede culparse al trabajador de una operación que tarda meses en llegar porque el sistema sanitario no dispone de recursos suficientes.

 

UNA BATALLA POLÍTIA E IDEOLÓGICA

  Existe, igualmente, un componente ideológico que suele pasar desapercibido. Presentar a la clase trabajadora como poco comprometida o sospechosa de fraude contribuye a justificar futuros recortes de derechos. Si se consigue convencer a la opinión pública de que las bajas médicas se utilizan "de forma abusiva", será mucho más fácil defender reformas que limiten las prestaciones o endurezcan los controles.

 

   No es una estrategia nueva. A lo largo de las últimas décadas distintos discursos han intentado asociar las dificultades económicas con un supuesto exceso de protección social. En lugar de analizar cómo se distribuye la riqueza o cuáles son las condiciones laborales existentes, el foco se desplaza hacia quienes dependen de un salario para vivir.

 

LA VERDADERA RAÍZ DEL PROBLEMA

   Contrariamente al discurso que pretende imponerse sobre el absentismo, la experiencia demuestra que proteger la salud de los trabajadores no es un gasto improductivo, sino una inversión. Empresas con mejores condiciones laborales, prevención eficaz de riesgos, plantillas suficientes y una adecuada organización del trabajo suelen registrar menores niveles de bajas y una mayor productividad.

 

  Por eso, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en cuántas personas están de baja, sino en por qué enferman. Una pregunta que conduce inevitablemente hacia cuestiones como la organización del trabajo, la prevención de riesgos, la salud mental, la inversión sanitaria o la calidad del empleo.

 

  Reducir todo ese problema a una supuesta "falta de compromiso de los trabajadores" no constituye un planteamiento serio ni inocente, sino un relato neoliberal plenamente interesado  

 

    La realidad es que detrás de cada baja médica existe una persona cuya capacidad para trabajar ha sido evaluada por profesionales sanitarios y cuya recuperación debería ser el principal objetivo. Convertir esa situación en un arma política o en un instrumento para enfrentar a unos trabajadores con otros solo persigue ocultar las verdaderas causas de un problema que afecta tanto a las trabajadores como al conjunto de la economía.

 

 
 
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