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LA VERDAD SILENCIADA DE LA CONQUISTA: ASÍ FUE COMO FUNCIONÓ EL COMERCIO DE ESCLAVOS EN CANARIAS

¿Fue la esclavitud "guanche" una consecuencia de la conquita de las Islas o una pieza esencial del nuevo orden económico atlántico?

Nadie sabe cuántos de aquellos hombres, mujeres y niños volvieron a ver alguna vez las montañas donde habían nacido. Encadenados tras la conquista castellana, muchos indígenas canarios fueron embarcados rumbo a mercados donde sus vidas tendrían un precio. La esclavitud en Canarias no fue una nota al margen de la historia del Archipiélago, sino una de las bases sobre las que se levantó la nueva sociedad surgida tras la expansión atlántica. Esta es la historia del negocio que convirtió a seres humanos en mercancías y de un pasado que las Islas apenas han comenzado a mirar de frente.

 

POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    A finales del verano de 1496, pocos meses después de concluir la conquista de Tenerife, varios barcos zarparon desde las costas de la isla transportando una mercancía muy particular.

 

   No llevaban azúcar, pieles ni cereales. En sus bodegas viajaban hombres, mujeres y niños guanches que hasta hacía muy poco habían vivido libres en sus menceyatos, cuidando ganado, cultivando pequeñas parcelas o participando en una sociedad que, con sus particularidades, había permanecido durante siglos relativamente aislada del mundo europeo.

 

   Muchos de ellos acababan de sobrevivir a una guerra brutal. Otros habían sido capturados tras rendiciones negociadas que, en ocasiones, no fueron respetadas. Todos compartían el mismo destino: habían dejado de ser personas libres para convertirse en mercancías.

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    La escena pudo repetirse decenas de veces durante las décadas finales del siglo XV. Los documentos notariales conservados en Sevilla, Cádiz o en las propias Islas muestran operaciones de compraventa de indígenas canarios reducidos a la esclavitud. Algunos eran vendidos inmediatamente en la Península. Otros permanecían en el Archipiélago trabajando en explotaciones agrícolas o en hogares acomodados. Detrás de cada uno de esos registros burocráticos existía una historia de separación familiar, desarraigo y violencia.

 

    Cuando hoy pensamos en la esclavitud, solemos imaginar las grandes plantaciones americanas de los siglos XVII y XVIII o los barcos negreros cruzando el Atlántico. Sin embargo, mucho antes de que ese sistema alcanzara sus dimensiones más conocidas, Canarias se había convertido en uno de los primeros escenarios donde la expansión comercial europea comenzó a transformar a seres humanos en objetos de compraventa.

 

   Lo ocurrido en las Islas no fue un episodio aislado ni accidental. Formó parte de un proceso histórico mucho más amplio: el nacimiento del mundo atlántico moderno y de una economía cada vez más orientada hacia el mercado y la obtención de beneficios.

 

   Antes de la conquista, el Archipiélago estaba habitado por una población indígena que los historiadores sitúan aproximadamente entre los 60.000 y los 80.000 habitantes. Gran Canaria podía albergar entre 30.000 y 40.000 personas; Tenerife, entre 15.000 y 20.000; el resto se distribuía entre las demás islas.

 

   Eran sociedades muy diversas, con distintos grados de organización política y económica, pero todas compartían una característica fundamental: sus formas de producción estaban orientadas principalmente a satisfacer las necesidades de sus propias comunidades.

 

   Aquella realidad comenzaría a cambiar cuando el Atlántico dejó de ser un espacio periférico para convertirse en una nueva frontera económica para Europa.

 

CUANDO EL ATLÁNTICO SE CONVIRTIÓ EN UN GRAN MERCADO

     Durante los siglos XIV y XV, Europa experimentó profundas transformaciones. Las ciudades crecían, las actividades comerciales se expandían y surgían nuevos grupos sociales enriquecidos gracias al intercambio mercantil. Las monarquías reforzaban su poder y buscaban nuevas fuentes de riqueza. El océano Atlántico dejó progresivamente de ser una barrera para convertirse en una oportunidad.

 

   La posición geográfica del  Archipiélago canario  hizo que las islas despertaran rápidamente el interés de comerciantes, aventureros y gobernantes. Situadas entre Europa, África y las futuras rutas hacia América, constituían una escala estratégica de enorme valor.

 

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    Pero antes incluso de que comenzara la conquista castellana, algunos europeos habían descubierto otro recurso especialmente rentable: la posibilidad de capturar personas para venderlas como esclavas.

 

   Entre 1340 y 1380 se produjeron diversas incursiones destinadas específicamente a obtener cautivos indígenas. Aquellas expediciones piráticas alteraron profundamente la vida de muchas comunidades canarias. Las zonas costeras dejaron de ser espacios seguros. Algunas poblaciones comenzaron a desplazarse hacia áreas interiores más protegidas. La llegada de barcos desconocidos empezó a asociarse con el miedo.

 

   Lo significativo es que esas primeras incursiones no perseguían la ocupación territorial permanente. Su objetivo era económico. Los cautivos obtenidos podían venderse posteriormente en los mercados esclavistas de ciudades mediterráneas y peninsulares. Los seres humanos habían comenzado a adquirir un valor de cambio.

 

    En una época en la que el comercio ganaba importancia creciente, la esclavitud ofrecía beneficios rápidos. Los mercaderes descubrieron que transportar personas podía resultar tan rentable como transportar especias o metales preciosos. De esa manera, la violencia se integró  plenamente en las nuevas dinámicas comerciales que comenzaban a transformar el Atlántico.

 

    Cuando Castilla inició la conquista definitiva del Archipiélago en 1402, esta lógica económica ya estaba presente. Las campañas militares requerían financiación. Armar expediciones, reclutar soldados y mantener operaciones prolongadas suponía enormes costes. Los esclavos constituían una forma eficaz de recuperar inversiones y generar ganancias.

 

   La guerra, pues, comenzó a funcionar también como negocio.

 

LA CAZA DE ESCLAVOS Y EL FUNCIONAMIENTO DEL COMERCIO

    Las capturas se realizaban de múltiples maneras. Durante las campañas militares, los prisioneros pasaban a convertirse en potenciales esclavos. También existieron cabalgadas específicamente organizadas para obtener cautivos. En algunos casos, determinadas negociaciones terminaron en traiciones que acabaron con dirigentes indígenas apresados y vendidos.

 

   La caída de Gran Canaria en 1483 supuso un importante aumento del número de esclavos indígenas disponibles. Situaciones similares se produjeron tras la conquista de La Palma y, especialmente, de Tenerife entre 1494 y 1496. Aunque las cifras exactas siguen siendo discutidas por los historiadores, es probable que varios miles de indígenas canarios fueran esclavizados durante este período. Algunos investigadores consideran que entre un 10 % y un 20 % de la población originaria del Archipiélago pudo verse afectada directamente por procesos de esclavización o deportación.

 

   El funcionamiento del comercio era sorprendentemente eficiente. Los cautivos eran concentrados en determinados puntos del Archipiélago y posteriormente embarcados hacia Sevilla, Cádiz, Valencia o Lisboa. Otros permanecían en Canarias para cubrir las necesidades laborales locales.

 

    Una vez puestos a la venta, los compradores evaluaban características concretas. La edad influía notablemente en el precio. Los jóvenes eran especialmente valorados por su capacidad de trabajo prolongada. El estado físico resultaba determinante. También existían diferencias según el sexo y el destino previsto.

 

   Las familias rara vez permanecían unidas. Un niño podía ser vendido a un comprador sevillano mientras sus padres eran adquiridos por propietarios de ingenios azucareros en Gran Canaria. Las relaciones afectivas desaparecían ante la lógica del mercado.

 

   Algunos documentos notariales permiten reconstruir historias particularmente dramáticas. Se conocen casos de indígenas que acudieron posteriormente a los tribunales intentando demostrar que habían sido esclavizados ilegalmente, argumentando que se habían sometido pacíficamente a la Corona o que habían recibido promesas de libertad que nunca se cumplieron.

 

  No todos los esclavos presentes en Canarias eran indígenas del Archipiélago. Con el paso del tiempo comenzaron a llegar cautivos procedentes del norte de África y del África subsahariana. El desarrollo de las rutas portuguesas por las costas africanas incrementó considerablemente la disponibilidad de esclavos negros. Canarias quedó integrada dentro de una red comercial cada vez más amplia que conectaba África, Europa y, posteriormente, América.

 

   El Archipiélago se estaba convirtiendo en uno de los primeros escenarios de una economía atlántica basada parcialmente en la explotación humana.

 

QUIÉNES GANABAN CON LA ESCLAVITUD

     La esclavitud persistió porque generaba beneficios para numerosos sectores sociales. La Corona castellana obtenía nuevas fuentes fiscales y consolidaba su dominio sobre un territorio estratégicamente fundamental. Los conquistadores recibían tierras, privilegios y participación directa en el reparto de cautivos.

 

   Los mercaderes figuraban entre los grandes beneficiarios. Comprar esclavos en Canarias y venderlos posteriormente en mercados peninsulares podía multiplicar varias veces la inversión inicial. Cada operación exitosa generaba importantes ganancias.

 

   Los propietarios agrícolas también encontraron enormes ventajas económicas. La expansión de determinados cultivos exigía abundante mano de obra. Los esclavos proporcionaban trabajadores sometidos a condiciones extremadamente favorables para quienes controlaban los medios de producción.

 

    En torno a esta actividad surgió toda una economía auxiliar. Transportistas, intermediarios, notarios, agentes comerciales y numerosos profesionales obtenían ingresos derivados del tráfico esclavista. La esclavitud dejó de ser únicamente una institución jurídica o social. Se convirtió en un auténtico sector económico.

 

    Precisamente ahí reside una de las claves fundamentales para comprender este fenómeno histórico. La esclavitud no puede explicarse exclusivamente por prejuicios raciales o por la brutalidad individual de determinados conquistadores. Formó parte de un proceso más amplio vinculado al desarrollo de nuevas formas de acumulación de riqueza.

 

   En una economía cada vez más orientada hacia el mercado, los seres humanos comenzaron a valorarse también según su capacidad para generar beneficios.

 

 

AZÚCAR, ACUMULACIÓN DE RIQUEZA Y EL LEGADO DE UNA HISTORIA INCÓMODA

    A finales del siglo XV y comienzos del XVI, otro elemento reforzó la importancia económica de Canarias: la expansión del cultivo de la caña de azúcar.

 

   El azúcar constituía uno de los productos más demandados en Europa. Su producción prometía beneficios extraordinarios. Pero también exigía una importante disponibilidad de mano de obra.

 

   Los ingenios azucareros establecidos en las Islas se beneficiaron del trabajo esclavo. Aunque Canarias nunca desarrolló plantaciones de dimensiones comparables a las americanas posteriores, sí funcionó como un espacio donde comenzaron a ensayarse modelos económicos basados en la combinación de conquista territorial, producción orientada al mercado y utilización sistemática de trabajo forzado.

 

    Muchos historiadores consideran que el Archipiélago actuó como un auténtico laboratorio atlántico. Algunas prácticas desarrolladas en Canarias serían posteriormente trasladadas y ampliadas en América.

 

    Sin embargo, detrás de las cifras económicas y del crecimiento comercial existían historias humanas concretas. Madres separadas de sus hijos. Comunidades desestructuradas. Personas arrancadas de los lugares donde habían nacido para ser vendidas a cientos o miles de kilómetros de distancia.

 

   Algunos esclavos consiguieron obtener la libertad mediante rescates económicos o procedimientos judiciales. Otros lograron integrarse parcialmente en la nueva sociedad colonial. Hubo también fugas y formas diversas de resistencia cotidiana.

 

   Pero miles de personas nunca recuperaron aquello que les había sido arrebatadoDurante mucho tiempo, la esclavitud ocupó un lugar secundario en la memoria histórica canaria. Las imágenes asociadas al turismo, al mestizaje cultural o a la singularidad insular tendieron a ocultar este pasado de verguenza.

 

   Sin embargo, comprender verdaderamente la historia de Canarias exige reconocer también estos episodios. La incorporación del Archipiélago al mundo atlántico moderno estuvo acompañada por procesos de violencia, explotación y mercantilización de seres humanos que dejaron profundas huellas sociales.

 

   La historia de la esclavitud en Canarias recuerda que el desarrollo económico raramente es un proceso neutro. Detrás de muchas formas de acumulación de riqueza existen relaciones de poder profundamente desiguales. El progreso de algunos sectores sociales se construyó frecuentemente sobre el sufrimiento y la pérdida de libertad de otros.

 

   Los esclavos que fueron embarcados desde las costas canarias apenas dejaron testimonios escritos. Sus voces aparecen fragmentadas entre protocolos notariales, contratos de compraventa o pleitos judiciales. Sin embargo, su experiencia forma parte inseparable de la historia del Archipiélago.

 

    Recuperar esas historias no pretende  simplificar el pasado en categorías morales absolutas. Significa reconocer la complejidad de los procesos históricos y devolver visibilidad a quienes durante siglos permanecieron prácticamente ausentes de los relatos oficiales.

 

   Cuando aquellos barcos abandonaban los puertos canarios cargados de seres humanos convertidos en mercancías, estaba naciendo algo más que una nueva etapa en la historia de las islas. También comenzaba a tomar forma un mundo atlántico donde la expansión comercial y la búsqueda de beneficios transformarían radicalmente la vida de millones de personas.

 

   Las Canarias fueron uno de los escenarios donde ese proceso empezó a hacerse visible. Y las historias de quienes perdieron allí su libertad merecen ser contadas no como una nota marginal de la conquista, sino como una parte esencial de la construcción histórica del Archipiélago y del mundo moderno.

 

FUENTES CONSULTADAS

  • Javier Cayero Toste, La esclavitud en Canarias en los siglos XV y XVI. Un estado de la cuestión.
  • David Harvey, trabajos sobre acumulación y desarrollo histórico del capitalismo.
  • Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estad
  • Manuel Lobo Cabrera, estudios sobre esclavitud y sociedad en Canarias.
  • Antonio Rumeu de Armas, investigaciones sobre la conquista y el tráfico esclavista canario.
  •  Diccionario Marxista, entrada «Mercancía».
  • Neil Faulkner, Una historia marxista del mundo.
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