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Lunes, 31 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

MOHAMED VI, EL REY EMPRESARIO: QUÉ QUEDA DEL «REY DEPREDADOR» CATORCE AÑOS DESPUÉS

¿Hasta dónde llega hoy el entramado económico de la monarquía marroquí que Catherine Graciet y Éric Laurent denunciaron en su investigación de 2012?

Los periodistas franceses Catherine Graciet y Éric Laurent describieron hace catorce años un Marruecos en el que el monarca no era solamente jefe del Estado: se encontraba también en el centro de un poderoso entramado empresarial con intereses en la banca, los seguros, la minería, la agricultura, la distribución y la energía. Una revisión de los datos actuales muestra que Marruecos ha cambiado profundamente desde entonces, pero que el grupo Al Mada, vinculado a la familia real, continúa ocupando posiciones relevantes en algunos de los sectores fundamentales de su economía.

 POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

     Cuando los periodistas franceses Catherine Graciet y Éric [Img #94643]Laurent publicaron en 2012 "Le roi prédateur. Main basse sur le Maroc" -El rey depredador. Apoderarse de Marruecos-, la tesis de su investigación era mucho más perturbadora que la mera constatación de que Mohamed VI era un hombre extraordinariamente rico.

 

    Lo que describían era un sistema. Según los autores, alrededor de la Corona se había desarrollado una poderosa estructura empresarial que permitía que el mismo hombre situado en la cúspide política del Estado fuese también uno de los principales actores económicos privados del país.

 

   En palabras de los investigadores, Mohamed VI había pasado a ser «el primer banquero, asegurador, exportador y agricultor» de Marruecos, con intereses además en agroalimentación, distribución comercial y energía. La fórmula que resumía el libro era demoledora: los marroquíes contribuían diariamente al enriquecimiento del rey simplemente comprando productos y utilizando servicios de empresas vinculadas a sus intereses.

   Catorce años después, la pregunta inevitable es: ¿qué queda de aquel sistema?

 

UNA FORTUNA QUE CRECÍA EN UN PAÍS POBRE

   La investigación de Graciet y Laurent reconstruía el espectacular crecimiento del patrimonio de Mohamed VI durante los primeros años de su reinado.

 

  En 2009, la conocida revista Forbes estimaba su fortuna en unos 2.500 millones de dólares y lo situaba entre los monarcas más ricos del planeta. Los periodistas subrayaban que su patrimonio se había aproximadamente duplicado durante los cinco años anteriores, precisamente en un período en que la crisis financiera internacional estaba reduciendo numerosas grandes fortunas.

 

    La comparación social resultaba particularmente llamativa. Los datos utilizados entonces por los autores situaban a Marruecos en el puesto 126 del índice de desarrollo humano de Naciones Unidas y describían una sociedad en la que millones de personas sobrevivían con ingresos extremadamente bajos.  Pero esas cifras pertenecen al Marruecos de comienzos de este siglo y no pueden trasladarse sin más al presente.

 

   El país se ha transformado significativamente. Según los datos más recientes del Banco Mundial, el PIB marroquí alcanzó unos 182.000 millones de dólares en 2025 y creció un 4,6% ese año. Marruecos dispone actualmente de importantes industrias automovilísticas y aeroespaciales, producción de fosfatos y fertilizantes, turismo, agroalimentación y grandes infraestructuras logísticas.

 

    La pobreza también se ha reducido considerablemente respecto de las cifras manejadas en 2012. El Banco Mundial la situaba en un 3,9% en 2022 según la medida nacional que utiliza en su análisis del país.

 

   Pero desaparecer no ha desaparecido la desigualdad. El mismo organismo señala un coeficiente de Gini próximo a 40,5, fuertes diferencias entre las zonas urbanas y rurales y problemas persistentes de desempleo, informalidad y reducida participación laboral femenina.

 

EL IMPERIO CAMBIÓ DE NOMBRE

[Img #94645]    Hay, sin embargo, algo que sobrevivió a aquellas transformaciones: el enorme conglomerado empresarial vinculado a la Corona.

 

    Hoy el nombre esencial es Al Mada. La estructura empresarial existente cuando Graciet y Laurent realizaron su investigación ha atravesado reorganizaciones y cambios de denominación, pero Al Mada continúa siendo uno de los grandes grupos inversores marroquíes. Reuters lo identifica expresamente como el fondo de inversión de la familia real marroquí.

 

    Y basta observar dónde está presente para comprender su importancia. La compañía minera Managem identifica oficialmente a Al Mada como su principal accionista y explica que el grupo desarrolla actividades en servicios financieros, telecomunicaciones, materiales de construcción, distribución, minería, energía, inmobiliario y turismo.

 

   La banca ofrece otro ejemplo todavía más significativo. Attijariwafa Bank, uno de los grandes grupos financieros africanos, declara que Al Mada posee actualmente el 46,5% de su capital. La entidad cuenta con más de doce millones de clientes, más de 21.000 trabajadores y una extensa implantación internacional.

 

   Es decir, el entramado empresarial que Graciet y Laurent situaban en el centro de su denuncia no se evaporó con el paso de los años. Cambiaron nombres, estructuras y estrategias de inversión, pero los intereses vinculados a la familia real continúan presentes en sectores estratégicos de la economía.

 

CUANDO EL REY TAMBIÉN ES COMPETIDOR

    Aquí aparece el verdadero problema planteado por El rey depredador. No consiste simplemente en determinar si Mohamed VI posee mil, dos mil o cinco mil millones de dólares. La cuestión es qué sucede cuando la institución situada en la cúspide del Estado se encuentra simultáneamente vinculada a empresas que actúan en ese mismo Estado.

 

   ¿En qué condiciones compite un empresario corriente frente a grupos relacionados con la familia real? ¿Dónde termina la influencia política y comienza la estrictamente empresarial? ¿Puede separarse completamente una cosa de la otra?

 

   Un episodio reciente ayuda a visualizar el peso de estas compañías. En 2024, un tribunal marroquí confirmó una indemnización de 6.300 millones de dírhams contra Maroc Telecom tras una demanda presentada por Inwi por prácticas anticompetitivas. La Agencia Reuters describía en su información a Inwi como una compañía controlada por Al Mada, el fondo de inversión de la familia real.

 

   El episodio no demuestra por sí mismo ninguna intervención de Palacio. Muestra hasta qué punto empresas vinculadas al holding participan en disputas económicas de primer nivel dentro del mercado marroquí.

 

UNA MONARQUÍA FINANCIADA TAMBIÉN POR EL PRESUPUESTO

    Existe además una segunda dimensión de la investigación francesa: mientras los negocios privados incrementaban la riqueza vinculada a la Corona, importantes gastos de la institución eran sufragados por el Estado.

 

   Graciet y Laurent describían doce palacios reales, numerosas residencias, más de un millar de trabajadores, grandes parques automovilísticos y costosos desplazamientos internacionales. Según sus cálculos para aquellos años, el presupuesto relacionado con Palacio alcanzaba unos 228 millones de euros.

 

  Aquellos números tienen más de una década. Pero las cuentas oficiales actuales permiten comprobar que el sostenimiento presupuestario de la institución continúa siendo considerable.

 

   El Presupuesto Ciudadano del Proyecto de Ley de Finanzas de 2026, publicado por el Ministerio marroquí de Economía y Finanzas, recoge 26,292 millones de dírhams en listas civiles y 517,164 millones en dotaciones de soberanía para el rey. Para la Corte Real aparecen otros 643,597 millones destinados a personal, 1.542,183 millones a material y gastos diversos y 131,608 millones a inversión. Sumadas, esas partidas se acercan a 2.861 millones de dírhams.

 

   Conviene subrayarlo: esta cifra no representa la fortuna personal de Mohamed VI ni puede calificarse íntegramente como salario del monarca. Son distintas partidas presupuestarias relacionadas con el rey y la Corte. Pero ofrecen una medida del volumen de recursos públicos destinados a la institución.

 

 EL MAJZÉN: MUCHO MÁS QUE UN PALACIO

[Img #94646]     Para comprender esta peculiar combinación de riqueza, empresas y poder político, aparece inevitablemente una palabra: Majzén.

 

    Históricamente, el término designaba al aparato de poder articulado alrededor del sultán. En el Marruecos contemporáneo, se emplea de manera más amplia para referirse al entramado formado por Palacio y las redes administrativas, económicas y políticas que orbitan alrededor de la Monarquía.

 

   Graciet y Laurent dedicaron especial atención a hombres como Fouad Ali El Himma, antiguo compañero de colegio del monarca y posteriormente consejero real, y Mounir Majidi, secretario particular del rey y figura estrechamente relacionada con la gestión de sus intereses patrimoniales. Para los periodistas, comprender estas redes resultaba imprescindible para comprender cómo funcionaba realmente el poder marroquí.

 

      Ahí estaba, en realidad, la tesis más profunda de su libro. No se trataba de descubrir los coches del rey, sus palacios, sus vacaciones o sus extravagancias. Todo eso proporcionaba imágenes llamativas, pero era secundario. El asunto fundamental era otro: la extraordinaria concentración de poder político y económico alrededor de una misma institución.

 

CATORCE AÑOS DESPUÉS

   Marruecos no es hoy el país que describieron Graciet y Laurent en 2012. Se ha industrializado, ha aumentado considerablemente su producción, se ha integrado mucho más profundamente en los mercados europeos y africanos y ha construido sectores industriales que difícilmente podían imaginarse con su dimensión actual hace algunas décadas.

 

  Pero tampoco desapareció el fenómeno que aquellos periodistas colocaron en el centro de su investigación. Al Mada continúa participando en finanzas, minería, energía, distribución, telecomunicaciones, construcción, inmobiliario y turismo. Uno de los mayores bancos del país reconoce al grupo como propietario del 46,5% de su capital. Y las cuentas públicas continúan reservando miles de millones de dírhams para las distintas partidas relacionadas con el rey y la Corte Real.

 

   Por eso, catorce años después de El rey depredador, quizá la pregunta menos interesante sea cuánto dinero tiene exactamente Mohamed VI. La verdaderamente incómoda sigue siendo la que planteaba aquella investigación:

     ¿qué ocurre en una economía cuando quien ocupa la cúspide del poder político se encuentra también vinculado a algunos de los mayores intereses privados que operan dentro de ella?

 

 

 

 

 
 
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