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Miércoles, 10 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

ENTREVISTA: "¿DE QUÉ LADO ESTÁS?": LA PREGUNTA CON LA QUE CUBA PONE EN APUROS AL "MULTILATERALISMO"

"A Cuba no le faltan "declaraciones solidarias". Lo que le falta es petróleo"

La historia no solo juzga a quienes promueven el asedio, sino también a quienes, pudiendo actuar, eligen mirar hacia otro lado. En esta entrevista, Josué Veloz Serrade sostiene que Cuba se ha convertido en el gran examen del llamado "mundo multipolar". Frente a la asfixia económica que atraviesa la isla, denuncia el "multilateralismo hipócrita" y lanza una interpelación directa a gobiernos, organizaciones y movimientos políticos de todo el planeta: ya no basta con expresar solidaridad; ha llegado la hora de decidir entre la acción y la complicidad.

 

REDACCIÓN  

    Nuestro entrevistado es  Josué Veloz Serrade (Pinar del Río, Cuba, 1987), psicólogo y magíster en Psicología Clínica por la Universidad de La Habana.

   Ha desarrollado labores docentes e investigadoras en el ámbito de las Ciencias Sociales y ha estado vinculado a instituciones académicas como FLACSO-Cuba. Es integrante del colectivo editorial de La Tizza, espacio dedicado al análisis político y social desde una perspectiva crítica sobre la realidad cubana y latinoamericana.

   Sus trabajos abordan con frecuencia temas relacionados con la Revolución cubana, la geopolítica internacional, los procesos de transformación social y las dimensiones subjetivas y culturales de la política.

    La entrevista que el lector tiene ante sí es una adaptación periodística de un extenso artículo titulado "Cuba en la encrucijada del multilateralismo hipócrita",  publicado originalmente por Josué Veloz Serrade. Dada la profundidad y extensión del ensayo original, hemos optado por transformarlo en un formato de entrevista con el objetivo de facilitar su lectura y comprensión en el entorno digital, donde los hábitos de consumo de información suelen favorecer estructuras más ágiles y dialogadas.

   Esta adaptación ha sido realizada procurando preservar con la máxima fidelidad el contenido esencial del artículo, respetando sus principales tesis, argumentos, ejemplos históricos y conclusiones. Las preguntas han sido elaboradas a partir de los grandes ejes temáticos desarrollados por el autor, mientras que las respuestas reproducen y sintetizan, en formato conversacional, las ideas fundamentales presentes en el texto original.

 

 

ENTREVISTA:

 

   CS: Usted sostiene en su articulo que la actual crisis energética cubana no es una simple consecuencia de problemas internos ni de deficiencias técnicas. ¿Por qué afirma que se trata de la culminación de un "asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica" durante más de seis décadas?

   Josué Veloz Serrade: Porque lo que Cuba experimenta hoy no es un fenómeno natural ni el resultado exclusivo de errores administrativos o fallas de infraestructura. Estamos ante la culminación de una guerra económica sostenida durante más de seis décadas, diseñada para asfixiar progresivamente al país.

 

    La crisis actual representa la convergencia letal entre el bloqueo tradicional impuesto por Estados Unidos y un nuevo contexto internacional en el que muchos de los actores que deberían contribuir a equilibrar la balanza han optado por una geopolítica del mínimo indispensable. Cuba no enfrenta únicamente la hostilidad del imperio; también enfrenta el abandono silencioso de quienes, al menos en teoría, deberían estar desafiando el orden unipolar.

 

 

    CS:: En efecto,  su artículo afirma que Cuba ya no enfrenta únicamente la hostilidad abierta de Estados Unidos, sino también el "abandono silencioso" de quienes deberían desafiar el orden unipolar. ¿Qué entiende  usted exactamente por "multilateralismo hipócrita"?

   J.V.S.: Me refiero a una situación en la que numerosos gobiernos, organizaciones y actores internacionales condenan verbalmente el bloqueo, votan resoluciones en la ONU o emiten comunicados de apoyo, pero evitan adoptar medidas concretas que puedan implicar costes políticos o económicos.

 

    La pregunta es muy sencilla: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan las acciones reales? Porque apoyar a Cuba cuando no existen riesgos es relativamente sencillo. La verdadera prueba aparece cuando la asfixia se vuelve palpable y es necesario decidir si se está dispuesto a enviar petróleo, establecer mecanismos financieros alternativos o proteger suministros esenciales. Ahí es donde emerge el multilateralismo hipócrita: mucho discurso y muy poca acción.

 

   CS: Usted se pregunta qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos sustituyen a las acciones concretas. ¿En qué momento las declaraciones de apoyo dejaron de ser solidaridad para convertirse en una coartada para la inacción?

   J.V.S.: El problema surge cuando las declaraciones se convierten en un sustituto de la acción. Cuba no necesita únicamente mensajes de apoyo ni nuevas condenas retóricas del bloqueo. Necesita medidas concretas que permitan romper la asfixia material que sufre. Hemos llegado a un punto en el que ya no caben metáforas: es petróleo o asfixia; son barcos o bloqueo; es acción o complicidad.

   No se trata de exigir gestos heroicos imposibles, sino de actuar con la coherencia que exige la gravedad de la situación. Lo contrario convierte la solidaridad en una forma sofisticada de tranquilizar conciencias sin modificar la realidad.

 

    CS: El artículo es especialmente duro con gobiernos progresistas, potencias emergentes y sectores de la izquierda internacional. ¿Considera que muchos de ellos han terminado integrándose en el mismo orden que dicen querer transformar?

 

   J.V.S.: Creo que esa es precisamente una de las tragedias políticas de nuestro tiempo. Muchos gobiernos progresistas latinoamericanos, algunas potencias emergentes y sectores importantes de la izquierda internacional han encontrado su espacio dentro del orden existente. Han obtenido reconocimiento, capacidad de gestión y márgenes limitados de disidencia aceptable. Pero en ese proceso han dejado de ver a Cuba como el reflejo de lo que aspiraban a construir y han comenzado a verla como un incómodo recordatorio de aquello que abandonaron.

    Cuba plantea una pregunta difícil: ¿en qué momento se decidió que la normalidad capitalista era preferible a la lucha por transformar el mundo? Esa es una pregunta incómoda porque obliga a revisar renuncias y adaptaciones que muchos prefieren no reconocer.

 

    CS: Usted sostiene que abandonar a Cuba no es solo una falta moral, sino también un error estratégico. ¿Por qué afirma que quienes abandonan a Cuba terminan abandonándose a sí mismos?

 

   J.V.S.: Porque la solidaridad no es un lujo moral reservado para los buenos tiempos; es una necesidad estratégica. Un orden internacional que se presenta como multipolar pero que no protege a sus miembros más vulnerables cuando el poder dominante intensifica la presión no constituye una alternativa real.

    Es simplemente una versión descentralizada de la misma lógica de dominación. Al abandonar a Cuba, se transmite al Sur Global un mensaje devastador: si no poseen recursos estratégicos o una posición geopolítica privilegiada, no pueden esperar ayuda efectiva. Eso debilita cualquier proyecto alternativo y deja a todos más expuestos. Quienes creen que pueden salvarse individualmente dentro de una tormenta colectiva terminan aislados y, tarde o temprano, subordinados.

 

    CS: En varias ocasiones señala que un orden mundial que se proclama multipolar pero que no protege a sus miembros más vulnerables no constituye una verdadera alternativa. ¿Es la situación de Cuba la prueba más evidente de los límites reales de la actual multipolaridad?

 

   J.V.S.: Creo que sí. Si un sistema internacional pretende presentarse como una alternativa al orden unipolar, debe demostrar que posee mecanismos efectivos de solidaridad y protección mutua. De lo contrario, la multipolaridad se convierte en una simple fachada detrás de la cual continúa operando una unipolaridad efectiva.

    Cuando quienes dicen cuestionar el orden existente limitan su apoyo a declaraciones diplomáticas y se niegan a asumir costes reales, están confesando, quizás sin quererlo, que su objetivo no es transformar el sistema, sino encontrar una posición más cómoda dentro de él.

 


    CS: A lo largo del texto establece paralelismos con la República Española, Vietnam o la Unión Soviética en 1941. ¿Qué lecciones históricas cree que el mundo actual se está negando a aprender respecto a Cuba?

 

   J.V.S.: La historia demuestra que la neutralidad frente a la agresión suele terminar convirtiéndose en complicidad. La República Española fue abandonada en nombre de la no intervención mientras las potencias fascistas apoyaban activamente a Franco. Aquella neutralidad no fue imparcialidad; fue una forma de facilitar la derrota de quienes resistían.

   Lo mismo ocurre cuando se olvida que la defensa de Moscú en 1941 o la resistencia vietnamita fueron episodios que trascendían sus fronteras nacionales. La comunidad internacional prefiere olvidar estos paralelismos porque recordarlos haría insostenible su postura actual respecto a Cuba. Olvidar no es un acto pasivo; es una decisión que permite seguir actuando como si nada estuviera ocurriendo.

 

    CS: Usted afirma que la solidaridad no es un lujo moral reservado para tiempos mejores, sino una necesidad estratégica. ¿Por qué considera que la defensa de Cuba afecta también al futuro de quienes hoy creen que pueden mantenerse al margen?

 

  J.V.S.: Porque quienes abandonan a Cuba creen que están evitando riesgos inmediatos, pero en realidad están debilitando las condiciones que podrían garantizar su propia supervivencia futura. Existe la ilusión de que es posible salvarse individualmente dentro de una tormenta colectiva. Sin embargo, quien permite que un proyecto soberano sea destruido sin consecuencias está fortaleciendo al mismo poder que mañana puede actuar contra él. El Amo no hace las paces con quienes observan en silencio; simplemente los incorpora a la lista de los siguientes. La solidaridad es una necesidad estratégica porque protege la posibilidad misma de construir un mundo diferente. Sin ella, todos quedan más vulnerables.

 

   CS: El artículo abandona deliberadamente las abstracciones y plantea exigencias muy concretas: petróleo, barcos, protección de suministros y ruptura del bloqueo financiero. ¿Qué acciones específicas deberían adoptar quienes aseguran apoyar a Cuba?

 

   J.V.S.: La situación exige abandonar la retórica vacía y asumir compromisos materiales. Cuba necesita petróleo para mantener funcionando su economía y garantizar condiciones básicas de vida a su población. Necesita mecanismos financieros que permitan eludir las sanciones secundarias. Necesita protección efectiva para los suministros esenciales y una presión real en los organismos internacionales para desmontar el entramado financiero del bloqueo.

    La pregunta que deben hacerse quienes dicen apoyar a Cuba es muy sencilla: ¿qué necesita Cuba para resistir? Y una vez obtenida la respuesta, actuar en consecuencia. No se trata de un acto de caridad. Es una cuestión de coherencia política.

 

    CS: Usted sostiene que la verdadera fortaleza de Cuba no reside únicamente en el Estado, sino también en la solidaridad organizada entre los pueblos y en la memoria colectiva construida durante décadas. ¿Hasta qué punto esa red internacional puede convertirse en un factor decisivo?

 

   J.V.S.: Los Estados suelen actuar condicionados por cálculos estratégicos, ciclos electorales y relaciones de fuerza cambiantes. Los pueblos organizados funcionan de otra manera. Existe una extensa red internacional de solidaridad con Cuba construida durante décadas, formada por personas que recuerdan la contribución cubana en ámbitos como la salud, la educación o la cooperación internacional.

    Ese tejido humano constituye un recurso estratégico extraordinario. No puede ser sancionado por organismos financieros internacionales ni disciplinado mediante presiones diplomáticas. Cuando los pueblos actúan movidos por la convicción y la memoria histórica, generan formas de resistencia que escapan a las categorías convencionales de la geopolítica.

 

    CS: Afirma que el objetivo último del asedio no es únicamente doblegar a Cuba, sino demostrar que cualquier alternativa al orden existente está condenada al fracaso. ¿Por qué considera que la propia existencia de Cuba sigue siendo tan incómoda para el sistema internacional dominante?

 

   J.V.S.: Porque Cuba representa una evidencia incómoda. No demuestra que exista un modelo perfecto ni exento de contradicciones. Lo que demuestra es que es posible resistir durante décadas a la presión de la mayor potencia del mundo y seguir sosteniendo un proyecto soberano basado en principios distintos a los del capitalismo global dominante.

    Al destruir Cuba, el imperio no elimina una amenaza militar. Elimina un ejemplo. Busca demostrar que fuera de la normalidad capitalista ninguna alternativa es viable. Mientras Cuba continúe existiendo y resistiendo, seguirá planteando una pregunta incómoda para quienes sostienen que no hay otro camino posible.

 

    CS: El artículo concluye con una interpelación directa: "Cuba ya dio su respuesta con 67 años de Revolución. La pregunta es para el mundo". Hoy, más que nunca, ¿qué significa realmente preguntar: "¿De qué lado estás?"**

 

   J.V.S.: Significa que ha llegado el momento en que las ambigüedades dejan de ser posibles. La pregunta no va dirigida a Cuba, porque Cuba respondió hace mucho tiempo a través de décadas de resistencia. La pregunta está dirigida a quienes afirman querer un orden internacional diferente. A quienes firman declaraciones y envían mensajes de apoyo. A quienes poseen petróleo y barcos pero no los utilizan para ayudar.

 

   A quienes tienen capacidad de influencia en los organismos internacionales y optan por la abstención o la pasividad. En última instancia, se trata de decidir entre dos posiciones muy concretas: permanecer del lado de quienes consideran suficiente expresar solidaridad simbólica o situarse junto a quienes están dispuestos a asumir los costes que implica actuar. Esa es la verdadera pregunta. Y es una pregunta que ya no admite aplazamientos.

 

    Porque, en definitiva, la batalla actual no es únicamente geopolítica. Es una batalla por la vida cotidiana, por la electricidad, por el alimento, por la esperanza. Y en esa batalla la historia juzgará no solo a quienes promovieron el asedio, sino también a quienes, teniendo la posibilidad de actuar, decidieron mirar hacia otro lado. Cuba ya dio su respuesta. Ahora es el mundo quien debe responder a la pregunta esencial: ¿de qué lado estás?

 

 

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