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CANARIOS EN CUBA: LA EMIGRACIÓN QUE TAMBIÉN SEMBRÓ REVOLUCIÓN

Canarias y Cuba: una historia más profunda que la nostalgia

La emigración canaria a Cuba no fue solo una historia de trabajo, nostalgia y supervivencia. En los años veinte, algunos isleños participaron también en el despertar obrero, estudiantil y antimperialista que sacudió la isla, desde las páginas de El Guanche hasta la fundación del primer Partido Comunista cubano.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Durante siglos, Canarias no miró a Cuba como se mira a un país lejano, sino como una prolongación de sí misma. Para miles de familias isleñas, Cuba fue promesa, escape, trabajo, tabaco, caña, hambre aplazada y, muchas veces, desarraigo. No fue una emigración de postal ni de aventura romántica. Fue una corriente humana empujada por la pobreza, por la falta de tierra, por las crisis agrarias y por una estructura social que obligaba a marcharse para poder vivir.

 

   Los canarios llegaron a Cuba desde muy temprano y dejaron una huella profunda en el poblamiento, en el campesinado, en las vegas tabaqueras, en los oficios urbanos, en el habla y en la cultura popular. Algunas investigaciones sitúan la presencia canaria en Cuba desde el siglo XVII, con un papel destacado en zonas como La Habana, Matanzas y regiones agrícolas vinculadas al tabaco.  Pero hay una historia menos conocida. Los canarios no solo llevaron brazos para trabajar la tierra. También llevaron ideas. Y, en algunos casos, ideas peligrosas para los poderosos.

 

     En su estudio sobre la revista El Guanche, el nacionalismo canario en Cuba y la defensa de sus inmigrantes, el historiador Jesús Guanche, recupera y analiza la evolución de un revista que nació en medio de una Cuba en ebullición, cuando el país vivía bajo la sombra de la República neocolonial, con una fuerte penetración económica estadounidense, gobiernos desacreditados, corrupción política y un movimiento obrero y estudiantil cada vez más combativo.

 

     La revista El Guanche apareció en La Habana como órgano del Partido Nacionalista Canario en Cuba. Presidido por el tinerfeño José Cabrera Díaz y dirigido editorialmente por el periodista palmero Luis Felipe Gómez Wangüemert, la publicación retomaba el nombre de una revista anterior fundada en Caracas en 1897 por Secundino Delgado y José Esteban Guerra, dos nombres ligados al primer nacionalismo canario moderno. Pero El Guanche de cuba nació en una isla que estaba cambiando, con la influencia decisiva de algunos nombres propios como exponentes del creciente conflicto social.  

 

Julio Antonio Mella: cuando la juventud quiso cambiarlo todo

[Img #93002]   Uno de estos nombres propios fue Julio Antonio Mella. Mella tenía poco más de veinte años cuando comenzó a convertirse en una de las figuras centrales de la juventud revolucionaria cubana. No fue solo un estudiante rebelde. Fue un puente entre mundos que hasta entonces podían caminar separados: la universidad y el taller, el aula y el sindicato, la protesta moral contra la corrupción y la organización política contra el imperialismo. Participó en la Reforma Universitaria, impulsó la Federación Estudiantil Universitaria y promovió la Universidad Popular José Martí, pensada para llevar conocimientos universitarios a los trabajadores y al pueblo.

 

   En la Cuba de los años veinte, aquello no era un gesto cultural inocente. Enseñar al pueblo, organizar estudiantes, acercarse a los obreros y denunciar la injerencia de Estados Unidos era tocar los nervios del poder. Mella comprendió pronto que la independencia formal de Cuba no bastaba. La bandera podía ser cubana, pero la economía seguía condicionada por intereses extranjeros; el Estado podía llamarse republicano, pero perseguía a quienes reclamaban justicia social; los discursos patrióticos podían llenar los salones, pero los trabajadores seguían sufriendo salarios bajos, represión y dependencia.

 

   Por eso Mella aparece en el texto de Jesús Guanche como parte de un proceso más amplio: el ascenso de un nacionalismo cubano abiertamente anti yanqui, vinculado a la lucha contra la corrupción gubernamental y a la radicalización obrera y estudiantil. Guanche menciona la Reforma Universitaria, la Federación Estudiantil Universitaria, la Confederación Nacional Obrera de Cuba, la fundación del Partido Comunista de Cuba y la creación de la Liga Antimperialista como señales de una época nueva.

 

José Miguel Pérez: el maestro palmero en el corazón del comunismo cubano

[Img #93001]   Junto a Mella aparece un nombre que debería resonar con mucha más fuerza en Canarias: José Miguel Pérez. Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1896, Pérez era maestro. Emigró a Cuba en 1921, cuando tenía veinticuatro años, y se incorporó a la vida política y obrera de La Habana. Las fuentes cubanas lo identifican como miembro de la dirección de la Agrupación Comunista de La Habana y como uno de los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba. También señalan que fue la primera persona en asumir la secretaría general de esa organización.

 

  Mientras una parte de la colonia canaria intentaba organizarse en torno a la defensa de su identidad, sus asociaciones y su prensa, otro canario participaba en la construcción de una organización obrera y revolucionaria que ya no pensaba solo en términos de origen nacional, sino de clase social. José Miguel Pérez no abandonó su condición de isleño; la llevó consigo. Pero la puso al servicio de una causa más amplia: la emancipación de los trabajadores.

 

La emigración canaria no fue una sola cosa

    La emigración canaria a Cuba no produjo una sola respuesta política. Produjo muchas. Hubo canarios conservadores, canarios españolistas, canarios nacionalistas, canarios dedicados a la beneficencia, canarios empresarios, canarios campesinos y canarios obreros. Y también hubo canarios comunistas.

 

   Guanche permite ver esa complejidad. La revista El Guanche defendía a los inmigrantes canarios y aspiraba a propiciar desde Cuba la liberación de Canarias. Servía para conectar a los isleños residentes en la isla, divulgar actividades de la Asociación Canaria de La Habana y apoyar la creación de delegaciones en distintas zonas del país. En octubre de 1925,  los asociados superaban las treinta mil personas, incluyendo descendientes de canarios nacidos en Cuba.

 

  Pero la identidad común no lo resolvía todo. Había una pregunta más profunda: ¿qué unía más, haber nacido en la misma tierra o pertenecer a la misma clase social? La respuesta aparece con crudeza cuando Jesús Guanche analiza la expulsión de varios obreros agrícolas canarios: Felipe Rivero, Segundo Pérez Ávila, Domingo González, Alfonso Cabrera y Antonio Mesa. Fueron acusados de “perniciosos” por reclamar mejoras salariales y de vivienda. La revista El Guanche denunció aquella expulsión como una arbitrariedad del gobierno de Gerardo Machado, que acababa de asumir la presidencia en 1925 y comenzaba a desplegar una política represiva contra los trabajadores progresistas extranjeros.

 

    El episodio es revelador. Aquellos hombres no fueron castigados por ser canarios, sino por ser obreros que protestaban. No eran peligrosos por su pasaporte, sino por sus reivindicaciones. El Estado los señaló como elementos indeseables porque pedían mejoras materiales. En otras palabras: porque tocaban el orden de clase. Guanche lo resume de forma muy clara: ni Machado ni los representantes adinerados de las asociaciones parecían interesados en salvar a esos trabajadores. Por encima de la comunidad de origen, pesaba la pertenencia a la clase obrera. 

 

La patria, la clase y la pregunta incómoda

  Ese punto ayuda a entender la importancia de figuras como  Mella y José Miguel Pérez. Ambos pertenecen a una generación que empieza a mirar más allá de las apariencias. No basta con decir “Cuba para los cubanos” si Cuba sigue en manos del capital extranjero y de las élites locales. No basta con decir “defendamos a los canarios” si dentro de la propia colonia canaria hay obreros perseguidos y dirigentes acomodados que forman parte del poder establecido. No basta con hablar de "patria", si la patria no cambia la vida de quienes trabajan.

 

  Mella fue uno de los grandes articuladores de esa nueva conciencia. En 1924 ingresó en la Agrupación Comunista de La Habana y en 1925 estuvo entre los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba, junto a figuras como Carlos Baliño. Las fuentes del propio Partido Comunista de Cuba destacan que desplegó un trabajo activo entre el proletariado y que, tras la represión machadista, terminó exiliado en México.

 

  José Miguel Pérez, por su parte, conecta directamente Canarias con esa historia, como dirigente. Las fuentes cubanas sobre el primer Partido Comunista de Cuba mencionan al maestro canarioentre los representantes de los comunistas de La Habana en el proceso fundacional. Luego vendría la represión. Pérez fue expulsado de Cuba durante la dictadura de Machado y regresó a Canarias. Allí continuó su actividad política, impulsó organizaciones obreras en La Palma, participó en la construcción del comunismo canario y acabó fusilado en 1936 tras el golpe militar franquista.

 

   La vida de José Miguel Pérez parece cerrar un círculo trágico: salió de Canarias hacia Cuba, se formó en la lucha obrera cubana, ayudó a fundar el comunismo en la isla caribeña, volvió a Canarias y murió asesinado por el fascismo. Su biografía une tres procesos que muchas veces se estudian por separado: la emigración canaria, el movimiento revolucionario cubano y la lucha antifascista en España.

 

Cuando el nacionalismo se vuelve contra otros pobres

 

   Pero el texto de Guanche también obliga a mirar las contradicciones. El Guanche defendió con valentía a trabajadores canarios perseguidos, pero en otros momentos asumió una posición discriminatoria contra la inmigración china. El autor critica esa deriva: en lugar de señalar a las compañías que importaban mano de obra barata para rebajar salarios, la revista llegó a cargar contra otros inmigrantes pobres.

 

  Una contradicción que se refleja en la situación actual. Cuando una sociedad en crisis, resulta sencillo culpa al inmigrante pobre, dejando intacto al patrón que lo explota y se beneficia de este "ejército de mano de obra barata". Cuando un trabajador culpa a otro trabajador por la bajada de salarios, el beneficiario real de esa división queda fuera de la escena. Guanche lo expresa con claridad: se atacaba el efecto, no la causa.  Ahí está la diferencia entre un nacionalismo de liberación y un nacionalismo estrecho. El primero puede servir para enfrentar la dominación exterior, defender la dignidad de un pueblo y unir a los oprimidos. El segundo puede convertirse en una trampa: levantar una frontera entre pobres mientras los poderosos siguen haciendo negocio.

 

Mella, José Miguel Pérez y la independencia que no cabe en una bandera

   

    Por eso la historia de Mella y José Miguel Pérez ilumina el fondo del problema. Ellos no pensaban la liberación como un simple asunto de banderas. La pensaban como una transformación social. La independencia debía significar pan, escuela, derechos, organización obrera, soberanía económica y poder popular. Si no, podía quedarse en una palabra bonita administrada por los mismos de siempre.

 

    La revista El Guanche duró poco. Guanche señala que su desaparición estuvo condicionada por presiones del gobierno, dentro de un proceso más amplio para frenar el ascenso de una conciencia nacional y social en Cuba.

 

   Pero su corta vida permite asomarse a una época fascinante. En sus páginas se cruzan la nostalgia canaria, la defensa de los emigrantes, el nacionalismo isleño, la solidaridad con catalanes y gallegos, las sombras del prejuicio contra otros inmigrantes y el despertar de una Cuba que empezaba a unir antimperialismo, movimiento obrero y juventud revolucionaria.

 

   No es una historia menor. Es una historia que obliga a mirar la emigración canaria con otros ojos. No solo como memoria familiar, no solo como viaje de ida y vuelta, no solo como melancolía atlántica. También como parte de las luchas sociales del Caribe. Como una corriente humana que no solo sembró tabaco, levantó casas o llenó asociaciones, sino que también participó en huelgas, periódicos, partidos y proyectos revolucionarios. 

 

 

Fuente bibliográfica:

Guanche Pérez, Jesús. Islas Canarias en la cultura cubana. La Habana: Editorial Adagio, 2009.

 

 

 

 
 
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